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 Tus escritos: Minutos de silencio y corazón seco (Camino 115).- Josef Knecht

125. Iglesia y Opus Dei
Josef Knecht :

“Minutos de silencio” y corazón seco (Camino 115)
Josef Knecht, 9/04/2012

 

 

Me adhiero a las profundas consideraciones de Aquilina (04.04.2012) sobre el valor del silencio para lograr una auténtica meditación y un verdadero espíritu de oración. Tampoco yo aprendí a orar bien en mis años de pertenencia al Opus Dei, en el que los directores y los sacerdotes me inculcaron mucho hiperactivismo y muy poco espíritu de recogimiento, y por eso comparto su misma vivencia...



Aquilina menciona un punto de Camino, que dice así: “Minutos de silencio”. – Dejadlos para los que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos (Camino 115). Pero hay que saber que desde la primera edición de Camino, aparecido en el año 1939, hasta la edición de 1955 el punto 115 decía otra cosa: “Minutos de silencio”. – Quédese esto para ateos, masones y protestantes, que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos.

 

Es probable que el retoque que en 1955 se hizo al punto 115 de Camino se debiera a que, al proponerse la traducción de esa obra a lenguas como el inglés o el alemán, en cuyas zonas lingüísticas los ateos, masones y protestantes abundaban más que en la España franquista de entonces, fuera aconsejable no herir demasiado la sensibilidad de esos potenciales lectores. En la edición crítico-histórica que Pedro Rodríguez ha hecho de Camino, publicada en la editorial Rialp (Madrid 2002), Rodríguez se esfuerza por contextualizar el punto 115 en las coordenadas históricas de los años 30 del siglo XX en España, a saber, la Segunda República y la Guerra Civil; la tríada “ateos, masones y protestantes” no fue una feliz ocurrencia de Escrivá, sino que ya se decía entre fervorosos católicos adversos al proceso secularizador de la sociedad. Sin habérselo propuesto, Rodríguez aporta una prueba a favor de la tesis que Fletcher Christian presentó en su magnífico escrito del 20.02.2012 sobre Los orígenes ideológicos del Opus Dei.

 

Por otra parte, no se acaba de entender bien la inclusión de los protestantes, que son cristianos y rezadores, en el mismo saco que los masones y ateos; pero esa incoherencia se puede explicar porque la carencia de espíritu ecuménico que afligía a los católicos españoles de entonces –incluido Escrivá– hacía ver en la reforma protestante del siglo XVI una de las causas remotas de la secularización contemporánea.

 

En cualquier caso, la pretensión del autor de Camino no fue arremeter contra el silencio y su valor para la oración mental, sino contra la costumbre laica y medio pagana de reservar uno o varios “minutos de silencio” a meditar acontecimientos sociales lúgubres en actitud conmemorativa. En Wikipedia he encontrado la siguiente explicación histórica de los “minutos de silencio”: Su origen se remonta a 1919. El soldado australiano Edward George Honey, que combatió por el ejército británico en la Primera Guerra Mundial y residía en Londres, propuso el 8 de mayo de ese año que los ingleses guardaran dos minutos de silencio a las 11:00 horas del 11 de noviembre como conmemoración del primer aniversario del tratado de armisticio, firmado un año antes. De este modo, consideró que se rendía un homenaje respetuoso a los fallecidos durante el conflicto. La idea llegó hasta el rey Jorge V, que apoyó la medida. Ya se ve que esa costumbre cívica comenzó en países anglosajones y centroeuropeos, que, además de no compartir el jolgorio y el griterío de las culturas mediterráneas, también estaban más avanzados en el proceso de secularización.

 

Escrivá desprecia el corazón seco de esos minutos de silencio porque de la “religión civil”, que es racionalista y meramente protocolaria, sólo emana sequedad, y en ella no se palpa el vigoroso amor de Dios que aporta la religión revelada con la oración del Padrenuestro y con toda su liturgia. Supongamos que el punto 115 de Camino, en su edición de 1955, hubiera sido redactado de la siguiente manera: “Minutos de silencio”. – Quédese esto para los seguidores de la religión civil, que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos. Con este retoque, el pensamiento original de Escrivá se hubiera salvaguardado plenamente.

 

A partir de 1955, el punto 115 de Camino, al quedar por completo descontextualizado de su origen histórico (“Minutos de silencio”. – Dejadlos para los que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos), arremete de golpe y porrazo contra un enemigo diferente: el silencio, que sin ilación lógica alguna pasa a ser específico de quienes tienen un corazón seco. Vamos a ver: ¿qué relación hay entre el silencio y el corazón seco? La misma que entre el chorizo y la velocidad. Sin embargo, también es cierto que la definitiva redacción de ese punto 115 apunta, aunque haya sido de manera involuntaria por parte de su autor, a una realidad: en la vida interna del Opus Dei, como nos recordó Aquilina (04.04.2012), el silencio y el recogimiento interior no son apreciados de verdad, ya que siempre impera una feroz hiperactividad en orden a lograr la eficacia institucional a costa de lo que sea. Cuando hablo de hiperactividad de los miembros del Opus, no me refiero simplemente al mucho trabajo, que es algo bueno de suyo, sino a las contradicciones existenciales que Lucas describió en su artículo Glosa a “la croqueta” de Gervasio (22.02.2012); si en la Obra de Escrivá se practicara un auténtico espíritu de recogimiento y silencio, no surgirían vivencias tan desquiciadas como estas.

 

Por último, es obligatorio advertir que, desde hace muchos años, a los católicos no nos molestan los “minutos de silencio”, si es que nos han molestado alguna vez (a los integristas ya se ve que sí, según muestra Camino 115). En esos momentos silenciosos, una persona creyente puede aprovechar para orar a Dios y, si quiere, rezarle un Padrenuestro, pues no hay incompatibilidad alguna entre los actos cívicos de silencio y la oración personal de los creyentes. Un conocido numerario del Opus Dei, Antonio Fontán Pérez (1923-2010), que a lo largo de su destacada carrera académica y política fue el primer presidente del Senado de la democracia española, exactamente desde 1977 hasta 1979, en cuanto recibió la noticia del repentino fallecimiento del Papa Juan Pablo I el 28 de septiembre de 1978, propuso de manera espontánea en una sesión del Senado dedicar un minuto de silencio en recuerdo del recién fallecido Papa. Y así fue. A nadie se le pasó por la cabeza la memez de pensar que Fontán y los senadores tenían el corazón seco.

 

¡Cuántas incoherencias chapuceras contiene la verdadera historia del Opus Dei! El surrealismo de la Obra de Escrivá supera con creces la ficción más fantasiosa.

 

Josef Knecht




Publicado el Lunes, 09 abril 2012



 
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