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 Tus escritos: Cuento de Navidad.- Dionisio

010. Testimonios
dionisio :

CUENTO DE NAVIDAD
Dionisio, 20/12/2013

Voy al despacho del director para decirle que salgo a comprar los regalos de Navidad. Me pregunta con quien voy. Está indicado que uno no vaya solo de compras. Le digo que nadie me “puede” acompañar. Le pregunto si quiere acompañarme él. Creo que no le ha gustado la broma porque me despide con mala cara. Pienso que él cree que soy demasiado insolente. Yo creo que él es demasiado tieso. Empate...



Salgo a la calle. Me encanta la Navidad, es tan sencillo mantener la presencia de Dios. Hay buen ambiente, música de Navidad por todas partes. El frio hace que las chicas vayan más vestidas y es menos complicado guardar la vista, de todas formas hay algunas tan guapas… En fin. Encomendemos a todos los que me cruzo y no mires a las chicas, atontao.

Como soy el secretario me toca la principal responsabilidad de comprar los regalos de Navidad. Cada Navidad es lo mismo. En el fondo me gusta. Y no me importa hacerlo solo. De hecho prefiero no tener que hacerlo con algunos de mis hermanos que son insoportables. Salir con otros es más divertido, pero una vez más no ha sido posible hasta ahora que nadie deje sus importantes ocupaciones para venir conmigo y yo no puedo esperar más. No me gusta dejarlo para el último momento. Mariano se fue a jugar al tenis con uno de la delegación. Juanca, el pobre no sale nunca de su habitación. Antes era un chico divertido, ahora parece un alma en pena. Me hubiera gustado sacarlo para que se distrajera, pero me dijo que le dolía la cabeza. Evidentemente era una excusa, pero no le iba a traer a la fuerza. Alberto tenía una reunión en la empresa. Buen rollo se trae este con la empresa para escaquearse de todo lo que no le gusta. Al menos se va a encargar de comprar mis regalos de Navidad, porque si no me los voy a tener que comprar yo mismo, como ya he hecho otros años, y esa no es la manera. Con los curas no voy a salir de compras, pero de todas formas ellos también van a su bola entre la sf (sección femenina) y la sss+ (sociedad sacerdotal de la santa Cruz) siempre se salen del esquema general. En fin, para eso son curas. Ramón está como una cabra. Se fue a la piscina a nadar cincuenta mil largos. Creo que no sale del agua hasta que no la ha calentado. Al menos eso le quita energía y luego no está dando por saco a todo el mundo. Seguramente se quedará dormido en la tertulia, mucho mejor, porque cuando está despierto es capaz de reventar cualquier conversación medio sensata que se haya logrado trabar. No debo juzgarlo porque realmente está como una cabra. El director dice que las pastillas están produciendo efecto. No tengo idea de cuál pueda ser ese efecto porque desde que llegó al centro hace tres años está cada vez más loco. Y ya vino de otro en donde no lo podían aguantar un minuto más. Veremos cuánto dura en el nuestro. Al menos desde que le ha entrado la obsesión de la natación normalmente esta con poca energía. Con ese no salgo yo de compras ni aunque me paguen.

Vamos a ver, esta es la tienda para comprar el regalo de Mariano. La verdad no es mucho de familia numerosa y pobre pero esto es lo que quiere y si le compro otra cosa la tira a la basura sin abrirla siquiera. No sería la primera vez.

Listo, costó un ojo de la cara pero fue fácil. Vamos con Chema. Por cierto, una oración de la estampa. Chema es mi industria humana para acordarme de rezar la estampa. Lo de Chema es muy curioso. El tío se pasa todo el año anotando en la agenda las cosas que le gustaría recibir de regalo de Navidad. Ve un libro en febrero y lo anota para pedirlo para Navidad. Yo conocí algunos chicos que hacían eso en el centro de estudios, pero a los cuarenta años me parece un poco fuerte. Qué vamos a hacer, tiene que haber gente para todo.

Listo, ya compré lo de Chema, ahora vamos con el difícil. Don Rafael es muy santo y muy complicado. Al menos en esto de los regalos de navidad creo que prefiero que me saquen una muela que ir a comprar su regalo. La pasada Navidad pidió un eau de toilette de una marca que ni sabía que existiera. Recorrí todas las tiendas que me pude imaginar sin encontrarla. Finalmente me recomendaron que fuera a una que es tan exclusiva que ni siquiera tiene la tienda en unos bajos, estaba en lugar muy discreto casi escondido al que van unos pocos clientes muy exclusivos dispuestos a gastar una pequeña fortuna para oler bien. Cuando vi los precios creí que era una broma, pero no, iban en serio. Le llamé al director para consultarle y me dijo que no importaba el precio, que lo comprara para no tener problemas con don Rafael. Mi error fue que de las tres opciones posibles compré la menos cara. Cuando el cura abrió su regalo y vio que la botella no era la de etiqueta dorada puso una cara de asco como si fuera a vomitar. Luego fue a quejarse al director de que le habían regalado una mierda, que ir comprando baratijas iba contra la mentalidad laical y bla, bla… Y el director me transmitió a mí la queja. Ahora ha pedido unos gemelos. Rezaré la estampa para que don Álvaro me ayude a no “equivocarme” esta vez. ¿Cómo puede un cura ser tan sibarita? Parece contradictorio.

Ya tengo los gemelos y es casi la hora de la comida. Es tiempo de volver al centro. Espera un momento. Hoy es el día que el director trae a la tertulia las tarjetas de Navidad del centro para que escribamos algo. Creo que hoy me voy a buscar cualquier excusa para quedarme a comer algo por aquí, cualquier cosa antes que ir allí. Son como unas doscientas tarjetas que van pasando de mano en mano y cada uno escribe alguna cosa para personalizarlas. Es horroroso oír los comentarios crueles que hacen algunos al ver los diferentes nombres. Y repetir mecánicamente la misma felicitación una y otra vez. Recuerdo como mi madre firmaba cada tarjeta con una especial atención, tratando de encontrar una frase ajustada a cada uno, las escribía con tanto amor.

Bueno, para compensar voy a rezar una parte del Rosario encomendando a los de mi centro, pero a esa tertulia no voy. Prefiero llevarme luego las tarjetas a mi cuarto y escribirlas con paz.

Me distraigo mientras rezo acordándome de la cantidad de cosas que nos han llegado al centro, especialmente dulces y botellas de vino. No me ha gustado la reacción de algunos evaluando la calidad de los vinos. Es Navidad, es la alegría de dar y recibir por amor, recordando al Niño Jesús. No entiendo, no estamos en un restaurante para criticar a quien nos ha regalado una botella menos cara, porque seguramente no tiene para más. Eso no es el espíritu de Navidad. Creo que si fuera el director agarraba todo eso y lo llevaba a Caritas para que lo vendan y saquen algo para los pobres. Nosotros no necesitamos eso. Pero no debo distraerme con el rosario.

Ahora me toca ir a la tienda de equipo de nieve para comprar varias cosas. Es la tienda más pija de toda la ciudad, pero así me aseguro que luego nadie se va a sentir agraviado con sus regalos. De camino puedo hacer la visita al Santísimo en la Iglesia San Josemaría. Me encanta ir a esa iglesia. El suelo parece un espejo de lo limpio y bien encerado que está. ¡Qué bien se reza ahí!

Esto es pura ficción y cualquier parecido con la realidad es casualidad.

Con todo cariño desde el Areopago,

Feliz Navidad.

Dionisio




Publicado el Viernes, 20 diciembre 2013



 
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