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 Tus escritos: Mi historia (5): Mis hermanos.- Ricardo

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ricardo :

Mi historia (5): Mis hermanos

 

 

Una de las cosas que más me emocionaron antes de unirme a la obra, era la expectativa de pertenecer a una familia sobrenatural, donde tendría hermanos a los que me unía un vínculo sobrenatural mayor al vínculo de la sangre. Cabe recordar que como os dije, antes de pitar yo era el foco de atención del centro, todos me atendían muy bien, así que pertenecer a una familia así, me hacia delirar de emoción. Como ya conté todo cambió cuando pité, ya no era el foco de atención, pasé a ser uno más dentro del grupo, y digo del grupo porque ya no me parecía una familia, era un grupo de personas a las que solo las unía un vinculo de pertenencia a un centro, nada más...



Cambió el tono de voz amigable por el cortante y seco, no de todos obviamente. Había y hay gente muy buena dentro de la obra, pero creo que estos se van corrompiendo a medida que pasan más tiempo en la cosa esa. Llegado el momento solo les queda decidir: o se van o participan del círculo vicioso, y los que se quedan, ya con plena conciencia de lo que hacen, se dejan contaminar por el “espíritu” de la cosa.

 

Así, año tras año, veía como varios de "mis hermanos" desaparecían misteriosamente, y nadie hablaba de ellos. Siempre me preguntaba que si la cosa tenia tantos años en mi región, por qué había tan pocos "mayores". La respuesta me la iba dando yo solo al verlos marchar, gente muy buena pero que no soportaban el espíritu. De esta manera sólo quedaban los que querían contaminarse y vivir un espíritu contaminado y a eso voy.

 

Durante las convivencias, solía salir a jugar futbol en el tiempo libre con "mis hermanos". Yo no soy un buen jugador, creo que hago lo posible por serlo, pero pongo mucha fuerza mientras juego, aun así recibía muchos gritos mientras jugaba. El que cometiera un error era un pecado mortal y allí los gritos que me llegaban por parte de todos. Para mi mala suerte, me gustaba mucho hacer deporte, y quería aprender pues yo recién me iniciaba en la práctica del futbol, así que tenía que soportar gritos y gritos. Le conté al sacerdote que me dolía mucho que me gritaran mis supuestos hermanos, dicho sea de paso mis hermanos de sangre nunca me han gritado y el cura se limitaba a decirme que me faltaba humildad, es decir no podía dolerme ningún grito porque era soberbia. Para mi mala suerte, en ese mismo curso anual, durante un partido muy peleado y empatado, el último error lo cometí yo y por tanto significó la derrota de mi equipo. Hubiese preferido que me gritaran, pero lo que hicieron fue dejarme tirado en la cancha sin hablarme.

 

Bueno, gritos y gritos… Uno se va acostumbrando a estos y lo ve como normal, pero repito mis hermanos de sangre nunca lo hicieron y siempre me ayudaron en todo.

 

Cosas por el estilo: hacían mi estancia desagradable, prefería no ir al centro o llegar tarde, para no encontrarme con nadie de casa, me gustaba estar con mis amigos de san Rafael, con ellos sí se podía practicar la amistad sincera y un cariño fraterno, pero con los de casa tenias que poner una cara de palo para no caer en el clericalismo.

 

Durante las convivencias habían varios que no hablaban conmigo, parecía que tenían su grupo, eran ya mayores, y recuerdo que aún cuando había coincidido con ellos en varias convivencias, nunca me preguntaron algo acerca de mí. Ante ellos parecía un adorno o algo al que no había necesidad de hablar. Formaban su grupo en las comidas, y solo se divertían entre ellos, bueno cosas de mayores pensaba yo.

 

Era una cosa de locos, en las charlas, meditaciones, etc., se hablaba de cariño fraterno y de "no matar el opus dei" que parecía que vivía en dos mundos paralelos, uno el de charlas, otro el de la vida real.

 

Cuando todo esto desencadenó en mi enfermedad, mi cabeza no aguantó tanto desorden y tanta contradicción, recibí poca ayuda de parte de mis hermanos, me veían como un bicho raro. Me daba vergüenza estar en el centro porque sabían que tenía un problema muy serio, pero nadie se acercó a preguntarme cómo podía ayudarme. Sólo cuando mi familia de sangre se enteró de mi problema empecé a recibir ayuda de gente que en verdad me quería.

 

Ricardo

 

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Publicado el Miércoles, 11 abril 2012



 
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