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 Tus escritos: La hipocresía de unos intentos de acercamiento.- Heraldo

040. Después de marcharse
Heraldo :

NikitaSoy nos acaba de contar que varias señoras o señoritas del Opus Dei, con las que ha coincidido casualmente en Misa, se han acercado a ella interesadas en su situación. NikitaSoy fue supernumeraria.

Lo que nos cuenta me ha llamado la atención debido a que no responde a los esquemas numerariles que conocí. Cuando un numerario deja la Obra, deja de existir para los demás numerarios. Aunque haya excepciones por razones muy claras, esta es la norma general. Conjeturo que los Directores han comenzado a promover que a los ex se nos salude con cierta normalidad para evitar que a la Obra se le continúe criticando por tan ridícula e injusta praxis tradicional. Claro está, siempre habrá que obviar la posibilidad de escándalo, como es por ejemplo que los jóvenes en la Obra puedan pensar que la falta de perseverancia es un asunto de menor importancia (Cfr. Vademecum de los Consejos locales). Quizá el caso de NikitaSoy responde a que en los supernumerarios y las supernumerarias el tema no es tan riguroso… Quizá la Misa (o en general una Iglesia) sea considerado un marco de encuentro diferente…

Pertenecí más de 30 años al Opus Dei como miembro numerario, dieciocho de los cuales me desempeñé como director de Delegación en diversos cargos. Otros más fui también director de Consejos locales de San Miguel y San Gabriel.

Por la misericordia de Dios dejé el Opus Dei hace 12 años. Comencé a cotizar a la seguridad social apenas 2 años antes de dejar la Obra (a los 43 años de edad), bajo una legislación nueva completamente desfavorable, lo que significa que no podré alcanzar ni siquiera una miserable pensión. Para poder afrontar el problema, he tenido que olvidarme de un doctorado y de toda una experiencia profesional docente y universitaria, y convertirme en pequeño empresario. El futuro es muy incierto, pero confío en que iré encontrando alguna solución.

Cuento lo anterior sólo para contextualizar unos hechos y unas reflexiones. Durante los siguientes 10 años de haber dejado el Opus Dei, nadie de la Obra, absolutamente nadie, se interesó en mí, en mi situación y en mi destino. No hubo ni siquiera una llamada telefónica ni un correo electrónico. Parece difícil creerlo pero así fue. 10 años en blanco. A pesar de haber dedicado mi vida, todo mi tiempo y energías al Opus Dei, con una dedicación completa, mañana, tarde y noche, durante más de tres décadas, no medió ni el menor interés en mi persona. Había dejado de ser útil y por tanto había que olvidarme. Eso es el Opus Dei, al que llaman “familia”, y familia cristiana. Dejas de servir y dejas de existir. Hasta está muy mal visto que alguien mencione tu nombre en una tertulia.

Pero antes de pasar a lo que me interesa contarles, quiero dejar muy claro que mi deseo no hubiera sido, de ninguna manera, que siguieran interesados en mí y continuaran buscándome. La razón es muy sencilla. Si tal cosa fuera posible, sólo se llevaría a cabo para seguir sacándote dinero y/o a condición de que sigas aceptando la imposición de sus criterios, sus modos, sus categorías mentales. Sólo es posible seguir a la sombra de la Obra si reconoces que eres un traidor, un miserable, y que la Obra es santa y perfecta. En suma, son incapaces de estar al lado de nadie –y menos aún ayudar- respetando una diferencia de criterios. O te asimilas y te sometes a ellos o no existes.

O sea que les agradezco en el alma ese olvido total, pues seguir asimilado y sometido hubiera sido el peor error de mi vida, sólo comparable al error de haber pitado.

Paso ahora a contarles lo que más me interesa. Ocurrió que con ocasión de mi 10º aniversario, escribí Ad Mentem Patris, que por decisión de Agustina, pronto formó parte del grupo de artículos que encabezan esta web. Al escribirlo no tuve ninguna intención al respecto. Puedo asegurar que incluso lo escribí para mí, de un jalón, haciendo un balance personal, aunque a lo largo del escrito interpele a otras personas.

Al poco tiempo de su publicación en Opuslibros me comenzaron a llegar comentarios sobre las reacciones que había suscitado dentro del Opus Dei. Por supuesto, en la Obra saben perfectamente quién es el autor. Me comentaron que habían llegado indicaciones de España y de Roma. Y no pasaron más que pocas semanas que me comenzaron a llegar correos electrónicos de gente de la Obra  o de exes que se han mantenido en el círculo del Opus Dei. Uno de esos correos provino nada menos que del vocal de San Miguel de la Región. Se trataba de una “muy afectuosa” invitación a tomar el café para charlar, recordando excursiones a la montaña que habíamos hecho juntos (sic). Yo no salía de mi asombro y las carcajadas resonaron en la estratósfera. Salir ahora con esa ridiculez…

No tuve que pensarlo demasiado. Estos chicos de la superprelatura quieren ahora un acercamiento conmigo para expresarme que me quieren mucho y para que recuerde cuánto les quise yo. Y por supuesto para que no diga más esas cosas tan feas que digo en Opuslibros, que tanto ofenden a Dios y dañan a las almas. La hipocresía en su estado más puro y al alto vacío. ¿Debo acceder a la invitación? Por supuesto que no; no voy a perder mi tiempo. Sentí curiosidad, pero superé la tentación. No estoy dispuesto a tener que ser correcto con esta gente que se olvida durante 10 años de un ser humano, y ahora, cuando conviene a la Obra –uno continúa interesándoles un pimiento-, dice desear estar cerca ,invitarme a ser cooperador y a uno de sus círculos, cosas a las que no accedería ni aunque me ofrecieran en dólares una cuantiosa pensión vitalicia. A la tumba me iré orgullosamente pobre, muy posiblemente de forma prematura, quizá por el cáncer de pulmón que contraje por haber fumado tanto en mis años de numerario.

Pero como decía, esa misma semana aparecieron otros intentos de reencuentro. Uno de ellos de un ex numerario que continúa muy “arropado” por el Opus. Un tipo petulante como el que más, que según se cuenta tuvo la santa pillería de quedarse con buena parte de la fortuna de un supernumerario con quien no tenía lazos de sangre. Todo me hace pensar que preparó durante años su salida, para irse con las manos llenas. Otros nos hemos ido con una mano adelante y otra atrás,  conservando nuestra dignidad.

Pero el asunto no quedó ahí. Desde que se publicó ese artículo –y ya han pasado dos años- no han dejado de intentar reencontrarse conmigo sacerdotes numerarios, numerarios, supernumerarios, ex numerarios vinculados con la cosa, etc., etc. El formato siempre es el mismo: ¡qué recuerdos, cuánto cariño! Como los veo venir a kilómetros, no han pasado de intentos.

¿Soy cerrado y obtuso por evitar un reencuentro con miembros de la Obra? Yo creo que no. Simplemente no quiero perder mi tiempo ni pasar un mal rato. Por razones muy semejantes, también evito “dialogar” tomando el café con los chicos de la Cienciología y de la Secta Moon.

Heraldo




Publicado el Viernes, 24 julio 2015



 
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