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 Tus escritos: Difícil franqueza con la media naranja.- Pinsapo

010. Testimonios
pinsapo :

VIAJE DESDE GRAZALEMA A LAS PLAYAS DE CALAIS (XIII)
Autor: Pinsapo


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I. Etapa feliz en el club “El Pinsapar” y otras aventuras

II. Que es lo que nos atrapa de esta web y música como método para sanar

III. Rápida y fácil entrada: así se las ponían a Fernando VII

IV. El centro de estudios como huída hacia adelante

V. Evocaciones de Almodóvar del Río y su castillo medieval.

VI. “Pasar-las canutas” en la etapa directiva: ver, oír y callar.

VII. El Numerario que besó a Claudia Schiffer

VIII. Habemus Pampa: argentino, pero modesto   

IX. Excursiones por el “camino” más peligroso del mundo.

X. A los cadáveres se le entierra piadosamente

XI. Feria de Abril con la Sharon Stone de Triana.

XII. No hay un atutía para la penuria emocional.

 

 

XIII.- Difícil franqueza con la media naranja.   

 

 

Cameron Díaz

Numerosos testimonios se ocupan del impagable aprendizaje que ha supuesto para muchos de nosotros la ayuda de nuestra media naranja, esa alma gemela que ha dado sentido a nuestra existencia, que llegó a nuestra vida en el momento preciso como la mejor medicina para nuestra alma herida. Contaba en el anterior capítulo que parte del síndrome del liberto es la indigencia emocional por la falta de práctica de trato con la otra mitad del género humano y la paradójica habilidad de, inicialmente, caer bien con nuestra educada galantería, para luego ir metiendo la pata por desconocer el registro aplicable a cada diferente grado de confianza…



Relaté también que la Feria de Abril es el escenario ideal para el inicio de amoríos juveniles, como hicieron los Reyes de Holanda, y en este mágico evento todos acuden predispuestos a dejar que el corazón los lleve.  Y allí comencé yo mi relación con quien ahora es mi mujer, liberado de esas sogas que durante años atrofiaron el corazón dejándolo mustio a fuerza de no usarlo, por ese rechazo despectivo del “sentimentalismo”. Aquella concepción de la vida no era cristiana pues siendo el corazón la esencia de la naturaleza humana, nuestro ADN nos empuja a amar y ser amados; sin afectos la vida no merece la pena ser vivida, entre otras cosas porque Dios así nos hizo y con ese anhelo nos configuró.

A los pocos meses de aquella feria le dije a ella que iba a revelarle un oscuro secreto de mi pasado que debería haberlo hecho antes: durante años había sido numerario. Ella se quedó helada, petrificada. ¿Cómo? ¿De los que se casan?. No, de los que no se casan. Me sorprendió que me dijera que si le hubiera advertido antes, no hubiera salido conmigo ni por asomo, que alguna amiga con contacto con la obra había tenido una experiencia negativa, sin superar ciertos conflictos que las afectaron emocionalmente. No recuerdo qué le dije ni por qué siguió conmigo, pero quizás fuera porque en la etapa inicial del enamoramiento se perdona todo, y Dios quiso que con este primer desencuentro quedásemos curados de espanto para siempre. Si nuestra media naranja no estuvo imbuida en el entorno vital de la obra (colegio, familia, club juvenil, residencia de estudiantes), y su formación fue recibida en otros ambientes católicos tradicionales (jesuitas, salesianos, maristas, franciscanos, esclavas, teresianas, irlandesas, etc.) resulta complejo que comprenda muchos de nuestros tics, derivados de la atrofia del corazón. Nuestra vida pasada imprimió carácter, dejó un poso que nunca podrá ser comunicado plenamente a nuestra pareja. No merece la pena confundirlas obligándoles a ponerse en un lugar que desconocen, en este punto hay que pasar página.

El conjunto de dificultades psicológicas de este concreto grupo de personas de análoga experiencia vital, conlleva una indigencia emocional de diferente intensidad según cada vivencia personal y esfuerzo por superarla, pero tiene unos síntomas coincidentes. En su vertiente relacional son bien definidos por una esposa preocupada que enumera actitudes difíciles de superar por ciertos maridos: obstáculos para mostrar cariño a la esposa, vivir en su mundo, egolatría con sentimiento de superioridad, constante aflicción por su trauma, olvidar su papel de esposo y padre, desentenderse de las tareas del hogar en perjuicio de su mujer, etc. Echo en falta en este inventario de síntomas la renuncia al manejo de las riendas de la familia, dejando siempre la iniciativa a la mujer, lo cual deriva de que en los centros uno va a remolque de los directores, a quienes se cede el ejercicio cotidiano de la libertad individual: ingresos, gastos, limpieza, comida, actividades de ocio familiar, preparación de celebraciones familiares, estudios, deporte y ocio de los niños. Esa tendencia a desentenderse de las responsabilidades familiares, a no tirar del carro, va asociada al deseo de ser muy obediente (arreglos, compras, gestiones... ¡lo que diga mi mujer!), y tal actitud proviene de esa vivencia de las soledades acompañadas de los centros, donde se guardan las formas pero la mente se evade a otros lugares, cada uno está en lo suyo.

Siendo extrema y por tanto no generalizable la experiencia matrimonial de la argentina Cristina con un ex numerario, que acabó en nulidad canónica, es en muchos aspectos muy ilustrativa de las dificultades que pueden surgir, pues describe con detalle cómo, a pesar de casarse enamorada, fue desilusionándose poco a poco viendo que no era querida por su marido, que él vivía refugiado en su mundo, sus rezos, su radio y su trabajo (del que volvía de noche) para sumergirse en el silencio, sin compartir ni contar nada a su mujer, haciéndola sentirse sola, sin afecto, utilizada, un objeto, humillada. La relación alcanzó su deterioro con riñas en las que se perdieron el respeto y, a pesar de los esfuerzos de ella, él no se movió un ápice en su concepción de la vida en que la esposa debía ser mera mujer florero a sus pies, demostrando así que en realidad el estaba incapacitado para amar a nadie que no fuera su propio ego.

Una de mis actrices preferidas es Cameron Díaz por como ilumina su rostro su preciosa sonrisa, lo cual no impide que pueda representar el papel de mujer con fuerte carácter, como hizo en “Un domingo cualquiera”, siendo propietaria de un equipo de fútbol americano que choca con el entrenador (Al Pacino), triunfando ambos con la mutua exigencia. La película empieza con una frase del entrenador Lombardi, de formación católica: “La mayor satisfacción de todo lo que ha querido un hombre es cuando ha entregado su corazón a una buena causa y yace exhausto en el campo de batalla, victorioso.” Y yo añado que en la vida la clave está en acertar el lugar donde entregamos nuestro corazón, aunque tampoco es definitivo errar a la primera viendo que la causa no resultó tan buena, pues siempre hay segundas oportunidades.

En “La boda de mi mejor amigo” Cameron Díaz (Kimmi) da vida a una mujer sensible, atenta, complaciente, familiar, hermosa y coqueta; que va a casarse con el mejor amigo de Julia Roberts (de mágica sonrisa) ejecutiva agresiva, maquiavélica, audaz, luchadora, valiente, que no se rinde ante la adversidad; siendo en ese momento cuando descubre que está enamorada de él y tratará de evitar la boda como sea, manipulando a la cándida novia. La persistencia femenina queda retratada cuando Julia besa al novio, este le da calabazas y sale corriendo, comenzando una persecución en coche en la que Julia habla por teléfono con otro amigo que le pregunta: “¿Ha habido algo en ese beso que te lleve a pensar que esta persecución acabará felizmente? -¡Eso es irrelevante, nos interrumpieron! -¿Quién os interrumpió? -¡Kimmi! ¡Lo estropeó todo y Michael se ha puesto a perseguirla antes de responderme! -¿Michael persigue a Kimmi? -Sí. -¿Y tú persigues a Michael? -Si. -¿Y a ti? ¿Quién te persigue? ¡NADIE! ¿Lo captas? ¡Ahí esta tu respuesta: Kimmi! -¡No! -¡Sí! ¡Ella es la elegida! Venga, por el amor de Dios, la boda es a las 6.” La inexperiencia en el campo sentimental a ciertas edades, tras muchos años con el corazón encerrado bajo “siete cerrojos” nos confunde con frecuencia hasta el punto de no advertir señales que resultan evidentes para cualquier otra persona.

Aristófanes relata que al principio la raza humana rozaba la perfección, siendo los humanos esféricos como naranjas, con dos caras opuestas en una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas. Su soberbia les hizo creerse semejantes a los dioses y entonces se enfrentaron a ellos, por lo que Zeus los partió por la mitad con un rayo, y desde entonces los humanos andan tristes buscando siempre a su otra mitad, y por eso debemos buscar a nuestra media naranja para hacernos más “completos”. Después de años de convivencia puedo decir que ese amor me ha completado y ayudado a mejorar, como tan bien expuso Satur cuando relata las admoniciones recibidas por su esposa. El amor de nuestra pareja nos ha impulsado a ser mejores, como a Jack Nicholson con Helen Hunt en “Mejor imposible”, en la que el maniático protagonista padece un trastorno obsesivo compulsivo que le hace antisocial y desagradable con la gente, salvo con la camarera del bar donde desayuna, la única que no le tiene pánico. Una noche la invita a cenar en un restaurante, y tras varios comentarios hirientes, estando harta de sus insolencias ella le exige un cumplido o se irá, accediendo él diciéndole: “tras conocerte, por la mañana empecé a tomar las pastillas que tanto odio.” Al no entenderlo Helen, él replica: “tú haces que quiera ser mejor persona”. (Ver escena en Youtube).

El amor es condición necesaria, pero no suficiente, para que una relación de pareja sea satisfactoria y estable. Salvo en lo relativo a la experiencia pasada en la obra, ejercitar la sinceridad salvaje con nuestra pareja ayuda a reconstruir habilidades afectivas que consolidarán ese amor, construyendo canales de comunicación compatibles. Para combatir cualquier tendencia negativa y superarla, es necesario ejecutar actos que fomenten a diario la comunicación sincera: no hacer reservas mentales de sentimientos, aunque sean negativos, no hacer ocultación consciente y tampoco caer en reproches descarnados: el objetivo y los anhelos son comunes y hay que saber buscar el cauce adecuado. Con el desgaste del tiempo en la relación, la clave es conocer nuestras carencias, sentirnos conscientes de ellas para vencerlas, como Jack Nicholson: expresar con asiduidad de forma abierta y sincera nuestras inquietudes para buscar la mutua implicación emocional; y solo hablando, escuchando, respondiendo, interactuando; sacando todo afuera aumentará el respeto y la admiración recíproca, siendo parte importante del matrimonio cristiano el diálogo abierto en el terreno sexual, huyendo de la herejía del puritanismo. Así, incluso los enfados de ambos pueden ser catalizadores de mejora de la pareja, y todas estas sencillas herramientas conseguirán que ese amor encuentre sólidos cimientos capaces de ahuyentar nuestros fantasmas.

Pinsapo

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Publicado el Viernes, 24 mayo 2013



 
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