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 Libros silenciados: ¿Laicidad en el Opus Dei?.- Gervasio

125. Iglesia y Opus Dei
gervasio :

¿Laicidad en el Opus Dei?

Autor: Gervasio, 4/04/2014

 

            Hay organizaciones laicales y organizaciones clericales. Me explicaré un poco más. Distingo entre aquellas organizaciones al mando de las cuales se encuentran laicos y aquellas otras organizaciones al mando de las cuales se encuentran clérigos. Pongo ejemplos…



Los vicariatos castrenses tienen por misión y finalidad la asistencia espiritual a las fuerzas armadas. Esa asistencia se lleva a cabo por un cuerpo de capellanes castrenses —muy marciales ellos—, al frente de los cuales se encuentra en España don Juan del Río Martín, Arzobispo General Castrense. Hay vicariatos castrenses por muchísimos países. La jerarquía—línea de mando o como se la quiera llamar— que programa y organiza las actividades de los ejércitos de tierra, mar y aire no coincide en modo alguno con la jerarquía del vicariato castrense. En las fuerzas armadas no mandan los clérigos. Un capellán puede lograr a lo más —así lo recuerdo de cuando hice la mili — que se tomen medidas para que no circule pornografía por los cuarteles o cosas de este estilo. Había un pater —así solía llamase al capellán, que tenía rango de teniente—obsesionado por desterrar la pornografía del recinto cuartelero. Como ejemplo de organización clerical se me ocurre un seminario. Tiene por finalidad preparar candidatos para el sacerdocio y en tal tarea no intervienen los laicos más que muy colateralmente, como podría ser recurrir a un laico para la clase de inglés.

Hace poco (Vid. Más sobre la división azul) hacía notar que Escrivá en los inicios de su fundación resaltaba mucho el carácter laical del Opus Dei. Somos laicos. Laicos. Repetir las palabras “laicidad” y “laical” le gustaba mucho. El paraguas de la laicidad ha sido y es aprovechado por muchos fundadores y fundadoras para evitar las injerencias de los obispos diocesanos. Somos unos seglares más, dicen. Nuestros votos, compromisos y organización son cosa privada.

Por lo demás, en cuanto Escrivá logró tener sacerdotes propios —sacerdotes en los que él mandase—, los puso al frente de la institución por él fundada. Los sacerdotes son los que mandan en el Opus Dei. De laical en el sentido indicado, el Opus Dei tiene muy poco, tanto desde el punto de vista jurídico como fáctico. Eso sí, es un laico el que dice “Santa María Spes nostra Sedes Sapientiae”, al terminar cada acto de la “vida de familia” en la sección de varones y una laica “Santa María Spes nostra ancilla Domini” en la sección femenina.

Cuando del Portillo, Hernández Garnica y Múzquiz se estaban preparando para el sacerdocio, todavía no estaba resuelto dónde habrían de incardinarse y cuál iba a ser su título de ordenación. Don Leopoldo Eijo —el que había aprobado la pía unión llamada Opus Dei— se inclinaba, en congruencia con su naturaleza de simple asociación de fieles laicos, por dotarla de lo que técnicamente se llama una capellanía laical; es decir, de un servicio de asistencia religiosa cuyos capellanes serían designados por la propia asociación de fieles. Los nuevos sacerdotes —del Portillo, Hernández Garnica y Múzquiz— provenían del mismísimo Opus Dei, por lo que no presentarían los inconvenientes de aquellos otros sacerdotes que, por no conocer bien ni estar identificados con el Opus Dei, fueron la corona de espinas del su fundador.

La solución no acababa de convencer a Escrivá, por lo que en 14 de febrero de 1943 tuvo visiones, como consecuencia de las cuales nació —esa es la palabra empleada en las crónicas oficiales— la “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz”, sociedad y concepto desconocidos hasta entonces. Don Leopoldo, en congruencia con los deseos de Escrivá, erigió  en 8 de diciembre de 1943 la “Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz”, por supuesto con carácter diocesano. Escrivá —al frente de ambas sociedades, el Opus Dei y la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, una compuesta por laicos y la otra por sacerdotes— emitió ante don Leopoldo los correspondientes votos. En ella quedarían también incardinados los nuevos sacerdotes que fueron ordenados a título de “sociedad” en 1944. A partir de entonces la fundación quedó trasformada en una organización clerical; una organización donde los miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz son los que ocupan los puestos de mando más altos —los llamados técnicamente superiores mayores— tanto a nivel central, como regional y subregional (delegaciones). El carácter clerical de una institución eclesiástica no proviene de que el mayor número de sus componentes sean clérigos, sino de que los clérigos, aunque pocos, sean los que mandan en la institución. El nivel de gobierno local, en cambio, está ocupado por laicos. Su función es ejecutar las órdenes que les vienen de arriba.

Con anterioridad a los institutos seculares, ya existían y siguen existiendo las órdenes militares y las órdenes de caballería, que también desarrollaban y desarrollan actividades seculares. Entre ellas cabe destacar, por ejemplificar, la Orden de Malta. No la conozco demasiado bien, por lo que, al referirme a ella, quizá cometa algún error, que ruego se me haga notar. Se trata de una orden laical. Esto es lo que deseo destacar. Su línea de mando no corre a cargo de ninguna sociedad sacerdotal a la que están reservados los puestos de gobierno importantes, ni de la Santa Cruz, ni de ninguna otra advocación piadosa. En la Orden de Malta no mandan los clérigos, sino los laicos. Su jefe supremo es actualmente el gran maestre Frey Matthew Festing, nacido el 30 de noviembre de 1949 en Northumberland. Tiene rango de frey —que significa hermano— no de padre. Reside en Roma, en la Via dei Condotti, que es donde la Orden de Malta tiene su sede central. La Orden de Malta tiene, como el ejército, capellanes propios. Eso no significa ni mucho menos que a esos capellanes esté reservada la jefatura suprema de la Orden de Malta, como tampoco el jefe supremo de las fuerzas armadas españolas es el arzobispo general castrense. En suma, tanto la Orden de Malta como el ejército español son instituciones laicales. Lo propio sucede con cualquier capellanía. Los capellanes de la marina mercante no forman parte de la línea de mando de la marina mercante, ni los capellanes de presiones son directores de prisiones. Este es el panorama de las  instituciones laicales.

Las órdenes —una modalidad societaria muy de la Edad Media— pueden ser “religiosas” —como lo son la Orden de Predicadores, los dominicos, los jesuitas, etc. — o no serlo. Una orden no religiosa muy conocida es la Orden del Toisón de Oro. Pueden pertenecer a ella incluso quienes no son católicos ni están bautizados. Tampoco es religiosa la Orden de la Jarretera, muy conocida también, y tantísimas otras órdenes más. La Orden de Malta, en cambio, tiene la particularidad de que es “religiosa”, y además de religiosa —eso es sobre lo que pretendo llamar la atención—, es “laical”. No hay incompatibilidad en que una orden sea simultáneamente religiosa y laical. Hay otras órdenes religiosas y laicales, además de la de Malta. Lo de ser laical le viene, como dijimos, de que quienes mandan en ella son los laicos; no los clérigos. Los capellanes no forman parte de su jerarquía. Algunos —no todos— de los miembros de la Orden de Malta practican los clásicos y tradicionales consejos de pobreza, castidad y obediencia y emiten los correspondientes votos. En tal sentido se la puede calificar —si es eso lo que se quiere resaltar— de “religiosa”. Los caballeros de la Orden de Malta no viven en comunidad ni hacen  “vida de familia”. La Orden de Malta se autodefine como “orden”, como “laical” y como “religiosa”.

A lo de orden “laical” y “religiosa” a la Orden de Malta hay que añadirle un tercer calificativo: es “secular”, entendiendo por tal que desarrolla actividades seculares, incluidas esas actividades que están vedadas a los clérigos y los religiosos. Los clérigos y los religiosos siempre tuvieron prohibido guerrear, que es una de las actividades más típicamente seculares. En congruencia con esta prohibición en muchos países se los declara exentos del servicio militar. Los clérigos y religiosos también tienen prohibidas muchas otras actividades como dedicarse a la política, al comercio, a la banca y a determinadas profesiones. Que los caballeros de la Orden de Malta guerreasen —tal actividad ha sido sustituida posteriormente por otras—, no llevaba consigo, como es lógico, que no pudiesen recibir asistencia espiritual por parte de unos capellanes. Cualquier empresa dedicada a actividades lícitas —no así una banda terrorista— puede estar dotada de un cuerpo de capellanes.

Los caballeros y damas de la orden de Malta pueden desarrollar cualquier actividad lícita para cualquier laico. Un caballero de la Orden de Malta ilustrativo de esta orden —y de los que hacen los tres votos— es Jorge Juan (1713-1773), un ingeniero naval y humanista que midió la longitud del meridiano terrestre con los escasos medios y dificultades de entonces y llevó a cabo muchas otras contribuciones de interés. En Madrid tiene dedicada una calle. Es conocido y muy reconocido por sus actividades seculares; no por sus actividades eclesiásticas. Sobre si era muy santo o poco santo no tenemos —yo al menos— noticias. Me parece que nadie indagó al respecto. Nunca fue puesto como ejemplo de santo en medio del mundo, como se hace, o más bien se hacía, con Isidoro Zorzano. El perfil de santidad de Isidoro Zorzano —vivir bien los consejos evangélicos, como se recalca en su causa de canonización  está muy demodée (dentro del Opus Dei, por supuesto). Ahora están à la page santidades como la de Eduardo Ortiz Landázuri, ejemplo de entrega a un apostolado tan caro a la prelatura como lo es la Universidad de Navarra.

La sustitución de la figura instituto secular por la de prelatura personal, lejos de recalcar el carácter laical y secular del Opus Dei acentúa aún más su carácter clerical, al convertir a los laicos del Opus Dei en cooperadores de unas actividades de naturaleza clerical, cuales son —o al menos deberían ser— las propias del llamado presbiterio de la prelatura, compuesto exclusivamente por sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, con exclusión por supuesto de los sacerdotes agregados, que no son sacerdotes prelaticios, sino diocesanos.

Lógicamente el presbiterio de la prelatura —como cualquier otro grupo de presbíteros— no está llamado a desempeñar actividades seculares, tales como —por decirlo gráficamente— medir la longitud del meridiano terrestre u otras de esta naturaleza. Los sacerdotes de la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz no son unos capellanes destinados a facilitar asistencia espiritual a unos laicos que se dedican a cosas tan alejadas de los “apostolados de la prelatura” como medir la longitud del meridiano terrestre, sino que son éstos últimos —los que miden la longitud del meridiano terrestre— los que han de cooperar con los clérigos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en sus eclesiásticas tareas. Lo malo es que esa cooperación es tan exigente, que les acaba impidiendo dedicarse a tareas tales como medir la longitud del meridiano terrestre. Que lo midan otros. La problema no consiste en que se les imponga un modo de medir la longitud de meridiano —esa autonomía en lo temporal se respeta—, sino que no se les deja tiempo para efectuar la medición.

Un numerario del Opus Dei difícilmente puede dedicarse a medir la longitud del meridiano terrestre —o cosas de este estilo—, porque estatutariamente tiene por obligación cooperar orgánicamente con todas sus fuerzas a los apostolados de la prelatura, que tienen prioridad. Los agregados y supernumerarios están llamados a  cooperar en menor medida. El ejercicio de una profesión entorpece la plena dedicación a los apostolados de la prelatura, como se hace notar expresamente, a propósito de los agregados, en los estatutos de 1982 (Cfr. n. 10 § 1). Su dedicación no puede ser plena por culpa de sus ocupaciones profesionales. En los números siete y siguientes de los estatutos de 1982 se definen las diversas clases de miembros —numerarios, agregados y supernumerarios— en razón de su mayor o menor dedicación a los apostolados de la prelatura. Los de mayor dedicación son los numerarios. Cuanta mayor es la dedicación a los apostolados prelaticios, menor es la dedicación a las tareas seculares y viceversa. Solo se salvan de esa incompatibilidad las profesiones que simultáneamente son seculares y están al servicio de la prelatura.

Los sacerdotes del Opus Dei, una vez que se ordenan, han de abandonar —si es que la tenían— su profesión secular, para dedicarse de lleno al sacerdocio, atendiendo los apostolados de la prelatura. Generalmente se ordenan a los veinte y pocos años, una vez obtenido un título universitario, sin que hayan llegado a practicar profesión alguna. De los laicos del Opus Dei se acaba exigiendo más o menos lo mismo que a los presbíteros, a saber, que sustituyan, o al menos aminoren, las horas dedicadas a su profesión, para una dedicación mayor a los apostolados de la prelatura, que lógicamente no son actividades seculares, sino sacerdotales.  

En los inicios de la andadura del Opus Dei el ejercicio de una profesión secular se tomaba en serio. Todavía en el número 9 de la carta de Escrivá llamada Multum usum, con fecha de 29-IX de 1957, se leía: También los sacerdotes del Opus Dei, que reciben la ordenación después de haber ejercido cada uno su propia profesión civil y secular, en la medida en que se lo permita su ministerio sacerdotal, siguen trabajando luego -sobre todo, cuando sean más numerosos en proporción con el número de socios- en su tarea profesional, que continúa siendo también para ellos parte de la vocación divina. Tal programa nunca se llevó a cabo, ni hay visos de que vaya aponerse en práctica,  antes al contrario los “numerarios no sacerdotes” acaban siguiendo la misma suerte que los sacerdotes. Terminado su carrera universitaria —generalmente a trancas y barrancas—, salvo que sean muy díscolos o así —en cuyo caso se les deja en paz—, se ponen al servicio de los apostolados de la prelatura, eludiendo cualquier actividad profesional que la dificulte. Una de las pocas salidas posibles con tales planteamientos es la dedicación a la enseñanza media, a falta de poder llegar a la cátedra universitaria. Se logra así que coincida la dedicación a uno de los apostolados predilectos de la prelatura —la enseñanza— con la actividad profesional. La cátedra universitaria es una de las pocas profesiones que se permite compatibilizar con la dedicación a los apostolados de la prelatura incluso a los sacerdotes, aunque catedráticos sacerdotes del Opus Dei van quedando pocos. Cumplen con la carta Multum usum.

Actualmente, como los muchachos pitan —o al menos aspiran el aire que les permitirá pitar— a edades muy tempranas, hay incluso que elegirles profesión. Por supuesto una profesión adecuada a las necesidades de los “apostolados de la prelatura”. Esto los acerca mucho a la situación de la monjita a la que hacen estudiar Ciencias Biológicas, para que enseñe en el colegio. También ellas tienen sus apostolados. Si se quiere compatibilizar “ejercicio de una profesión secular” con dedicación a los “apostolados de la prelatura” quedan pocas alternativas distintas de la enseñanza.

Este panorama a mi modo de ver responde a la mentalidad hierocrática del fundador, según la cual —mentalidad— y según el cual —fundador— las actividades seculares han de estar sometidas y subordinadas a los intereses eclesiásticos. Así entendía eso de poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas. Para él, santificar la profesión consistía en someter y subordinar, en todo momento y lugar, las actividades seculares a los intereses eclesiásticos. Descuella a mi modo de ver en este terreno quien puso todo su buen hacer como arquitecto a disposición del fundador en la construcción, reforma y mantenimiento de Villa Tevere. De momento ha merecido —así se lo prometió Sanjosemaría— ser enterrado a su lado. Cuando se abra su causa de canonización, estoy dispuesto a testificar a su favor declarando que puso a disposición del fundador todo su talento como arquitecto. Es un modelo de santidad muy propio del Opus Dei. Con don Álvaro sucede tres cuartos de lo mismo. Son modelos de santidad muy para gentes del Opus Dei. 

Sanjosemaría valoraba muy positivamente, con toda sinceridad, las diversas profesiones, sobre todo las de alto standing, además de la de empleada del hogar. Por supuesto tiene que ser una empleada que trabaje para el Opus Dei. ¿Cómo va a hacerse santa si trabaja para otros, por muy buena que sea? También la de periodista le gustaba. Son profesiones muy útiles para la prelatura. También Eduardo Ortiz de Landázuri resultó muy útil como médico.

Con el cambio de la fundación escrivaniana de instituto secular a prelatura personal los tradicionales votos de pobreza castidad y obediencia fueron sustituidos —o más bien cambiaron de nombre— por un vínculo jurídico de incorporación —de igual contenido y periodicidad—, como si los votos en cuestión fuesen los culpables de la falta de laicidad y de secularidad del Opus Dei. Esa falta de secularidad y de laicidad le vienen de la negación de la autonomía en lo temporal —las actividades seculares han de estar subordinadas a los intereses eclesiásticos en general y a los de la prelatura en particular— y de la adopción de una figura jurídica más hierocrática aún que la de instituto secular clerical. Lo de los votos es pura cortina de humo.

Gervasio




Publicado el Viernes, 04 abril 2014



 
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