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 Tus escritos: Nos robaron la vida.- Heraldo

050. Proselitismo, vocación
heraldo :

Querida Isabel:

A tu pregunta sobre si el símil del oro y la carne va en la misma línea de las palabras de D. Florencio (con esos que no perseverarán se hace la labor), te respondo que sí, que van en la misma línea. Sin embargo, el símil del oro y la carne expresa algo más específico. En ambos casos, se alude a quienes no perseveran en función de lo que contribuyen a la Obra. Ellos mismos no interesan. Todos contribuyen, pero más los más brillantes (el oro), tal vez porque sirven de anzuelo para otros.

No obstante, muchas veces escuché que las personas que sacan la Obra adelante son los “talento medio” (la carne), no los más brillantes. Los muy brillantes son también muy útiles, pero sólo por un tiempo o para algunas cosas, mientras que los talento medio son como los cimientos de una casa: no se ven, no lucen, pero son los que la sostiene. Como es claro, los talento medio son más dóciles y plantean menos problemas...



También me preguntas qué pensaba yo en aquel entonces:

1) no me daba cuenta del mal que se hacía a las personas (ten en cuenta que no volvíamos a saber de ellas);

2) pensaba que mientras se pertenece a la Obra, el sufrimiento era parte de la entrega o consecuencia de los pecados personales;

3) pensaba que quienes no perseveran eran enteramente culpables de su no perseverancia. Pensaba que la inmensa mayoría de quienes dejan la Obra, la dejan por egoísmos;

4) las palabras de D. Florencio fueron para mí una gran revelación. Antes me preocupaba el bajo índice de perseverancia. A partir de ese momento dejó de importarme.

Pensaba que quienes dejan la Obra lo hacen por egoísmos. Ahora veo las cosas de muy distinta manera. En primer lugar, pienso que muchos nos hicimos de la Obra sin una verdadera vocación, como consecuencia del feroz proselitismo que se practica. Después, perseveramos ahí muchos años porque no nos dejaron pensar otra cosa. Pero como no era lo nuestro (yo creo que no es de nadie), el absurdo modo de vida lleno de restricciones e hiper-normativizado fue erosionando nuestras energías vitales, tanto en el orden humano como en el orden espiritual. Esa desvitalización se traduce en desequilibrios psíquicos, en hartazgo y quizá en graves situaciones morales. Sólo unos cuantos muy inteligentes descubren con lucidez las incongruencias del sistema, aunque muchos las entrevén. La situación toca fondo y uno se platea dejar la Obra para poder sobrevivir.

Algunos se enamoran de una chica, pero no se van por una chica, sino con una chica. Uno puede estar muy mal en la Obra, pero uno no se va hasta que se enamora de alguien. Y es que no se deja algo por nada. Una amor humano es un gran catalizador de un proceso que ya estaba en marcha y tal vez muy avanzado.

Es bastante claro que la Obra es la culpable. Primero porque desarrolla un proselitismo feroz con personas que no saben lo que quieren (¡¡¡yo pite a los 14 años y 3 meses de edad!!!). Segundo porque no lleva a cabo ningún discernimiento vocacional ni permite que se lleve a cabo. Al recién pitado le sellan la conciencia para que considere su vocación como un dato intocable. Tercero, porque a partir del pitaje, los innumerables medios de formación y las innumerables normas de piedad le van echando a uno para adelante, sin tregua, en una carrera sin aliento. La nueva vocación es incorporada a una dinámica vertiginosa. Es como subirse a la montaña rusa: uno no puede pensar en bajarse mientras aquello se mueve. Y por si fuera poco, las muchas restricciones en las lecturas, la prohibición de abrir la conciencia con otros sacerdotes, o con los propios padres, la imposibilidad de comunicar la intimidad a otros miembros de la Obra, son como anteojeras de caballo. La dinámica de la Obra te absorbe como un torbellino y te mete en un túnel.

¿Existe dolo o malicia en el proceder de los directores de la Obra que hacen uso de seres humanos para el servicio de la Obra? Yo lo que observé es que conforme se sube de nivel en el gobierno de la Obra, la actitud es cada vez más despiadada. Los que llegan más alto suelen ser los más fanáticos. Y el fanatismo conlleva una ceguera que impide ver la maldad de todo este proceder. Muy por el contrario: putantes se obseqium prestare Deo (piensan que prestan un servicio a Dios).

Para mí el peor daño que se hace no es dejar a las personas sin seguridad social o llevarlos a la depresión. Para mí el principal daño es robarles la vida a tanta gente. Imponerles una vocación (de numerario o numeraria) y explotarlos hasta hacerlos reventar, para después declararlos traidores y proceder a olvidarlos, borrándolos de su historia. Una auténtica putada. Se impone la vocación porque les hacen falta numerarios y los vienen buscando desesperadamente, en un afán de éxito institucional.

He ahí el fondo del asunto. Porque por lo demás, nunca me maltrataron dentro de la Obra. Al contrario, me quisieron mucho y yo los quise mucho a ellos. A veces se cometen errores pero ese no es el fondo del asunto.

Recuerdo un caso que me parece emblemático. Un numerario que aguantó 15 años sin haberse sentido nunca seguro de su vocación. Jamás logró verse como numerario, y vivió sumergido en la duda todos esos años. Se le continuaba animando a seguir adelante, una y otra vez, porque era un chico limpio e inteligente, porque le hacía falta a la Obra. 15 años que no le dejaron hacer su vida, cuando era evidente que no perseveraría, que no tenía vocación. Es un caso real, con nombre y apellido. Otros muchos tampoco teníamos vocación, aunque hayamos creído que sí, pero ese caso ilustra de lo que es capaz la Obra para hacerse de fuerza de trabajo, de brazos que tiren del carro.

Heraldo




Publicado el Lunes, 06 abril 2015



 
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