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 Tus escritos: Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades…- Lizzy Babieca

070. Costumbres y Praxis
lizzy :

Santificación del trabajo, filiación divina y fines del Opus Dei: "poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas".

Santificar el trabajo, así como te lo explican, es hacer las cosas bien y por amor a "dios", para servir a mis hermanos los hombres. Para desarrollar los dones que me fueran dados, y de paso, contribuir al bienestar de todos. Realmente, algo muy bonito. Y si le ponemos el ofrecimiento interior, la intención con que hacemos todo, pues que no hay amor más grande que nuestro amor. En teoría...



En la práctica, pasa que se nos mide allí dentro también en términos del éxito económico que podamos alcanzar -al que pedía ser rico no le perdonaremos que no lo sea-, por lo que en determinado momento, santificar el trabajo tiene que ver con llegar al poder, con obtener status. Así, el brillo del éxito se confunde rápidamente con el áurea de santidad, y mientras más poder alcanzas, más santo pareces.

Ahora, no es exclusividad del Opus Dei esto de perseguir el éxito económico o tener afán de poder. La actual e ¿imparable? bola de nieve partió con los primeros capitalistas, allá por el siglo ante-ante pasado, y es lo que nos tiene estudiando post grados, empleándonos, armando empresas y comprando casas y cosas que no necesitamos. El centro comercial es la nueva catedral, y las redes sociales, los actuales cabildos. Nadie es capaz de salirse de esto, por el momento, más que unos cuantos hippies. De modo que Opus Dei responde bien a esta necesidad del siglo, que tú también puedes ser santo en la post-moderna sociedad del consumo, y mejor si te enriqueces mucho.

Mi problema con este pilar fundacional del Opus Dei, la santificación del trabajo, es que en la práctica el aspecto más espiritual e inmaterial de ésta (intención-medio-fin, dónde se ubica principalmente su carácter de cosa buena o santa), está supeditado a la obtención del poder. No importa mucho el cómo, el para qué, lo que importa es tener para exhibir: que la mitra, el marquesado, un doctorado; ser jefe de bancada, candidato a la presidencia, rector de universidad; CEO, gerente, director. O también celebridad palangánica. Que así hacemos que el "señor" se luzca. Poder por poder. Porque ha triunfado, conmigo, Cristo. Por aquello de que somos superiores e hijos preciosísimos, que hasta cago oro. Ya. Y nos quedamos en la celebración del poder y en la repartición del botín. A eso se reduce, en la práctica, la santificación del trabajo, porque no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin: obtener poder.

Lo cual está bien. Por supuesto, buscar poder para que las ideas e iniciativas mías que considero buenas no es algo malo. Quiero poder para hacer algo concreto con ese poder. En el caso del Opus Dei el sentido de filiación divina y la santificación del trabajo, es el camino propio para poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas, a través del trabajo santo de sus hijos. Okey, bien en los medios y en los fines. El tema es que no se explicita allí que "poner en la cumbre" se trata solo del aspecto material del término, lamentablemente. No existe adentro ninguna forma de medir ni celebrar el aspecto no material de la santificación del trabajo, lo que no se ve. Dinero y puestos de poder es lo que se celebra, en detrimento de lo demás. Por eso pasan cosas tristes a personas que, siendo muy santas, nadie reverencia, nadie sonríe de manera especial, ni nadie les hace saltarse las colas para confesarse con el sacerdote de casa. Sin éxito económico, o de estatus, tu santidad pasa desapercibida y hasta puedes recibir malos tratos. Así de simple. Y así de grave.

Aquello tiene que ver con los fines de la obra, que son de poder temporal y material. Sin embargo, esto no queda claro de buenas a primeras, porque el fin "poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas", es estratégicamente ambiguo, esto es, que apela a ideas trascendentes sin entrar a explicar el detalle de su praxis. Por eso uno se confunde de institución cuando pita, pues al Opus Dei le interesa que no tengamos claridad. No es que sean mala gente y no te quieran contar, es que se trata de una estrategia institucional, como las que se usan en política o en marketing. Como cuando una marca te dice que "queremos lo mejor para usted", y sin entrar en detalles, te deja imaginar lo que más te acomode. Tú llenas los vacios. Por eso nos parece que el fin del Opus Dei es espiritual de primera, porque se trata de "poner a Cristo". No queda claro sino después, a través de las prácticas de reverencia y celebración del poder, que el fin es "(estar) en la cumbre de todas las actividades humanas". Que lleves o no a Cristo en el corazón, pues que eso ya es harina de otro costal.

La harina de ese otro costal, es la utilización del sentido de filiación divina. Aquella conciencia de ser hijo de "dios", miembro de la realeza del universo todo, príncipe sobre la tierra. Sentir y conciencia que te hace un privilegiado y un agradecido. Es que no tienes sangre en las venas, sino fuego. El mismo fuego de Cristo. Entonces te apuntas, obedeces lo que te indican, y ya que ni pensar tienes, que solo aplicas los maravillosos criterios. Y te explican que tu gran sentido de filiación divina, pronto te engendrará un precioso complejo de superioridad, que es también una gran responsabilidad con tus hermanos, los pobrecitos hombres a quienes no les ha sido conferida la vocación al Opus Dei, o tan siquiera la fe. La trampa de la filiación divina -el ser hijo de Dios y que Dios sea mi padre- es que esta realidad no me distingue de nadie. Todos los seres humanos somos hijos de Dios, por decirlo de alguna manera. Y no solo la filiación divina no me distingue de nadie, sino que tampoco me confiere algún poder especial, por lo menos de ninguno que no esté al alcance, también, de los chorromiles de giles que conmigo comparten el espacio tiempo actual. Por lo tanto, ¿para qué sirve ser hijo de "dios", en contexto Opus Dei?, pues para ennoblecer el fin de llegar a la cumbre, para evitar los cuestionamientos. Si esto no lo busco por mí, sino por ÉL, a quien estoy unido por millones de hilos invisibles de amorsh.

Yo lo creería entero, lo de arriba, lo de abajo y lo del medio, si lo pudiera ver, en la práctica. Que no lo veo. Que en la práctica es dónde se aterriza el discurso y se ve de qué se trata lo que nos están diciendo. Allí, en el contexto, es donde adquieren significado las palabras. Que no significa lo mismo "ser inmortal" en contexto cristiano que en contexto hindú. En el Opus Dei tenemos un discurso más o menos bello y una práctica que no le hace juego. ¿Qué pasa? Pues que hay debajo una cultura institucional no escrita -o escrita y secreta- que determina la praxis. Que se fue configurando en base a la voluntad del fundador y que validó Álvaro, el primer incondicional. Todo parte, con una estrategia de comunicación ambigua para captar; luego, la entrega de los verdaderos deberes, y ya más tarde, el control de nuestros desempeños y logros a través de la charla fraterna. Se trata de ser santo y hacer el Opus Dei: es decir, se trata de convertirte en el mejor instrumento para cumplir los fines del Opus Dei ("poner a Cristo en la cumbre"), y por el camino que nuestro padre nos dejó: la santificación del trabajo y el sentido de filiación divina. Cómo se viven estas cosas, es lo que hace la tremenda diferencia entre las visiones de los que aplauden el Opus Dei, y los que movemos la cabeza de lado a lado.

¿Cómo podrían corregirse estos males al interior del Opus Dei? ¿O son fundacionales, constitutivos, intratables? ¿Malos de la raíz, que hay que puro pasar la cuchilla, resetear y tirar la cadena? Es lo más fácil, pero no necesariamente sacaré provecho de la experiencia si simplemente doy vuelta la página. ¿Cómo se podría re-dirigir la práctica hacia modelos más sanos para las personas y menos cuestionables éticamente? Veré si se me ocurre alguna idea y les cuento.

Lizzy Babieca




Publicado el Miércoles, 03 septiembre 2014



 
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