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 Tus escritos: El proselitismo en el Opus Dei (I).- Antonio Esquivias

050. Proselitismo, vocación
Antonio Esquivias :

Realmente el título es algo pretencioso, me voy a limitar a contar un caso, al que dedico un párrafo de mi libro El Opus Dei: el cielo en una jaula: «Ya desde antes del Pontificado de Juan Pablo II cada año durante la Semana Santa se organiza una convivencia en Roma con un fin descaradamente proselitista. El ambiente de Roma, la presencia del Papa, las tertulias con el Prelado, Álvaro del Portillo, todo contribuye a crear un clima sugestivo al que es difícil resistirse. Además se añaden otros impulsos como el del sacerdote Luis Gil, quien en una predicación en un barco, durante el trayecto Barcelona-Ostia, para unos trescientos universitarios, repite muchas veces como un estribillo: “el run run del barco es el run run de Dios que te llama”. Lo repite tantas veces que aún recuerdo la frase después de más de cuarenta años. Igual que a mí, a quienes le oyen se les queda grabado el motor de aquel barco del que resultaba imposible librarse. Una buena preparación para el proselitismo desenfrenado de esas jornadas y una señal de que comienza el tiempo del asalto a Roma para el Opus Dei».

Se trata de la convivencia de Pascua en Roma, que se denomina UNIV. Yo he acudido desde el año 1978 al 1984 yendo desde España. En los años 1985 a 1989 lo hice participando desde Roma, pues tenía mi residencia allí.

Esa convivencia en los años en los que yo participé era el momento clave para el proselitismo en el Opus. Se acudía a Roma en Semana Santa con universitarios de todos los centros, en mi caso, de la Delegación de Madrid Este (Madrid tenía dos circunscripciones del Opus). Se organizaba un autobús que iba desde Madrid a Roma viajando de noche con dos conductores. Se llenaba el autobús con universitarios a quienes se invitaba a pasar la semana santa en Roma, a acudir a una audiencia del Papa y conocer al Prelado del Opus Dei, entonces, Álvaro del Portillo.

Se cuidaban todos los detalles. Empezando por preparar la convivencia con tiempo, buscando a los asistentes. En los años de los que hablo, el último de Pablo VI y los primeros de Juan Pablo II no era demasiado complicado llenar el autobús, aunque se fue haciendo más difícil con el tiempo. Durante varios meses era un objetivo prioritario para cada centro conseguir los asistentes necesarios.

Como el objetivo único de la convivencia era conseguir vocaciones, pitajes en la terminología Opus, los centros trataban de conseguir que sus mejores candidatos acudiesen. Es decir se insistía y mucho a los chicos que acudían a los medios de formación a los centros a los que se consideraba con condiciones para pitar (hacerse de la Obra). Con el tiempo la exigencia de ser universitarios se relajó y se fue bajando la edad, de modo que, por ejemplo el Club Jara, un club de bachilleres, aportaba cada vez mas asistentes. Cara al proselitismo eran candidatos ideales, poca edad (se pitaba desde los catorce años y medio), en su mayoría hijos de supernumerarios y que acudían a colegios del Opus: Retamar, El Prado. La realidad es que quien se apuntaba a la convivencia se transformaba en candidato a la vocación y chavales que en Madrid nunca hubiesen pitado (entrado en el Opus), acababan haciéndolo en la convivencia.

Un momento importante era cerrar la lista del autobús. Se buscaba que hubiese aproximadamente un número similar de numerarios y de chicos de san Rafael (así se llama a los chicos que acuden a los medios de formación). Esta proporción asegura una atención constante durante todo el viaje a cada uno de los candidatos. Al lado de cada asistente no-opus debe haber constantemente alguien del opus, no deben poder formarse con facilidad grupos sin la presencia de algún numerario. Es decir no será fácil que durante los días en Roma, que son muy agitados y con muchas actividades, se produzcan “escapadas”, es decir que haya un grupo o incluso una pareja de asistentes no opus que se pasen una tarde por su cuenta, perdiendo de algún modo la presión que la convivencia está ejerciendo.

Es decir el objetivo era que desde el minuto uno hasta el último, cada uno de los asistentes que no eran del Opus estuviese acompañado por alguien del Opus. Esta presencia se veía reforzada, una vez llegados a Roma por los seminaristas del Colegio Romano de la Santa Cruz, el seminario de la prelatura. Estos, en función de su ciudad de origen se distribuían por los diversos autobuses y el director del autobús les asignaba los chavales a los que debían atender, es decir, acompañar y comentar cada una de las actividades.

Para completar el cuadro había una estructura organizativa. Un consejo local del autobús, con director, subdirectores y secretario, que se encargaba de todo lo necesario desde el punto de vista organizativo. También había en el autobús un sacerdote que no paraba de hablar con los chavales, confesar, etc. Además acudía el director de san Rafael de la Delegación, para entendernos el director del Opus encargado de la formación de los jóvenes. Su misión era únicamente estar pendiente de los pitajes, de las vocaciones, y todos los días, mañana, mediodía y noche hacía una pequeña reunión con el consejo local para ver el progreso de cada uno de los asistentes. Progreso se entiende hacia el pitaje, escribir la carta o hacerse del Opus, que todo significa lo mismo. Además cada uno significa cada uno. Pedía cuentas 3 veces al día uno a uno del avance.

Continuación


Publicado en Religión Digital




Publicado el Miércoles, 26 agosto 2015



 
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