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 Tus escritos: Una vivencia más.- Hechece

010. Testimonios
Hechece :

Estimada Agustina

Llevo bastante tiempo escribiendo esta nota.

En principio estaba dirigida a apoyar lo que JAC afirma en su artículo de 1° de junio pasado: El dolor que siento respecto al OD es el de quien fue estafado en sus sentimientos. Algo así, como si me enterara de que mi esposa me engañaba desde el noviazgo, o que mi padre pervertía jovencitas en lugar de ser un apacible burócrata.

Al pasar de los días me empecé a preguntar si tenía sentido que la enviara. ¿Qué podría agregar cuando tan excelentes plumas se expresan? ¿Qué decir de nuevo cuando escriben libros y analizan cánones colaboradores muy calificados?

Finalmente, concluí en que igualmente iba a compartir estos recuerdos y pensamientos, aunque más no fuera para dar otro testimonio y, egoístamente, con la esperanza de que escribir tenga efecto terapéutico…



Decía que llegué a la misma conclusión de JAC: Lo que me pasa con el Opus Dei es que me engañó. Y, esa herida, a pesar de los años, se reabre cuando veo actuar a la institución como si nada tuviera que reprocharse. Al mismo tiempo, tengo un sentimiento contradictorio porque compartí en el Opus Dei momentos muy agradables. Conocí gente muy buena que forma parte de los mejores recuerdos de mi adolescencia y juventud.

El por qué pité lo entendí con los años. Quería ser parte de ese ambiente de personas simpáticas e inteligentes que tanto bien me hizo sentir en los cinco o seis años de prepitaje.

Cualquiera con un poco de mundo hubiera advertido que yo no era un buen candidato. Era un tipo tímido, inmaduro emocionalmente, que encontraba en el Opus Dei, más precisamente en la residencia de estudiantes, un lugar en el que me sentía muchísimo más a gusto que en la casa de mis padres. En la residencia conocí un ambiente elegante y de camaradería que me llenaba y amigos que no tenía en otros ámbitos. Claro que los "amigos" aquellos tenían tanto de verdaderos amigos como los mil que tengo en Facebook. Sin embargo no lo sabía en aquel entonces.

Duré poco. Me abrumaban los encargos, la formación y la facultad; pero, sobre todo, no encontrarme cómodo cuando se suponía que debía de estarlo. ¿Acaso la vocación "vista" por los directores no era de origen divino? Y, si es de origen divino: ¿Cómo no responder generosamente a ella? Si la vocación era de origen divino y yo no me sentía a gusto algo andaba mal.

Lamento no haberme enterado de que mi condición jurídica era provisoria, y que estaba en lo que se conoce en otras organizaciones como la etapa de discernimiento vocacional y no en la de decisiones definitivas.

Al paso de poco tiempo se fue resintiendo mi vida espiritual y académica. Me sentía hiper controlado y debía pedir permiso para todo. Lo que suponía que era ingresar a un club se transformó en algo muy diferente. La vida de "cristiano corriente" no existió nunca. Nada era corriente. Pero también sentía el orgullo de pertenecer a una elite. Pertenecía al grupo de los realmente buenos. Los otros, los católicos de segunda eran los que, al decir de uno, "tocaban la guitarrita en alguna parroquia".

Mi vida se convirtió en un gran lío, por mi culpa se podrá decir con razón. También por la culpa de quienes no tenían capacidad para ayudarme. Dejé de tener dirección espiritual y de ir por el Centro. Un 19 de marzo, previa reunión con el director del turno, dejé de pertenecer formalmente.

La sensación posterior fue de desamparo total.

El Centro y su gente eran mi referencia vital, donde estaban mis "amigos", mi lugar donde estudiar y ser feliz.

Todo eso acabó por completo.

Nadie más me llamó ni se interesó por mí.

Los que hasta el 19 de marzo montaban guardia durmiendo sin almohada se borraron.

Al mejor estilo soviético se eliminó mi pasaje por la institución, sin siquiera la gentileza de avisarme que retirara las pocas pertenencias que había dejado en el Centro.

El sacerdote, que tanto me había ayudado, también se esfumó.

Con el correr del tiempo nos los olvidé. Sentía que por mi culpa había perdido algo muy bueno.

Esperaba encontrarme con alguno de los antiguos camaradas en el ómnibus o en la iglesia. Paseaba cerca del Centro, lo miraba esperando que saliera alguno y se interesara por mi vida y por las muchas dificultades que tenía.

Defendía al Opus Dei en todos los ámbitos. Eran "gente buena que yo conocía" decía. Tuve una novia que criticaba la Obra por referencias de la interna eclesial pero siempre yo los defendía con demasiada firmeza.

Mirado con la perspectiva de los años, me doy perfectamente cuenta de que no servía para numerario, y que, desde el punto de vista de ellos, era lógico que no se preocuparan. Mas, desde el punto de vista humano fue una gran hijoputez dar la espalda y dejar a la intemperie a quien hasta un tiempo antes era un "hermano". Algo así como esas películas post apocalípticas en las que los criminales son condenados al destierro fuera de la protección de la metrópoli.

Pasados unos diez años tuve otra vez progresivo contacto con ellos.

Al principio hubo mucho entusiasmo, tanto de mi parte como del de mi esposa, pero, cuando ella los necesitó, no aparecieron. El cariño se transformó en dolor y decepción. Empezamos a darnos cuenta por fin de que las sonrisas y el cariño eran superficiales, sin encerrar sinceridad alguna. Habíamos confundido buena educación con cariño y amistad.

De todas las personas que frecuentamos una chica solamente se portó como verdadera amiga y es con ella con quien mantenemos amistad (también se dio de baja).

Con los años descubrí esta página. Descubrí que había otros como yo, y que no es reprobable señalar los defectos de la institución. Descubrí también que en la institución existen vicios estructurales que se manifiestan en prácticas de naturaleza sectaria. También me di cuenta de que había añorado la tranquilidad y las certezas de pertenecer a una secta con una cosmovisión en la que todo estaba previsto y controlado. Pero la madurez es, en realidad, estar en el mundo viviendo en libertad de cara a la incertidumbre.

Comprendí que una telaraña de mentiras envuelve las acciones de la organización y que yo las había creído y fomentado.

Como un rompecabezas las cosas fueron acomodándose y fui entendiendo y leyendo la realidad de la manera correcta; encontrando explicación a contradicciones que percibía y no entendía.

"Nos interesan todas las almas". Siempre que sean posibles candidatos. Lo experimenté por primera vez  cuando llevé a estudiar a un compañero de facultad. A los dos días uno de los "viejos", que seguramente operaba como filtro, me dijo que no lo llevara más. ¿Por qué? No sé. Pero seguro que su alma no importaba. No se trataba de apostado sino de proselitismo.

Las convivencias, jornadas de estudio, y todas las actividades no tenían un fin apostólico sino proselitista. Hice cosas propias de un militante sectario entablando diálogos en las paradas de ómnibus para llegar a invitar a alguien más a una charla "cultural" (siempre que fuera varón).

Los "desaparecidos". Quien me propuso el pitaje desapareció del Centro a los pocos días. Pregunté y me respondieron que "estaba enfermo en la casa de sus padres". Sin consultar, conseguí el número y llamé. No entendí en aquel entonces lo mal que me trató su madre. Nunca más supe de él. Nunca más se lo nombró. ¿Y la fraternidad? ¿Qué será de su vida?

"La pobreza". Llegué a creer en la teoría de la pobreza del Opus Dei. Al preguntar por qué no se auxiliaba a los pobres que acudían a la residencia se me dijo que no era "lo nuestro" o algo por el estilo. No recuerdo si se les decía que fueran a la vuelta a la entrada de la Administración a pedir ayuda. Tal vez sí.

"Las visitas a los pobres". Un mamarracho sensiblero que no tenía nada de genuina preocupación por los desamparados. Me dije muchas veces que si hubiera estado en el lugar del pobre de turno hubiera rechazado por hipócritas esas visitas.

Con el tiempo te das cuenta de que las "casualidades" no son tales.

Que no es casualidad que Fulano haya conseguido trabajo en lo de Perengano.

Que la manida excelencia académica de los centros de estudio (escuelas, colegio o universidad) es un cuento. Cualquiera puede ser profesor si es un numerario o supernumerario que la dirección considera que debe ser ayudado, o, no siéndolo, se considera "interesante" al candidato.

Que la sociedad de ayuda mutua funciona a la perfección. Así, el hijo de Fulano que dirige X obra corporativa consigue trabajo en el bufete de Perengano, aunque sea un mediocre, y la empresa del hermano de Fulano consigue contratos en instituciones afines (siendo un tenebroso profesional).

"Libertad y confianza". En esta página pude leer sobre los documentos internos. Al respecto una anécdota. Puedo decir que tengo el raro privilegio de haber leído uno de esos libros allá por el año 80 y pico. Apareció sobre una mesa un libro bastante gordo, de tapa en tono naranja y hojas muy blancas. Me puse a hojearlo. Grande la sorpresa cuando vi que daba instrucciones sobre las puertas de comunicación con la administración y otros detalles que ahora no recuerdo. Ya en aquel entonces leía muy rápido así que devoré el libro hasta que un director con elegancia me lo requisó.

Detrás de cada puerta existe una sorpresa. Te vas enterando de las cosas de a poquito a medida que te inicias. Recuerdo que el director, al día siguiente de pitar, me impuso de las disciplinas, cilicio y varias cosas más. ¿Por qué no lo dijeron antes? ¿Por qué no dicen que al pitar se inicia un camino que el tiempo va a decir si es el correcto y que puede ser abandonado sin perjuicio?

Las "cartas al Padre". Una vergüenza que se le tome el pelo a la gente diciéndole que el señor que está en Roma leerá tus cartas. Yo lo creí. Cartas escritas, además, con estilográfica, instrumento que en mi época estaba casi en desuso y era impensable ver en manos de un adolescente.

La contradicción de que se es libre pero no se lo es porque no es de "buen espíritu no atender las indicaciones del director". ¿Cuántas veces escuchamos el "conviene que", "sería bueno que", o "no se te ocurrió que"?

La "gracia de estado de los  directores". Así, cuando el director elige el color para una pared goza de similar infalibilidad que el Papa. Todos los directores y llevadores de charlas gozan de infalibilidad!!! Son posibles tantas líneas directas con Dios???

La "libertad para obedecer", que no es otra cosa que el voto de obediencia disfrazado. Yo me preguntaba: Si soy libre ¿cómo es que solamente actúo bien cuando obedezco al director? Insoluble problema.

"La organización desorganizada". Pocas cosas debe haber tan perfectamente organizada y controlada hasta en sus menores detalles como el Opus Dei. No se mueve un pelo sin conocimiento y autorización de Roma.

Mientras estás poseído por el "espíritu de la Obra" todo te cierra y te parece lógico porque actúas de buena fe.

Aceptás que "con unos pocos pesos se decoró el centro comprando cosas en un remate", lo que es una gran mentira. Todo en la Obra se hace a fuerza de mucho dinero.

Aceptás que es razonable que en Uruguay se construya un edifico de gran categoría para la sede de gobierno (propio de personas de muy alta posición económica) ya que "son casas que deben ser de buena calidad para durar"

Aceptás afirmaciones como que "La Universidad de Montevideo -puede sustituirse por colegio xxx, escuela de yyy, club zzz -.ha solicitado a la Prelatura del Opus Dei, institución de la Iglesia Católica, que se encargue de la asistencia espiritual de...", cuando sabés que es exactamente al revés.

Aceptás que se catalogue a los matrimonios de "generosos" o "no generosos", en función del número de hijos, sin pensar en las condiciones psicológicas, personales, familiares y económicas de los cónyuges.

Aceptás que es correcto que una mujer ponga en peligro su vida por tener muchos hijos, cuando la misma Iglesia Católica habla de paternidad responsable.

Aceptás como natural que se practiquen campamentos de "supervivencia", dirigidos por muchachos irresponsables, que llevan a los chicos adolescentes al extremo de darles una gallina viva para que la maten y coman. Una manera de hacerlos "duros"...

Aceptás que se discriminen profesores y personas por su condición sexual. En algún caso estos temas salen a luz como sucedió en la Universidad de Montevideo. En otros casos no. Me consta que la dirección de un colegio terminó con las expectativas de trabajo de un profesor gay.

Aceptás que la mujer sea infravalorada con mortificaciones mayores que el hombre, que sea "esclava" y no "asiento de la sabiduría".

Aceptás que es bueno dar catequesis en un barrio marginal, cuando es en verdad una excusa y un elemento más del plan de captación de socios.

Aceptás que es una "coincidencia divina" que quien lleva la charla diga las mismas cosas que el sacerdote.

Aceptás que los integrantes de una familia de poderosos banqueros sean considerados en la institución como las "víctimas" cuando en realidad fueron responsables de una gigantesca estafa que llevó al desastre a muchísimas empresas y personas en Sudamérica.

Aceptás que "no hay que sacar a las personas de su lugar" sin advertir que se desincentiva el progreso personal y social. Quien es trabajadora doméstica deberá serlo por siempre, o quien vive en un barrio pobre no puede ir a un centro de un barrio rico. Paradójicamente, se erigen centros de promoción social!

Aceptás que es positivo que las intervenciones del público estén guionadas en las tertulias con el Padre, aunque luego se venda el evento señalando la "espontaneidad de las intervenciones".

Hace poco vi  una foto de aquellos tiempos. Vi un grupo de muchachos con cara de niño.

Eran chicos de entre 15 y veinte y pocos años. Recordé la frase atribuida a Churchill de que "quien no es izquierdista a los 20 años no tiene corazón". Aquellos consejeros locales tendrían veinte y pocos años de edad. Eran, junto al sacerdote, los mayores.

En esas edades es natural el idealismo, la fe ciega en el cumplimiento de la misión, empleando para ello toda la inagotable energía de la juventud. Esas son las edades de quienes pelean y ganan las guerras; los que van una  y otra vez al sacrificio si conciencia de que son material sustituible. Por eso, la responsabilidad mayor es la de los dirigentes, aquellos que mueven los hilos  y que han vivido más y tienen mundo, experiencia y calle, según rezaba un eslogan.

Al tiempo que escribo me pregunto cómo es posible que convivan los buenos recuerdos con tantas críticas.

Encuentro respuesta por el lado de Arendt y su "Banalidad del mal". También por lo que expresaba más arriba: Éramos muy muy jóvenes.

Yendo a otro aspecto de la cuestión, muchos han comentado sobre la posible reforma del Opus Dei.

Objetivamente es posible. Así lo han hecho muchísimas instituciones a lo largo de la vida de la Iglesia al ritmo que Ella se toma para todas las cosas. Debería asumirse que respecto a los numerarios es similar a una orden religiosa regida por votos de obediencia, pobreza y castidad. O, reconocer que son verdaderamente cristianos corrientes que pueden dormir siesta, ir al cine o lo que tengan ganas de hacer. En relación a los supernumerarios es donde hay menos problemas. Y a eso debería sumarse trocar el proselitismo por apostolado.

La otra posibilidad es que languidezca al extremo de convertirse en una institución testimonial como existen tantas. Bellos edificios vacíos que terminan en manos de alguna ONG o multinacional.

Debo ir concluyendo ya que esto se hace muy largo. Estoy sacando a luz recuerdos y sentimientos que fluyen sin haber sido compartidos con nadie antes. 

Termino con lo del comienzo: El dolor proviene -en mi caso- de sentirme estafado. Y ese dolor es difícil de superar cuando el Opus Dei, lejos de rectificar, continúa estafando.

Mis críticas no van por el contenido de su prédica o por sus costumbres que, de una u otra manera, tienen antecedentes en la tradición en la Iglesia y dependen al fin, del gusto del consumidor.

Condeno la mentira devenida dogma y defendida con alegría e impunidad.

Muchas gracias por permitirme dar testimonio y desahogarme.

Un gran saludo de

Hechece




Publicado el Viernes, 26 junio 2015



 
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