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 Tus escritos: Beatificación Álvaro del Portillo. Decepción. Razones de un desacuerdo.- Veritas

010. Testimonios
veritas :

 

Beatificación Álvaro del Portillo. Decepción. Razones de un desacuerdo

Veritas operis, 17/03/2014

Hasta hace pocos años, no pensé ni imaginé siquiera, que me fuera a desagradar la beatificación de don Álvaro. Me entristece y decepciona porque:

1) fue quizá el personaje que más a fondo incidió en meter en la médula de la “formación” de la gente de la actual prelatura el sometimiento, el fanatismo, la despersonalización, la enajenación; el formalismo, el inmovilismo y la cerrazón fanática a toda autocrítica sana, la “fundadolatría” (idolatría al fundador) y el alejamiento de la propia familia; sobre el inicio de "la reglamentitis" como le dice Laotraoriila;

2) fue el personaje manipulador para engañar a la santa Sede y a los miembros de la actual prelatura forzando (y retorciendo la interpretación) el Derecho canónico respecto la figura jurídica de la prelatura personal que es una estructura completamente clerical-vertical- jerárquica...



 

3) fue el personaje cómplice de las alteraciones de fechas de documentos clave para la verdad de la historia e interpretación de la institución (afectando a la postre la vida de la gente), como lo son las Instrucciones; con eso nos cerró caminos de autonomía, libertad, autenticidad y creatividad, y se las cerró al Espíritu Santo;

4) fue el personaje que compró, no con dinero pero sí con favores y cortesías a la Curia y obispos, haciéndoles favores y cortesías no por servicio desinteresado y caritativo, sino por el interés de ganar prestigio y adeptos vaticanos a los fines de la institución y de su fundador, sabiendo que éstos no eran bien vistos en varias instituciones y ámbitos eclesiásticos;

5) fue el personaje que mandó quitar las fotos de la propia familia que hubiese en las habitaciones de numerarios cuando fue a Méjico en 1983, al ver que varios de la Comisión regional las tenían; y las hizo desaparecer o recluir a los armarios o "closet” como allí dicen;

6) fue el personaje que engañó a Juan Pablo II sobre la libertad y autonomía de los seglares de la prelatura; y a éstos les edulcoró o doró la píldora al respecto, confundiendo…

7) fue el personaje que, cuando tuvo toda la autoridad y poder para que la institución sanara y progresara, entendiendo y ajustándose a los nuevos tiempos, la sumió en la endogamia, la autocomplacencia, la fundadolatraía (idolatría al fundador); la obsolescencia y la terquedad;

8) fue el personaje que, en vez de hacer una publicación oficial y vernácula de los Estatutos de la prelatura, siguió manteniéndolos reservados, y en su lugar mandó hacer más ediciones de un libro sustituto de ellos (llamado "Catecismo de la Obra”) para los miembros, pero no para la autoridad eclesiástica, ocultando así mañosamente la verdad a la Iglesia y a los miembros, despreciando y ofendiendo la inteligencia y dignidad de los miembros, y en fin, llevando a la institución por caminos de fanático inmovilismo y servidumbre;

9) fue el personaje al que se debe la traición a la secularidad, anzuelo envenenado de la propaganda opusdeísta;

10) fue quien, con ocasión y pretexto del amor y la entrega absolutas a nuestro amado Redentor, cifró el amor celibatario en una santidad acartonada, castrada de afectividad, fracasada y desprofesionalizada, todo "a modo" y según dictado de los directores en turno;

11) fue quien formó a muchos actuales vicarios como meros burócratas funcionarios de la institución y meros cumplidores e inspectores de cumplimiento de normas y más normas;

12) fue el personaje opusdeístico que más enseñó a hablar un doble lenguaje y a tener una doble imagen, unos al interior y otros a la autoridad eclesiástica.

13) fue "el enterrador de la libertad", la espontaneidad y la frescura de la vida de la gente, enredando su mente a través de una manipulación del lenguaje con efectos psíquicos de coacción y restricción, por el pretexto del amor, estableciendo un sentido inflexible, erróneo y cerril a conceptos como libertad, entrega, secularizad, fidelidad y novedad y a la correcta relación entre ellos provocando por eso tantas depresiones; eso sí, alentó el estudio y tratamiento médico de ese malestar de cuya gravedad y difusión mundial se dio clara cuenta, sin relacionarlo con su fanático estilo de entrega y de gobierno;

14) fue el personaje que quiso ocultar ingenua, autoritaria, deliberada, permanente e institucionalmente los defectos del fundador, haciéndole a él y a sus miembros el más flaco de los favores porque dejó su parte más vulnerable al desplazamiento de sus contrarios, y a los miembros les dejó sin más recursos que la callada por respuesta fanática y negadora de realidades a los señalamientos de los “contrarios”, porque quien mejor puede juzgar y dar a conocer los defectos de alguien es quien conoce también su parte positiva, porque puede moderar con datos el juicio, mencionar la lucha contra esos defectos, contextualizarlos, explicarlos, hacerlos más comprensibles y sopesarlos con cualidades y virtudes. No se es mal hijo por conocer y aceptar la realidad de los defectos del padre, máxime si éste ha insistido en “los defectos de los santos” y en que no se les muestre inmaculados y sobrehumanos (sobre cómo el más fiel puede ser el más traidor, desde Krushov hasta del Portillo, ha escrito un interesantísimo artículo de Jacinto Choza;

15) Don Álvaro fue el personaje que más colaboró en la esclavitud económica de los numerarios y agregados, al ser el promotor de la entrega de todo ingreso económico, y en palabras similares a las del propio prelado actual, don Álvaro era bastante "agarrado", casi avaro porque exigía de más en cuestiones económicas a los individuos, no así a "lo institucional" ; una exigencia económica rayana en la codicia.

Lo comprendo porque tuvo que conseguir millones y millones de libras, dólares, etc., para "las locuras" de Escrivá como lo fueron Villa Tevere, el Colegio Romano y Torreciudad aunque para esta última no sé si don Álvaro intervino también haciendo directamente gestiones de consecución de fondos económicos.

Pero la Iglesia evalúa virtudes, actos heroicos, etc., y de don Álvaro se han de haber presentado muchas anécdotas y testimonios no sólo de gente de la prelatura sino de altos dignatarios vaticanos y del episcopado mundial, porque entre éstos tuvo sus deleites don Álvaro, quien pronto entendió que serían pieza clave para la aceptación de la institución en la Iglesia, para su extensión y para su autonomía: “teniéndolos contentos en lo posible, nos dejan trabajar en paz a nosotros” decía alguno.

No dudo que don Álvaro haya sido una persona querida por Dios y que quería a Dios extraordinariamente, pero no me parece que un habilidoso para sembrar y aprovecharse de la ambigüedad jurídica, negador de realidades y modelo de fanatismo idólatra, lo sea de santidad o vida para quienes deben vivir en el mundo y cuyos modelos deberían incluir el servicio y no la manipulación a lo que manda y a los que mandan en la Iglesia.

La Iglesia beatifica los casos que se le presentan, con la información que se le presenta. Don Álvaro vivió con esfuerzo extraordinario la fortaleza y la piedad matando/ mortificando todo su ser, para servir a Cristo, sí, aun con la mediación filtrada de "lo que de Cristo veía y entendía Escrivá” o "al Cristo que veía en Escrivá”, al grado de aquello que dijo una numeraria auxiliar: "después del 26 de junio de 1975:< el que murió parece que no fue el Padre sino don Álvaro porque ya no se oye nada a él; todo es "a nuestro Padre" y "de nuestro Padre”>.

Que yo sepa, no se le ha presentado en el proceso mismo, argumentación e información para detener esta "beatificación interesada”. En 20 años se le ha borrado de las fiestas y del recuerdo individualizado en conmemoraciones (11 de marzo, 23 de marzo, 7 de julio, 15 de septiembre), pero ahora que va a ser beato se celebran sorpresiva y extraordinariamente sus 100 de nacimiento.

Al prelado y a sus colaboradores ¿o debería decirse cómplices? (Consejo general y vicarios), les interesa mucho llevar a don Álvaro a los altares para que sea "ejemplo canonizado por la Iglesia” y así sea según ellos creen y sugieren, una "obligación moral" imitar su sometimiento irrestricto, incondicional y absoluto a lo dicho y hecho por Escrivá… pero no mencionan que “excepto" en el caso de los seminarios internacionales y/o convictorios sacerdotales que la prelatura regentea, cosa que el fundador dijo que nunca debía haber y que Del Portillo estableció. Por qué los hizo es tema ya para otro artículo y otro colaborador que aquí alguna vez se ha mencionado pero no tengo ahora la cita.

Y apenas es marzo y ya estoy cansado de oír las cantaletas invariables e inmortales de siempre repetidas hasta el cansancio: “el siervo bueno y fiel, imitémosle, el hijo más fiel de Escrivá”. Uff, y todavía faltan meses hasta la beatificación.

En esta beatificación sucederá lo habitual: la autoridad de la Iglesia ensalzará la vida esforzada de una persona de quien se han aportado anécdotas de una vida exterior mortificada y de una piedad muy sencilla y filial; el Opus Dei exaltará a la persona que más se ha auto-negado para cumplir "todo y sólo" lo que el fundador quería (la exaltación de la despersonalización); la Iglesia alabará la virtud individual, y el Opus Dei lo que institucionalmente le conviene: un modelo de sumisión, acriticidad y trabajo puestos al servicio exclusivo de la institución y sus fines, aunque para eso haya tenido que acudir a la "santa pillería”.

En fin, era bueno porque luchaba y se esforzaba mucho, era heroico en su fidelidad al fundador y a la institución, pero... qué barbaridades nos hizo, y esa ambivalencia dificulta encajarlo como un "modelo" de santo... yo preferiría un modelo más "completo", y al que se le conozcan sus defectos... esos santos inmaculados que cuando éramos "de san Rafael" nos dijeron que no existían, ahora resulta que "así son los santos del Opus”.

Cuando yo me di cuenta del papel de don Álvaro en lo que he escrito arriba, era demasiado tarde: se había cerrado la fase respectiva, y se estaba ya en la de los milagros.

Lo único que hice fue no testificar (a todos se nos pidió e insistió hacerlo, “aunque crean que es poco determinante”), porque ya tenía indicios de la responsabilidad de don Álvaro en cosas graves, y porque me molestó mucho que la prelatura quisiese apropiarse del proceso, tal y como está empeñada en hacer con los demás procesos de sus miembros/cooperadores orgánicos.

Gracias por su atención, y por su lucha por la verdad, la justicia y el bien. Me han ayudado mucho. Algún día diré cómo, desde cuándo y por qué. Espero acertar en el “para qué” lo aproveche.

Veritas

Nota.- Soy numerario en activo desde hace más de 30 años. Sigo asociado como cooperador orgánico de la institución (no digo "miembro de la prelatura" porque ésta es una fórmula equívoca si las prelaturas son para distribución del clero según dice la Iglesia: C.I.C., c. 294), por ser un convencido de coincidir, comulgar o estar "hecho para" vivir dentro de una institución particular, el mensaje principal y las cosas buenas que sus miembros, publicidad y "cooperadores orgánicos" prometen, anuncian y dejan ver antes de pedir la admisión y algunas después, y con las cosas buenas de la institución, que también algunas tiene, y, con todas las cuales atraen y/o engañan en nombre de Cristo y con aprobación expresa y laudatoria de la Iglesia que es también engañada y quizá cómplice, según los casos y según las cosas.

 

Sigo dentro porque no siempre y no todos tienen que salirse, porque vivo en tales condiciones que puedo seguir, y no puedo mencionarlas porque los de dentro de mi país, descubrirían fácilmente quién soy, y eso tampoco quiero ni me conviene.

 

Sigo dentro porque desde dentro pueden dar más credibilidad y tener quizá algún efecto bueno mis palabras algunas personas a quienes me dirijo y dirigiré, con todo y que "lo más seguro es que nada cambie", pero no hago las cosas de manera inmediata por que cambien (¡qué más quisiera!), sino por cuestión de principio, de conciencia y de justicia... sí que soy un idealista, pero como me sale de lo más hondo de mi ser, lo haré. Si ya entregué la vida y ya me la estropearon o limitaron, con más razón ahora sigo dentro para hacer lo que está de mi parte: al menos informar, documentar y testimoniar. Y porque dije a Cristo que sí "aquí", y mientras no tenga un daño positivo suficientemente serio que me sugiera salirme, no lo haré.

 

En fin, porque me identifico con el mensaje principal y los asuntos esenciales de la institución, porque tengo ya muchos años gastados en ella al punto que forma parte de mi identidad y, al menos por ahora no veo conveniente (para mí) salirme, ni creo ser indispensable para los lectores y demás colaboradores de OpusLibros, explicar por qué. Ahora no tengo tiempo para escribir mucho y les pido paciencia. Las cosas tienen su tiempo, sus ritmos, sus fases y etapas de modo que, por favor, concédanmelos junto con su respeto, a mí también.

 

Que se vayan ellos, los que obran el mal, manipulan y abusan de la gente. Los que hacen de esta institución una parodia de lo que pregona (parodia "blasfema", añadiría el fundador, obsesionado siempre por "la divinidad" de su institución).




Publicado el Lunes, 17 marzo 2014



 
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