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 Libros silenciados: Arribada a Calais: el espíritu vivifica. Último capítulo.- Pinsapo

010. Testimonios
pinsapo :

VIAJE DESDE GRAZALEMA A LAS PLAYAS DE CALAIS (y XIV)
Autor: Pinsapo


I. Etapa feliz en el club “El Pinsapar” y otras aventuras

II. Que es lo que nos atrapa de esta web y música como método para sanar

III. Rápida y fácil entrada: así se las ponían a Fernando VII

IV. El centro de estudios como huída hacia adelante

V. Evocaciones de Almodóvar del Río y su castillo medieval.

VI. “Pasar-las canutas” en la etapa directiva: ver, oír y callar.

VII. El Numerario que besó a Claudia Schiffer

VIII. Habemus Pampa: argentino, pero modesto   

IX. Excursiones por el “camino” más peligroso del mundo.

X. A los cadáveres se le entierra piadosamente

XI. Feria de Abril con la Sharon Stone de Triana.

XII. No hay un atutía para la penuria emocional.

XIII. Difícil franqueza con la media naranja.

 

 

XIV.- Arribada a Calais: el espíritu vivifica   

 

 

Naufragio de la Armada

Hoy expongo la última etapa de este viaje que comenzó en el Pinsapar de Grazalema y escribir estos catorce capítulos ha sido una eficaz y necesaria terapia, una dulce medicina que me empujaba a compartir sentimientos tan hondos con personas con la misma experiencia "religiosa". El guión de mi historia surgió tras cientos de flashes y chispazos que inundaron mi mente tras la lectura de los testimonios de este foro, donde multitud de personas han plasmado con estilos tan diferentes unas similares vivencias, abordando las ideas-madre que canalizaron esa lluvia de destellos, que fueron enriquecidos paulatinamente con nuevos recuerdos y aderezos históricos.



Actualmente se debate en España la aprobación de la Ley de Transparencia, dada la exigencia ciudadana para que se desvele el funcionamiento real de las instituciones, y así poner fin a tantos abusos. Desde su inicio se reprochó a la obra eso de ocultarse y desaparecer, no revelar la condición de sus miembros ni de sus centros y obras apostólicas, cuyos nombres o ropaje jurídico despistan más que describen. Es también un clamor en la Iglesia el que demanda transparencia, que respecto a la obra implicará en que deba confiar en la autoridad eclesial exponiéndole para su aprobación toda su praxis y espíritu, que se “desclasifiquen” documentos internos, que con naturalidad hagan público y accesible su funcionamiento a sus propios miembros y a la sociedad; que se sometan al escrutinio público, a la auditoria de su funcionamiento, estadísticas y anuarios que reflejen su realidad. Superar esta prueba les hará volver a las raíces evangélicas, a la relación natural de los pastores con los cristianos, al modo del Papa Francisco, la abolición de los estamentos y las sonrisas de plástico, del trato artificioso.

Un ejemplo de transmutación de la realidad por las palabras la hace Roberto Begnini en La vida es bella al traducir la explicación del oficial alemán sobre el tétrico régimen de vida del campo de concentración, que él traduce explicando que todo es un juego para ganar puntos y conseguir el premio del tanque. Lo hizo por la causa justa de hacer feliz a su hijo, siendo el ejemplo perfecto de mentira piadosa. Pero en el resto de los casos, la verdad nos hace libres, y confiar de verdad en que el cristiano, que solo debe cuentas a Dios en el buen uso de su libertad, y al llamar a las cosas por su nombre se dirá que la vida en los centros de numerarios es un modo de vida en común, una versión secular de la vida monástica con votos de obediencia, castidad y pobreza. Asumir que la parte célibe no es de cristianos corrientes en medio del mundo, pues tal condición exige el control y responsabilidad de ingresos y gastos, no deber obediencia más que a la conciencia, poder tomar decisiones sobre profesión, ciudad o lugar de residencia, y muy a menudo, fundar una familia cristiana. Tan solo el modo de vida de los supernumerarios refleja el de cristianos corrientes al modo de los movimientos laicales asociativos surgidos en el siglo XX.

Hace unos años Melqui reflexionaba sobre cuál es el especifico carisma de la obra que la diferencia de otros movimientos en la Iglesia, y tras explicar que la santificación en lo ordinario es común a otros carismas tras su proclamación por el Vaticano II o el matiz de ser un modo de vida secular de cristianos corrientes, concluye que el espíritu y la praxis peculiar es la derivada de los criterios y prácticas de glosas, vademécum y notas diversas. Pero aquí debemos trazar una línea divisoria: el modo de vida en común de los laicos de centros de numerarios no es el de cristianos corrientes en medio del mundo. Junto a ellos viven sacerdotes con régimen análogo al de las congregaciones de clérigos regulares. La figura híbrida del agregado obedeció una realidad social de los años 60 a 80 que ya no existe, careciendo objetivamente de una función específica, solo nos quedan al otro lado de la línea los supernumerarios con proyecto de familia. Ellos sí son cristianos corrientes que deciden real y libremente sobre su vida y hacienda, en la plenitud del amor matrimonial como trasunto del amor divino, estado acorde con la naturaleza, por ello más perfecto que el celibato. 

Los manuales con numerosos criterios sobre praxis de vida constituyen una colección de reglas de conducta enlatadas, surgidas en una época ya antigua, son ejemplo de lo que expresa la advertencia evangélica de que “la letra mata y el espíritu vivifica” (2cor3, 4-6), propia del cristianismo del Norte de Europa, y su progresiva implantación supuso encerrar en la celda de castigo al “ascetismo sonriente”, cuyo indulto sin duda será concedido por el Papa Francisco. Cabe matizar lo anterior con la visión de Ramón Rosal cuando refiere que aguantó más años en la obra porque Andalucía era un medio cultural que hacía amable el sistema más estricto y la normativa más dura, de tal manera que visto con ojos andaluces el opus dei parecía tolerable durante más tiempo del que lo hubiera sido en su versión castellana, aragonesa o catalana; pues en el sur la ortodoxia siempre era más relajada.

La reflexión sobre el naufragio vital y sensación de abandono e indigencia tras nuestra marcha de la obra, ha originado no pocos conflictos expuestos este foro, a veces sin resolver sobre la responsabilidad de ellos ¿de las personas o de la institución? Creo que es estéril intentar averiguarlo, pues carecemos de toda influencia sobre el pasado, no podemos cambiar ni una coma de etapas pasadas de la vida de la que nos arrepentimos o consideramos un descalabro, no podemos alterar el pasado, y con respecto a él, solo cabe un acto libre: aceptarlo como fue. Para que la vida se haga soportable no debemos detenernos a rumiar nuestra pasada desgracia, recordando en vano las elecciones del ayer como si pudiéramos modificarlas. No debemos dejarnos acorralar por nuestro pasado, caeríamos en la tentación del abatimiento. Debemos perdonarnos y perdonar a quienes nos hicieron mal, sin que implique decir que es justo lo que no lo es, pero nos hacemos bien liberándolos de los lazos del rencor.

La libertad queda cercenada por la ira contra quien se quiere mal, pues la dependencia respecto de quienes aborrecemos es mayor que la de quienes amamos: nos inundan pensamientos negros, no dejamos de pensar en lo mismo, agotan las energías, causa un bloqueo que nos ata y nos impide psicológicamente vivir tantos aspectos de nuestra nueva vida. El rencor fulmina a quien se adueña de él. Guardar facturas a quienes nos dañaron nos va envenenado, por eso perdonar todas las deudas no solo es lo más cristiano, sino lo más sano e inteligente, porque nuestro corazón quedará libre para mejores cosas. Podemos albergar en muchos atardeceres de nuestra existencia una sensación de frustración por lamentarnos de la decepción del pasado, o el vértigo por un futuro repleto de temores. Al cristiano lo único que le pertenece es el momento actual, siendo Dios el eterno presente: joven, nuevo, todo lo purifica y renueva, todo lo perdona. Así ni el lastre del pasado que parece tan oscuro ni el incierto futuro pueda atormentarnos.

En la playa de Calais arribó el Duque de Medina Sidonia en agosto de 1588 con la flota andaluza de la Armada Invencible para esperar apoyo de tropas de Flandes, momento en que Drake lanzó 8 barcos cargados de pólvora que dispersaron a la flota por el Mar del Norte, principio del fin de la derrota definitiva. Tras este duro golpe, algunos capitanes se negaban a reagrupar los galeones porque la victoria era ya imposible, reaccionando el Duque ahorcando a los capitanes rebeldes, hasta que su vicealmirante le hace entrar en razón y desiste. Tras zozobrar en un “modus vivendi” tan exigente es necesario soltar amarras con el pasado y el futuro, aunque tras la derrota en la última batalla, muchos nos hacíamos una pregunta ¿cómo y a dónde dirigir nuestro rumbo vital? Ahora, con el poso que sobre nuestras vivencias otorga el paso de unos cuantos de años, puedo ofrecer una respuesta vivificadora para el espíritu: en momentos de sufrimiento es primordial soltar amarras para liberarnos, pues como dice Teresa de Lisieux: “Únicamente sufro un instante. Sólo me desanimo y me desespero pensando en el pasado y en el porvenir.” Lo que nos hunde es la representación del dolor y no su propia realidad, y es “acabando con esas representaciones que aprisionan la vida tras sus barrotes como liberamos en nosotros mismos la vida real con todas sus energías” (Etty Hillesum, Diario de Auschwitz p. 230).

Pinsapo
21 de junio de 2013

F I N




Publicado el Viernes, 21 junio 2013



 
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