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 Tus escritos: VOCACIÓN IN VITRO.- Manzano

050. Proselitismo, vocación
manzano :

Dejo por colaterales las adoctrinadas aportaciones de quienes se agrandan y recrean en lo abstracto y que además en poco o en nada pudiera identificarme con quién afirma sin rubor que “la anticoncepción es a paternidad responsable como infidelidad a amor conyugal”. Me sabe cuanto menos a un destilado de fanatismo.

Puestos en laboratorio y en temas reproductivos, propongo a continuación un asombroso símil entre la fecundación “in Vitro” y la vocación “in Vitro”. Tratado este último como artificioso método de reproducción asistida para obtener vocaciones en el Opus Dei, pues encierra muchos paralelismos y similitudes con el primero. Persiguen un mismo expansivo objetivo multiplicador y tienen ambos lo mismo de antinaturales como de contrarios a la doctrina de la Iglesia básicamente por metodología y praxis...



Empiezan por el proceso de selección: los ovocitos y espermatozoides de baja movilidad o tarados con imperfección perceptible no son considerados y rápidamente desechados para el proyecto. No se estima que tengan probabilidad alguna de éxito para el propósito e incluso se teme que aportaran riesgo de malformación contraria al espíritu de la empresa y por tanto no son “admisibles”. Madre alguna quisiera tener algo así. No cabe compasión, ni por azaroso error. Son simplemente descartados o despreciados y dejan de existir. La calidad prima sobre el derecho y es la llamada universal a la depurada técnica de selección clasista aunque se contemplan distintos niveles de éxito o estatus en función del resultado.

(Apunte: alguien habría de encajar aquí aquello de que un hijo con malformación o deficiencia congénita es una bendición y un tesoro para una familia cristiana, yo no logro situarlo en ningún contexto ni etapa dentro de los métodos descritos a pesar que uno de ellos tiene sello oficial de homologación de calidad cristiana por órgano competente y se vende como camino de Salvación. Lo de la santidad tampoco logro emplazarlo).

El ovocito debe ser fecundado en un medio o ambiente adecuado y para ello se dispone lo conveniente, lo que haga falta. Se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gasta, que la inversión tarde o temprano ha de retornar y será muy rentable. Una vez identificada y contrastada la calidad de la fecundación sucumbiendo a la crisis provocada, los cigotos resultantes también llamados vulgarmente “pitables” se les sigue con tratamientos estimulantes para que estos elementos “elegidos” por su vocacional destino puedan ser introducidos en el útero de una “madre guapa” (*) que deberá acoger al preembrión, nombre que recibe el cigoto hasta que a las 2 semanas se le denominará científicamente embrión aunque en el entorno que nos ocupa bien podríamos llamarlo “aspirante”, por ejemplo. Mejor, embrión aspirante.

(*)Madre de alquiler pero especialmente indicada y diseñada para el método de indudable inspiración divina. No es madre cualquiera, es única en prelatura y condición.

El cigoto debe tener un origen conocido y contrastado. Sus dos componentes originarios de progenitores “normales”, o sea, de reputada condición sin lacras sociales ni defectos y perfecta salud. Análisis obligados. Padre y madre compatibles, bastante solventes, de tradición ¿cristiana? Muchos de ellos a pesar de estar entusiasmados con el proyecto e incluso amigos íntimos de la “madre guapa” o formando parte de él, es preferible y recomendable que no sepan lo que se está gestando. Todo se andará, el método opta por no comprometerlo gratuitamente y prematuramente. Los folínculos se afirman y motivan a medida que se superan etapas y comportamientos concretados en actos y muestras de fidelidad del nuevo huésped. Hay intenso intercambio de fluidos energéticos entre las partes, la nodriza dando alimentación espiritual vía umbilical la otra dando recursos y resultados de orden material en lo posible, no estando exento por contrato de una irrenunciable obligación a preparar el camino a nuevos cigotos. Los compromisos legales están muy confusos, incluso opacos para los mismos sobrevenidos embriones pero perfectamente conocidos y definidos por la madre nodriza. Forma parte de la estrategia y bien definido por la reglamentación institucional del propio método.

(Apunte: parece ser que la vida misma y la pretendida vocación que tratamos se presentan en un mismo plano. Ser merecedor de una vocación divina por ser miembro de un prototipo familiar sin componente frágil o simplemente tener una oportunidad de llegar a ser vida humana desarrollada viene a ser una cuestión de suerte y de genes. Asombroso!. Selección natural o sobrenatural: ¿será lo mismo?

Mucho se ha escrito sobre la múltiple paternidad y por ende de la múltiple filiación. Ser hijo de Dios Padre, de tu padre, del Santo Padre, de nuestro padre y del padre -de turno-. También una triple maternidad: hijo de la Iglesia, de madre biológica y de la otra, la guapa. Me faltan madres o me sobran padres. Ocurrencias aparte, aquí es dónde uno se pierde pensando en clave de paternidad responsable, en anticoncepción, etc.)

Sigo. Resulta que a veces el proyecto se trunca, cuando el embarazo es fallido por conflictivo se denomina aborto. En la fecundación “in Vitro” el índice de éxito aumenta día a día. En el caso de la “vocación in Vitro” el índice de fracaso aumenta día a día y es realmente descorazonador. Aquí es donde empiezo a vislumbrar alguna diferencia importante más allá de lo estadístico, pues en el primer caso si se produce un aborto es espontáneo, accidental y no querido ni provocado mayormente, pues es embarazo buscado y deseado responsablemente haciendo uso de la plena libertad humana, independientemente del método. En el segundo caso, estos condicionantes no se dan en toda su magnitud necesaria. Ni en el ámbito de la libertad ni en el ámbito del conocimiento de las consecuencias derivadas.

El aborto en el proceso de gestación en la “vocación in Vitro” es mucho más grave: es casi siempre provocado, querido y traumático. Las entrañas de la “madre guapa” es un multi útero muy transitado, elástico y deformable a demanda interna. Pero sea porque la madre decide que el embrión no es de su gusto -normalmente perdió los dones vocacionales por los que fue engendrado e implantado- lo repudia y expulsa de su seno materno. Provoca el aborto, lo exige sutilmente. Un aborto doloso.

Sea porque el embrión enferma -no ha encajado- y sufre mucho, cada día más, sufre cual hueso fuera de su esqueleto. El ambiente y todo el líquido fetal se convierte en amniótico fétido, ya no alimenta, intoxica, hay alguna incompatibilidad. Se produce una auto salida instintiva, de supervivencia del mismo feto en busca de aire sano, limpio y fresco. Busca una posibilidad de vida fuera del útero acaparador y contaminado, no sin dificultad y con pocas facilidades por parte de la madre muchas veces o incluso en contra de su voluntad.

Pero en ambos casos los fetos son desechados y repudiados por igual por la misma madre perfecta y guapa en cuanto alcanzan el mundo normal exterior. Son cuerpos con vida pero han salido de la barca del divino proyecto y lejos de ella solo hay muerte y perdición: basura inmunda de residuos orgánicos. Dejan de existir, nulos proyectos humanos y nada más. No hay salvación posible fuera del útero sagrado.

Ni el personal auxiliar o directivo prelaticio que asiste indiferente a estos violentos partos prematuros se les ocurre reanimar el feto inmaduro. Respira, jadea, pero no interesa el estorbo y mejor centrarse en un buen raspado según marcan los reglamentos internos del método; no hay que dejar rastro que pudiera infectar o contaminar, escandalizar y restar publicidad al proyecto. En todo caso será siempre un fracaso del feto, nunca de la impecable madre.

La perversión final es a su éxito lo que entienden como tal: la muerte biológica del ser que ha permanecido fielmente durante toda su vida ahí dentro y se extingue cuando empieza la vida superior, la otra vida al nacer.

Apuntes finales

No recuerdo bien si era Forges quien explicaba socarronamente y con mucho humor que la vida debería ir al revés, nacer viejo enfermo, avanzar por la vida rejuveneciendo hasta finalmente abandonar este mundo como sano y simple cigoto concebido en el placentero orgasmo engendrador. Desde luego, sea quien fuere, no se le puede negar que tenía cierta visión sobrenatural de la vida.

La antinatural “vocación in Vitro” se completa al alcanzar el período de gestación integral, abandonando con contracciones y de parto natural la vida uterina terrenal donde al feto ya maduro le espera una sábana blanca y cuatro cirios de despedida con esquela romana. Finalmente la madre liberada puede cobrar su último plazo de alquiler en forma de herencia, un plus por el éxito final.

El tema sugerido da para mucho más e invito y propongo a que el símil sea tratado más extensamente, hay muchos más matices.

Desde mi austero punto de vista pienso que quién pudiera concebir un método igual o parecido al de la “vocación in Vitro” debía ser absolutamente imprescindible padecer, entre otros rasgos, alguien con un grave complejo de Edipo, a saber: un agregado de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores.

No se me ocurre mejor teoría para explicar tan compleja e indecente mentalidad para implantar tal sistema de maquinación y manipulación de las personas.

Y por cierto, creo que sonaría mucho mejor: ”la concepción es a la paternidad irresponsable como fidelidad a amor invidente ”.

Manzano




Publicado el Lunes, 30 abril 2012



 
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