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 Tus escritos: No existe el discernimiento vocacional. Agradecimiento a EBE.- Heraldo

060. Libertad, coacción, control
Heraldo :

Quiero agradecer a EBE la lucidez con la que explica los “Abusos contra el alma” que perpetra el Opus Dei desde hace tantas décadas -pronto será un siglo- bajo el amparo de una autoridad eclesiástica que cumple con tibieza y complicidad su labor pastoral. Debo reconocer que no todas las colaboraciones de EBE han sido de mi completo agrado; pero en ésta me ha dejado boquiabierto el rigor con el que conduce su atención para delinear con precisión un tema tan profundo. Yo diría que lo único que tiene de mala es el título, que me parece demasiado modesto para una averiguación de tanto calado. Mi sugerencia es que profundice en el tema y lo desarrolle con mayor amplitud, pues es muy necesario que todos, comenzando por los pastores de la Iglesia y continuando por los fieles católicos -especialmente aquellos que desean o han deseado entregar su vida a Dios- distingamos la donación y la entrega de la violación y el sometimiento engañoso y destructivo.

Es muy claro para quienes estuvimos muchos años en la Obra, sobre todo para quienes ocupamos cargos de gobierno durante décadas, que la Obra sacrifica a las personas por la institución, violándolas y sometiéndolas, y no facilitándoles su propia donación y entrega. Una de las pruebas más palmarias de esta realidad es que en la Obra no existe lo que suele llamarse, en otras organizaciones religiosas, el “discernimiento vocacional”. Al pitar una persona, lo que menos le importa es desgraciarle la vida de cara a su futuro, próximo o remoto. Lo único que importa es servirse de esa persona, exprimirla lo más posible en provecho de la institución Opus Dei, entre más años mejor. Si después no persevera y ello trajera como consecuencia los más grandes sufrimientos y aún la pérdida de la fe, será su culpa y al menos habrá servido un tiempo a una causa buena. El discernimiento vocacional sólo existe en función de la Obra; el interesado, su felicidad como persona y como cristiano, no importa en absoluto. Así lo ejercí yo mismo durante tantos años que me dediqué a la labor de San Rafael. Esa es la razón por la que el interesado, desde el momento en que escribe su carta pidiendo la admisión, ha de ver su vocación como un asunto cerrado, irrevocable, consumado, que no está sujeto a ninguna revisión. “Dios no se equivoca ni se arrepiente de sus decisiones”, dicen, para cancelar toda posibilidad de discernimiento consciente y libre por parte de recién llegado. Y no sólo eso. Toda la “formación” va dirigida desde el primer momento a mirar sólo hacia delante, considerando todo discernimiento como tentación diabólica y pecado.

Al cabo de los años viene esa actitud fría y burocrática de esos directores –y aún consiliarios- que simplemente pasan a otra cosa después de hablar de las “defecciones” de personas que llevaban décadas entregando generosamente sus vidas, sin por supuesto tener ese engendro de vocación llamado “vocación de numerario”, y sin ver para nada el daño infringido.

Mucho hemos sufrido quienes hemos dejado el Opus Dei después de décadas. Demasiado olvido e indiferencia. Sobre todo mucha perplejidad y desconcierto existencial, más para quienes más en serio nos tomamos la “entrega”. Pero quienes verdaderamente me producen la más profunda compasión son quienes permanecen como numerarios. Hace unas semanas tuve ocasión de asistir a la bendición de un local comercial presidida por un sacerdote numerario. Hacía años que no coincidíamos. Lo vi envejecido, como seguramente me vio también él a mí. Pero era claro en su rostro el asomo de soledad y tristeza, que trataba de compensar aprovechando su posición sacerdotal dándose alguna importancia. Es de esos sacerdotes numerarios que no simpatizan a los directores; que son enviados a las labores que menos importan, en los extremos más alejados, como peones destinados a una ignorada muerte prematura.

Gracias EBE, de todo corazón, por tu escrito.

Heraldo




Publicado el Lunes, 15 septiembre 2014



 
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