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 Libros silenciados: Santidad por servicios prestados.- Gervasio

090. Espiritualidad y ascética
Gervasio :

Santidad por servicios prestados

Autor: Gervasio, 14/10/2015

 

 

            Tengo un amigo —ingeniosillo él— que, con ocasión de adquirir no recuerdo bien si alojamiento en un hotel o unas entradas, me espetó:

            — Gervasio, entérate de una vez. Las personas normales y corrientes, aunque teóricamente somos “la mayoría”, en realidad somos una minoría.

Por un motivo o por otro nadie pagaba el precio fijado con carácter general: unos por ser viejos; otros por ser jóvenes; otros por ser funcionarios; otros como consecuencia de tener un bono o un determinado carné; otros por ser minusválidos y otros por no sé que. Al final, sólo había cuatro tontos —así me sentía yo— que pagábamos íntegro el precio previsto con carácter general. Lo que acabo de contar hace que me acuerde del Opus Dei…



Las normas generales por las que se rige el Opus Dei acaban siendo de aplicación excepcional, por no decir que ya desde el principio comenzaron y continúan siendo de menguada aplicación. Fijémonos, por ejemplo, en la figura del numerario. En el artículo 9 de los estatutos de 1982 se lee que los que piden la admisión como numerarios “ordinariamente han obtenido un título académico civil u otro título profesional equivalente, o al menos están en condiciones de obtenerlo tras la admisión”. En realidad resulta muy excepcional —pero que muy excepcional— que alguien pida la admisión como numerario después de haber finalizado su carrera universitaria. Yo diría que hasta requeriría una especie de dispensa. En la tramitación de su solicitud de admisión habría que consignar algo así: pese a que ya ha terminado su carrera de…, entendemos que esto no es óbice, porque… Los centros de estudio para numerarios acostumbran a adoptar la apariencia externa de residencia de estudiantes, precisamente porque no alojan personas que ya hayan obtenido un título académico o profesional, sino a estudiantes. Mi “centro-de estudios-colegio-mayor” albergaba incluso a quienes cursaban estudios previos a la Universidad.

La labor para captar nuevos numerarios no se realiza con postgraduados o con profesionales jóvenes, sino con quienes generalmente no han alcanzado la mayoría de edad y a veces incluso ni la pubertad. Es un caladero mucho más productivo que el de los profesionales jóvenes. Tal tarea es llamada “labor de San Rafael”, por la que se entiende labor con jóvenes en la jerga opusdeística.

Un numerario, hoy ya metidito en años, me confió que durante sus primeros pasos por el Opus Dei se creía todo lo que leía en la revista Crónica o escuchaba en una meditación dada por un sacerdote. Este podía predicar cosas como: “¿Qué hace un tío del Opus Dei por pobreza y por mortificación? Pues aunque  sea un día caluroso de  verano y tenga mucha de sed, no se dirige al primer bar que encuentra para aplacar la sed, sino que… y lo ofrece por…” Afirmaciones como esta le angustiaban, porque no se sentía capaz de hacer todo lo que un tío del Opus Dei debe hacer. Poco a poco se fue dando cuenta de que hay que tomarse las cosas —las prédicas, lo que afirman los estatutos, las notas, lo que se dice en el círculo breve, etc.— con mucha filosofía.

Otro yugurín del Opus Dei confiaba a su “director espiritual” —por llamarlo de alguna manera; más bien habría que considerarlo el que lo marcaba— que no vivía bien la mortificación; vamos, que no era mortificado. Lo decía muy convencido. El receptor de semejante confidencia se vio en la obligación de interrogarlo sobre a qué hora se levantaba y dónde desayunaba. Madrugaba mucho para acudir a misa al centro del que dependía y el desayuno consistía en un bocadillo que le había preparado su madre y agua del grifo como complemento líquido. Le dijo:

—Todo eso que haces ya es mortificación. No es que no seas mortificado, sino que se puede ser más mortificado.

Pese a que estamos en plena celebración del V centenario del nacimiento de Santa Teresa, no me propongo divertirme con anécdotas acerca de si los tíos y las tías del Opus Dei viven o no las normas generales de carácter ascético prescritas.

Sanjosemaría no decía “un tío del Opus Dei”, sino “un hijo de Dios en el Opus Dei” o bien “en su Opus Dei”. Pues bien, cuando “un hijo de Dios en su Opus Dei” está a punto de dar con la piedra filosofal, según Sanjosemaría, si se le pide dejar al instante —por otra parte el mandato más fuerte es “por favor”— lo de la piedra filosofal y dedicarse a atender una portería, inmediatamente manda a tomar gárgaras la piedra filosofal y se pone a atender la portería. Leí en Opuslibros que ante tal exigencia,  alguien que estaba a punto de pitar se echo para atrás. Me parece que no se consideraba capaz de tal comportamiento. No veo en su actitud tanto una cuestión de generosidad como una problema institucional dentro del Opus Dei. Parece procedente y prudente razonar: ¿cómo yo, que puedo ayudar a tantos con mi trabajo profesional, voy a ingresar en una institución que se considera legitimada para impedir que alguien que está a punto de descubrir la piedra filosofal abandone el proyecto, para ocuparse de una portería? Para mayor inri esa institución considera compatible tal exigencia con gozar de plena libertad en cuestiones profesionales, sociales, políticas, etc. Raro. Raro. Raro.

Santificar la propia profesión no consiste ni puede consistir en renunciar a ella, me parece a mí. Pero eso es lo que hace el Opus Dei con los numerarios. Los aparta de su profesión y los quema en cosas —en ocuparse de asuntos del Opus Dei— distintas de las de santificarse en la propia profesión. Los estatutos de 1982 n.3 § 2— dicen: los fieles de la prelatura se obligan a no abandonar el ejercicio de una labor profesional u otra equivalente. Para salvar tal contradicción sólo se me ocurre acudir al instituto de la dispensa. Cierto que los del Opus Dei se comprometen a no abandonar el ejercicio de la profesión; pero los jefes del Opus Dei pueden dispensarlos de tal obligación. Suena a que pueden dispensarlos de seguir la vocación a la que fueron llamados. Sea lo que fuere, en el Opus Dei no cabe encontrar una espiritualidad centrada en la santificación de profesiones u oficios seculares; ni tampoco, como consecuencia, con una ascética basada en la santificación de tareas profesionales seculares.  

No deja de ser significativo el palmarés de los “santos” —o aspirantes a serlo— representativos de la espiritualidad del Opus Dei. Monserrat Grases (1941-1959), fallecida a los diecisiete años, no destacó por santificarse en su vida profesional. La edad laboral comienza en España a los dieciséis años y a los dieciocho la mayoría de edad. ¿Cómo va a santificarse en el ejercicio de la propia profesión quien por razón de edad tiene prohibido trabajar profesionalmente? Ciertamente destacó por ser una cancerosa ejemplar; pero eso es algo que está al alcance de cualquier canceroso o cancerosa,  tanto si es del Opus Dei como si es monja clarisa o monje barnabita. Sanjosemaría tampoco destacó por haber desempeñado una profesión o tarea seculares, sino como excelso y eximio —eso dicen— capellán de monjas y posteriormente como fundador. Don Álvaro no descolló como ingeniero de caminos, sino como mano derecha y factótum de Escrivá. Su curriculum es el propio de un sacerdote, con cargos incluso en la curia romana; no el de quien ejercita una profesión secular.

 También son presentados como canonizables Eduardo Ortiz de Landázuri y Tomás Alvira, ambos supernumerarios. Tienen como rasgo común que los dos trabajaron para el Opus Dei: el primero en una obra corporativa —la Universidad de Navarra— y el segundo en la creación de Fomento de Centro de Enseñanza, que es una de las llamadas “sociedades auxiliares” del Opus Dei. El artículo 9 de los estatutos del OD de 1950 explica así lo que es una “sociedad auxiliar”: Los socios del Opus Dei actúan ya individualmente, ya por medio de asociaciones que pueden ser bien culturales o bien artísticas, pecuniarias, etc. y que se llaman sociedades auxiliares. Estas sociedades están igualmente, en su actividad, sujetas a obediencia de la autoridad jerárquica del instituto. En el caso de las “obras corporativas” es el Opus Dei quien oficialmente las dirige; y así, para resaltarlo, el prelado del Opus Dei es el gran canciller de la Universidad de Navarra y de alguna otra. En la actual terminología las “sociedades auxiliares” son llamadas “obras personales”. Se niega o por lo menos se procura ocultar que dependen del Opus Dei. Sin embargo, el profesorado y cargos directivos de los 35 colegios de Fomento de Centros de Enseñanza existentes en once comunidades autónomas son designados por las correspondientes “delegaciones” del Opus Dei (Los datos de 35 y 11 están tomados de Wikipedia).

En suma, la santificación de la propia profesión se hace consistir en renunciar a ella para dedicarse a tareas internas del Opus Dei, o bien en ejercerla, pero al servicio de una obra corporativa del OD o de una “obra personal”. Tales son los casos de Ortiz de Landázuri y de Alvira respectivamente. Así es como el Opus Dei evalúa, mide y considera el grado de santidad de sus miembros. Se considera santos a quienes destacan por sus servicios al Opus Dei. Como puede comprenderse tales conductas no pueden ponerse como modelo de santidad a cristianos que ni pertenecen ni tienen vocación al OD. Lo más puesto en razón, a mi modo de ver, sería otorgarles una medalla por los servicios prestados, en vez de elevarlos a los altares. Las medallas tienen la ventaja de que pueden ser otorgadas a título póstumo, a diferencia de lo que sucede con las cruces de palo —con el consiguiente disgusto, si el agraciado no persevera— y son mucho más asequibles económicamente que una canonización. Recuerdo al fundador quejarse del costo de canonizar a Isidoro, ante una pregunta muy ingenua sobre cómo iba su causa de canonización.

Hay que tener cuidado con Ritos. Te pueden desplumar, comentó.

Se refería a la Sagrada Congregación de Ritos, sustituida desde 1969 para ese cometido por la Congregación para las Causas de los Santos.

En la Universidad pública española cada Universidad otorga una llamada  “medalla de oro” a quienes han estado más de treinta años al servicio de esa concreta Universidad, ya sean profesores, bedeles u otra clase de personal. Medallas por los servicios prestados se dan en muchas instituciones. El palmarés de los mencionados candidatos al altar se presta más a la idea de “medalla” que a la de santo de la Iglesia universal.

Aunque la madre Teresa de Calcuta era monja, la veo mucho más presentable como modelo de santidad para los cristianos corrientes que los mencionados candidatos. Fundó la congregación “misioneras de la caridad”; pero no se distinguió por prestar especiales servicios a la orden religiosa por ella fundada, sino a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos. Por eso le otorgaron un Premio Nobel y la invitaron a hablar en la ONU. Su actitud y comportamiento resulta perfectamente imitable por cristianos corrientes, ejerciten o no una profesión, e incluso por quienes no lo son. En el Opus Dei el servicio a la sociedad y a las personas que cada profesión conlleva es sustituido por servir al Opus Dei. Prestar servicios a la prelatura Opus Dei no es una exigencia de la llamada universal a la santidad —se trata de una “peculiar”; pero que muy “peculiar” vocación—, mientras que ayudar los enfermos, pobres y necesitados —y en general ejercitar las obras de misericordia— sí lo es.

Gervasio




Publicado el Miércoles, 14 octubre 2015



 
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