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 Tus escritos: Escrivá y el episcopado.- Gervasio

115. Aspectos históricos
Gervasio :

Escrivá y el episcopado

Autor: Gervasio

 

¡Qué bueno y completo es el reciente artículo de Guillaume Desde 1942 Escrivá quería ser obispo! Proporciona datos precisos, algunos de ellos desconocidos o vagamente conocidos,  preludio de una futura publicación. Se trata de un artículo muy templado. No se ensaña en la figura de Escrivá —que en su megalomanía tiene algo de pobre hombre que lo hace entrañable—, sino que se limita a constatar datos y a formular hipótesis, diferenciando lo uno de lo otro. Además, da respuesta a los interrogantes de Sperpento sobre las aspiraciones y posibilidades de Escrivá de ser nombrado obispo...  



La intención —no consumada, como el sacrificio de Isaac— de emitir voto de “no aceptar jamás la carga o dignidad episcopal” de la que habla Sperpento —el tal voto es también esperpéntico—, echa por tierra una hipótesis que se me había pasado alguna vez por el caletre, en mi afán de encontrar coherencia en su conducta e ideas. Conforme pasa el tiempo, cada vez me parece más quimérico buscar donde no hay. Quizás Escrivá aspirase —pensaba— a ocupar una sede episcopal para, una vez instalado en ella, segregar de la correspondiente diócesis un trocito de terreno para convertirlo en prelatura nullius dioecesis, en el que acoger el Opus Dei; una “solución” similar a la adoptada para la Misión de Francia y para la prelatura palatina española en la que estaba integrado el Real Patronato de Santa Isabel, en cuya iglesia están enterrados Antonino Sentmenat Cartellá (1784-1806) y Jaime Cardona Tur (1892-1923). Ambos fueron preclaros prelados —además de obispos, y patriarcas de las Indias Occidentales y vicarios castrenses y otros ilustres cargos— de la tal prelatura palatina, configurada como una prelatura nullius dioecesis con territorio propio, aunque minúsculo, distinto del de la diócesis en la que estaba enclavada: Toledo y posteriormente Madrid-Alcalá. Los sepulcros de ambos eclesiásticos fueron designados por Escrivá como fuente de inspiración de una “solución jurídica” para la Obra, según Pedro Casciaro (q.e.p.d.). Segregar una prelatura nullius dioecesis nada menos que de la diócesis de Roma, fue lo que osadamente Escrivá pidió a Juan XXIII en enero de 1962. La verdad es que se necesita echarle arrestos y poner mucha cara de tonto para cursar semejante petición, que tengo entendido reiteró —deseo que alguien me aclare si así fue efectivamente— ante Pablo VI. Si Escrivá deseaba como solución jurídica convertirse en prelado de una prelatura nullius dioecesis, siendo previamente promovido al episcopado como medio para conseguirlo, no se explica eso de yo jamás aceptaré ser obispo. Antes muerta que sencilla. Parece, por tanto, que lo de ser obispo poco tiene que ver con su condición de fundador del Opus Dei, tal como afirma Guillaume, como tampoco lo de ser marqués tuvo que ver con favorecer al Opus Dei o a sus intereses. Por otra parte, el propio fundador anunció con cierta solemnidad hacia 1950 que dejaría el Opus Dei para iniciar una fundación nueva, distinta a de la famosa fundación del 2 de ocgtubre de 1928 —y eso que se resistía a ser fundador—, propósito que, como el sacrificio de Isaac, tampoco se consumó. Nunca supe la fecha exacta de esa nonata fundación.

Pedir permiso para rechazar la dignidad episcopal es tanto como manifestar que esa dignidad se tiene por muy merecida y a disposición. Rechazar ser premio Nobel —o emperador de Japón o ser arzobispo de Constantinopla— presupone que lo lógico y natural es llegar a ser premio Nobel, emperador de Japón, o arzobispo de Constantinopla. Sólo renuncia a un cargo quien tiene derecho a él o al menos grandes posibilidades de obtenerlo. Jean Paul Sartre rechazó el premio Nobel de literatura en 1964. Pero no había hecho previamente ni voto ni manifestación alguna de rechazarlo. Simplemente lo rechazó en el momento de efectuarse la selección de candidatos. Eso de hacer voto de no aceptar la dignidad episcopal también es ridículo porque es un voto —y eso que no le gustaban los votos— que puede ser dispensado con toda facilidad. Cabe ni tenerlo en cuenta. Constituye, como señalaba en El irresistible episcopado, un rechazo retórico carente de contenido, que muestra una humildad falsa por protocolaria. Algo así como decir:

—No ponga usted flores en mi tumba. Si acaso eleve al Señor una oración por mi pobre alma.

La “solución” prelatura nullius, ya sea territorial o meramente personal, no se adapta bien al fenómeno Opus Dei. La prelatura nullius palatina —absorbida actualmente, en cuanto a las personas, por el Vicariato General Castrense—, además de varios patronatos, como el de Santa Isabel, tenía tres parroquias destinadas a la familia real y a los servidores y habitantes de Palacio. Las funciones que desempeñaba eran similares a la de cualquier parroquia: bautismos, confirmaciones, primeras comuniones, etc. Como consecuencia lógica, las prelaturas y abadías nullius dioecesis territoriales están equiparadas a las diócesis (Cfr. c. 368). Pero en el Opus Dei no hay ni primeras comuniones, ni bautismos, ni parroquias. No hay nada de eso. En su lugar hay peticiones de admisión, oblaciones, fidelidades, dimisiones, ausencia de renovaciones y cosas por el estilo, propias—para qué nos vamos a engañar— de frailes y monjas e impropias de cristianos corrientes. Los cristianos corrientes no hacen oblaciones, ni fidelidades, ni cosas de este tenor. La jurisdicción del prelado del Opus Dei sobre las personas se basa en un vínculo —proveniente de oblaciones y fidelidades— que puede ser dispensado y que de hecho se dispensa mucho, pues en el Opus Dei, como en las estaciones de metro, hay mucho entra y sale. No me parece que Escrivá haya estado muy acertado con lo que le sugirieron las tumbas del cardenal Sentmenat y Cardona. Pero, en fin, son muchas las cosas en las que tampoco estuvo acertado. Eso sí; buena voluntad parece que tenía. Quizá como da a entender Guillaume su punto débil era una cabecica no completamente bien amueblada.

Gervasio




Publicado el Lunes, 01 octubre 2012



 
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