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 Tus escritos: Lo malo de los fariseos.- BenedictoIII

125. Iglesia y Opus Dei
BenedictoIII :

Lo malo de los fariseos

Benedicto III, 21 de marzo de 2012

 

 

Hola a todos de nuevo. Estuve pensando sobre la posibilidad de escribir más experiencias personales, pero creo que es más apropiado comentar una perícopa que iluminará bastante más mi exposición sobre la secta.

 

Decíamos ayer, comentando un viaje llamado Univ, que el espíritu de esta gente es farisaico, así como lo comenté en otra intervención, pues bien, hay una lectura que es clave para entender qué es lo malo de los fariseos: Mt 23, 13-32. Tras una introducción en la que Cristo muestra su ya sabida frase "haced lo que os dicen, pero no imitéis su conducta, porque ellos dicen y no hacen", algo que queda totalmente demostrado en todas las experiencias de personas que han salido de la secta. Es evidente que "atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas", es la eterna disposición de quien estando por encima considera que su perfección es la medida de todas las cosas, y se dedica a imponer lo que ni siquiera está dispuesto a soportar por un instante...



Sólo hay que escuchar cómo cantidad de célibes viven disponiendo cómo deben de ir las familias, cómo compartir su vida y cómo llevar todo adelante, cuando ni siquiera ellos viven un poco de vida conyugal. Hubo un tiempo en que mi madre la inscribieron a "hacer familia", y alentada por una amiga numeraria compró varios libros sobre educación familiar. Pasado el tiempo, un día mi hermana comentaba con simpatía la escasa realidad de esos libros, en una sobremesa típica de los días de entretiempo navideños; comentaba ella que un libro de los muchos, lo escribía un "experto" que era ingeniero y químico o arquitecto (dos carreras de ciencias puras y duras) y célibe o soltero y entero, con lo que, decía mi hermana "qué gran experiencia tiene ese hombre, entre una carrera de sociología, otra de psicología, otra de pedagogía, quince años de matrimonio y dos hijas, pues puede decir mucho sobre la educación de chicas de 12 a 14 años", que era como se llamaba el libro. Un ejemplo de tantos libros para educar de quien nunca lo había hecho ni lo hará.

 

Jesucristo, qué estupendo es este discurso, sigue exponiendo cómo debe ser la actitud de los que hablen de Dios y expongan su doctrina: no os dejéis llamar Maestro, vuestro maestro es uno solo; no llaméis a nadie Padre (DIOS MÍO) porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo (Y SEÑOR MÍO), ni os dejéis llamar directores, porque uno solo es vuestro director: el Cristo. Pues el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado (Mt 23, 8-12). En este momento ha dejado a los fariseos al nivel que se merecían, aquellos que se dedicaban a la enseñanza de Dios, se erigieron en dioses sobre los que reposaba toda la grandeza y gloria, pero al mismo tiempo no dejaban más espacio al Espíritu. Eran, simplemente, un sustituto, por medio de la doctrina propia, de la verdadera cercanía de Dios, en quien se apoyaban para subir a los altares del pueblo judío de la época.

 

El pasaje que quería comentar es este: Mt 23, 13- 32;

 

1-"Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos. Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.

 

2-Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito (converso pagano), y cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros.

 

3-Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: 'si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario queda obligado'. Insensatos y ciegos. ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado al oro? Y también 'Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado'. Ciegos, ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el Trono de Dios y por Aquel que está sentado sobre él.

 

4-Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, el aneto y el comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello.

 

5-Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, que purificais por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos derapiña e intemperancia. Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura.

 

6-Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejrantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.

 

7-Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ' Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la muerte de los profetas'. Con lo cual atestiguáis constra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. Colmad también vosotros la medida de vuestros padres.

 

En mi gran ignorancia sobre varios aspectos de la realidad de esta secta, me limito a señalar que el gran parecido con los que Jesucristo dirigió estas palabras, hace inevitable que podamos establecer un paralelo del mismo discurso, aunque tal vez esto demande mucha más paciencia, tiempo y letra de los que voy a invertir.

 

En primer lugar habla de cerrar el Reino de los Cielos, por lo que ni entran ni dejan entrar. Es bastante gracioso constatar este paralelo con la secta, donde Cristo puede haber muerto y resucitado, pero el Reino de los Cielos parece una realidad inaccesible que Dios ha puesto imposible para todo hombre, y que parece inalcanzable siempre. La secta, sin embargo, para que no se caiga en la desesperanza, se agarra a la piedad (al fin y al cabo es una secta tan pietista como el Islam, pero más misógina). La piedad es un agarre a su desesperanza, y cualquier acto pietista que a lo largo de los siglos se diese en la Iglesia para promover la salvación, se lo toman como la mismísima palabra de Jesús (véase escapulario-medalla del Carmen, primeros viernes de mes...). Sobre ello, podría decir que en una ocasión, hace años, hablando con un numerario me comentó: "es imposible llegar al cielo, menos mal que conocemos atajos (mencionando lo antes dicho)", a continuación me dijo, para convencerme de su autoconvencimiento de salvación contra la desesperanza: "estoy convencido de que a los que hemos hecho la admisión, Dios nos dará un sitio mejor en cielo" (sic).

 

Este cerrar el cielo siempre les acompaña, y como la gente peca, y no deja de hacerlo por nuestra inclinación, pues ya puede un cura hablar maravillas de Cristo, ellos siempre murmullan "le falta hablar del sexto" y ahí se agarran para condenar a los débiles, olvidando a ese hombre que dijo "perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen".

 

2- Entroncado con este tema está la búsqueda de "almas". Es simpático cómo ven almas donde Dios ve personas, con cuerpo, que también será redimido y que está llamado a la resurrección, pues Cristo está en cuerpo y alma en esa dimensión que llamamos cielo, la Virgen también, y nosotros lo estaremos en el día final. Ellos buscan siempre gente, a ser posible con una transformación de vida que haga la conversión más espectacular. Esa persona que ha estado enfangada en barro y ellos han rescatado, se convierte para ellos en un triunfo. Por supuesto no basta hacerlo cristiano de vida íntegra, hay que meterlo a la fuerza en la secta. Para ello reciben incluso ánimos de ir hasta las puertas del infierno a rescatar, como ellos llaman, almas. Pero ¿qué ocurre cuando dan el salto a la fe? Pues que no dudan en hacerlo hijo de condenación, que odie no sólo lo que hizo, sino también a las personas que por error estaban metidas como él en lo mismo, haciéndole odiar incluso a la familia o a los amigos que le acompañan y acompañaron. No se trata de amor al hermano, sino de odio a los hombres que no son como ellos, llevándole a una condenación doble por el odio contra personas y por compartir un enclave de soberbia que le hace creerse un dios.

 

3- Estos fariseos actuales no son prestos a jurar, pues la interpretación rigorista que hacen de las palabras de Jesucristo les hace ser reacios a caer en este pecado. Sin embargo, podíamos hacer una hermenéutica más precisa al señalar cómo lo que viven con respecto a la riqueza sacra les hace estar tan pendientes del oro del santuario, de los platos y vasos sagrados y de todo lo que rodea la vida eclesial. Amparados en la amonestación de Cristo a los que estaban en contra de su unción en Betania, hacen caer a los que preferimos una austeridad de lo sacro, en el grave pecado de pensar como Judas. Pues bien, San Juan Crisóstomo (que fue santo mucho antes de que ellos comprasen la deuda de Solidarnosc (solidaridad en polaco) para ser premiados con la canonización de su querido líder) escribió hace tiempo la homilía 50, donde dice:

 

Homilía 50, 3-4

 

¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre y me disteis de comer, y más adelante: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos. Reflexionemos, pues, y honremos a Cristo con aquel mismo honor con el que él desea ser honrado; pues, cuando se quiere honrar a alguien, debemos pensar en el honor que a él le agrada, no en el que a nosotros nos place. También Pedro pretendió honrar al Señor cuando no quería dejarse lavar los pies pero lo que él quería impedir no era el honor que el Señor deseaba, sino todo lo contrario. Así tú debes tributar al Señor el honor que él mismo te indicó, distribuyendo tus riquezas a los pobres. Pues Dios no tiene ciertamente necesidad de vasos de oro, pero sí, en cambio, desea almas semejantes al oro. No digo esto con objeto de prohibir la entrega de dones preciosos para los templos, pero sí que quiero afirmar que junto con estos dones y aun por encima de ellos, debe pensarse en la caridad para con los pobres. Porque si Dios acepta los dones para su templo, le agradan, con todo, mucho más las ofrendas que se dan a los pobres. En efecto, de la ofrenda hecha al templo sólo saca provecho quien la hizo; en cambio, de la limosna saca provecho tanto quien la hace como quien la recibe. El don dado para el templo puede ser motivo de vanagloria, la limosna, en` cambio, sólo es signo de amor de caridad.

 

¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo. ¿Quieres hacer ofrenda de vasos de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua? Y ¿de qué serviría recubrir el altar con lienzos bordados de oro cuando niegas al mismo Señor el vestido necesario para cubrir su desnudez? ¿Qué ganas con ello? Dime si no: si ves a un hambriento falto del alimento indispensable y, sin preocuparte de su hambre, lo llevas a contemplar una mesa adornada con vajilla de oro, ¿te dará las gracias de ello? ¿No se indignará más bien contigo? O, si viéndolo vestido de andrajos y muerto de frío, sin acordarte de su desnudez, levantas en su honor monumentos de oro, afirmando que con esto pretendes honrarlo, ¿no pensará él que quieres burlarte de su indigencia con la más sarcástica de tus ironías? Piensa, pues, que es esto lo que haces con Cristo, cuando lo contemplas errante, peregrino y sin techo y, sin recibirlo, te dedicas a adornar el pavimento, las paredes y las columnas del templo. Con cadenas de plata sujetas lámparas, y te niegas a visitarlo cuando él está encadenado en la cárcel. Con esto que estoy diciendo, no pretendo prohibir el uso de tales adornos, pero sí que quiero afirmar que es del todo necesario hacer lo uno sin descuidar lo otro; es más: os exhorto a que sintáis mayor preocupación por el hermano necesitado que por el adorno del templo. Nadie, en efecto, resultará condenado por omitir esto segundo, en cambio, los castigos del infierno, el fuego inextinguible y la compañía de los demonios están destinados para quienes descuidan lo primero. Por tanto, al adornar el templo, procurad no despreciar al hermano necesitado, porque este templo es mucho más precioso que aquel otro.

 

Como creo haber agorado suficiente la paciencia del lector, continuaré otro día exponiendo más sobre las restantes maldiciones de Cristo a los fariseos, la búsqueda de la verdad y los errores de la secta a la que algún día veremos acabar como se acabó con los cátaros hace tiempo en la Iglesia. Sin más que añadir, estoy dispuesto a recibir críticas constructivas por parte de todos los lectores de la obra (sea quien sea el autor de tal teatro, pero que no es de Dios precisamente), para saber exactamente cómo iluminar los tan sabidos cataclismos que han ocasionado. Igualmente, quien quiera puede comentar lo que desee sobre estos escritos. Espero que el gran hermano no descubra la mano que redacta esta verdad a voces, silenciada a veces, sabida siempre. Muchas gracias por su paciencia.

 

Benedicto III

 

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Publicado el Miércoles, 21 marzo 2012



 
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