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 Tus escritos: La fe en la buena fe.- E.B.E.

125. Iglesia y Opus Dei
ebe :

“Si no hay sinceridad, se acabó todo”, decía el fundador. Del mismo modo, se podría decir: “si no hay buena fe, por parte de la institución, se acabó el Opus Dei”. No mañana, ahora mismo.

Si hoy sus miembros defienden al Opus Dei, no es porque exista una cierta complicidad para encubrir al Opus Dei: es porque no se terminan de creer que pueda existir la menor posibilidad de mala fe por parte de la institución. Hasta último momento esperarían para encontrar la explicación de lo inexplicable, si fuera necesario...

 



La “fe en la buena fe” del Opus Dei es lo que llevó a tantos a dar todo, y más aún, de ser posible. Seguramente es lo último que se pierde, la fe en la inocencia del Opus Dei. Cuando esa fe empieza a resquebrajarse, aun mediando grandes resistencias, es el fin del camino, pero sobre todo el fin de esa imagen intachable, que se había cultivado desde el principio. Es una decepción que no tiene nombre, mucho más importante que cualquier odio y broncas posteriores, que no hacen más que tapar esa angustiosa decepción. La bronca y el odio resultan emociones “activas” compensatorias frente al vacío y la inacción dejados por la decepción.

¿A qué me refería en mi artículo anterior cuando me preguntaba si, de haber actuado de buena fe el Opus Dei, se habría dado daño tan grave que no se hubiera podido solucionar? Como ejemplos se pueden citar dos, fácilmente comprobables: daños económicos y daños psicológicos. Y me pregunto ¿no sería una demostración de esa buena fe, por parte del Opus Dei, reconocer esos daños e intentar, al menos, repararlos de alguna forma? No digo ya que el Opus Dei reconociera la culpa y reparara el daño; planteo nomás la posibilidad de reconocer el daño y de ayudar, dejando de lado la culpa, al menos en una primera instancia.

Ahí estaría patente la inocencia y la buena fe del Opus Dei, al espontáneamente verse a sí mismo inocente y, por ello, ayudar diligentemente frente al daño, sin ninguna “conciencia incriminatoria” que le frenara. Frente a un incendio que no se causó, surge espontáneamente la reacción de ayudar; pero, si uno tuvo algo que ver con ese incendio, la propia conciencia de culpa impide ayudar: el argumento “no ayudo porque yo no tuve nada que ver”, entonces, no es la mejor forma de defensa, a pesar de que el Opus Dei crea –según su habitual forma de funcionar- que es la coartada perfecta para su inocencia y buena fe.

El problema es que históricamente los daños son tantos (en números de personas) que se tornan en sí mismos comprometedores para el mismo Opus Dei, aunque, de ahora en más, ayudara a todo aquél que abandonara la institución. Aquí la buena fe se empaña, inevitablemente. En estas circunstancias, para conservar la buena fe se necesitan acciones complementarias: hacer cambios para que los daños no se repitan e investigar las causas profundas. Pero si no se investiga y se repiten, la buena fe comienza a deteriorarse aceleradamente.

“No es mala fe no querer hacerse responsable de las cosas que no se es responsable”, argumentaría el Opus Dei, muy probablemente. “No es mala fe sino una actitud de justicia hacia el Opus Dei”. “¿Por qué habríamos de compensar económicamente a quien libremente donó sus salarios o herencias?

Ahora bien, si el Opus Dei quiere plantear las cosas desde la justicia, desde “lo que es justo” y desde “los deberes y compromisos” que cada parte aceptó y debería cumplir sin reclamar privilegios, pues la situación se le complica más al Opus Dei que a quienes podrían llegar a reclamar algo por los daños sufridos.

Los daños económicos y psicológicos podrían atribuírsele al Opus Dei por una sencilla razón: al presentarse de una forma (Prelatura) y luego actuar de otra (Instituto Secular). ¿Podría considerarse ello una muestra de mala fe?

El problema de los daños es que, si se investigan, todo apuntaría hacia el Opus Dei como causa relevante, debido a ese doble estándar mencionado. Y al parecer el Opus Dei no está dispuesto a colaborar en ninguna investigación acerca de los daños. Toda buena fe acaba hecha trizas.

Es la etapa de la guerra: el Opus Dei cierra filas, no reconoce nada (ni daños ni buena fe en los ex miembros) y empieza la resistencia inmutable en los niveles directivos de la organización.

***

¿Cuándo comienza “la crisis de la vocación”? Cuando comienzan las primeras preguntas, a partir de ciertas dudas.

Esto no debería, necesariamente, llevar a la salida de la institución, en absoluto. El problema es que cada pregunta conduce a preguntas más comprometedoras y a respuestas menos convincentes. El problema no está en quién pregunta, sino en quién responde, aunque el que responda sea, a su vez, el que declara que la culpa es del que pregunta.

En concreto, como muestra de la buena fe del Opus Dei, algún responsable –en lo posible el prelado mismo, para que no sea fácil de desautorizar o relativizar la respuesta- debería explicar por qué hay un doble régimen dentro del Opus Dei y cómo se explica que ello no sea una muestra de mala fe, siendo que dicho régimen ha sido modificado a espaldas de sus miembros (decretos secretos) y que por un lado se les propone una cosa (vivir como laicos) pero al mismo tiempo se les manda otra (vivir bajo un régimen propio de religiosos, en particular todo el tema de la pobreza). El doble régimen lleva a una suerte de esquizofrenia existencial en sus miembros y a otros daños. Me parece muy a lugar el planteo de Gervasio:

A mi modo de ver, ese haber omitido la regulación del régimen económico de los numerarios y agregados en los estatutos de 1982, para obtener de la Santa Sede la erección del Opus Dei como prelatura personal, manifiesta una actitud dolosa, en la medida en que se hace pasar por fieles corrientes a quienes tienen un régimen económico similar al de los miembros de los institutos de vida consagrada.

¿Puede haber buena fe cuando el mismo Opus Dei insiste en denunciar la doble vida y, por otro lado, él mismo impone su doble régimen? (Prelatura por fuera, Instituto Secular por dentro).

A esto hay que sumarle el paso del tiempo, ese amplio espacio de décadas que el Opus Dei ha tenido para explicar o rectificar, y no ha hecho ninguna de las dos cosas.

¿Cómo considerar que no es mala fe la ausencia de respuestas? ¿No da pie esa ausencia a pensar en una “mala conciencia” por parte del Opus Dei, y por lo tanto, a una falta de buena fe?

Después de mucho insistir en la pregunta, la respuesta corporativa o institucional suele ser “ustedes no nos entienden” (y sus variantes, “lo hemos visto en la oración”, “tú no tienes visión sobrenatural”, etc.), dando a entender que “no hay ningún problema (doble régimen, etc.) simplemente ustedes no entienden” y agregan “si tuvieran vocación, lo entenderían todo”.  Y como corolario, quien deja de entender, deja de tener vocación.

Ahora bien, ¿no es de mal espíritu –de mala fe- preguntar –y por lo tanto dudar- acerca del Opus Dei? Este ya es el segundo tipo de respuesta, más bien agresiva, por parte del Opus Dei, cuando se hacen preguntas más de fondo. Quien se pregunta por la buena fe del Opus Dei, tiene mala fe. Y ahí se acabó toda posibilidad de seguir preguntando.

¿Es posible que un cierto estatuto de divinidad le permita al Opus Dei gozar del privilegio de “incuestionabilidad”? Al parecer es la única respuesta “sólida”. Es sólida tanto por la contundencia como por la convicción.

Esa convicción en la “incuestionabilidad”, ¿puede sostenerse indefinidamente desde el lugar de la buena fe? Pensemos en la infalibilidad papal, pues el caso del Opus Dei es muy semejante. Mientras el papa hace uso de su infalibilidad “cada muerte de papa”, el Opus Dei hace uso de su “incuestionabilidad” por cada pregunta incómoda que se le formula con un poco de insistencia. Esto no parece sensato ni razonable.

***

La insistencia permanente en este tipo de respuestas al estilo “el cuento de la buena pipa”, lleva a cuestionar seriamente la buena fe del Opus Dei.

La fe en la buena fe (del Opus Dei) es un cheque en blanco que cada uno emite para que el Opus Dei lo invierta de la forma más conveniente. Pero desde el momento en que comienzan las dudas, ese cheque se puede cancelar y se acabó todo, al decir del fundador, aunque esta vez, se acabó todo para el Opus Dei.

No hay que dejar de notar que, mientras ese cheque en blanco permanece en manos del Opus Dei, éste lo puede usar para su propio beneficio y esa inversión uno mismo no la recupera jamás. Pero, de todas formas, en ese caso la credibilidad del Opus Dei se va deteriorando gradualmente, no es gratuito el cheque, supone la responsabilidad por parte del Opus Dei de dar respuesta cuando se le pide. 

Pero claro, el Opus Dei corre con una ventaja, que a su vez atenta contra su buena fe: la gente se recicla, se van unos, retirando sus cheques en blanco (aunque ya bastante usados) y vienen otros, por lo cual el Opus Dei no tiene por qué darle respuestas a unas gentes que en poco tiempo se irán (años o décadas, es lo mismo para el largo plazo). Pero ese mecanismo, verificable por simple estadística, menoscaba la buena fe que se podría argumentar a favor del Opus Dei.

El reciclaje de personas, más la falta de respuesta (el ciclo no se completa, los que preguntan se van por falta de respuestas), hablan de una buena fe ausente y dan pie al siguiente paso, la mala fama que viene cosechando el Opus Dei desde hace tiempo.

Es importante, por ello mismo, que vosotros miembros del Opus Dei comencéis a hacer todas esas preguntas incómodas AHORA, es decir, antes de que sea tarde, antes de que “llegue el nuevo turno” de trabajo y ustedes sean despedidos.

De lo contrario, la fábrica del Opus Dei seguirá funcionando a pleno sin que nadie le ponga freno al ciclo del reciclaje de personas.

E.B.E.

Anexo: tres aspectos que conspiran contra la buena fe del Opus Dei.

Los aspectos más problemáticos de la buena fe del Opus Dei se podrían resumir, al menos, con tres notas:

1)      El no reconocer ningún daño (salvo de manera muy aislada y puntual). Frente a esta realidad, el Opus Dei contesta con su divinidad: la Obra es de Dios y no puede ser causa de daños.

2)      La negación a dar ayudar a quienes abandonaron la organización (salvo de manera aislada o excepcional). Frente a esta realidad, el Opus Dei contesta con su inocencia: ¿por qué debería ayudar si soy inocente?

3)      El paso del tiempo debería haber producido algún cambio: que el Opus Dei reconociera algún tipo de daño, o bien, que los reclamos contra el Opus Dei hubieran desaparecido, ya fuera porque se habrían solucionado o porque se habrían demostrado falsos. El paso del tiempo, sin embargo, no ha hecho más que ratificar dos cosas: el Opus Dei se niega a reconocer daños y a rectificar, y por otro lado, los reclamos contra el Opus Dei continúan y se acumulan. Frente a ello, el Opus Dei contesta con su inmutabilidad: ¿por qué debería cambiar algo, con el paso del tiempo, si la Obra de Dios es perfecta? 




Publicado el Viernes, 24 enero 2014



 
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