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 Tus escritos: Propósitos Procastinados.- Pinsapo

040. Después de marcharse
pinsapo :

Cuando acaba un año y comienza otro nuevo surgen los buenos deseos, los eternos propósitos de mejora tanto a nivel individual como colectivo, resultando muchas veces que esas ambiciones de mejora suelen ser difícilmente alcanzables, por lo que surge el fenómeno de la procrastinación. Es el hábito de postergar cuestiones que deben resolverse pero se dejan a un lado y se afrontan otras más irrelevantes, menos odiosas, más agradables. Ello se hace por asociar la acción que debe afrontarse con el dolor, incomodidad y por considerar lo que se pospone como abrumador, tedioso, peligroso, estresante; lo que conduce a postergarlo “sine die”, buscando refugio en la rutina laboral, navegar por internet, leer libros, etc...



 

La procastinación es un problema de autorregulación cuya sencilla solución con la organización del tiempo se evitaría caer en visiones catastrofistas o en la autocompasión que conducen a sentimientos de rabia. Influyen también factores como el miedo al fracaso y se acentúa cuando va ligado a la depresión o a la baja autoestima en la que late una gran necesidad de sentirse querido, afrontándose de modo erróneo aceptándose todo tipo de demandas con el fin de agradar. Produce una sensación de saturación, ya que el trabajo se acumula, se es incapaz de establecer prioridades. De modo análogo sucede cuando año tras año se plantean en la dirección espiritual de modo persistente los mismos propósitos inalcanzables: puede abrumar la espada de Damocles del mutante defecto dominante, el examen particular que vuelve una y otra vez como un bucle melancólico, los básicos ideales de niño de secundaria que se plantean miméticamente en la edad madura por un imberbe situado indebidamente en posición de autoridad indiscutida e indiscutible.

Esta agotadora lucha sin cuartel nos imbuye de lleno en el complejo de Penélope, mujer de Ulises que tejía por el día la misma tela que destejía por la noche para evitar casarse con los pretendientes que le tentaban, y para poner coto a esta procastinación por indecisión (no afrontar una tarea por buscar la mejor manera de hacerla sin llegar a tomar una decisión) la mejor solución es la de plantarse, detener la propia vida cuando uno se ha dado cuenta que va muy rápido hacia ninguna parte: decidir dejar de vivir una vida ajena para, siendo fiel a la propia conciencia -iluminado por la verdadera luz de Cristo- y  abandonar ese molde que prohíbe la autenticidad, y poder así configurar un proyecto vital propio.

El pasado verano invité a reflexionar sobre la necesidad de desatar ese nudo de inquina que se pudo formar en nuestra alma durante etapas de nuestra vida marcadas por dolor emocional, nudo que nos hace rumiar nuestro pasado desgraciado aunque sepamos lo reconfortante que es perdonarse a uno mismo por las erróneas elecciones del ayer que nos condujeron al descalabro. ¿Cómo buscar una salida del bucle que nos impide liberarnos de esos lazos del rencor, de esas cadenas de la ira que nos sepultan junto a quienes nos hicieron mal? Pues nada mejor que la fórmula del cristianismo tierno, alegre y sonriente de Francisco que pone en evidencia a los abanderados del “luto perpetuo” y nos invita a dejarnos sorprender por Dios y disfrutar de lo que está en nuestras manos: el momento presente. El eterno presente es ese Dios joven, nuevo que todo lo renueva, todo lo perdona.

Aunque es comprensible renegar de un pasado que nos resultó tan doloroso, al querer borrar y dilapidar el legado del pasado como si no hubiera existido nunca, puede llevarnos a un presente con las manos casi vacías por el solo hecho de no abrir viejas heridas, cayendo en un gran error sin darnos cuenta, pues la madurez consiste en aprender de nuestras pasadas equivocaciones. Muchas veces sufrimos inútilmente por recrearnos en representaciones mentales de experiencias dolorosas, propias o ajenas, en vez de disfrutar de las pequeñas cosas de cada instante que nos ayudan en la búsqueda sana y transparente de la felicidad. Debemos entrenar nuestro cerebro, que tantas veces nos traiciona para engancharse en escenas que nos recuerdan a propias experiencias negativas y nos hace sentirnos mal automáticamente. Es sano distanciarse mentalmente de esas vivencias para atar en corto esa tendencia acordándonos de la máxima: “Tener un pasado complicado no es igual a tener un presente sin futuro.” Si nos esforzarnos por mirar y reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, veremos que la gente es feliz o infeliz no por lo que le pasa, sino por como se toma su vida.

Compartí hace poco mi percepción sobre rasgos negativos del modelo de vida que a muchos nos inculcaron en la obra por hacer prevalecer el dogmatismo sobre el respeto a la inteligencia, el deber en lugar de la motivación, la intransigencia sobre la flexibilidad, sancionar en vez de reforzar, imponer en vez dialogar. Hemos visto el gran error que supuso sumergirnos de manera acrítica un micromundo autorreferencial que potenciaba el seguidismo en lugar del razonamiento, la dureza en lugar del afecto, la insensibilidad en vez de la sensibilidad, la desconfianza y la ruindad, en lugar de la confianza y la transparencia, la inseguridad en lugar de la seguridad y la humillación en lugar de la autoestima. Y ante todo esto, muchos pueden ver al perder la confianza en sí mismos, que toda la vida se desmorona, y para no dejarnos llevar por la apatía, el desencanto, la tristeza, la falta de ilusión, la ausencia de horizontes... hay que reaccionar buscando el apoyo psicológico adecuado.

Cuenta el periodista Carlos Colón que cuando el padre jesuita Jorge Mario Bergoglio estudiaba en Alemania visitó la iglesia de Sainte Peter de Augsburgo se conmovió por un cuadro del siglo XVIII con la Virgen bajo la advocación de María “la que desata los nudos”, en el que un Inmaculada era flanqueada por dos ángeles, uno le tiende una cinta llena de nudos y el otro la recibe con los nudos desatados tras pasar por las manos de la Virgen. Su origen es una reflexión de San Ireneo de Lyon: “Eva con su desobediencia ató el nudo de la desgracia para la humanidad, María con su obediencia lo desató.” Tal fue el impacto de dicha advocación, que en 1996 siendo obispo auxiliar de Buenos Aires, Bergoglio encargó una copia para la parroquia de San José del Talar donde cada mes se congregan 40.000 fieles para rogar a la “Desatanudos”, y en 2009 el Cardenal bendijo en una granja de desintoxicación de drogadictos una capilla dedicada a esta devoción tan querida por quien ahora es Papa.

Es duro vivir sin dinero o sin salud, pero es imposible vivir sin ilusiones, por lo que ahora es un buen momento para desenmarañar ese nudo interior que nos impide conformar un nuevo proyecto de vida, con la ayuda de esa bella imagen de mujer que desata todos los nudos, la que nos guía a través de todas las oscuridades de la vida y que refleja toda la ternura de Cristo, pues quien nos llevará a aprender a leer la recta escritura de Dios sobre los torcidos renglones de la vida, es ese Cristo que se desangra de ternura por los ojos.

Pinsapo




Publicado el Miércoles, 08 enero 2014



 
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