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 Tus escritos: Mi opinión sobre la fe.- Heraldo

010. Testimonios
heraldo :

Las colaboraciones de estas últimas semanas me han hecho consciente de aspectos que tenía desdibujados en relación a mi fe.

Como es bien sabido, México es una de las regiones donde mayor desarrollo ha tenido el Opus Dei. Aquí hemos pitado y despitado miles de personas a lo largo de muchas décadas, desde que D. Pedro Casciaro llegó a estas tierras. Sin embargo, no conozco a ex numerarios o ex agregados que ahora se confiesen agnósticos o ateos. No dudo que los haya, pero sin la menor duda son una escasa minoría. Por el contrario, la inmensa mayoría no sólo conserva la fe sino que, junto a indudables aspectos críticos, permanece incluso con una visión de la Obra que todavía admite su carácter divino. Tengo dos anécdotas de los últimos dos meses que me llenaron de estupor. Charlaba con un ex agregado que no disimulaba su alegría de haberse tomado una fotografía junto al Prelado (!), en una actividad celebrada en Roma este año. Un ex numerario me decía, también recientemente, que entendía su salida de la Obra como una falta de fidelidad a la vocación otorgada por Dios (!). Le pregunté cómo podía estar tranquilo sabiéndose un traidor, y me respondió que consideraba que Dios ya le había perdonado...



Estas son anécdotas de los últimos dos meses, pero a lo largo de estos últimos 10 años, después de haber dejado el Opus Dei, he conversado con muchos ex numerarios y varios ex agregados y, repito, no conozco ningún agnóstico. Al menos no lo recuerdo, y me resulta llamativo por contraste con los testimonios en esta web. Una cosa es cierta. En mi país, precisamente por lo que menciono acerca de conservar la fe y hasta de respeto y cariño por la Obra, muchos de los que conozco tampoco son lectores de Opuslibros. Yo he querido hacer un cierto proselitismo de la página, y en demasiadas ocasiones me he encontrado con un rechazo. La consideran fruto del resentimiento, no pueden soportar que se ataque a la Obra, y menos todavía que se ataque la fe. Lograr que alguien colabore económicamente es poco menos que imposible. No sé cómo sean las cosas en otras regiones.

Pero voy a centrarme en mi experiencia personal. Con ocasión de la polémica sobre la fe, me he preguntado si sigo creyendo. Mi respuesta es afirmativa. Pero, ¿qué es realmente lo que creo? ¿Y qué es lo que no creo? Porque es evidente que el estado de mi fe no es el mismo que cuando estaba en la Obra.

Sigo creyendo que Dios existe, que nos ha creado. Creo en Cristo, su único Hijo, que nos ha redimido con un acto de amor infinito, y que nos ha enseñado un camino de amor. Creo que Dios me ama y que me ha de juzgar según su misericordia. Creo que Él es la última clave de mi existencia y de todo cuanto existe. Seguramente creo en algo más, pero esto viene a ser el núcleo duro de mi fe, y a esto me referiré en esta colaboración. También creo en la Iglesia, pero aquí viene una dificultad.

No identifico la Iglesia fundada por Cristo –unidad de los creyentes- con la Iglesia-jerárquica-vaticana, como hacía cuando estaba en la Obra. ¿Cómo puedo mirar con respeto una jerarquía que respalda al Opus Dei sin mover un dedo para investigarlo cabalmente? Y seguramente no es ésta la peor de las metidas de pata, pero sí la que me ha afectado a mí.

En suma, que mi detestable experiencia Opus no logró demoler mi fe cristina, aunque sí una visión de Iglesia que transmite sus genes al Opus Dei (Atomito). Y no encuentro en los Evangelios ninguna indicación de Jesucristo en el sentido de pretender configurar una cosa semejante. Es más, ni siquiera aparece en Él la intención de configurar unos dogmas y una moral de contornos precisos. Es el amor la fuente inspiración. Más bien al contrario, lo que sí existe en los Evangelios es un rechazo explícito a una estructura jerárquica religiosa (los fariseos) que ostentaba el poder y oprimía al pueblo aprovechándose de su fe sencilla. En los evangelios hay un mensaje tan claro como abierto. Hay una dirección perfectamente señalada que poco tiene que ver con la hiperformalización a que hemos llegado después de 2000 años.

He tenido fe desde antes de ser del Opus Dei y nunca me he planteado dejarla. ¿Cuál es mi reacción ante razonamientos como los que ofrece Atomito? No me dicen nada. Él se concentra en aspectos puntuales como son las genealogías o la estrella de Belén, y tantos otros que ha venido publicando a lo largo de los años. Pero eso no es lo que yo creo. Ni lo creo ni lo dejo de creer; sencillamente no me afectan. Desconozco si esas narraciones hay que leerlas en sentido literal o simbólico. Y tampoco me importa cómo haya qué hacerlo. Sus razonamientos, por lógicos y contundentes, me son ajenos.

¿Mi experiencia Opus ha sido motivo para abandonar por completo la fe cristiana? No. En cambio, sí ha sido motivo para abandonar una interpretación integrista de la fe. Hay quienes se mofan, entre los que se confiesan agnósticos, porque quienes mantenemos la fe disentimos en muchas cosas. ¿Pero tendríamos que estar de acuerdo en todo? Así veíamos la fe cuando estábamos en la Obra: unidad monolítica o excomunión. Tal vez por eso se han vuelto agnósticos, porque no han logrado superar esa visión que para nada encuentro en los evangelios.

Es importante tener en cuenta que no se trata de creer o no creer unos simples contenidos. Se trata nada menos que de mantener o abandonar las coordenadas básicas y fundamentales de la existencia, tanto de nuestro caminar en este mundo como de cara a la muerte. Sin esa fe me quedaría como desnudo en medio de un desierto oscuro.

¿Por qué continúo creyendo? Porque todavía no ha habido nada que me convenza para dejar de hacerlo. Lo más fuerte –mi experiencia Opus- lo he superado y tengo la solución. Los argumentos tipo Atomito son discutibles hasta el infinito, y no es necesario aceptar sus supuestos. No veo nada razonable en que por ellos haya que abandonar la fe. Tampoco es necesario defender la postura contraria para continuar creyendo. Son razonamientos que contienen alguna eficacia contra la fe sólo para quien ya ha dejado de creer y busca cómo ratificar su nuevo punto de vista. Pero es absurdo cambiar, por razones de ese tipo, todo un marco de referencia existencial.

DanielM piensa que quienes han dejado de creer, así lo han decidido. Tampoco estoy de acuerdo. Se cree o se deja de creer desde algo mucho más profundo, que está en el fondo del alma y que se ha ido fraguando a lo largo de la vida. Se trata de un gran cúmulo de elementos, la mayor parte de ellos de valor existencial, no lógico-argumentativo. En todo caso, la argumentación viene después, para refrendar una actitud. La fe explícita –o la falta de ella- enraíza en esa profundidad de la persona. En esa profundidad está la historia de un pueblo, de una sociedad, de una familia, y luego de una persona. Los padres, los hermanos, la educación recibida. La historia personal de cada uno. El encuentro biográfico con el dolor y con la angustia. Los anhelos profundos de felicidad y de eternidad. Nuestra perplejidad ante la enfermedad, la vejez y la muerte. Todo influye en la fragua de una actitud de fondo desde la que se cree o no, desde la que se permanece en la fe o se abandona. Y también desde ahí se procede a defender o atacar, esgrimiendo argumentos en un sentido o en otro. Ni siquiera el material genético o el tipo predominante de inteligencia que poseemos quedan fuera de ese hontanar. Es el fondo de la conciencia con su inmenso bagaje, configurado a lo largo de toda la vida, y desde antes. Por eso la cuestión de la fe –o su falta- es un tema existencial omniabarcante. Es ridículo querer ponerla a prueba con razonamientos que terminan en punta, de una cortedad manifiesta. A mi modo de ver, deberíamos mostrar más respeto por el tema, y mostrarnos más respeto entre nosotros. El asunto es de un enorme calado. Aparecen en la página actitudes proselitistas (tratar de convencer al otro) que me parecen insufribles.

A pesar de todo, quienes hemos seguido toda la discusión hemos alcanzado un cierto grado de claridad sobre nuestra propia postura. Es el aspecto positivo, también innegable. Por eso tengo verdaderos motivos de gratitud para quienes han participado en la discusión.

Heraldo




Publicado el Miércoles, 05 diciembre 2012



 
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