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 Tus escritos: BASTA CON QUE SEAN DISCRETAS…- Isabel de Armas

125. Iglesia y Opus Dei
isabeldearmas :

                El libro de la italiana Constanza Miriano, Cásate y sé sumisa, recién editado en versión española por la editorial del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, que está levantando tanto revuelo, me ha traído a la memoria muchas de las cosas que monseñor Escrivá pensaba y decía  a sus hijas, especialmente a las supernumerarias. No voy a pararme a recopilar las frases redondas que les dirigía porque están todas recogidas y cualquiera que esté interesado las puede repasar y hasta re-meditar (ya la jaculatoria diaria daba que pensar: ellas pedían ser “esclavas del señor”, mientras ellos invocaban ser “sede de sabiduría”). Sólo hago uso de un extracto de uno de los puntos de su libro, Camino, para hacer el titular de esta comunicación, aunque también es cierto que he estado tentada de encabezar con la ingeniosa y práctica versión que un asiduo de esta página inventó al apuntar: “…basta con que hagan croquetas”...



 Ahora me pregunto acerca de, si los que hoy son sus portavoces siguen repitiendo al pie de la letra, los dichos de su santo fundador y, si es así,  ¿están entonces en la misma línea de Constanza Miriano y del arzobispo de Granada? Me parecería interesante que alguien pudiera aportar vivencias recientes.

                En el año 2011, otra italiana, Michela Murgia, publicó un interesante libro en línea del todo opuesta al anteriormente citado. Y la Iglesia inventó a la mujer (Ediciones Salamandra, Barcelona, 2012), es el título. Mitad ensayo, mitad testimonio íntimo, se centra en la figura de María de Nazaret, modelo de pureza y perfección, y la autora analiza cómo la imagen de la mujer que prevalece en nuestros días se ha ido formando a lo largo del tiempo a partir del imaginario católico. Especialmente interesante me ha parecido el capítulo titulado La subversiva que, a continuación transcribo, en espera de que la editorial Salamandra dé su visto bueno, pues también espero de que de aquí surjan valiosos lectores del trabajo de Murgia:

                <<María de Nazaret es quien ha sufrido la mayor injusticia en el desarrollo de esta colosal estructura de dominio. Ha sido instrumentalmente transformada en icono de la docilidad más pasiva, en mudo testimonio del silencio-consentimiento y, de forma paradójica, ha acabado por ser propuesta como ejemplo luminoso de mujer al servicio de planes ajenos, cuando ella subvirtió todos los planes ajenos sin pensárselo dos veces. El “sí” de María a la anunciación habría que estudiarlo cada vez que se habla de mujeres, porque es lo más alejado del orden patriarcal que cabe esperar.

                Imaginemos en su contexto a esta adolescente de quizás dieciséis años, hipotética hija de un padre que aún tenía potestad sobre ella y sin duda ligada a un prometido que gozaría de esa potestad en breve. Imaginemos su sorpresa cuando la más misteriosa de las visitas le anuncia que pronto tendrá un hijo. Lo que María recibe del misterioso mensajero no es una orden, sino una petición importante, una de esas que en un sistema patriarcal se hace al padre, no a la hija. El Señor anunció a Abraham, y no a Sara, que ésta quedaría encinta de Isaac. Fue Zacarías, y no Isabel, quien recibió el anuncio del embarazo a una edad tardía de aquel hijo que más adelante se convertiría en Juan el Bautista. En cambio, este misterioso visitante no respeta las reglas, evita los pasos rituales del sistema tribal judaico para dirigirse directamente a María, convirtiéndola en protagonista de la elección que más la afecta, cosa que en la actualidad es lo correcto, pero que desde luego no era normal en el siglo I.

                El ángel del Señor es un inconformista, pero la muchacha de Israel no goza de la misma autonomía. Una joven decente, ante la desconcertante propuesta de quedarse encinta sin “conocer varón”, en el mejor de los casos debería haberse negado, y en el peor, haber pedido tiempo. Haber dicho algo juicioso y prudente como “hablaré con mi padre”. O con alguien mayor, más experto, más poderoso. Podía hablar del asunto con su prometido, por ejemplo. Si la novia debe de quedarse encinta por obra del Espíritu Santo, tal vez sería aconsejable que el futuro esposo fuera informado antes.

                María se guarda mucho de hacer nada de esto. Si el ángel es un inconformista, ella lo es más. Por eso no acepta enseguida, sino que se permite entrar en el terreno de la negociación; incluso tiene la osadía de pedir explicaciones al mensajero del Señor: << ¿Cómo es posible? >> Él es paciente, mucho más de lo que lo fue con el incrédulo Zacarías, y le anuncia las modalidades en que puede producirse el prodigio. Evidentemente, a ella le basta, porque al final pronuncia el famoso <<Sí>>: <<Hágase en mí según tu palabra>>.

                El sí de María sonaría muy bien allá arriba, en los cielos, pero en la tierra de los hombres era, a todos los efectos, un suicidio. Haberse quedado encinta antes de compartir hogar con su prometido no podía dar pie a muchas interpretaciones: o él no la ha respetado hasta el día de la boda o ella se ha entregado a otro. Quizá la gente tendiera a dar por cierta la primera hipótesis, y la cosa habría sido ya muy grave, pero sin duda José pensaría la segunda, y eso sólo podía significar una cosa para María: piedras.

                Incluso una chica tan tonta como para aceptar la oferta del mensajero del Señor, llegados a este punto habría tomado conciencia de las consecuencias de su decisión y acudido a su padre, su prometido, su tío, el sumo sacerdote o una mujer mayor para contarle lo sucedido, tratando de hacérselo entender y aceptar antes de que su cuerpo empezara a delatarla. Sin embargo, María no lo hace. Mantiene en secreto la visita misteriosa y lo del niño que crece en su vientre; no dice nada a nadie. Es más, se comporta justo de una manera que podría aumentar su culpa a ojos de todos: emprende un viaje para ir a casa de su prima Isabel, la única que se percatará de que está encinta.

                Cuando, tres meses después, María regresa, su barriga está lo bastante abultada para que José también se dé cuenta; tan sólo su buen corazón hará descartar al carpintero de Nazaret la posibilidad de lapidarla por adulterio. Un sueño lo disuadirá de repudiarla y lo convencerá de que lo que está ocurriendo es la voluntad de Dios: desde ese momento se convertirá en el protector más astuto y atento de María y su misterioso hijo. Pero, en todo este asunto, maría no ha hecho más que lo que ha querido, en el momento y del modo como ha decidido, en las condiciones establecidas por ella, obligando de hecho a plegarse a su libertad de decir <<sí>> a todo el sistema que la rodeaba y pretendía imponer su ley.

                Aquí aflora también la originaria naturaleza desestabilizadora del cristianismo, cosa que María comprende a la perfección. El canto liberador del Magnificat que el evangelista pone en sus labios en casa de su prima Isabel representa a todos los efectos un himno a la subversión del statu quo. El Dios que ha destronado a los poderosos y elevado a los humildes ha desestabilizado asimismo de una vez por todas la jerarquía patriarcal entre el hombre y la mujer, al convertir a una jovencita en la mayor cómplice de la salvación del mundo.

                Ese Dios la ha convertido a ella, una chica cualquiera de Israel, en alguien cuyo nombre será bendecido por las generaciones venideras. María puede permitirse entonar esas palabras porque con su <<sí>> ha dado un puñetazo en la mesa, ha establecido las condiciones de la redención, ha puesto boca arriba la carta de la historia de Israel, y ya no hay nadie que pueda convencerla de que para una mujer haya algo imposible.

                Con una madre semejante, no es de extrañar que durante toda su vida pública Cristo dedicara a las mujeres una atención igual de inconformista respecto al contexto en que vivió. Nada como las Escrituras para revelarnos hasta qué punto es falsa la idea que quieren hacernos tragar de una María dócil y mansa, patrón perfecto de todas las mujercitas decentes>>. (págs. 134 a 137)




Publicado el Lunes, 18 noviembre 2013



 
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