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 Tus escritos: Acabé como todas allí: empastillada.- Andrómeda

020. Irse de la Obra
andromeda :

 

 

 Acabé como todas allí: empastillada
Andrómeda, 11/11/2013

 

 

CR, reconozco que me has hecho reflexionar mucho con tu escrito… seguramente porque has contado cosas que me han recordado mucho a mí misma hace unos años. Había enviado un escueto escrito para contestarte, pero -tras pensar un poco- creo que tengo el deber moral de contestarte más detenidamente. Creo que mi paso por el opus dei refleja claramente que es una tomadura de pelo. Seguramente te parecerá que exagero o que es una apreciación personal, dentro de unos años me entenderás. Te cuento mi experiencia...



Me duele especialmente comprobar cómo seguís pitando utilizando la mentira para despistar a los padres… Yo también pité sin decirles nada y aún sigo pidiéndoles perdón por lo que hice. Ellos me lo han dado todo y no tengo derecho a hacerles sufrir aunque mi culpa fuera relativa al estar influenciada por personas adultas, incluidos sacerdotes de la obra, que sabían muy bien lo que hacían.

Me duele igualmente pensar que entraste en la obra huyendo de una situación familiar complicada porque, en mi caso, también fue así. Me duele ver que tienes ganas de vivir la vida y que te la están robando sin darte apenas cuenta.

Yo no voy a hablarte mal del opus dei porque muchas cosas las vas entendiendo conforme vas conociendo la obra y no por mucho que alguien ajeno te lo advierta. Solo te voy a decir que yo quise salir con 24 años después de hacer la fidelidad prácticamente obligada. ¿En qué me equivoqué? En entrar a dialogar porque por mucho que lloré, insistí y empujé las puertas de salida acabaron convenciéndome y me quedé.

Mis charlas duraban una media de 3 horas y eran diarias. Estaba tan mal que me dejaban fumar a escondidas. Horas y horas llorando y fumando en Goimendi durante todo un verano para nada. Al final, me quedé. Tonta de mi…. decían que tenía una vocación “como un piano”.

¿Qué pasó? Pues que acabé como casi todas las de allí, empastillada, drogada, zombi. Hasta tal punto parecía una zombi que estuvo a punto de atropellarme un autobús porque cruzaba las calles casi sin mirar. El autobús me rozó la ropa y todo el mundo que estaba en el paso de cebra vino a preguntarme que si estaba bien… que me habían visto bajo las ruedas del autobús.

Las pastillas no funcionaban, a más pastillas peor. Perdí 15 kilos. Zombi y en los huesos.

Como veían que ya no podía ni dar un círculo casi ni me hablaban y pasaba las horas en mi cuarto llorando sola.

Y llegó el final de la historia: Si hacía un año tenía una vocación “como un piano” ahora ya no la tenía. Mira “Andrómeda” no estás bien, es mejor que vuelvas con tus padres.

Con este pequeño relato lo que quiero mostrarte es que dialogando no se consigue nada. Ellas te acaban convenciendo, te compran ropa, te mandan de paseo, hablan sin parar, te dejan más libre, te dicen que te admiran mucho… mientras les interesas y cuando dejes de interesarles te dejarán tirada sin importarle lo más mínimo.

Si sientes que no eres feliz, que te falta el aire, que no te llena esa vida, que no sientes cariño verdadero… toma una decisión tú sola con Dios y vete. No se puede vivir sin amor, sin sentir cariño de nadie y en la obra no lo hay porque no lo permiten.

Una vez vi a una de mi centro llorando sin parar y como no se puede preguntar qué es lo que le pasa, ni darle un abrazo o consuelo pues le dije: ”Ahora mismo nos vamos a la calle, nos compramos un helado doble, nos sentamos en un banco a ver pasar la gente y a reírnos”.

Al día siguiente ya estaba la directora echándome la bronca: ”Que no Andrómeda, que no nos vamos a tomar un helado con otra del centro y menos sin consultar.”

El colmo fue una vez que estábamos en el examen de la noche todas de rodillas en los bancos del oratorio escribiendo nuestros pecados en las agendas y una se sentó en el banco y se empezó a poner amarilla, se mareaba y yo flipaba porque, ¡ la directora no iba ni a sujetarla!, miré a la directora y le dije: ¡qué se está mareando! Me contesta: ”Espera que acabemos el examen”… ¿cooomooo??? Y allí mismo se puso la pobre a vomitar y entonces se la atendió.

A mí,  todos esos episodios me decían mucho, tengo para escribir un libro.

La vida es tan bonita… estás a tiempo de largarte y rehacerla. Cada uno tiene su teoría de la felicidad, mi teoría no encajaba allí. Para mí la felicidad son pequeños momentos que allí nunca tenía y si los tenía después me corregían. Era asfixiante. De verdad que hasta las monjas de clausura son más libres aunque no te lo creas.

A mí me gusta rodearme de gente que me quiera desinteresadamente, me gusta salir, divertirme, reír, escuchar música, poder tener un proyecto y llevarlo a cabo… en definitiva, vivir, que para eso Dios nos da la vida. Yo sentía que allí no vivía, que no era una persona más en medio del mundo. Que la vida de numeraria no era sana, que traía enfermedad mental porque veía a mucha gente medicada con 20 años. Cuando iba a ver a mis padres sentía que aquello era un hogar aunque me viera allí como extraña.

Yo le decía a la directora que no, que la numeraria no está en medio del mundo, que eso era mentira, que yo no hacía una vida propia de la gente de mi edad.

No pierdas el tiempo, cuanto más tiempo pases allí las heridas son más profundas.

Ahora estoy mucho más en medio del mundo y más cerca de Dios que antes.

Mi consejo: cuidado con dialogar y con el chantaje emocional que puedan hacerte.

Un abrazo

Andrómeda




Publicado el Lunes, 11 noviembre 2013



 
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