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 Tus escritos: Te basta la Gracia.- Lizzy Babieca

040. Después de marcharse
Lizzy :

Mi experiencia espiritual es siempre desde abajo hacia arriba, porque soy persona humana y no Dios. Sólo tengo como base para opinar lo que percibo y vivo. Y lo que entiendo es que la sola gracia no basta, que ésta nos chorrea y nosotros, muchas veces, maní. Hay que tener los receptores psicofísicos despejados. Se puede llegar por la alegría o por el dolor, o por una confinación de ambas. Por eso yo insisto en que hay que preocuparse del bienestar propio para que pueda uno manifestar alegría. Y permanecer en esa alegría, que es agradecimiento y esperanza, para que cuando el dolor llegue, éste también nos permita, sufriendo, seguir alegres. Todo esto lo aprendí luego del opus, porque te decretan lo de te basta mi gracia y que un hijo de Dios debe estar siempre alegre, pero no te enseñan en aquella escuela cómo se hace…



Mucho voluntarismo y decreto mágico, poca atención a las personas. Por eso fallan, porque te entregan las metas apelando a los más altos ideales humanos, que son los mismos que llevas en el corazón, pero te dejan solo en el camino de la vida, en plan "arréglatelas como puedas". Frente a la realidad de la vida humana, con días de 24 horas, horas de 60 minutos y minutos de 60 segundos, el opus carece de herramientas para acompañar, imagínate para dirigir. Y como no pueden, que institucionalmente no están preparados, te tiran el mentolatum del "te basta mi gracia" para todo.

Y no. Ser persona es complejo, todo un proyecto, mucho detalle, harta lectura de contexto y mucha atención cariñosa diaria. Como las familias. Mucho trabajo para la madre guapa, que quiere resultados más o menos a corto plazo, y si te demoras, si tienes algún estorbo interior tipo "me falta cariño" o "esto no lo entiendo", pues tu culpa chico, que estás mal, hazte ver. Y los pajarones dejan escapar los medios talentos, lo cual es bastante bueno para el talento en fuga, que si no, allá te quedas para ser exprimido como un limón hasta que ya no des más y te manden -a vegetar- a un centro de mayores. Del cual, por cierto, también te puedes escapar, que nunca es tarde para sentar cabeza. Que allí cachan de humanidad poco más que los gatos.

El otro día descubrí a Tagore. Fue así: el domingo, a eso de las 10, fui a comprar cosas ricas para el desayuno y ya de vuelta, oí desplazarse por el aire y dejarse caer suavemente sobre mí, las campanadas del convento que tengo cerca de mi casa. Llamaban a Misa. Tenía que alimentar a los míos así es que deje la invitación a esa cena pendiente. No quise hablar al respecto. Por este lado de la Mesa, la "doncella" -yo, por si acaso- guardaba silencio.

Temprano el lunes, me encuentro con esto:

Si no hablas, 

llenaré mi corazón de tu silencio 

y lo guardaré conmigo. 

Y esperaré quieto, 

como la noche en su desvelo estrellado, 

hundida pacientemente mi cabeza. 

Vendrá sin duda la mañana 

y se desvanecerá la sombra. 

Y tu voz se derramará 

por todo el cielo 

en arroyos de oro. 

Y tus palabras volarán 

cantando 

de cada uno de mis nidos. 

Y tus melodías estallarán en flores 

por mis profusas enramadas. 

 

Posiblemente, de no estar bien dispuesta en términos humanos -que lo estoy gracias a mi terapia aquí- estas palabritas me habrían dado lo mismo. "Ah, qué linda tu poesía" y chao.

Es decir, que para recibir las gracias -entiéndase por gracia lo que en cristiano se entiende por gracia, que aunque yo no lo soy (¡¿aún?!), me sirve igual-, hay que tener los receptores despejados.

Aquí me pongo latera. Porque voy a insistir con el tema de trabajar con las propias interferencias. Porque si hay interferencias, entonces hay que revisar mis partes, mi cabeza, mi corazón, mis relaciones con el resto. Empezar modestamente por ahí y sin pretensiones.

El opus nos enseñó a poner la carreta delante de los bueyes y es difícil deshacerse de ese discurso interno. Hay que rastrear en uno aquella polilla interior, abrir la ventana y dejar que se vaya. Aprender un lenguaje nuevo, para poder construir una realidad nueva también en nosotros.

De todas las experiencias que uno lee acá, puede concluir que la recuperación de los ideales en un lenguaje propio -cristiano o no- luego del opus cuesta, porque quedamos tan apestados que rechazamos de plano cualquier cosa medianamente parecida, y con ello se nos va un poco lo mejor de nosotros mismos. Que parece que se nos opaca la ilusión y se nos echa a perder la confianza. Puras cosas lamentables, como si el opus se esforzara en dejarnos inutilizados. Capaz que esa fuera la idea, que allí no más se podían hacer cosas buenas.

La ilusión de lo que queríamos hacer de nuestra vida no tiene por qué morir con el opus. Hay que hacer el esfuerzo de valorar lo bueno y hacer el aprendizaje de lo malo. Uno deja el opus, por malo, no hay para qué ponerle más inri al asunto dejando también allí la propia inocencia.

Lo amargo es amargo, y a la larga, resta.

Yo no le decreto a nadie la alegría. Estar alegre no se decide. Sin embargo, creo que sí se puede trabajar por ella. Casi todo lo que les he escrito últimadamente tiene que ver con eso. Pero para animarse a caminar por ese camino hay que tener poco miedo al ridículo, según yo, que soy tremendamente ridícula, y me sale fácil, que no tengo ni que entrenar. Solo me paro en medio del mundo, abro los ojos y ya soy muy ridículaaaaaaa-

lizzybabieca@gmail.com




Publicado el Viernes, 31 octubre 2014



 
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