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010. Testimonios
solidante :

Recuerdo el día aciago que entré en contacto con la cosa y lo que me ocurrió. Como tenía unos 15 ó 16 años, no podía darme cuenta de la maldad con la que se preparaban y gestionaban las tramas de captación. Ellos partían con la baza de ser algo aprobado por la Iglesia, por lo que "jurídicamente" no podía ser una secta. El caso es que un día, uno de los más infortunados de mi vida, me llamó por teléfono un antiguo compañero de mi colegio que había dejado éste años tiempo ha. Me sorprendió y me invitó a ir a un club...



Luego me invitó a ir a un retiro en el que -me recalcó-, no se hablaría para nada del infierno, como hacían hasta aquellos días todos los demás religiosos en sus ejercicios espirituales.

Hay que decir que en la España profunda de los 60s, el Opus pasaba por ser una organización religiosa avanzada, y ellos mismos se reían socarronamente de los demás curas, frailes, monjas y demás ralea eclesiástica. Yo no tenía apoyo de mi propia familia, de modo que la invitación fue recibida con sarcasmos, -una hermana me dijo que hiciera lo posible por bajar el precio de los huevos-, y si bien mi hermano mayor repudiaba profundamente el invento religioso, no supo o no quiso advertirme con palabras serias y respetuosas el grave peligro al que me exponía. Ahora debo hacer un inciso para recordar que aquellos compañeros con padres equilibrados tenían medios sicológicos y emocionales para defenderse de la embestida sectaria, y de hecho muchos de ellos se libraron del mal. He reflexionado sobre ello, y me he dado cuenta de que en temas de sectas y drogas, cómo importa la orientación recta y de respeto en un mismo plano de la familia.

Unos cinco años después de los hechos que cuento, ya había roto todo contacto con el Opus y mostraba una lógica rebeldía contra todos los valores de la tradición. Mi madre, católica acérrima de siempre, no pudo menos que decirme dos veces: hijo, qué daño te ha hecho el Opus Dei.

Retomo, fui para allá, y a los días, me citó para dar una vuelta Jorge M., hoy párroco -o por lo menos hasta hace poco- en Valencia, y el tío con toda frescura me hace una evaluación ideológica y de creencias. Las preguntas parecían muy previsibles, que qué pienso de que los curas se metan en política; que qué me parece el nacionalismo vasco, etc... esto en 196.. y pico. Hoy me doy cuenta que yo ya era un expediente y aquél un evaluador para dar una nota a los funcionarios internos y ver si podía valerles. El caso es que suspendí el examen, pero yo no podía entender esto y ojalá hubiera sido consciente del caso, y sentirme distinguido por el rechazo sectario, para poder huir corriendo de aquel lugar. Seguí yendo por el club, pero ni Jorge M. ni nadie me hacían rigurosamente caso. Se sabe que las vidas valen lo que puedan instrumentarse y si no, se tiran al vertedero. No obstante, hice lo que desde la perspectiva de los años posteriores me parece una hazaña notable. Llevé a todos mis amigos que frecuentaba a diario, unos cinco, al club. Esto no lo volví a ver hacerlo a nadie jamás en mis días de contacto con la secta, pero no sé si mejoró mi reputación interna, aunque el caso es que un tiempo después se me rehabilitó y debió considerárseme enrolable, o pitable. Mi situación era insostenible, pues por una parte, mi relación y consideración sociales caía en picado por mi relación con la cosa -siempre hemos confundido las víctimas con los victimarios-, pero por otra parte había sido gravemente injuriado dos veces.

Sin tener en cuenta la manipulación y mentira general en la que estaba/estábamos envueltos, la primera vez fue cuando en la visita al club señalada se insultó literalmente a uno de mis amigos, y otra cuando en una historia de navidad o algo así, se me ofreció un regalo con una tarjeta claramente insultante. Ya se sabe que estos señores utilizan las técnicas destructivas para hacerle notar a alguien que es persona non grata. Como yo tenía ideas propias, caían sobre mí los estereotipos, era un "inquietorro" como me dijo un día Enrique C., un personaje suspicaz que entiendo sigue siendo cura del Opus. He conocido después muchos testimonios de gente menospreciada y herida, tratada como trastos inservibles, intimándola a abandonar la secta. Una pariente lejana mía había trabajado en una empresa del Opus, a raíz de lo cual había visto tambalear gravemente su creencia religiosa, pues así era como estos señores iban provocando gravísimos escándalos contra la fe, por su actuación anticristiana. La última impresión, engarza con un pensamiento que siempre me ha asaltado y venido a mi mente, y creo haberlo dicho aquí alguna vez. Es la firme impresión de que estos señores, es decir los últimos responsables, verdaderamente no creen en nada, y menos que nada en Él.

Bueno, está bien por esta tarde serena de mayo, con una larga luz crepuscular, cuando me han vuelto recuerdos de hechos de un tiempo lejano, pero que no debían haber ocurrido nunca pues me produjo cambios de los que tal vez jamás pueda ser consciente y a la postre claramente negativos.

solidante




Publicado el Lunes, 18 mayo 2015



 
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