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 Tus escritos: Gracias, gracias, gracias a Dios.- Rosa_M

130. Agradecimientos, felicitaciones
rosa_m :

 

         Comenzaré presentándome:

Mi nombre es Rosa y soy de un pueblo de la provincia de Palencia. Quizás me podáis llamar intrusa dentro de vuestra web, puesto que no he vivido vuestras experiencias vitales dentro de la organización; quizás también porque lo mío es anecdótico dentro de vuestras experiencias y porque tan sólo conozco o conocía el “Opus Dei”, desde unas perspectivas externas y de muy terceras personas.

Procuraré ser concisa con mi escrito, porque no debo ni quiero quitar relevancia ni tiempo de lectura a otros, pero ofreciendo un trazado de mi biografía y circunstancias vitales comprenderéis por qué os estoy tremendamente agradecida...



Casada y con un hijo, soy una persona que he trabajado mucho mi crecimiento y desarrollo personal, valoro la libertad individual por encima de todo y creo en el ser humano desde todas sus facetas: bio-socio-psico-espiritual. Esto lo desarrollo desde muy temprana infancia y durante mi etapa de instituto sigo con unos valores arraigados, donde entablo una gran amistad con un compañero de Instituto, hijo de supernumerarios, que vivía la adolescencia igual que el resto de los jóvenes de nuestra generación. A los ojos de sus padres éramos una pandilla ejemplar, y yo era vista con muy buenos ojos porque cumplía (y sigo cumpliendo) con los cánones establecidos: muy buenos estudiantes, creíamos en Dios, gamberradas las justas… Eso sí muy fiesteros. Debíamos tener cuidado muchas veces de decir o hacer ciertas cosas, puesto que el hermano siguiente de mi amigo podía chivarse de todo (y de hecho lo hacía) a sus padres y lo peor de todo, al sacerdote que venía todas las semanas a tener diálogos con ellos y eso podría poner en peligro ciertas actitudes de mi amigo, que hasta a escondidas, se ponía pendiente sin agujero para no ser visto (cosas de chavales de 15,16 años).

Mi amigo y una amiga mía comienzan a salir y mientras su noviazgo estuvo en el pueblo fueron una pareja perfecta. Todo cambia en el momento en que nos vamos a la Facultad. La relación no se dispersa porque se estudia en Facultades diferentes, ni porque ahora es más difícil sacar tiempo. Cambia porque mi amigo “rebelde del pueblo”, comienza a tomar más consciencia de la institución y cada vez comienza a seguir más profundamente los pasos de su director espiritual. Pero mientras todo eso va sucediendo, nosotras podemos seguir accediendo a escondidas al piso en el que vivían como estudiantes, donde había que tener cuidado de que la señora que les hacía la comida y la limpieza no nos pillase, su compañero no estuviera, su hermano estuviera fuera… En fin. La relación entre mis amigos comienza a enfriarse así como la amistad que manteníamos como pandilla, porque sutilmente yo como amiga y, directamente, mi amiga como novia, empezamos a sentir (mucho derivado de sus palabras) que éramos sucias y pecaminosas, estábamos entorpeciendo la labor a la que estaba encomendado, ahora eso sí él bien sabía lo que eran los preservativos y su buen uso, jajaja. Eso a mi amiga la hizo sentir fatal y la relación acabó zanjándose. Pero a mí me encantaban las charlas filosóficas que teníamos, la historia de las religiones, la trascendencia de lo humano, por tanto nuestras conversaciones seguían existiendo.

Tanto es así que me pasaba los horarios que ellos tenían para autodisciplinarse con los estudios, algo que a mí me parecía muy positivo y que practiqué siempre, tanto es así que los he adaptado para la motivación de mi hijo en las tareas escolares y ciertas responsabilidades.

En Tercero de carrera, dentro de la asignatura de Psicología Social, había un tema que era el Poder de las Sectas. Yo acudí al profesor y le dije: quiero adentrarme en una y hacer un estudio de cómo funcionan desde dentro y sus técnicas para la manipulación. Mi profesor me contestó que ni de loca, porque me conocía lo suficiente y podía ser carne de cañón. Que si quería el único trabajo que me dejaba presentar de ese tipo era sobre los “Testigos de Jehová”. Así lo hice. Ahora lo entiendo todo más perfectamente.

Los años van pasando y mi experiencia vital hace que regrese al pueblo, forme una familia, vamos la ley de vida por este tránsito terrenal. Sigo teniendo mis fuertes convicciones espirituales, soy terapeuta por vocación, doy mucho valor al estudio y la disciplina… Y nunca vi al Opus Dei como esa secta que manipula sino como una organización que tiene a sus pies a los mejores médicos, profesionales en todos los ámbitos, personas con una fuerte disciplina, y cómo no, no veía nada malo en su ferviente pseudocreencia en Dios. Hasta cierto punto me identificaba con sus valores. Así que, fruto de un revés circunstancial, me planteo la posibilidad de un cambio de domicilio a una ciudad cercana. Como madre, me preocupa mucho la educación de mi hijo y busco colegios que cumplan con mis ideales. De hecho mi hijo, a pesar de ser aún pequeño, es muy sensible al tema religioso y tenía claro que el colegio debía cumplir con nuestros preceptos. Como no tenía plaza en Maristas ni Jesuitas, un gran amigo me recomienda echar la solicitud en el colegio en el cual había estudiado él y toda la saga familiar. No tendría ningún problema porque el director era su tío. Él no me comento el ideario del cole, pero otra persona me dijo que aunque fuese laico los accionistas eran del Opus. La mala prensa del opus a mí no me importaba porque encontré en ese colegio la rigidez que yo entendía para la educación, la oferta perfecta, la formación idílica…, que todos los malos comentarios eran porque ahora hay cierto acoso a la búsqueda de valores…

No me preocupé de más. Ya tenía lo más importante que era el colegio de mi hijo. Las circunstancias y “casualidades de la vida”, hacen que conozca no de forma superficial como la conocía, sino a un nivel más vibracional a una persona de mi pueblo en mis paseos de tarde o en la toma de la caña en el verano. Esa persona a la que la debo el poder escribiros esto ahora además de otras tantas, no es otra que un exmiembro de obra y que participa con vosotros con sus escritos. Esa persona a la que estoy tremendamente agradecida es Mari Paz, persona con unas cualidades humanas inquebrantables y que debido a mi pasión por el ser humano y por todos estos temas, me cuenta su historia. Esa conversación me llega hasta lo más profundo de mi alma y me hace replantearme muchas cosas que yo no había fundamentado. Comienzo a indagar, a descubrir, a profundizar, a leer, a bichear páginas… las benditas para el Opus, las malditas; la opinión de los “idílicos” seguidores, la vivencia de los que están fuera… la estructura y jerarquía de la organización, su objetivo, sus falsos valores… E investigo en lo que para mí es más importante: la emoción, el sentir, las secuelas, el alma en una palabra de tantas y tantas personas que pueden hablar desde dentro, porque como tituló Neruda uno de sus libros “Confieso que han vivido”.

Por tanto mi más sincero agradecimiento a la labor que encomendáis desde aquí, no sólo como ayuda a vosotros mismos, sino como ayuda a personas profanas, como yo, de la calle, con conocimientos efímeros de esta prelatura (si así se puede decir) y a nivel personal y profundo, GRACIAS porque gracias a vosotros hubiese destinado a mi hijo en pro de una “buena educación”, a mi más profunda frustración como madre: hubiera tenido un hijo con conocimientos, disciplina o esfuerzo inmejorable (o no) pero sólo por responsabilidad mía y culpa le habría abocado a la aniquilación de lo más importante, su libertad, la creencia en él mismo como persona. Y no me lo hubiera perdonado nunca a mí misma. Hay una poesía que comienza con estas palabras: “No mires a tus hijos como tus hijos, pues no lo son”… Yo aplico en mi faceta de madre, educadora, el lema de que mi misión bien cumplida es el dar las alas para que puedas volar libre y con responsabilidad. Le habría dejado sin ellas. Ahora todavía no sería carne de cañón pero con dos años más sí. Gracias a vosotros, gracias Mari Paz.

Gracias también porque como apasionada, enamorada, vocacionalmente convencida de mi vida dedicada a la terapia por mi fuerte creencia en el ser humano y mi amor hacia él, he comprado muchos libros de esos “psicólogos, psiquiatras” que no muestran su ayuda a las personas, que es para lo que deberían tener la vocación profesional, sino que ayudan a la construcción de otro poder más fuerte, olvidándose por completo de que su tarea es la reconstrucción de las partes dañadas de la persona y su ayuda como profesional a que se produzca su catarsis o liberación. Y yo creyendo que compraba títulos de los gurús de la felicidad. Mi currículum, sin ningún prestigio a esos niveles es mucho más limpio, sano, práctico que sus falsos métodos. Por todo ello GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS a todos vosotros. Gracias, Mari Paz.

Por último decir que allá la creencia de cada uno, lo importante y lo que no debemos olvidar, es CREER EN UNO MISMO. Todos somos creadores de nuestras experiencias y todos tenemos un valor insuperable. Hay conceptos que todos somos llamados a experimentar, desde dentro hacia fuera. El valor de la amistad, la fraternidad, el AMOR en su sentido más amplio. EL AMOR A LA VIDA. Todo eso es “Dios”, cada uno en el que crea. Dios no es castigador ni el padre malo que espía todos nuestros actos para juzgar. Eso lo hacemos los hombres. Somos los que interpretamos la creencia en función de las necesidades que se tengan y hacemos grandes barbaries en nombre de lo que ni siquiera conocemos. Dios es todo. No hay luz sin sombra ni sombra sin luz. Debemos vivir en esa dualidad para saborear la vida en cada paso que damos.

Los grandes manipuladores saben dónde mellar para hacernos débiles. Lo que es capaz de bloquear el miedo. Hay que aunar esfuerzos dentro de nosotros mismos para eliminarnos esos miedos de la cabeza, que son nuestros peores enemigos. FUERZA, CREENCIA EN UNO MISMO, CREENCIA EN UNO MISMO.

Y ahora sí, gracias por recibirme y perdón por mi intromisión.

Un gran saludo.

Rosa




Publicado el Lunes, 02 septiembre 2013



 
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