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 Tus escritos: Una historia más.- Pixie

030. Adolescentes y jóvenes
pixie :

UNA HISTORIA MÁS
Pixie, 5/10/2012

He de reconocer que llevo varios años leyendo esta página, a la que estoy muy agradecido, y que jamás pensé que algún día me animaría a escribir mi historia.

Ahora, después de tantos años, creo que vale la pena dar testimonio, de la misma manera que han hecho otros.

La Carta de Víctor para mí ha sido el detonante, luego explicaré el motivo.

La primera vez que pisé un centro del Opus Dei tendría unos 14 años. La verdad sea dicha, me lo pasaba pipa y fui muy feliz. Qué buen recuerdo las convivencias de Inglés, los UNIVs, los viajes por toda Europa, el sky, el fútbol, tantas cosas buenas... A mí nadie me obligaba a ir al CLUB a diario, era yo el que quería...

Ese año en el curso de inglés de Torreciudad empezaron, de manera suave, a hablar de mi posible vocación a numerario. Algunos de mis amigos pitaron de los cuales perseveraron unos cuantos y otros se salieron. Pero los que se iban, desaparecían. ¿Alguien se acuerda de Rufino? ¿Qué habrá sido de él?...



Comenzó entonces un machaque que fue "in crescendo" con el paso de los años. Primero empezaron mis amigos numerarios del centro al que iba. Fueron pasando uno detrás de otro, luego, como vieron que no cedía, en cada viaje que hacíamos venía uno u otro, a veces conocidos, otras no, a contarme, cada uno a su manera, con su historia, que yo tenía vocación.

Yo no soy virtuoso en nada de nada pero a día de hoy creo que tengo una muy buena capacidad para escuchar a las personas, seguramente por tantas horas de entrenamiento.

Recuerdo tantas historias de numerarios que me abrían su corazón para animarme a pitar... Aquel pobre maño que sus padres no le hablaban porque no apoyaban su vocación, o el otro que tenía una posible novia y la dejó porque Dios lo quiso así. Otro, hoy curita bueno, que cantaba en un grupo de niños famoso en los 70. Otros me contaban que gracias al Opus Dei eran personas. Como aquel curita que decía que el Opus Dei le había enseñado todo hasta a cambiarse de calcetines todos los días. Otro que era medio hipy y que había vuelto a ser persona. Había algunos que me contaban más cosas de la vida dentro de casa. Aquel que se tuvo que cortar el pelo porque la melena que llevaba “le ponía” a su compañero, o el otro que al principio no sabía dónde ponerse el cilicio.

Yo escuchaba, escuchaba y escuchaba pero nunca pitaba.

Quizás suene un poco raro pero para mí era una especie de halago que tuvieran tanto interés en que me uniera al grupo.

Con el paso de los años creo que hasta llegué a fanfarronear con algún amigo de mi capacidad para torear numerarios y, si no lo hice, den por seguro que por dentro lo pensaba.

Ahora con el tiempo pienso que era muy "curioso" sobre todo en las convivencias y retiros mi manera de actuar. Les pongo un ejemplo, si un numerario me llamaba para hablar, a veces sacándome de un partido de fútbol o de clase o de lo que fuera, yo siempre pensaba que el objetivo era aguantar hasta la hora X que era la comida, merienda o cena. Pixie, me decía, aguanta que te estás ganando la cena. Pixie, te quedan diez minutos y parará. Nunca fallaba...

Algunos amigos en confianza me decían que no entendían como lo soportaba. Muchas veces me perdía clases enteras en el colegio o excursiones u otros planes porque al iluminado de turno pensaba que era el mejor momento.

Hasta que llegó mi hora.

Tenía dieciocho años y había empezado la facultad. Como ya era "mayor" me habían cambiado del club al Colegio Mayor. Llevaba ya cuatro años aguantando el rollo y yo pensaba que lo iba a conseguir, me dejarían ser supernumerario que era lo que yo pensaba que Dios quería.

Un inciso: qué pesados eran con lo de que la vocación para numerario es la misma que para supernumerario pero que dependía del momento en la vida en la que se te planteara. Menuda tontería más grande y qué daño ha hecho el que se la inventara, Madre.

Perdón, sigo con mi historia. Resumiendo, continuaban los charlas diarias y personales sobre mi vocación y yo seguía dando capotazos, aguanta Pixie que en diez minutos toca meditación y parará, aguanta Pixie que viene la merienda, Pixie AGUANTA!!! y aguantaba y escuchaba y aguantaba.

Seguramente alguno no entenderá por qué no los mandaba a paseo, yo me lo preguntó ahora. Pero en aquel tiempo eran mis amigos, era mi gente, mi grupo y quiero insistir que, a parte de esos ratos de machaque, el resto del tiempo me lo pasaba fenomenal.

Bueno, pues un buen o mal día el Director me invitó a comer al Colegio Mayor, cosa que a mí me encantaba, ¡qué bien cocinaba la Administración! y con vinito y todo. Al acabar la tertulia/café el Director me llamó a su habitación y me dijo:

- Pixie, hoy no sales de aquí sin escribir la carta-.

Juas, te lo crees tú, pensé yo.

Serían las cuatro de la tarde cuando empezó a hablarme de que tenía que dar el paso. De que no podía dejarlo, que él veía clarísima mi vocación a numerario, que confiara en él y que me entregara que iba a ser muy feliz haciendo lo que Dios quería de mí.

Empezó a pasar el tiempo...

Una hora, dos horas, tres horas... -Pixie, me digo, aguanta que viene la merienda...- pero NO HAY MERIENDA. No me deja salir de la habitación y como también tiene aseo, la excusa de ir al baño tampoco es posible.

-Pixie, me insiste, hoy no sales de esta habitación sin escribir la carta-. Ni de broma, me digo por dentro.

Cuatro horas, cinco horas... de verdad me empiezo a desesperar, -ya es de noche-, le digo, -me tengo que ir a casa-. Me dice que no me puedo ir y que no me preocupe que ya me lleva él en coche y otra vez al ataque. Recuerdo que la habitación estaba oscura y que el único punto de luz era un flexo de sobremesa.

A las diez de la noche PIXIE el torero cayó por desesperación y firmó la carta

Tengo que decir que mientras me llevaba en el coche a casa y me decía algo así como que era una entrada de aire fresco en la obra, yo tenía un solo pensamiento: mañana te llamo y te digo que ha sido todo un error.

Y eso hice. Le llamé para que rompiera la carta y me dijo que ya no podía, que ahora que había dado el paso tenía que luchar... Ahora lo pienso y digo menuda tontería. Tenía que haberlo mandado a paseo pero no lo hice porque sabía que si lo hacía perdía a mis amigos y no podía volver más.

Desde el día que escribí la carta, que sería en noviembre, mi vida fue como estar encerrado en una cárcel y yo lo contaba todo y me contaban mil historias, que no me había entregado del todo, que pidiera a Dios que me diera luz...

A todo esto, no había dicho a mis padres nada porque solo pensaba en salir del lío. Nadie se puede imaginar el disgusto que se cogieron cuando unos amigos suyos les dieron la enhorabuena porque su hijo había pitado. Pero hubo un antes y un después a ese día.

Gracias a Dios mis padres entendieron la situación. Yo les expliqué lo mismo que estoy escribiendo aquí y me apoyaron. Les pedí que no hicieran nada porque ellos se ofrecieron a hablar con quien hiciera falta pero en mi opinión era algo que tenía que solucionar yo solito. Lo intenté por activa y por pasiva: que yo no valía para numerario, que era un desgraciado, que no era feliz, que me dejaran ser supernumerario que podía hacer una muy buena labor, pero nada.

Pues así estuve desde Noviembre hasta Julio que fue cuando me dijeron que tenía que ir al curso anual y yo me planté y les dije que no iba, que no podía ser más, que tenía clarísimo después de esos meses que Dios no me quería de numerario y que ya estaba bien de aguantar.

El director al final cedió y me dijo que tenía que hablar con el responsable de Delegación y este personaje llamado D. Eduardo […], es el único en esta historia al que me gustaría pegarle una buena patada en el trasero por no decir alguna otra barbaridad más gorda.

Fui a ver a D. Eduardo a delegación y allí tuvimos una larga charla en la que me decía que no podía ser supernumerario y que tenía que perseverar y yo le dije con muy buenas palabras que se equivocaba. La actitud de D. Eduardo al principio fue la de un padre al que vas a pedir ayuda y te da consejos con todo el cariño.

Cuando vio que no podía hacerse conmigo y que mi decisión era la de dejarlo todo, D. Eduardo se convirtió en una especie de increíble Hulk y sacó todo el odio que tenía dentro el hombre contra mí. Esto que cuento es cien por cien real aunque algunos amigos numerarios no me creen.

De todo lo que me dijo D. Eduardo tengo en el corazón grabadas tres frases textuales:

- Si te vas eres un canalla antes los ojos de Dios

- Si te vas no vas a ser nadie en la vida

- No puedes dejar el Opus Dei con todo lo que hemos hecho por ti (¿?)

La verdad es que a D. Eduardo se le fue la cabeza porque los gritos se debían de oír por todas partes pero para mí fue una liberación oírle y verle en ese estado. Fue la demostración de que este señor no podía saber qué es lo que Dios quería de mi ni de nadie. Y entonces me salió la sonrisa otra vez y D. Eduardo creo que se dio cuenta porque los gritos hasta la puerta de la delegación continuaron.

Por fin se había acabado aquella pesadilla que duró casi un embarazo.

La verdad es que las palabras de odio de D. Eduardo me sirvieron mucho para ver que en el Opus Dei hay, como en todas partes, todo tipo de gente. He de decir que, como ya se sabía, me dieron la espalda en el centro y algunos que yo pensaba que eran mis amigos me dejaron de hablar. Pero los amigos de verdad, numerarios o no, lo entendieron y los sigo teniendo y me tienen para lo que sea.

Terminé la carrera, me he casado y tengo a mi mujer y a mis hijos que son mis tesoros y señores, sigo feliz y no he vuelto por ningún centro. Cuando alguien me invita a una charla o a alguna historia yo siempre digo que soy como Obelix, de joven me caí en la marmita del Druida y no puedo tomar más poción.

Y si me permiten quitarles un poquito de su tiempo como dije al principio me gustaría decir unas palabras sobre Víctor.

Es increíble que expresamente dijera que su funeral no fuera en la Iglesia de S. Jose María y lo hayan hecho allí.

Es increíble que la gente se escude con lo de que el pobre estaba enfermo para negarle cualquier tipo de razón.

Es increíble que gente de la obra piense que esté mal el que se haya publicado la carta de Víctor en Opuslibros cuando era lo que él quería.

Miren, si yo con dieciocho años lo pasé mal no quiero imaginar a un niño de catorce años gamberrete, bromista, divertido, mucho más buena persona que yo, un chaval, créanme, magnífico, en la misma situación.

Muchas gracias a todos y especialmente a opuslibros por darnos voz.

PIXIE




Publicado el Viernes, 05 octubre 2012



 
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