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 Tus escritos: Releyendo a Dña. Maria del Carmen Tapia.- Orange

020. Irse de la Obra
Orange :

Ahora en verano, que tengo más tiempo libre he releído la espantosa experiencia de María del Carmen Tapia en el Opus Dei. Me ha vuelto a sobrecoger. Me quedo estupefacto al pensar en la actuación abyecta del fundador del Opus Dei, secundado por las miserables mujeres de la Asesoría Central. Del impresionante libro de María del Carmen Tapia "TRAS EL UMBRAL, UNA VIDA EN EL OPUS DEI", he entresacado algunos episodios que ilustran cómo funcionan las cloacas de esta secta:

PRIMERA ADMONICION CANONICA: “No habían pasado ni veinte minutos de haber llegado a mi cuarto, que estaba en el otro extremo de la casa, cuando me avisaron por el telefonillo interior del pasillo que fuera de inmediato a la sala de sesiones de la Asesoría Central. Entré. Monseñor Escrivá estaba de pie y se le veía iracundo. A su izquierda estaban don Javier Echevarría y don Francisco Vives, ambos con cara de consecuencia. A la derecha del Padre estaba la directora central, Mercedes Morado, María Jesús de Mer, la médica, y Marlies Kücking, la prefecta de Estudios. Todos tenían aspecto enfurecido. Yo me sentí aterrada ante el cuadro. La entrevista fue así...



 -Me han dicho éstas -dijo monseñor Escrivá apuntando con el dedo a la directora central y a las otras dos asesoras allí presentes- que has recibido la noticia de que no vuelves a Venezuela con histerismo y lloros.

 -Y gritándome, fuera de sí, me dijo-: ¡¡¡Muy mal espíritu!!! ¡Y no vuelves a Venezuela ni volverás porque has hecho una labor personalista y mala! ¡Y has murmurado documentos míos! ¡¡¡Documentos míos, los has murmurado tú!!! Y esto me lo decía jadeante y con su puño cerrado llevándolo hacia mi cara. Y agregó: -¡¡¡Y eso es grave!!!, ¡¡¡grave!!! ¡¡¡GRAVE!!! Y te hago una admonición canónica. ¡¡Y que conste en acta!! -dijo dirigiéndose a Javier Echevarría que, repito, no tenía cargo alguno en la Asesoría Central-. A la próxima-siguió monseñor Escrivá- ¡vas a la calle! ¡Siempre con enredos desde aquel año 1948! ¡Tú y el otro! ¡Y ahora me vienes con éstas! Y no llores porque lo que te pasa es que eres soberbia, soberbia, soberbia...

 -Y repitiendo esta palabra se fue yendo por la sala de cálices, hacia la sacristía mayor”.

SEGUNDA ADMONICION CANONICA: “Hacia mediados de mayo de ese mismo año noté que se me movía la tierra debajo de mis pies. Me llamaron en carrera, como siempre, a la sala de reuniones de la Asesoría Central. Monseñor Escrivá estaba sentado a la cabecera de la mesa, don Francisco Vives y don Javier Echevarría a su izquierda; don Álvaro del Portillo no estaba. A su derecha la directora central, Mercedes Morado, y la prefecta de Estudios, Marlies Kücking. Me hicieron sentar entre Mercedes Morado y Marlies Kücking. Se respiraba un ambiente de horror. Monseñor Escrivá me dijo a grandes voces, jadeante y fuera de sí:

-Mira, Carmen, esto se va a acabar. Tú no nos vas a tomar el pelo a nosotros.

Cogió una cuartilla que tenía delante de él y acomodándose los anteojos, me dijo:

-Me dicen que tú te escribes con Ana María Gibert, con esa mujer, ¡con esa mala mujer! Y que tienes un apartado aquí en Roma. Dejó los anteojos sobre la mesa y gritándome agregó:

-¿Qué es esto, grandísima hipócrita y falsa, mala mujer?! Yo le contesté:

-Sí, Padre, he escrito a Ana María Gibert, pero ella no es ninguna mala mujer.

Monseñor Escrivá continuó leyendo la cuartilla:

-Y la alcahueta esa de Gladys, cochina, ¡¡¡que venga!!! Llegó Gladys a la sala de sesiones, lívida. Sin previo saludo, monseñor Escrivá le empezó a gritar:

-¿Tú le llevas a ésta, a esta mala mujer, las cartas a correos? ¡¿Tú sabes la gravedad de lo que has hecho?! Gladys permaneció callada. Pero monseñor Escrivá insistió:

-¡¡¡Contesta!!! ¡¡¡CONTESTA!!!

Gladys, impertérrita, permanecía silenciosa. Entonces yo le dije:

-Sí, Gladys, di que me has llevado algunas cartas. Tras lo cual Gladys dijo:

-Sí, Padre. Y enmudeció.

-Ya lo sabes. Ya no trabajas más en la Asesoría Central. Dejas de poner los pies allá arriba.

-El piso de oficinas de Asesoría-. Que le busquen cualquier otro trabajo en la casa. Y ahora ¡¡¡vete a tu cuarto y no te muevas de allí para nada!!! ¡¿Lo oyes?! ¡¡¡Para nada!!!

Cuando Gladys salió de la sala de sesiones de Asesoría, monseñor Escrivá le dijo a la directora central y a Marlies Kücking, siendo testigo de ello los sacerdotes que antes mencioné:

-A ésa -refiriéndose a Gladys-, cójanla después, levántenle las faldas, bájenle las bragas y denla en el culo, ¡¡¡en el culo!!!, hasta que hable. ¡¡¡HÁGANLA HABLAR!!!

Dirigiéndose a mí, monseñor Escrivá me dijo gritando:

-¡Te hago la segunda admonición, hipócrita! ¿De modo que me escribes una carta con motivo de mi santo diciéndome que querías empezar de nuevo y es esto lo que me haces? ¡Háblales a éstas todo, todo, que eres de cuidado! Y te advierto que estoy esperando que me lleguen unas declaraciones juradas de Venezuela y verás lo que es bueno. ¡¡¡Eres una mala mujer, una ruin, una hez!!! ¡¡¡Eso eres tú!!! Y ahora ¡¡¡vete, que no te quiero ver!!!”

TERCERA ADMONICION CANONICA: “El 27 de mayo me volvieron a llamar a la sala de reuniones de la Asesoría Central... Esta vez, en la sala de reuniones de la asesoría central estaban reunidos monseñor Escrivá, Alvaro del Portillo, Javier Echevarría, Mercedes Morado y Marlies Kücking. Monseñor Escrivá me habló así:

 -Carmen, no tienes más salida que la calle. Escoge: a la calle pidiendo tú la dimisión y diciéndome en una carta que has sido feliz, ¡porque lo has sido!, pero que desde hace una temporada vienes observando que no te encuentras con ánimo de cumplir con los compromisos que tienes con la Obra y quieres que se te dispensen, o, si no lo pides así, llevo todo a la Santa Sede con documentos, cartas, declaraciones juradas, nombres de unos y de otros, y será la deshonra para todos por tu culpa, y la tuya propia: tu nombre quedará marcado en la Santa Sede. Te doy a elegir de aquí a mañana a las doce del mediodía.

 -Con gran irritación agregó-: No me pongas en la carta "querido Padre", sino solamente "Padre". Y siguió:

-Aún estás joven, y puedes encontrar por ahí un buen marido y desahogar por ahí todos tus instintos. -Al decir esto, recuerdo bien que hizo unos gestos con las manos como de quien manosea otro cuerpo-. No te faltará un buen hombre que quiera casarse contigo. Además, tú eres capaz de hacerte cargo de una oficina y sacarla adelante. Y aquí, cambiando el tono, la forma y los modales, agregó gritando:

-Pero que conste en acta: tercera admonición: ¡A la calle!!! ¡¡¡A LA CALLE!!! ¡¡¡Nos dejas en paz!!! O sea que ¡piénsatelo!: O pides tú la dimisión o la deshonra para todos y para ti la primera. Pero no hay más que una salida para ti: ¡a la calle!!!”

LOS ADIOSES: “También el 31 de mayo me dijeron por la mañana que fuese a la sala de sesiones de Asesoría. Monseñor Escrivá estaba de pie en la sala de cálices. Todos de píe formando un grupo, estaban don Javier Echevarría, Mercedes Morado, Marlies Kücking, María Jesús de Mer. Monseñor Escrivá me dijo escuetamente:

-Aquí tienes tu pasaporte, tu pluma, tu crucifijo, el billete de avión y el soggiorno del gobierno italiano porque sin él no puedes salir del país.

Cuando iba a decirle lo de mis otros documentos, Marlies me detuvo. Entonces, monseñor Escrivá empezó a caminar de un lado para otro, muy agitado, muy irritado, rojo, furioso, mientras decía:

-Y no hables de la Obra ni de Roma con nadie. No nos indispongas con tus padres, porque ¡¡¡si yo me entero que hablas algo peyorativo de la Obra con alguien, yo, José María Escrivá de Balaguer, que tengo la prensa mundial en mis manos -y decía esto mientras con un gesto confirmaba con sus manos esta idea- te deshonraré públicamente, y tu nombre saldría en la primera página de todos los periódicos, porque de eso me encargaría yo personalmente y sería tu deshonra ante los hombres y ante tu propia familia!!! ¡¡¡Ay de ti si intentas separar a tu familia del buen nombre de la Obra o decirle algo de esto!!! Y siguió:

-¡¡¡Y no vuelvas a Venezuela ni se te ocurra escribir a nadie de allí!!! Porque si se te ocurriera ir a Venezuela, ¡¡¡yo me encargaría de decirle al cardenal quién eres tú!!! Y te deshonraría!!!

-Estuve pensándolo toda la noche si decírtelo o no -siguió monseñor Escrivá-, pero creo que es mejor que te lo diga. -Y mirándome de frente, con una ira espantosa, moviendo los brazos hacia mí como si fuera a pegarme, agregó gritándome-: Eres una mala mujer. ¡Una pérfida mujer! ¡La Magdalena era una pecadora!, pero ¿tú? ¡¡¡Tú eres una corruptora con tus inmoralidades e indecencias!!! ¡¡¡Eres corruptora!!! Lo sé todo. ¡¡¡TODO!!! ¡¡¡HASTA LO DEL NEGRO VENEZOLANO!!! (Se refería a un sacerdote numerario del Opus Dei que siempre defendió a la sección de mujeres y a mí como directora de ellas) ¡Eres terrible! ¡¡¡ TE DA POR LOS NEGROS!!!: Primero con el uno (Se refería al hecho tan peculiar, según el criterio de Encarnita Ortega, narrado anteriormente respecto al doctor Panikkar) y luego con el otro. ¡¡¡ DEJA EN PAZ A MIS CURAS!!! ¿¿LO OYES?? ¡¡¡DÉJALOS TRANQUILOS!!!, en paz. ¡No te metas con ellos! Eres mala, mala. Indecente. ¡Vamos, mira tú que lo del negro! ¡¡¡ Y no me pidas la bendición porque no te la pienso dar!!!

Se fue yendo monseñor Escrivá hacia la capilla de reliquias y desde allí me gritó:

-¡¡¡Óyelo bien!!! ¡¡¡PUTA!!! ¡¡¡PUERCA!!!

Me quedé inmóvil. Congelada. Vi y oí todo aquello como una auténtica pesadilla. Ni lloré. Ni pestañeé. Dentro de mí, mientras monseñor Escrivá gritaba aquellos insultos, solamente tuve dos pensamientos: uno el de que Cristo se silenció ante las acusaciones. El otro, de que Dios me había liberado.”

Hago ahora un inciso de mi cosecha ante tanta indignación como siento: Esta mujer fue sometida a un plan premeditado de terrible y prolongado secuestro de varios meses de duración en los que fue sometida a un acoso que hoy día podría acabar con los autores delante de un tribunal de justicia. La trataron como a una rata, como a una cucaracha. Ante estos relatos solo cabe pensar… ¡estos del opus son unos tipos y tipas realmente malvados! ¡No se puede tratar así a nadie! Si escriba tuvo la manía de que María del Carmen Tapia era una hija prodiga (que no lo era, ni muchísimo menos), la trató como un vil y cobarde tiranuelo, siempre parapetado en su guardia pretoriana de sumisos y sumisas. Cometió un cruel abuso de poder, usando un lenguaje chusco, soez, zafio y barriobajero, dominado por la ira, la rabia y él racismo, mostrando su verdadera cara, mostrándose como verdaderamente era. En ningún momento de esos meses, a pesar de tanto rollo como se marcaba de hacer tanta oración y mortificación y decir tantas misas ante el embobamiento de sus fanáticos aduladores y aduladoras, fue un histérico, gritón amenazador y machacador de esta pobre mujer...

El actual prelado Echevarría, que era un don nadie y sigue siéndolo, pero escribía todas las actas de aquella iniquidad, fue un cobarde por aceptar la injusticia sin rechistar. No levantó la voz viendo que aquello era inhumano y anticristiano.

CAPITULO IX: REGRESO A ESPAÑA: Nos dice la maltratada María del Carmen con una sencillez y una lucidez admirables: ...“Respecto a mi vida espiritual, me costó trabajo confesarme, porque no quería hablar del Opus Dei y era inevitable hacerlo. Por fin un día.... me fui a confesar con otro dominico a una iglesia que está muy cerca de la casa de mis padres. Primero en el confesonario, y luego en su despacho, pude contarle las cosas a ese sacerdote. Recuerdo su silencio. Al final, me dijo:

- ¿Le puedo hacer una pregunta?

- Claro, padre

- ¿Por qué sigue usted creyendo en Dios?

- Porque Dios no tiene nada que ver con el Opus Dei -fue mi respuesta-“.




Publicado el Viernes, 26 agosto 2016



 
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