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076. Agregados
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Hoy me aprovecharé del artículo "El uso del tiempo en las casas y cosas del Opus Dei". Confieso que no lo había leído antes, pero ahora se me han encendido las luces con la costumbre de Agustina de volver a publicar artículos antiguos de Opuslibros. Gracias. Me han llegado al alma esas palabras en las que recoge lo expresado por un ex numerario en las que ponía de manifiesto que estaba mejor en cualquier sitio que en la propia casa o residencia donde estaba. Por lo recogido debió ser muy duro para él. Incluso alguna vez se fugaba a un hotel a ver las televisión y a pasar el rato. Le echaba mucha cara, pues no era cliente del hotel.

Ha sido una manera distinta de ver un problema que yo tuve en el tiempo que fui agregado del Opus Dei. Para los agregados, su "casa" no es la residencia de numerarios, aunque sea su centro. Es lo que en mi época llamaban "apeadero", un lugar donde normalmente no había oratorio, ni tenía administración del Opus Dei que lo limpiara, debiendo recurrirse a una señora contratada para este servicio. En uno de estos sitios, en la calle Recoletos 5 de Madrid, tampoco había calefacción central y éramos los agregados que llegábamos a primera hora de la mañana los que encendíamos la calefacción. Claro que la calefacción se encendía dos o tres horas al día para ahorrar dinero. Eran los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo. Los numerarios nos decían que se trataba de vivir la pobreza. Ellos, los numerarios, sí que disponían de ese calor en sus casas o residencias.

Cuando me fui haciendo veterano, frecuenté con mayor asiduidad la residencia de los numerarios que atendían el "apeadero". Fue la ocasión de tratar no solo con el consejo local del centro de agregados, sino también con los residentes en la casa. Lo que dice Gervasio yo lo ratifico. Con tanto círculo, charla fraterna, uso del oratorio, sala de cooperadores, etc., se hacía difícil que el ambiente fuera agradable. A veces estabas haciendo la media hora de oración mental o meditación en el oratorio y era difícil concentrarse, pues era muy habitual que se abriera y se cerrara la puerta para saludar al Señor o para despedirse a la entrada y salida del centro. Y eso sucedía en la parte común del centro.

Los numerarios residentes disponían de su zona privada. Sus propias habitaciones individuales eran lugares donde no accedían agregados o supernumerarios que habían ido a hacer algo en el centro. Recuerdo que un numerario tenía su dormitorio al lado de la llamada sala de cooperadores, donde se guardaba el fichero de todos los libros que se podían leer o no y su correspondiente calificación, así como las fichas de cada una de las actividades que se desarrollaban dentro o fuera del centro y las publicaciones de "Crónica" y "Obras" de uso interno. Pues bien este numerario me dijo que aquello era su habitación y que no debía estar allí. Le hice frente y le señalé que aquello era de todos. Finalmente recurrió a la explicación de decir que había sido una broma. No me convenció. Otro día ya conté que en el mismo centro, me echaron de la sala de estar diciendo que aquello tampoco era mi sitio. Yo iba a esa residencia con miedo y precaución. Esa residencia, llamada "Lima" por estar cercana a la plaza de Lima, junto al estadio Santiago Bernabéu de Madrid, tenía para los agregados un "apeadero" en la calle General Yagüe. Era nuestro lugar habitual de reunión, salvo las excepciones y le denominábamos "El K", por ser el tercer piso letra K, aunque luego subimos tres pisos más arriba para dejárselo a un club juvenil también de la Obra que estaba en el mismo piso y con el que existía una fácil comunicación a través del patio. A los pocos años cerraron nuestro "apeadero" y los directores nos distribuyeron por otros centros.

Recuerdo otra cosa de "El K". El citado club juvenil decidió un día usarnos. No sé con qué permiso. El caso es que al día siguiente que fuimos a usarlo descubrimos que nos habían destrozado los asientos de las sillas tejidas con material vegetal. Bueno, yo lo había visto antes pues los domingos me gustaba desconectarme allí. Era como si hubieran pasado unos niños sin educación y nos hubieran destrozado nuestro lugar habitual. Debo aclarar que los que visitábamos el "apeadero" éramos todos mayores de cuarenta años y ejercíamos nuestra profesión. No entendíamos tal irresponsabilidad. Aquel lugar para agregados también era un sitio de escape para numerarios de la residencia de la que dependíamos. Uno de ellos, sacerdote numerario, solía estar muchos domingos por la tarde. El pretexto para estar en el "apeadero" de agregados era aprender inglés. Para ello encendía el televisor y conectaba con cadenas extranjeras de televisión. Por alguna razón no estaba en su casa, en su supuesto domicilio. Y eso que el fundador del Opus Dei decía a gritos en algunas tertulias que le Obra era el mejor sitio para vivir y para morir. Le añadía la coletilla "¡Qué bien se está en el Opus Dei!" Esto provocaba los aplausos de los asistentes. ¿Realmente el Opus Dei es el mejor sitio para vivir y para morir?

Un numerario al que conocí se había comprado un apartamento también cerca del estadio Santiago Bernabeu. Allí era donde se desconectaba. Le gustaba escribir libros. Para preparar sus textos llevaba a sus contactos a su "pisito" privado. Un día me comentó: "¿Te imaginas que yo esté hablando de tal personaje público con mi amigo y estemos oyendo de fondo el rezo del Rosario?" Esto es textual. ¿Por qué algunos numerarios viven en "pisitos" privados?.

EL CANARIO




Publicado el Miércoles, 06 abril 2016



 
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