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 Tus escritos: La educación hipócritamente diferenciada de los colegios.- Giovanna Reale

030. Adolescentes y jóvenes
giovanna :

La educación “hipócritamente” diferenciada de los Colegios del Opus Dei

Giovanna Reale, 27/08/2012

 

 

El periódico español El País publicó un editorial el jueves 23 de agosto de 2012, titulado “Varapalo al sexismo”, que concluye con la siguiente reflexión: En España, la mayoría de colegios que segregan están vinculados al Opus Dei y no lo hacen tanto por las supuestas ventajas pedagógicas como por razones morales: evitar el contacto entre chicos y chicas. Son las mismas razones que durante el franquismo impusieron la separación en las escuelas y que se reflejaron en una encíclica del papa Pío XI: “La escuela mixta promueve la promiscuidad y la igualdad”. Hasta ese punto pretenden algunos retroceder...



El análisis de El País sobre los motivos por los que el Opus Dei prefiere colegios diferenciados por sexos se queda corto, aunque acierta de lleno cuando habla de “retroceder”; en efecto, en la mente del fundador Josemaría Escrivá (1902-1975), a quien el Opus sigue siendo muy fiel, era intolerable la coeducación por las mismas razones que adujo Pío XI, papa entre 1922 y 1939. Pero el análisis de El País se queda corto porque el Opus no sólo promueve a día de hoy ese tipo de colegios por razones morales, sino también por sus intereses proselitistas, de los que en los últimos días se está debatiendo mucho y con mucho acierto en opuslibros.

 

Esos colegios son los principales semilleros de las vocaciones de numerarios/as y agregados/as; por eso, el Opus desconfía de los colegios mixtos, en los que surgen obstáculos, como enamoramientos, prenoviazgos o noviazgos, que dificultan enormemente un planteamiento vocacional al celibato. Al igual que pasa en un seminario diocesano o en un noviciado, los colegios diferenciados favorecen la disciplina de quien se inicia en la vida célibe.

 

Otro motivo a favor de la educación diferenciada se encuentra en la organización interna del Opus Dei, estructurada en dos secciones, la de mujeres y la de varones, cuyas labores apostólicas están también separadas. Con eso se pretende que los numerarios laicos no conozcan a las numerarias ni se relacionen profesionalmente con ellas. También se pretende que un adolescente se inicie en la vida del Opus estando escolarizado en un colegio en el que se haga visible la separación de secciones, lo cual no obsta para que también el Opus busque vocaciones entre chicos y chicas de escuelas mixtas. Una destacada excepción se da en las Universidades, como en la de Navarra, Piura, etc. Aquí estudian y trabajan juntos mujeres y varones del Opus Dei, aunque puedan surgir situaciones de enamoramiento, prenoviazgo, noviazgo y matrimonio, y la experiencia enseña que surgen a veces a pesar de las muchas medidas de prudencia que se adoptan en el trato profesional entre las numerarias y los numerarios. Eso sí, los Colegios Mayores o residencias universitarias de estudiantes vuelven a ser diferenciados por sexos, con el fin de que los numerarios hagan proselitismo con sus compañeros y las numerarias con sus compañeras de residencia.

 

Es fácil deducir, por tanto, que el principal motivo de los colegios segregados es el de su condición de semillero de vocaciones para el Opus. En teoría, si hay universidades mixtas, podría haber también colegios mixtos, pero en el caso de los adolescentes se impone la experiencia práctica de que, a esa edad, si se quiere promover vocaciones al celibato, es conveniente e incluso necesaria la separación de sexos (con los adultos, la situación cambia: se puede evitar o enfriar un enamoramiento a tiempo).

 

Ante la opinión pública, los colegios del Opus Dei defienden su posición a partir de argumentos pedagógicos, basándose en quienes opinan que la educación diferenciada es positiva para los y las adolescentes y que no debería ser descalificada de sexista; de hecho la UNESCO, en un documento de 1960, al margen de moralismos obsoletos, no cataloga como sexista este tipo de educación. Ante la opinión pública, los colegios del Opus Dei no hablan para nada:

 

1) de su fidelidad a la mente del fundador Escrivá, que, de acuerdo con el papa Pío XI contemporáneo a él, consideraba inmoral la coeducación,

ni 2) de los intereses proselitistas que subyacen en el fondo,

ni 3) de la separación de las dos secciones del Opus Dei que se ha de reflejar en sus labores apostólicas excepto las universidades (y éstas parcialmente porque los Colegios Mayores vuelven a ser segregados).

 

El Opus oculta las tres motivaciones más profundas de su actuación, todas ellas impregnadas de inspiración sexista y proselitista, para aducir en público razones exclusivamente pedagógicas, que no son las que de verdad lo motivan a optar por la educación segregada.

 

Puesto que la dura realidad es ésta, sería justo que tales colegios dejaran de ser concertados y de recibir ayuda económica a partir del dinero público. Unos colegios sinceramente diferenciados, es decir, a partir de razones sólo pedagógicas no basadas en moralismos obsoletos ni en intereses proselitistas, sí podrían recibir esa ayuda pública (en este caso, cabe un debate franco de los pros y los contras educativos), pero unos colegios hipócritamente diferenciados no se la merecen desde ningún punto de vista. Que ellos se paguen con su dinero la puesta en práctica de su visión sexista de la vida y sus métodos de captación de vocaciones, pues en realidad no está en juego una mejor o peor educación de unos jóvenes, que es el criterio por el que el Estado se guía para establecer un concierto con un colegio privado respetando así el derecho de los padres a la educación de sus hijos en una sociedad libre y plural, sino la pervivencia del Opus Dei, que a día de hoy depende de la captación de adolescentes en esos colegios, y para este fin no debería invertirse el dinero público de un Estado aconfesional.

 

Ya sé que es muy difícil demostrar en el plano jurídico o judicial la diferencia, en este caso, de sinceridad e hipocresía, porque, aun conociendo todo el mundo con certeza moral las verdaderas intenciones del Opus, sus colegios siempre dan la imagen de que están “sincerísimamente” interesados por las ventajas de la pedagogía diferenciada y por la libertad de los padres ante la educación de sus hijos y podrían acusar a sus detractores de calumniosos. Es por eso por lo que el diario El País hace bien en englobar a todos los colegios diferenciados en el mismo bloque y plantear el debate en un contexto general, pues distinguir entre los sinceros y los hipócritas es una batalla perdida en la vida política y judicial. El Opus Dei se ha convertido en muy mal compañero de los pocos colegios sinceramente diferenciados, sobre los que proyecta, a modo de efecto contraproducente, su mala sombra.

 

Giovanna Reale

 

Anexo

Las palabras de Pío XI citadas por El País proceden de la encíclica Divini illius magistri sobre la educación católica, del 31 de diciembre de 1929:

52. Igualmente erróneo y pernicioso para la educación cristiana es el método de la coeducación, cuyo fundamento consiste, según muchos de sus defensores, en un naturalismo negador del pecado original y, según la mayoría de ellos, en una deplorable confusión de ideas, que identifica la legítima convivencia humana con una promiscuidad e igualdad de sexos totalmente niveladora. El Creador ha establecido la convivencia perfecta de los dos sexos solamente dentro de la unidad del matrimonio legítimo, y sólo gradualmente y por separado en la familia y en la sociedad. Además, la naturaleza humana, que diversifica a los dos sexos en su organismo, inclinaciones y aptitudes respectivas, no presenta dato alguno que justifique la promiscuidad y mucho menos la identidad completa en la educación de los dos sexos. Los sexos, según los admirables designios del Creador, están destinados a completarse recíprocamente y constituir una unidad idónea en la familia y en la sociedad, precisamente por su diversidad corporal y espiritual, la cual por esta misma razón debe ser respetada en la formación educativa; más aún, debe ser fomentada con la necesaria distinción y correspondiente separación, proporcionada a las varias edades y circunstancias. Estos principios han de ser aplicados, según las normas de la prudencia cristiana y según las condiciones de tiempo y lugar, no sólo en todas las escuelas, particularmente en el período más delicado y decisivo para la vida, que es el de la adolescencia, sino también en los ejercicios gimnásticos y deportivos, cuidando particularmente de la modestia cristiana en la juventud femenina, de la que gravemente desdice toda exhibición pública.

53. Recordando las tremendas palabras del divino Maestro: “¡Ay del mundo por razón de los escándalos!” (Mt 18,7), estimulamos vivamente vuestra solicitud y vuestra vigilancia, venerables hermanos, sobre estos perniciosos errores que con excesiva difusión se van extendiendo entre el pueblo cristiano, con inmenso daño de la juventud.

(Nota: los “venerables hermanos” son todos los obispos católicos, a quienes se dirige la encíclica).




Publicado el Lunes, 27 agosto 2012



 
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