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 Tus escritos: La buena fe.- E.B.E.

125. Iglesia y Opus Dei
ebe :

Comienzo con una aclaración: no puedo determinar si hubo mala fe en el fundador o en sus colaboradores más cercanos. Lo que me pregunto es si, desde los inicios, el Opus Dei hubiera actuado de buena fe, ¿habría habido daño alguno tan grave que no se hubiera podido solucionar? Si hubiera habido buena fe, ¿los superiores no podrían haber dicho hace algunos años la siguiente declaración?...

 



 

«Es cierto, la vida que ustedes llevan (especialmente miembros célibes) es una vida de entrega prácticamente igual a la de los religiosos pero sin llevar hábito; y ustedes fueron advertidos y aceptaron una entrega total, es decir, del todo y para siempre, por lo cual, desde este punto de vista, no hay ninguna diferencia entre lo que se les propuso y lo que terminaron viviendo.

Es cierto, por otro lado, que muchos de ustedes no soportaron este tipo de vida y debieron abandonar la institución.

Es cierto también que, en la mayoría de los casos, no quisimos escuchar las razones sino al contrario, siguiendo las enseñanzas de nuestro fundador, muchos fueron amenazamos con perder la salvación, ser unos infelices aquí en esta vida y finalmente no les ayudamos en lo más absoluto a reencauzar sus vidas.

Es cierto también que, si bien les dijimos que iban a llevar una vida de entrega total, también les dijimos que iban a llevar una vida ordinaria igual a la de los demás cristianos corrientes, cosa que se demostró imposible de llevar a la práctica por las contradicciones implícitas entre ambas afirmaciones. Si les hubiéramos dicho que la vida de entrega total era equivalente a una vida religiosa, difícilmente les hubiéramos podido decir, al mismo tiempo, que iban a llevar una vida normal como la de cualquier fiel cristiano. La propuesta no fue clara, incluso pudo haber sido poco honesta,  mirando sólo en los beneficios para la propia organización, y en definitiva, imposible de llevar a cabo. En esto, puntualmente, nos equivocamos.

Como realmente creemos en nuestra institución y también en la buena fe de quienes dieron gran parte de su vida a ella, es que nos parece necesario hacer esta declaración y llevar a cabo ciertos cambios institucionales (de reglamentos, del modo en que se escribió muchos aspectos de la historia, etc.) y al mismo tiempo encontrar los caminos hacia una reconciliación y ayuda –económica incluso- para quienes aún la necesiten.»

Una declaración de este tipo hubiera demostrado hace tiempo la buena fe que, desde su origen, el Opus Dei tendría, por ser su motivación exclusivamente espiritual y sin otro interés que el bien de las personas.

El Opus Dei habría aceptado, hace tiempo, que la propuesta inicial fue mal elaborada, mal comunicada y mal desarrollada, afectando la vida de miles de personas.

Esta declaración inicial sería un primer reconocimiento de lo erróneo que ha sido el manejo de la institución. En un segundo examen, habría examinado el posible dolo (por el tiempo que pasó hasta rectificar, lo cual llevaría a analizar intenciones y motivaciones profundas, tanto del fundador como de sus colaboradores más cercanos). De todas maneras un primer paso hubiera sido ya toda una apertura sin precedentes.

Esto hubiera dado lugar a lo que podríamos decir, un Jubileo, tanto por la existencia de la institución pero sobre todo por el proceso de purificación y renovación inédito. El fundador no se habría canonizado, o al menos, no tan rápidamente.

Lamentablemente, debemos dejar el ámbito de la imaginación y bajar a la realidad.

Allí, en la realidad, nos encontramos, en cambio, con una postura muy diferente, un tanto amarga y severa, que podría traducirse así:

«No es cierto que los miembros célibes vivan una vida propia de religiosos. Además, desde que ingresaron al Opus Dei se les dijo abiertamente –y así lo aceptaron- que jamás serían religiosos, por lo cual no vemos de qué manera puedan acusarnos de imponerles una vida de tipo consagrada, cuando ni siquiera el vínculo se establece mediante votos.

No es cierto que los sufrimientos que padezcan o hayan padecido durante sus vidas en el Opus Dei o durante el proceso de salida sea atribuible a la vocación o al Opus Dei, porque en ese caso sería lo mismo que atribuirle esos sufrimientos a Dios. Las razones de dichos sufrimientos, por lo tanto -en el caso de que sean reales y no imaginaciones- han de buscar en cada uno, haciendo un profundo examen delante de Dios.

No es cierto que el Opus Dei no haya querido ayudar a nadie de los que ha abandonado la vocación. De todas maneras, el mismo Catecismo –y eso ustedes deberían saberlo por haberlo estudiado- dice claramente que nadie tiene derecho a exigir compensación económica alguna.»

Mientras que la primera propuesta abre los poros de la piel, la segunda estrangula la garganta, como quien traga algo espantosamente agrio.

Si hubiera habido buena fe, ¿no habría sido fácil visualizar las incongruencias de la vida dentro del Opus Dei, como así también el modo en que han sido afectadas las personas? Si hubiera habido buena fe, ¿habría sido necesaria una permanente postura defensiva y cerrada, con declaraciones dogmáticas y terminantes? ¿Si hubiera habido buena fe, no habría habido franqueza y capacidad de rectificación?

Es cierto, con buena fe no todo se soluciona. Cuando hay obstinación, es difícil dar lugar al diálogo y a un cierto ambiente de apertura. Si bien esa obstinación suele ser producto de un tipo de formación excesivamente aseverativa, también es cierto que suele estar al servicio de mecanismos de defensa y resistencia. Hay obstinación que no es incompatible con la buena fe. Pero cuando las pruebas en contra empiezan a amontonarse, la obstinación se convierte en coartada, pero una coartada de corta vida para la honestidad de la organización.

A pesar de la cantidad de gente que se ha ido, el Opus Dei sigue insistiendo en su inocencia y sobre todo en que la culpa es de los que se fueron. Siguen sin aprender el abecedario.

Una de las notas de la buena fe es su espontaneidad. Pues bien, si hay algo que perdió el Opus Dei hace tiempo, si es que alguna vez la tuvo, es su capacidad de dar una respuesta natural y sincera.

Directores de Villa Tevere: en la medida en que se aferren al pasado, y no cambien, les seguirán negando el futuro a tantos ex miembros (y miembros en vías de ser ex miembros) que quiere dejar atrás la mala experiencia del Opus Dei pero no lo pueden hacer, porque sencillamente esa mala experiencia sigue viva en vuestra voluntad de no reconocerla y en la voluntad de no cambiar, de cara al futuro. El ciclo se va a cerrar en la medida en que dejen de hacerle la guerra a la verdad.

No es un cambio táctico: si es de buena fe, va a ser una abierta y larga crisis, pero también será una paz de largo alcance, sin necesidad de seguir gastando enormes energías en sostener una negación. Implica un largo proceso de transformación, que no tiene vuelta atrás. Implica la muerte de ese pasado (prácticas institucionales) y su entierro, con todo lo duro que implica cualquier muerte, sin posibilidades de resucitar ese pasado mediante artificio alguno. De lo contrario, será peor que antes. O al menos, seguirá perpetuándose. De ustedes depende exclusivamente.

Opuslibros existe porque ustedes siguen aferrados al pasado.

E.B.E.




Publicado el Miércoles, 22 enero 2014



 
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