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 Tus escritos: CÓMO DEJAR EL OPUS DEI SIN SECUELAS.- Pepgrass

020. Irse de la Obra
pepgrass :

CÓMO DEJAR EL OPUS DEI SIN SECUELAS Y SIN APENAS DAÑOS DESPUÉS DE 30 AÑOS DENTRO, o los que fueran… y no morir en el intento.

Me gustaría que mi testimonio pudiera ayudar a todos aquellos miembros de la Prelatura que se encuentran o que pasan por dificultades para poder decidirse a abandonar el lugar donde han vivido o al que han pertenecido durante décadas. Yo he sido un miembro activísimo delopus como decía mi tío, durante casi 30 años, tres décadas de sueños y de poco dormir, de adoctrinamientos infinitos y repetitivos hasta la saciedad, de luchas contra uno mismo y contra el mundo mundano, de obediencia ciega sin contrastar con nada ni con nadie, de autocontrol y desgraciadamente de innumerables desengaños propios y ajenos. (También de muchas cosas buenas pero con infinidad de sinsabores, de renuncias y de negación de la propia identidad, de la familia de verdad y hasta del…, “sorpresa”, propio trabajo profesional!!!!)...  



He amado al Opus Dei con toda mi alma, me han hecho casi venerar a Escriba sin conocerlo y a del Portillo y a Echevarría, a los que sí conocí, pero lo cierto es que siempre he sentido como que “no sentía” realmente nada por ellos, el sistema idílico y perfecto creado por la “prela” era como una especie de “sofronización” colectiva sin fisuras, por la que te hacían sentir que necesitabas estar cerca de esas personas aunque solo fuera imaginariamente.

Es bastante dañina la dependencia física y psíquica que, como una droga de las más duras, te inoculaban en el cuerpo para que besáramos el suelo por donde pisaban ellos y cuando, por suerte o por desgracia, tenías la oportunidad de saludarlo personalmente te prohibían acercarte a menos de cien metros para no molestarles, en su trabajo, en su descanso… qué sé yo. De tal manera éramos dependientes que en cuanto había alguna noticia o si llegaba cualquier cosa de Roma se convertía ipsofacto en palabra “cuasi divina”. (Nunca se podía poner pega alguna o hacer comentario de ningún tipo sobre lo dicho por Roma, ahí sí que todos los caminos llevan a Roma, sin duda). Las mil y una contradicciones de laOpus que todos hemos tragado durante la estancia en la zona oscura. Recuerdo que cuando murió Del Portillo le dije a uno, oye qué pena por “el padre”, ¿no? Nada, nada, no pasa nada, a seguir trabajando… como si ya no existiera en nuestra vida… ahora a venerar al siguiente.

Yo fui por primera vez a un centro delOpus en los famosos años 80 con Felipe el de la rosa en el gobierno de un país con una inflación de aúpa y con los universitarios pensando en el paro al que se dirigían sin remedio, un futuro incierto y sin solución aparente. (Más o menos como en esta otra crisis). Me enamoró el ideal tan grande que se presentaba ante mí para vivir la vida de otra manera, servir a Dios por encima de todas las cosas. El cariño de la gente, estaban TODOS pendientes de mí, desde el último “mono” hasta el director y el sacerdote, veía gente sencilla, amable, generosa, sonriente y con afán de ayudarte en todo momento, no en vano era un centro de agregados. La primera gran bronca que recibí, con gran estupor por mi parte, fue del famoso Rufino de El Poblado, en Torreciudad. Era un tipo aragonés al que le animaban para que espabilase a los “pitables” y de esa manera encajarnos un poco más, pero todo el mundo te advertía que te alejaras de él lo máximo posible si estimabas en algo tu vida… este tipo alardeaba de estar vivo después de un accidente ocurrido al volver de un mal lugar con otros compañeros y ser el único superviviente, daba muchas gracias a Dios y supoongo que a Escriba. (Eso sí, cuando te agarraba te ponía la espalda como una pasa de los abrazos y palmadas que te arreaba).

La segunda gran bronca fue de un cura reprimido y obsesivo con todo, Don perfectito, que te reprendía por cualquier estupidez… lástima no haber salido corriendo entonces. Las siguientes broncas llegaron en el centro de estudios, donde sin darnos cuenta nos iban coartando la libertad a base de quitarnos tiempo, sueño, dinero y hasta la camiseta. Allí te hacían ver que eras desde un pecador incorregible hasta un apóstata por cualquier estupidez, además te sentías como una auténtica hez cada vez que fallabas en algo. En cuatro o cinco ocasiones estuve a punto, lástima que no me animara antes, de agarrar aquella puerta bermeja y largarme, por clarísimas injusticias, la mayoría de ellas sin ningún sentido. Ahora me doy cuenta de que me pasé los primeros 20 años formándome para entender laOpus y cada vez que surgía una nueva duda o pregunta, era porque o no sabía, o estaba en el vademécum, o no era de buen espíritu preguntarlo, o por cualquier sandez parecida.

Ya 10 años antes de decidirme a dejarlo empezaba a tener serias dudas de casi todo, debido a las muchas incongruencias que se daban en infinitud de situaciones y lugares. Las que más me llamaban la atención eran las distintas maneras de vivir las cosas que tenían unos y otros. Unos, por ser quiénes eran, siempre han tenido privilegios de todo tipo, desde una agenda especial, pasando por un teléfono e incluso hasta un coche… Pero claro, como se lo regalaban sus progenitores o hermanos, o estaban olvidados en dirección, ellos sí vivían la pobreza… porque nunca se apegaban a esas cosas mundanas.

El caso es que siete años antes de tomar la decisión definitiva pasé una temporada larga fuera de la “zona habitual de caza” y eso me ayudó a ver las cosas desde la distancia y con mucha más perspectiva. El primer gran revés sin sentido que me hizo tambalear fue que no podía montar mi propia empresa por distintas razones o por distintas sin razones… O dicho de otra manera, tenías prácticamente que montar el consejo de administración con el visto bueno de laOpus. Dar cuenta de lo que vas a hacer, cómo lo vas hacer, con quién vas a trabajar, a quién vas a contratar, cuánto vas a ganar. Yo no podía creer que un tío que tenía que ser santo con su trabajo no pudiera hacer precisamente eso… trabajar. Andando el tiempo llegó otro bofetón, que fue el no poder ir a pasar una temporada en el mundo exterior para mejorar mi preparación profesional, rayaba ya la locura el asunto. Los dejé pasar en nombre de la “santa obediencia” pero quedé tocado, muy tocado, prácticamente hundido.

Y no me fui por cansancio, ni odio, ni enfado, ni porque no me apeteciera seguir o cosas similares, como he leído por muchos sitios, me fui porque me parecía una soberana estupidez seguir en algo con lo que no llenaba mi espíritu ni era ya feliz, y en un lugar en el que cada uno se dedicaba a hacer todo tipo de estuchitos de marfil; profesionales, familiares, cinematográficos, lectores, de amistad, deportivos, gastronómicos… Y además con media casa empastillada o al borde de la esquizofrenia. Unos cuatro años antes de largarme empecé ya con serios problemas para continuar con el “cumplimiento” de las normas y los dos últimos años, en especial el último, funcionaba con el piloto automático, ya no me salía rezar. Los círculos, charlas, meditaciones, retiros, eran una verdadera tortura intelectual, lo mismo de siempre repetido por distintos interlocutores. Me di cuenta, llegado un momento, de que ya no me apuntaba desde hacía años, sobretodo por la cantidad de horas que tenía que dedicar a estudiar por las noches, a cumplir el famoso silencio del tiempo de la noche, por supuesto el de la tarde prácticamente nunca.

También dejé la mortificación corporal por olvido, dejadez o por considerarla innecesaria, y poco a poco las demás cosas, con lo que me fui alejando de la militancia radical. Empecé, por supuesto, a no contar nada concreto en el lado oscuro, todo normal, sin ningún problema, como casi siempre. Vamos tirandillo, me cuestan las cosillas de vez en cuando, que si patatín que si patatán. Hablé con algunos sacerdotes diocesanos que me ayudasen a dilucidar el problema que tenía. Resolví mi problema primero en conciencia con Dios y conmigo mismo, después pedí ayuda externa. Vislumbré que mi “problema”, si lo era tal, era con Dios, no con el Opus Dei que es un mero instrumento, mi conciencia es algo que pertenece exclusivamente a Dios y al seno de la Iglesia de la que todos formamos parte, no a una mera institución.

Me puse a hablar con mis mejores amigos, tanto de dentro, ninguno numerario claro, como los de fuera sobre todas mis dudas existenciales y decidí tomar una decisión definitiva. A mí me suponía una ruptura brutal después de 30 años “al pie del cañón”, me tenía que hacer fuerza, en estas páginas se ha podido comprobar que yo estaba “a muerte” con la Obra, pero en mi opinión fue el propio Señor el que me hizo ver o el que me quiso decir algo, de hecho, sin que nadie piense que veo visiones o algo similar, ocurrió un suceso muy singular, que no puedo desvelar porque me delataría, gracias al cual empecé a tomar decisiones drásticas y a entender mucho más en serio que mi relación con Dios no dependía de ninguna manera del Opus Dei, sino de mi propia conciencia. A Dios no le preocupa dónde estemos y qué hagamos directamente, supongo que lo que quiere es que le queramos sin importar de qué forma lo llevemos a cabo. Y ahí está el punto fundamental, es la conciencia a la que tenemos que seguir, cosa que he intentado hacer toda mi vida. (Nunca forcé, gracias a Dios, a ninguna persona a realizar ningún acto en contra de su conciencia).

No tengo ningún resquemor contra la Obra y mucho menos contra sus autómatas miembros, en todo caso contra el sistema creado por un psicópata integral según apuntan los libros de psiquiatría sobre las gentes que ensalzan su persona por encima de cualquier cosa y que no permite que nadie le replique ni le pueda hacer sombra de ningún tipo, se rodea de otras personas que le siguen incondicionalmente y cuando alguno de ellos permite una sola duda sobre algo que pueda decir o hacer se lo quitan de encima sin contemplaciones de ningún tipo. (Todos los sistemas totalitarios son parecidos). El Evangelio no dice el que no esté conmigo está contra mí, el pasado domingo lo recordé en la lectura dominical, dice más o menos, el que no está contra mí, NO está contra nosotros, que en una traducción para andar por casa, sería algo así como el que no dice lo contrario, el que piensa de otra manera, el que ve las cosas desde otro prisma, también está conmigo pero de distinta forma.

Esto me recuerda que el año pasado vinieron a mi casa dos padres de familia Neocatecumenales a hablarnos del Evangelio en general, mi mujer les abrió no sé cómo ni porqué, el caso es que nos contaron su vida personal con pelos y señales, uno de ellos hasta con sus pecados de juventud y nos habló de su vida matrimonial, no daba crédito a mis oídos. Yo que no estoy por la labor de pertenecer ni a un equipo de fútbol en estos momentos me quedé encandilado con lo que contaba y lo único que nos ofrecían era ser felices viviendo el Evangelio sin forzarnos en absoluto a nada, supongo que se quedarían estupefactos cuando les conté mi vida… Al final nos animaron a ir por la parroquia que quisiéramos sin ningún compromiso, yo no sabía que eran del “camino”, aunque lo supuse, añadieron que se imaginaban que no querría ir por su misa de los sábados puesto que es muy larga… Lo “pillaron” a la primera y nos despedimos con grandes abrazos… Es el darse cuenta y el pensar en los demás lo que cambia las cosas…

 Para finalizar, siendo prácticos, lo fundamental es pensarlo despacio y bien, acudir a por ayuda de gente buena externa, por supuesto a los amigos y a la familia, contarlo ayuda muchísimo pero siempre a las personas adecuadas. Buscar una salida de tipo profesional, un lugar donde poder vivir o estar por una temporada, ahorrar algo de dinero de la manera que sea o buscarse un empleo secundario, cualquier cosa sirve.

Pasos aconsejables;

-Una vez tomada la decisión y después de tenerlo todo más o menos arreglado como comentaba antes. Escribir dos cartas una para pedir la salida de la institución directamente y otra para pedir la dispensa para irte a vivir con tu familia una temporada. Dar al director/a la segunda carta, si no te hacen caso a la de irte por ahí una temporada sacar la primera y decir que si no te dejan pensártelo pues no hay ningún problema, chau…

-A continuación dejar pasar un año y empezar a dar largas a llamadas, visitas, entrevistas, persecuciones… al principio seguirles un poco la corriente y después ir viendo a la gente cada quince días o más.

-Cuando se vayan enfriando un poco más las cosas y se consiga una posición de algún tipo, la familia de verdad se haga a la idea así como los amigos, etc., cuando te entiendan y te admitan, aunque sea más o menos, en la nueva situación… y lo que es más importante ¡TÚ! te empieces a sentir a gusto con TU nueva vida, viene el último y definitivo paso.

-Finalmente envía la misma carta firmada con dos copias, una directamente al prelado a Bruno Buocci 75 y la otra a tu delegación o en mano a tu centro o como te parezca mejor y ya solo te queda esperar uno o dos meses la respuesta…

Con esto tendréis menos ansiedades, menos problemas físicos, menos problemas de ubicación y será algo más llevadero. Igual es preferible que viváis en otra ciudad para evitar encontraros con determinadas personas. (Advierto que sigue siendo un poco traumático por el gran cambio, pero algo menos). Al principio cuesta rezar, pero con el tiempo y con la confianza puesta en Dios, todo cuesta menos. Ánimo a todos y un abrazo,

pepgrasss.




Publicado el Lunes, 01 febrero 2016



 
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