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 Libros silenciados: Si lo ves conveniente, consígueme un sombrero puntiagudo.- Tornalila

070. Costumbres y Praxis
tornalila :

Si lo ves conveniente, consígueme un sombrero puntiagudo

Tornalila, 16/04/2014


Mi análisis de los hechos sobre la reciente historia del obispado de Escrivá y su relación de cómo los directores practican "el mandato más fuerte es un por favor".

1. Markus Tank sacó a luz documentos que demuestran que insistentemente se proponía y se hacía cabildeo a favor de que Sanjosemaría fuera obispo. Tank acompaña los documentos de un análisis propio en el que concluye que era el mismísimo Sanjosemaría quien movía los hilos para que se le nombrara obispo, y que del Portillo estuvo siempre al tanto de las intenciones de Sanjosemaría y que no dijo ni media palabra del tema en el proceso de canonización del susodicho santo...



2. Pilar Urbano trata de deslindar a Sanjosemaría de la autoría intelectual de las gestiones realizadas conducentes a su propia ordenación episcopal. Para ello hace —o intenta hacer— dos cosas: primero, restar fuerza a los documentos presentados por Tank reduciéndolos en número, señalando que la firma en uno de ellos no está completa, criticando que Tank use un pseudónimo y llenándolo de insultos por lo mismo; segundo, presenta lo que para ella es la prueba de que Sanjosemaría nunca pretendió una mitra: un memorándum en el que Álvaro del Portillo cuenta que él mismo estuvo haciendo cabildeo a favor de la ordenación episcopal de Sanjosemaría (¡!) lo que en última instancia provocó que Sanjosemaría negara, con la teatralidad que le caracterizaba, esas intenciones ante Paulo VI.

Ahora mis piensos sobre esos hechos.

Ya se comentó aquí que aceptar como prueba el memorándum de del Portillo solo es posible dando al argumento de autoridad un peso que no tiene. “Don Álvaro dijo que Sanjosemaría dijo que no aceptaría... por lo tanto la cuestión está zanjada”. Ajá.

Todos en nuestro paso por la cosa oímos eso de que “en la cosa, el mandato más fuerte es un «por favor»”. Seguro que a Urbano le “sugirieron” que escriba una respuesta al escrito de Tank, y por supuesto le dejaron claro que lo hiciera solo si quería y lo veía conveniente.

Los todos los exnumerarios fuimos entrenados, para responder a las insinuaciones o sugerencias de los directores. Al principio las insinuaciones eran banales, pero conforme fueron pasando los años y crecimos, las insinuaciones subieron de calibre hasta llegar a tocar cuestiones existenciales o con implicaciones morales graves. Por ejemplo, a los que están avanzando en el proceso de selección para ser ordenados sacerdotes, se les dice: “Piensa si lo tuyo es servir ahora a la cosa en el estado sacerdotal. Pídele luces a Dios. Medítalo en su presencia”. Eso lo que quiere decir es: “los directores, queremos que te ordenes”.

Uno de los motivos finales por los que salí de la cosa fue que me hicieron una suave sugerencia a cambiar de ciudad. El vicario delegado apareció en mi centro por la mañana de un domingo de retiro mensual, pidió hablar conmigo y me comentó: “Hoy pregúntate delante de Dios si estarías dispuesto a irte a vivir a la ciudad X. El numerario que lleva sobre sus hombros la labor de San Gabriel de esa ciudad ya está viejo y enfermo”.

Que el mandato más fuerte sea un “por favor”, tiene como enorme ventaja la posibilidad del deslinde hipócrita. Así de claro. Nada más terminar el retiro mensual fui corriendo a la delegación para decirle al vicario que no quería ir a X, que se me estaba chantajeando con la enfermedad y vejez de cierto numerario y que era obvio que no se consideraba como valioso lo que hacía en la ciudad donde me encontraba (ser profesor universitario y hacer labor de san Rafael y de san Gabriel). Agregué que sentía que algo se había roto dentro de mí porque nunca antes había dicho que no a un mandato de los directores. El vicario se dio por sorprendido y me respondió que no tenía razón para sentirme mal porque no se me había mandado nada, que solo fue una sugerencia, que solo querían explorar la posibilidad de mi traslado.

El poder de las insinuaciones-mandatos de los directores reside en la pretendida manifestación de la voluntad divina por medio de ellas. Solo así se explica que alcancen para mandar gente a vivir a Kazajistán o la India para “hacer allá el opus dei”, o para ordenar sacerdote a alguien que lo que quería era ser médico o ingeniero, o que uno se sienta destrozado la primera vez que se niega a cumplirlas.

Un numerario con el que vivía en mi época final en la cosa, llamémosle Pablo, profesor universitario como yo, también recibió insinuaciones de los directores para cambiar de ciudad, en su caso a Y. Pablo manejó la crisis de muy modo diferente a mí. Entró en el juego de las insinuaciones pero usando un recurso que normalmente los directores se reservan para sí, el Deus ex machina. Dejando pasar unos días, respondió que ya lo había “llevado a la oración” y que estaba convencido de que lo que Dios quería para él era que se quedara en su ciudad y que mantuviera su plaza de profesor. Como era de esperarse, directores le pidieron que “lleve” de nuevo a la oración el tema y agregaron que ellos “veían” que sería un excelente instrumento en Y. Lo volvió a “llevar” y reafirmó su convicción de que la voluntad de Dios coincidía plenamente con la suya. Le sugirieron luego que meditara si era suficientemente generoso. Lo hizo y respondió que Dios le hacía ver que sí lo era. Pablo usó la principal arma de los directores y ellos no supieron qué hacer.

No sé si Pablo sienta o haya sentido remordimientos por no haber obedecido en el traslado a Y. Yo sí los tuve por negarme a ir a X. Y terribles. Sabía perfectamente que el vicario no se aparece en tu centro un domingo solo para hacerte sugerencias sobre qué meditar en los largos y vacíos tiempos del retiro mensual. Me sentía fatal porque me creía a pie juntillas la estupidez esa de que la voluntad de Dios te llega por medio de un “por favor” salido de la boca de los directores.

Me imagino a Pilar Urbano convocada por lo menos a la sede de su delegación (pudo ser a la Asesoría Regional o incluso a Villa Sachetti). Un vicario acompañado un sacerdote secretario y de una directora del más alto rango le entregan un sobre que llegó de Roma. Pilar lo abre delante de los directores. Lee con atención el aviso protocolizado que encabeza un pequeño altero de documentos. En el aviso se le pide que “considere” dar una respuesta a lo publicado en Opuslibros. Atrás del aviso hay tres documentos adjuntos: el escrito de Markus Tank, el memorándum que ya conocemos y un guión que puede usar, si lo ve conveniente. (Yo sospecho que del guión sacó los nombres de los cardenales que supuestamente querían la ordenación de Escrivá). ¿Podía negarse Pilar Urbano? Pues sí, restándole autoridad divina a los directores y consecuentemente pisando sobre las huellas que dejó Raymundo Pániker en su camino hacia fuera de la cosa, según nos cuenta Gervasio.

Una consideración sobre Álvaro Del Portillo. Estaba donde estaba, entre otras cosas, porque sabía leer hasta las más sutiles insinuaciones de Sanjosemaría. Le leía los gestos y la mirada. Tenían casi telepatía. Muy probablemente Sanjosemaría solo le insinuó levemente a del Portillo que ponga en marcha la búsqueda de la mitra, sin jamás ordenarlo formalmente. Luego, cuando todo le salió mal, pudo negar hipócritamente, como mi ex vicario, que haya tenido tal intención. ¿Y sí le hubiera salido bien? Pues nada, seguramente habría tenido otra “visión” insuflada por Dios en la que le mandaba ser obispo y ahí servirle como él quiere ser servido. Seguir los designios de Dios contra su voluntad hubiera sido una muestra más de su enorme y heroica humildad y obediencia. Ya había hecho algo así antes, cuando fundó la sección de mujeres de la cosa y funcionó. Deus ex Machina puro y duro.

Finalmente. Eso de que “en la cosa el mandato más fuerte es un por favor” es un pufo más del santo. En la cosa a veces se manda terminantemente y a gritos, pero no es nada fácil presenciarlo porque eso solo se hace con los que se ven bien dentro y seguros a la vez que renuentes a obedecer a los mandatos vía el por favor. Por lo mismo que los mandatos terminantes se dan solo a los que están muy dentro, lo que se manda así no son cosas banales. Según contaban los viejos, Sanjosemaría le recetó gritando a Don Ignacio Orbegozo un: “¡a Yauyos de obispo o a casa de tus padres de cura!”. Ya antes también le había mandado a gritos que se ordenara presbítero, cosa que tampoco quería. Del vicario que hablé antes sé de primera mano que alguna vez ordenó a gritos al secretario de su delegación: “¡firma esos papeles ya!”, y la firma consumaba un fraude. Pero de eso hablaremos luego. Como les decía, los directores no le hablan así a cualquiera. Estimado lector, estimada lectora, si eres numerario o numeraria y los directores te han mandado así alguna vez, te felicito. Quiere decir que te consideran absolutamente “entregado”. Te puedes sentir honrado de que los directores sienten la libertad de quitarse la máscara del por favor contigo. Ni a mí ni a Pablo nos gritaron: “a X o a casa de tus padres”, lo que quiere decir que nunca vieron totalmente enjaulados nuestros espíritus. Por eso pude escapar. Me quedó siempre un pelín de libertad interior, de espíritu crítico.

Ojalá que Pablo escape pronto. Ojalá que todos los que leen esto dentro de la cosa también, incluida Pilar Urbano para que luego nos cuente los detalles de cuando le ordenaron, si veía conveniente, contestarle a Markus Tank.

Tornalila (es pseudónimo)




Publicado el Miércoles, 16 abril 2014



 
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