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 Tus escritos: Desviaciones psicológicas de formadores y superiores.- Simplicio

070. Costumbres y Praxis
Simplicio :

DESVIACIONES PSICOLÓGICAS DE FORMADORES Y SUPERIORES

 

Hace poco encontré en "la red" un artículo de un tal Fray Mamberto Buonapace, que me llamó muchísimo la atención, porque a pesar de estar escrito por un fraile (a no ser que sea un seudónimo) y de tratar de la formación y dirección de religiosos, parece muy apropiado para analizar el funcionamiento de los directores en el Opus Dei; y no solo de los directores sino del mismísimo fundador.

 

Dejo aquí los enlaces:

 

Diez desviaciones psicológicas… (1)

Diez desviaciones psicológicas… (2)

 

Recomiendo la lectura completa de las dos partes de dicho artículo, pero no me resisto a transcribir aquí algunos párrafos (tal vez demasiados); las negritas son del original.

 

Simplicio 

 

"DE DIEZ DESVIACIONES PSICOLÓGICAS DE FORMADORES Y DE SUPERIORES"

 

Las desviaciones a que nos referimos son desviaciones que frecuentemente expresan una paternidad o maternidad frustradas; adquieren una particular raigambre psíquica porque muchas veces operan en el marco de una no bien vivida renuncia al amor humano… Esta renuncia mal vivida se canaliza de distintas maneras, buscando equilibrar la psique según diversos mecanismos de compensación...



1.                     Padre ausente

Es el cuadro del padre que no acompaña con su presencia el proceso de crecimiento de los hijos. Los motivos invocados son de lo más variados. Uno de los más conocidos… el trabajo…

 

… se ocupa de todo menos de estar con los seminaristas o los súbditos … se maneja solamente con un grupejo de adláteres, pero que no tiene trato con la “plebe” … creando, él mismo, un clima de división y de tensión, al promover él mismo las preferencias –a la vez que predica, cruel ironía de la vida, con particular énfasis sobre la necesidad de no tener amistades particulares– Las excusas son siempre las mismas: todo lo hago por mis hijos. El hiperactivismo es una máscara de la incapacidad de ser buen formador.

 

 

2.                     Padre “Gran Hermano”

El padre “Gran Hermano” es aquél que se ocupa y preocupa por todos los detalles y no deja margen alguno que le escape. Su enfermedad es la curiosidad y la sospecha.

 

Su obsesión por el control indica que ve la comunidad como un gran “mecano” … No trata con personas, sino con elementos a integrar. Tiene una visión del bien común que es exactamente la del totalitarismo.

 

En su modo de corregir, el “Gran Hermano” verá como una falta o un verdadero atentado y siempre e invariablemente como un caso de mal espíritu y una amenaza a su autoridad …  todo aquello que él pueda no haber visto o que no se haya hecho bajo su estricto conocimiento y vigilancia.

 

Para él gobernar es controlar. Por eso pondrá filtros en las computadoras y revisará los mails de los súbditos.

 

Como le dijo una superiora a una súbdita: “Yo, para vos, soy Dios”. No suena al estilo de santa Teresa o de Madre Maravillas.

 

 

3.                     Padre invasivo

Se asimila al “Gran Hermano”, pero añade un nuevo aspecto formal: la entrada en la conciencia… El invasivo no escatimará medio alguno para poder entrar en la conciencia del súbdito.

 

Desde este horizonte psicológico, llegará a decir en una predicación que el súbdito tiene  que decirle todo al superior, “hasta los pecados”

 

El superior-formador-invasivo buscará asumir de hecho el rol del director espiritual para poder formarse un juicio acerca del candidato o del súbdito desde el plano interno. En el caso de las mujeres, aunque también en el de los varones de mentalidad feminoide, esto se acompaña de los celos cuando se ve que el súbdito tiene más confianza en otra persona en el plano de las cosas de la conciencia y busca consejo en otra persona. Por consiguiente, quien gobierna marcado por este perfil procurará decididamente limitar y llegará hasta a cortar de raíz toda posibilidad de consultar otra persona u otras, salvo las personas por él mismo designadas.

 

 

4.                     Padre legalista

Pareciera que su dedicación principal es la de llenar de indicaciones y detalles al súbdito, miles de reglas, de normativas, de leyes, de reglamentación de las leyes, de horarios… ¡Ay de los súbditos cuando los legalistas se reúnen!

 

El espíritu que anima al padre legalista es el del exasperador … Exactamente opuestos a la enseñanza de santo Tomás, quien sostiene que el superior debe cuidarse mucho de multiplicar los preceptos para no volver imposible la obediencia

 

Este formato de pseudoparternidad obedece también a la falta de experiencia. En efecto, cuando se designan personas muy jóvenes para cargos de formación… la persona designada adolece de algo que es fundamental: la experiencia. Y no se puede ser prudente sin tener experiencia

 

… en la muy amplia mayoría de los casos, a este notable límite se suma otro, tan notable como el primero: cierta cortedad intelectual. La consecuencia inmediata e inevitable de este “cocktail” es que el superior se limita a repetir los principios y a aferrarse ciegamente a las normas …  El resultado efectivo es la asfixia del súbdito.

 

El legalista se maneja por la razón, se ufana de ello e invoca principios ignacianos y frases de los santos para sentirse y hacerse fuerte en ese principio

 

¡Extraña paradoja de la vida, justo entre aquellos que se consideran fidelísimos discípulos de santo Tomás…! acusando los síntomas inequívocos de una profunda esquizofrenia institucional.

 

…otro elemento más viene a incorporarse para atizar el legalismo: … tiene cierta sospecha … de que ocupa un lugar que no debe ocupar, de que ejerce una autoridad amparada por un decreto oficial pero que en realidad no le pertenece. De ahí que le surja la imperiosa necesidad de percibir que está mandando, de sentir que está ejerciendo la autoridad. Y el único modo que tiene para lograrlo es multiplicar las normas o acentuar las que hay…

 

 

5.                     Padre castrador

Es aquél en quien el “no” es la primera palabra, la primera respuesta y, muchas veces, inapelablemente la última… Tiene la extraña habilidad de hacer sentir culpable al súbdito, cuando no tiene más remedio que concederle algo

 

Pero el castrador asume un cariz especial cuando, en vez de potenciar los dones de los súbditos… se limita a identificarlos claramente para, después, ponerlos a su servicio personal.

 

Pero claro: como a la “causa” conviene que el padre tenga cada vez más y mejor fama, entonces todo es válido. … El problema es que, en este caso, el bien común se termina identificando con el bien particular del padre castrador. … es propio del narcisista y no buen padre, el procurar servirse de los dones de los hijos para crecer él mismo.

 

 

6.                     Padre sobreprotector

No es el que busca lo mejor para el súbdito, aunque se autoconvence de ello. … no lo protege, lo sobreprotege. Le evita cualquier “mal”, le ahorra caminos, le impide experimentar…

 

Consecuencia inmediata: lo asfixia y lo mata. La sobreprotección constituye un asesinato psicológico en el presente y una hipoteca gravísima para la vida futura

 

Es que el padre sobreprotector toma posesión de espacios del hijo que no le pertenecen: la experiencia es personal y el crecimiento, personal…

 

Un ejemplo clarísimo de esto se puede indicar en el caso de las superioras o superiores que eligen el director espiritual de la súbdita o súbdito.

 

 

7.                     Padre manipulador

Es incapaz de formar. Es incapaz de hacer crecer.

 

El padre manipulador constituye la figura según la cual los hijos, los súbditos están y viven en función de él. No los forma, los usa. Como el sobreprotector, los maneja imponiéndole las propias opciones, los propios puntos de vista, los propios gustos; los descalifica incluso públicamente cuando tienen un gusto distinto del suyo…

 

El manipulador vive para sí mismo y hace girar todo en torno a sí. … el manipulador necesita imperiosamente un séquito de seguidistas… aquellos en los que se sienta reflejado, que obedezcan perfectamente a su modelo, serán automáticamente, como él lo ha sido en su momento, el “buen espíritu”

 

 

8.                     Padre omnisciente

Es un formato quizás menos corriente entre los varones, más frecuente entre las mujeres

El “omnisciente” es quien reposa en su obrar imprudente y temerario sobre el tergiversado presupuesto de que tiene la gracia de estado… Presume de gozar de una iluminación habitual en orden a encontrar siempre la mejor salida práctica –e incluso, a veces, especulativa, con pasmante pertinacia…–  No ha entendido lo que es la gracia de estado; ni siquiera lo que es la gracia.

Por supuesto, el omnisciente invocará a su favor los textos de los santos y buscará apoyo en san Bernardino, el cual recuerda que cuando Dios elige a alguien para una función le da las gracias necesarias

La Superiora nunca se equivoca. Al menos, no hay que dar esa impresión a las súbditas. Porque “si les das esa impresión, vas a perder autoridad”. Esta última soflama procede de la “gracia de estado” de una Superiora mayor.

 

 

9.                     Padre corruptor

No nos referimos aquí a los desórdenes en el ámbito de non nominandis. La corrupción a que nos referimos no es, quizás, tan vergonzosa y, no obstante ello, es mucho más grave. … se trata de lo que genera en el súbdito, la corrupción del alma, bajo apariencia de bien. … Usa la persona para plegarla a su modo de proceder tortuoso y oscuro y la hace cómplice en el tender trampas al prójimo.

 

De esa manera el mandante corrompe porque, bajo la capa de virtud –en este caso, de la obediencia– y usando el peso de su autoridad, termina formando obsecuentes, soplones y traidores, personas de un hablar hipócrita e incapaces de entablar una efectiva y real amistad, que se mueven bajo el criterio de ser gratos al superior.

 

 

10.                 Padre montanista

Montano se consideraba casi como una encarnación del Espíritu Santo, el vehículo privilegiado de la voz del Espíritu Santo para los demás.

El padre montanista considera que ante todo tiene a su cargo el alma del súbdito (mientras la responsabilidad primaria del alma de cada uno es de cada uno).

 

En consecuencia, asumirá como un auténtico deber de estado el mortificar al súbdito, para que el súbdito haga méritos, se crucifique y se haga santo

 

En este formato –mucho más común de lo que el común de los mortales pueda imaginar– confluyen varios errores de principio. Ante todo, la presunción del superior de convertirse en canal directo e infalible de la gracia para el súbdito.

 

Esta presunción está normalmente acompañada, aunque no se identifica con ella, por la convicción de que todo lo que decida el superior es “voluntad de Dios”, con lo cual se convierte al superior en un ícono mágico, un oráculo cuya función es la de una máquina expendedora de “voluntades de Dios”

 

Un superior que se proponga santificar al súbdito es una de las peores cosas que le pueden ocurrir a un súbdito. Porque nadie se hace santo desde afuera. Y porque ningún superior es el Espíritu Santo.

 

Simplicio




Publicado el Viernes, 13 noviembre 2015



 
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