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 Libros silenciados: Excardinación de la prelatura Opus Dei.- Rampsall

020. Irse de la Obra
Rampsall :

EXCARDINACIÓN DE LA PRELATURA OPUS DEI

Rampsall, 24/10/2014

           

¿Son muchos los sacerdotes que abandonan el Opus Dei? He aquí un tema interesante que ha sido poco tratado en los aspectos no estadísticos (cf. Ottokar, “Sobre el número de sacerdotes que abandonan la Prelatura”). Al escribir estas líneas no es mi propósito animar a los clérigos del Opus Dei a abandonar la institución en la que están incardinados, ahora llamada prelatura, ni tampoco concienciarles sobre el valor eclesial de su sacerdocio con independencia de su relación con el Opus Dei. Lo que me ha movido a escribir es ofrecer una modesta orientación para aquellos sacerdotes que estén pensado en su posible salida de la Obra pero no saben cómo hacerlo, mostrándoles un camino abierto y fructífero. Evidentemente, las ideas que aquí expongo no son aplicables a otras instituciones eclesiales, porque no trato de la excardinación en general, sino de la excardinación de la Prelatura, debido a las peculiares características de esta organización...



            Es bien sabido que en el Opus Dei no suele existir una verdadera vocación sacerdotal en sus miembros sacerdotes, por la sencilla razón de que presentándose la vocación a la Obra como algo laical, es prácticamente imposible que una persona con tendencia al sacerdocio se oriente al Opus Dei y se le permita ingresar en esta organización. Esto no ocurre con la vocación, por ejemplo, de jesuita. El que desea ser jesuita es porque ama el sacerdocio, las ciencias sagradas y la vida en común; por tanto, sabe lo que se va a encontrar. Los numerarios se hacen sacerdotes en la Obra porque son designados por los superiores mediante criterios de fidelidad a la organización y de una cierta compatibilidad de personalidad. Por parte de los interesados se da un consentimiento a esa llamada de los superiores que habitualmente no es consecuencia de una inclinación por el sacerdocio, sino del adoctrinamiento que proporciona la institución, que tiene como fundamento el que la voluntad de Dios viene por los superiores y que es de “buen espíritu” hacer caso a estas sugerencias. En el Opus Dei se entiende el sacerdocio como un modo peculiar de servir en la Obra, como un “accidente” de la vocación de numerario. Se puede observar la debilidad de este planteamiento si se considera la entidad de la vocación y consagración sacerdotal en la Iglesia. Por lo tanto, generalmente, el sacerdocio de los miembros de la Obra no es vocacional y suele carecer de sentido al margen de esta organización.

 

            En tales circunstancias, ¿qué pasa cuando un sacerdote numerario discrepa profundamente con la pastoral del Opus Dei? Esto no es difícil que ocurra en sacerdotes que actúen en conciencia, habida cuenta de los procedimientos anticanónicos, interesados y poco rectos de la institución. Los sacerdotes, que conocen la realidad interior de las personas de la Obra, perciben las graves injusticias y engaños que la organización infiere a sus miembros, las faltas de humanidad con ellos y la nula capacidad de rectificación por parte de la estructura de gobierno. Poco a poco se van despertando y son progresivamente marginados de los puestos de responsabilidad. Esta es la situación de la inmensa mayoría de los sacerdotes maduros que han actuado de acuerdo con su conciencia. Muchos de ellos deciden dedicarse, en tanto en cuanto los superiores se lo permiten, a tareas personales de atención a las almas, a sus montajes particulares, estudios y aficiones. La convivencia con la institución en estos casos es la de soportarse mutuamente. Bastantes de estos sacerdotes desencantados caen en depresiones y permanecen con un horizonte cerrado y poco ilusionante. Algunos de ellos, como se ha visto recientemente en tres casos, lo pasan tan mal que llegan al suicidio. Antonio Petit, que tenía una salud delicada debido a un trasplante de órgano, murió a causa de la persecución ocasionada por la Prelatura cuando ya habían decidido recibirlo en la diócesis de Barcelona.

 

            Pero aquellos sacerdotes que desean corregir los procedimientos institucionales o que han sido objeto de graves injusticias por parte de la organización por su rectitud de conciencia, que han descubierto ese lado oscuro y real de la misma, que no se callan, y que no han permitido ser anulados por una medicación psiquiátrica, son objeto de un mobbing para que decidan “voluntariamente” abandonar la institución. Algunas de las tácticas de mobbing que emplean es no darles ningún trabajo ministerial, ponerles penas canónicas orales sin motivo y cosas por el estilo.

 

            El justo desencanto de tales sacerdotes suele conllevar una crisis vocacional y existencial de gran envergadura al comprobar cómo les trata la familia a la que han entregado por completo su vida. No es difícil que sufran desajustes emocionales y que cometan torpezas. A los superiores les encanta que tengan líos de faldas, pues ya tienen una excusa para dejarlos mal y apropiarse la razón cuando les toque secularizarlos. Los tienen agarrados por lo más sensible. En esta situación, por el adoctrinamiento recibido que les lleva a abrir incautamente su interioridad con los que gobiernan, ellos mismos se entregan al enemigo. Así pues, es recomendable que si alguno mete la pata no diga nada a los superiores y trate el asunto con algún sacerdote de fuera de la Obra. En tales circunstancias, el interesado puede ser su peor verdugo al recriminar exageradamente su mala conducta y su culpabilidad, llegando a pensar, muchas veces equivocadamente, que lo suyo no es el sacerdocio sino la vida familiar. Los pecados de sexo entre adultos no son los pecados más graves, ni por sí mismos dan la razón a la institución; ahora bien, suelen desviar la atención de lo más importante: los abusos que comete el Opus Dei contra las personas contraviniendo las normas canónicas más elementales.

 

            En fin, llegado a esa situación de crisis existencial, se entra en una dinámica terrible en la que el sacerdote se encuentra solo y desorientado a la hora de reaccionar, frente a una institución fría, calculadora, con mucha experiencia en casos similares y con protocolos de actuación previstos. Al Opus Dei no le interesa de ninguna manera, por cuestión de imagen y para que no se difunda la verdad en el ámbito clerical, que un sacerdote numerario permanezca siendo sacerdote fuera de la Obra, por lo que no pone ningún medio para salvar su vocación sacerdotal, que objetivamente es eclesial e independiente de la vocación al Opus Dei. Es más, pone de su parte para que abandone el sacerdocio.

 

            Enseguida trataré acerca de cómo incardinarse en una diócesis, pero ahora deseo dar un consejo a aquellos que puedan encontrarse en una situación como la que describo o similar.

 

            Como ya he dicho, lo peor en estos casos es encontrarse solo y en manos del Opus Dei. Por lo tanto, es fundamental privar a los superiores de cualquier información del estado de la propia conciencia, de lo que se piensa hacer, de lo que se siente, etc. La relación tiene que ser puramente profesional y de fuero externo. A la vez, hay que buscar orientación y ayuda fuera. Recomiendo contactar a través de esta web con algún sacerdote que haya sido de la prelatura, buscar asesoramiento espiritual y sacramental con un sacerdote formado y que no tenga relación con la Obra. Si es oportuno, se debe comunicar a alguien de la familia natural la situación personal para buscar apoyo, aunque no se esté habituado a contar cosas interiores a la familia, siempre que no pertenezcan a la organización o asegurando que no comentarán nada.

 

            Sí, lo peor es estar solo y deprimido o afectado psicológicamente. Si hay afectación psicológica, en ningún caso es aconsejable acudir a un médico de la Obra. En esto también se debe buscar ayuda independiente. Con la institución, con los vicarios, hay que actuar como ellos lo hacen: con buenas formas, de modo político, pero con la cabeza muy fría; buscando el propio interés. No es aconsejable enfrentarse abiertamente. En los niveles superiores, ellos actúan como si fueran dueños de los numerarios, y más aún de los sacerdotes, con la mentalidad de ordeno y mando (véase el caso de Antonio Petit y otros). En las instituciones eclesiales más exigentes existe un respeto exquisito por las decisiones de conciencia de sus miembros, especialmente en cuestiones vocacionales, cosa que en el Opus Dei no ocurre; respetan que sus miembros cambien de orientación existencial, guardando cariño y trato con aquellos que deciden otro camino. Muchos religiosos admiten como profesores en sus colegios a antiguos compañeros de la orden y los prefieren por la formación y connaturalidad que tienen con ellos. En el Opus Dei se consideran desertores y traidores a los que se van, en especial a los críticos, y habitualmente se los desprestigia y calumnia a sus espaldas.

 

            Entonces, volviendo a la pregunta inicial, ¿hay muchos sacerdotes que se van del Opus Dei? Sí, hay muchos, y si el Opus Dei sigue igual, con el tiempo aumentará la proporción. La mayoría se secularizan por falta de vocación sacerdotal y de ayuda. Pero hay un nutrido grupo que están incardinados en diversas diócesis. También hay que señalar que son muchísimos más los sacerdotes que no se han ido pero que es como si no estuvieran porque no comparten los métodos pastorales de la Obra.

 

Dar el paso

 

La tradición de la Iglesia apoya el derecho de los clérigos y de los religiosos a cambiar de diócesis o de familia religiosa por motivos personales razonables. Por lo tanto, que un sacerdote deje la Prelatura es algo normal desde el punto de vista eclesial. Pero este paso se torna difícil para un numerario o agregado por muchas razones, entre las que no hay que desdeñar la peculiar mentalidad de ver esta decisión como un fracaso. No se trata de un fracaso existencial sino de un cambio de orientación por motivos justos, que en nada desdice de la fidelidad a Dios o que puede realizarse precisamente en aras de esa fidelidad.

 

            ¿Qué otras dificultades se le pueden presentar? Ante todo, que se trata de un cambio hacia un mundo -el diocesano- generalmente desconocido para el interesado, ya que no está habituado a la pastoral ordinaria de la Iglesia; no sabe cómo va a ser recibido, ni dónde y con qué va a vivir; carece de relaciones con el clero y los obispos, por lo que ignora cómo respira cada obispo y a quién dirigirse; tampoco sabe los pasos a dar. En fin, es como lanzarse a lo desconocido y con el lastre de no tener curriculum eclesial, ni encontrarse en óptimas condiciones psicológicas y físicas por el mobbing y demás sufrimientos padecidos. Todos los sacerdotes seculares reciben nombramientos por escrito desde el primer momento de su ordenación. El curriculum no sólo es de estudios, sino de trabajos desempeñados. Y en este aspecto los sacerdotes numerarios poco pueden aportar, es como si no hubieran vivido; es lo mismo que ocurre con su vida laboral y cotizaciones a la Seguridad Social. Todas estas cuestiones no deben inquietar, las diócesis aportan un lugar de residencia y un sueldo modesto a sus sacerdotes. La experiencia de sacerdotes numerarios incardinados en diócesis es positiva, alguno se ha ido de la Obra con 65 años y está de rector de un seminario.

 

            Para concretar un poco, yo consideraría dos situaciones de los que desean salir de la Prelatura: los que se van contra la voluntad de los directores y aquellos que a los directores les interesa que se vayan. Esta distinción es fundamental porque en el segundo caso ellos suelen colaborar en la incardinación hablando con el obispo receptor, si es que el interesado quiere seguir con el sacerdocio, o bien le facilitarán la secularización en caso de abandono del sacerdocio.

 

            Los que han descubierto los procedimientos anticanónicos de la institución, o los que han cometido el peor pecado posible, que es el de ir contra la unidad -según es entendida por la institución-, son generalmente objeto de mobbing y candidatos a irse con puente de plata. También los que han perdido la fe en el fundador por parecerles un embaucador.

 

            Los demás, aquellos que no les interesa que se vayan, los que abandonan por causas personales, porque se quieren casar, por agotamiento psicológico, etc., pueden tener bastantes dificultades, especialmente los que quieren seguir con el sacerdocio. Es fácil que les calumnien ante el obispo receptor. Los que se van a secularizar pueden encontrar trabas cuando no es una salida “dialogada”. Cuentan de dos vicarios regionales que se fueron sin decir nada y que la Prelatura no les hizo las gestiones de secularización. Uno de ellos tuvo que casarse por lo civil; el otro, acudir a un amigo obispo para que le gestionara la dispensa del celibato. Uno de esos consiliarios, después de estar casado por lo civil muchos años, tras separarse, volvió a la Obra como sacerdote numerario seguramente porque no lo habían secularizado, ni tampoco consideraron la pena canónica de suspensión por atentar matrimonio civil. Saltarse las normas canónicas no es un problema para la prelatura.

 

            Búsqueda de un obispo receptor, también llamado benévolo

 

            Para encontrar un obispo dispuesto a incardinar hay que conocer a los obispos personalmente y tener relaciones que avalen al sacerdote para que puedan confiar en él. Es lógico que los obispos no se fíen de un desconocido que se les acerca. Para la incardinación de los sacerdotes del Opus Dei los obispos siguen los mismos criterios que con los religiosos: estar al menos un año trabajando en la diócesis a modo de prueba y discernimiento por ambas partes. No obstante, para incardinarse lo importante es que quiera el obispo benévolo. Éste puede hacerlo inmediatamente y contra el deseo de la prelatura, aunque no suela ser lo normal por aquello de guardar las apariencias y buenas relaciones.

 

            Como consecuencia, vuelvo a afirmar la importancia de acudir a algún sacerdote que se haya ido de la Obra o a algún sacerdote diocesano que tenga influencia con un obispo, para recibir consejo. Estos sacerdotes saben cómo piensan determinados obispos y en quién se puede confiar para esta gestión. Además, es fundamental plantearse dónde conviene que el sacerdote se incardine por razones personales de ambientación y apoyo en estos casos tan traumáticos. Muchas veces debe elegirse el lugar de origen, donde vive su familia, o bien un lugar donde se pueda encontrar arropado. Si eso no es posible, puede intentarse una diócesis provisional, porque es más fácil pasar de una diócesis a otra que de la prelatura a una diócesis.

 

            Todas estas cuestiones hay que tenerlas solucionadas antes de irse, previniendo al obispo receptor de la posibilidad de que los vicarios de la Obra calumnien al interesado y maniobren para impedirlo. Como cada caso es distinto, es imprescindible buscar el consejo de quien tiene la experiencia por haber pasado por esa situación y conocer bien el Opus Dei.

 

            Cuando el sacerdote actúa solo y por su cuenta, acudiendo al primer obispo que se le ocurre, lo más probable es que ese obispo se ponga inmediatamente en contacto con la Prelatura para informarles y saber qué pasa y qué debe hacer, desentendiéndose de la petición o problemática personal de ese sacerdote. Es lo lógico porque se rigen por relaciones institucionales. Existen obispos verdaderamente benévolos, pero las cosas hay que hacerlas bien. Cuando un sacerdote numerario comienza el trato con obispos y es conocido por ellos, simplemente por motivos de imagen la Prelatura se anda con más cuidado a la hora de machacarle y ensañarse con él, cosa que se podía permitir en otras circunstancias.

 

            Los vicarios de la Prelatura intentarán que su sacerdote se incardine en una diócesis en la que el obispo sea de su confianza, buscándole un oficio donde pueda estar controlado por sacerdotes de la Obra o de la Sociedad Sacerdotal de la santa Cruz (SSS+).

 

            Salida de la Prelatura

 

            Un sacerdote sigue perteneciendo a la Prelatura a todos los efectos hasta que es secularizado o hasta que sea incardinado en una diócesis. Esto no suelen tenerlo claro ni siquiera los vicarios delegados, o al menos no les resulta fácil reconocerlo. Es frecuente que digan que para salir de la Prelatura basta con pedir la dispensa de los compromisos asumidos en el contrato de simple numerario. Esto es falso en el caso de los sacerdotes. En el caso de los laicos, también es falso que se necesite una dispensa porque el contrato con la Prelatura, dadas las actuales circunstancias de dudosa pertenencia de los laicos y de engaño doloso contractual por parte de la Prelatura, el contrato de un laico sería nulo de raíz por fraudulento.

 

            Cuando un sacerdote numerario pasa a depender de una diócesis, sin estar todavía incardinado, debe obediencia al obispo de la diócesis.

 

            Ayuda económica

 

            El Opus Dei tiene estricta obligación de mantener económicamente a sus sacerdotes aunque ya no residan en sus centros. Suelen hacerlo mientras tienen obligación jurídica: durante el tiempo previo a la secularización, o mientras no reciba un sueldo en la diócesis receptora. No lo hacen por caridad, sino por obligación. Cuando el sacerdote numerario que se va de la Obra no percibía un sueldo en la Prelatura, lo que ocurre con los que se fueron antes de 2007 y, a partir de 2007, con aquellos que sobrepasaban los 50 años de edad, tienen que ponerle un sueldo para que viva. Realmente tienen también obligación moral de procurarle una vivienda con medios razonables, pero esto no suelen tenerlo en cuenta. Ellos dejan de pagar el sueldo en el momento de la secularización o cuando el sacerdote cobra de la diócesis. Lo suyo no es la generosidad, ni siquiera la piedad con aquellos que, después de entregar lo mejor de su vida y trabajar para ellos muchos años, salen de la Obra sin ahorros, sin vivienda, sin nada de nada y a veces enfermos, porque no siempre la familia del sacerdote está en condiciones de ayudarle. Todo esto conviene saberlo para exigir y denunciar si es necesario ante la Sede Apostólica y los medios de comunicación, algunos de los cuales comienzan a ser receptivos a tales injusticias.

 

            Derecho a la excardinación

 

            El derecho vigente favorece la postura del clérigo que desea excardinarse por “justas causas” y por “el bien del mismo clérigo”, “y no puede denegarse (la excardinación) a no ser que concurran causas graves” (cf. canon 270). Por lo tanto, si se dan estas circunstancias y existe una petición formal de las cartas de excardinación por parte del obispo benévolo, el obispo a quo, en este caso el Prelado, no debe negarse a concederlas. Estas consideraciones deben servir para interpretar los cánones 267 y 269 y todas las medidas de prudencia necesarias para salvaguardar el bien de la diócesis receptora y el adecuado sustento del clérigo. La incardinación no puede efectuarse sin las cartas de excardinación. Una vez recibidas esas cartas, el obispo receptor puede incardinar al clérigo inmediatamente o tras un periodo de prueba. La Prelatura ha de asegurarse de que la diócesis receptora puede sustentar adecuadamente al clérigo que se va a excardinar. Así pues, se puede hablar de un derecho de todo clérigo a excardinarse por justas causas.

 

            Es demostrativa al respecto la autoridad del Papa Urbano II (1088-1099) “Duesunt, inquit, leyes”. Este texto reconoce la libertad de cualquier clérigo para hacerse religioso e irse a un convento en contra de la voluntad de su obispo, incluido el Papa, porque tiene esa libertad en el Espíritu Santo. Para ello, Urbano II contrapone la “ley pública” a la “ley privada”, entendiendo por “ley pública” los cánones y constituciones eclesiásticas, incluidos los escritos de los Santos Padres; mientras que por “ley privada” entiende lo que el instinto del Espíritu Santo escribe en el corazón. Llega a la conclusión de que “dignioren im est lex privata quam publica” (es más digna la ley privada que la pública). Este Papa se muestra a favor de la libertad de conciencia en el camino espiritual personal. Y esto es lógico porque las instituciones no son dueñas de las personas y en la Iglesia prevalece la libertad de cada uno.

 

            Conclusión

 

            Todo clérigo de la Prelatura tiene derecho a marcharse del Opus Dei por razones personales justas. En esa gestión intervienen tres interlocutores: el interesado, la Prelatura y el obispo receptor. Lo prudente es contar con todos esos interlocutores. El sacerdote numerario que quiera irse debe tratar el asunto directamente con el vicario regional. Pero es aconsejable que previamente haya trazado un plan concreto adecuado a sus circunstancias y conseguido un obispo que esté dispuesto a recibirle. Esas actuaciones previas han de hacerse al margen de la Prelatura, debidamente asesorados y con suma discreción para no ser neutralizado por los superiores del Opus Dei.

 

Rampsall

 

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Publicado el Viernes, 24 octubre 2014



 
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