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 Tus escritos: El doblepensar.- Savonarola

060. Libertad, coacción, control
Savonarola :

En esta página se ha señalado en varias ocasiones -yo mismo alguna vez- la semejanza entre algunas características de la praxis del opus dei, y el régimen que imagina Orwell en “1984”. Aprovecho para recomendar su lectura (y la adaptación cinematográfica, que es bastante digna, en mi opinión), pues resulta muy útil para comprender bastantes cosas del mundo contemporáneo.

(Están dos cabras en un vertedero, y una de ellas mastica afanosamente un rollo de cinta de celuloide. La otra le pregunta: - ¿Qué tal está? Y le responde: - Bah, me gustó más el libro… Bueno, chiste malo a propósito de libros y pelis).

Para quien no conozca esta obra, copio este breve resumen tomado de wikipedia (el que la conozca bien se lo puede saltar)...



1984 es una novela política de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del Pensamiento y de la “neolengua”, adaptación del inglés en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado.

Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana. El término orwelliano se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela. La novela fue un éxito en términos de ventas y se ha convertido en uno de los más influyentes libros del siglo XX.

La novela se localiza en una futura Londres, (…) integrada, a su vez, en un inmenso estado colectivista: Oceanía. La sociedad de Oceanía está dividida en tres grupos. Los miembros "externos" del Partido Único, los miembros del Consejo dirigente, o círculo interior del partido, y una masa de gente marginada que vive atemorizada y aislada de la política, los proles.

Los miembros "externos" constituyen la burocracia del aparato estatal (de ahí la necesidad de la estricta vigilancia), viven sometidos a un control asfixiante y a una propaganda alienante que los desmoraliza y les impide pensar críticamente. El estado suprime todo derecho y los condena a una existencia poco más que miserable, con riesgo de perder la vida o sufrir vejámenes espantosos, si no demuestran suficiente fidelidad y adhesión a la causa nacional. Para ello se organizan numerosas manifestaciones donde se requiere la participación activa de los miembros, gritando las consignas favorables al partido, vociferando contra los supuestos traidores, dando rienda suelta al más desaforado fanatismo. Solo con fervor fanático se puede escapar a la omnipresente vigilancia de la policía del pensamiento.

El protagonista, Winston Smith, trabaja en el Ministerio de la Verdad, cuyo cometido es manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo (incluyendo fotografías, libros y periódicos), para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado.

Se pueden encontrar algunos paralelismos entre el régimen del Gran hermano y praxis interna del Opus Dei. Algunos muy claros podrían ser:

- La modificación de la historia. Siguiendo el aforismo de que “quien controla el pasado controla el futuro”, en 1984 se sustituyen las publicaciones donde aparecen personas, hechos o declaraciones que perjudican al Partido. Similar a las revisiones de Crónica y otras publicaciones internas, donde periódicamente se sustituyen párrafos (cambios en el Catecismo de la Obra o en Instrucciones para los Directores), se cambian fotografías porque aparece quien no conviene (alguien contó aquí hace tiempo haber tenido ese encargo), o se adultera y maquilla la historia a la manera que nos glosó por ejemplo Jaume.

- En la misma línea, un procedimiento habitual en 1984 es la “vaporización”, consistente en la eliminación del disidente. Pero una eliminación más eficaz que la mera eliminación física. Se hace desaparecer todo vestigio suyo y se elimina de la memoria de los demás. Es una eliminación que inconscientemente acaban haciendo todos como mecanismo de defensa psicológico. Realmente, los miembros del Partido se conducen como si nunca hubiera existido. En la Obra se evita todo lo posible mencionar a los que abandonan. Se evita referirse a ellos en la historia de la Obra, o en la historia de la labor en una región o en un centro. Así, si hubieran escrito algún libro, se retira sutilmente de las bibliotecas, o se elimina de la bibliografía recomendada en asignaturas internas, si fuera el caso. Los miembros tienden a reprimirse de preguntar por el que se fue, si lo ven por la calle muchos miran para otro lado… En definitiva, se tiende a realizar todo lo que más se acerque al hecho de que nunca hubiera existido. Si aún alguien pregunta por él se le dice que cambió de delegación o de región, no sea que le dé por hacer averiguaciones o contactar con él. [El hecho de que haya directores que sigan tratándole no contradice del todo lo anterior]

- Pero el elemento que siempre me ha cautivado más de la novela es el “doblepensar

«Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. (…) Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega... todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad.» (Orwell, 1984)

«Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas, emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria y luego olvidarlo de nuevo; y sobre todo aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo. Esta es la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había generado un acto de autosugestión. Incluso comprender que la palabra doblepensar, implica el uso de la doblepensar.» (Ibídem)

Si el Gran Hermano dice que 2 y 2 son 5, uno tiene realmente que pensar eso, aunque a la vez piense que son 4. Así, si el Padre dice que hay que hacer algo que en otra ocasión dijo que no debía hacerse, se hace (véase por ejemplo el testimonio de NoValióLaPena).

Se piensa a la vez que hay que evitar el trato con los ex, y al mismo tiempo preocuparse por ellos. Se está convencido de que el fin no justifica los medios, pero siempre hay que poner la institución por encima de las personas, practicando ese utilitarismo tan denostado. Se afirma a los cuatro vientos con convicción que uno tiene libertad para confesarse con quien quiera, sabiendo al mismo tiempo que uno tiene asignado confesor. Se defiende el valor del respeto a la confidencialidad, que se vulnera cuando “es necesario”, por “el bien de las almas” (¿no lo era respetar su intimidad?). Se reivindica la conciencia personal, y a la vez se abdica ésta a favor de la máxima “la voluntad de Dios llega a través de los directores” y “hay que obedecer siempre porque el que obedece no se equivoca nunca”. Hay que poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas… pero a la mayoría de los miembros se les ponen trabas para desenvolverse en su profesión como sus iguales, dificultando así tal misión. En el mismo sentido, en los estudios y el trabajo hay que ser “como el mejor, y si es posible, mejor que el mejor”; pero los encargos apostólicos siempre convierten en secundario el cumplimiento de las obligaciones profesionales.

Lo interesante de todos estos ejemplos (se podrían poner bastantes más: animo a los lectores de OpusLibros a que amplíen la lista), no es tanto que se incurra en contradicciones. Al fin y al cabo, la incoherencia abunda entre los seres humanos. Lo llamativo es la convicción con la que se sostienen ambos extremos en cada caso, estando la mayoría de los miembros convencidos SIMULTÁNEAMENTE de la verdad de tesis contradictorias. Bien es cierto que, como apunté al principio, no es un fenómeno exclusivo de la prelatura personal, pues, por ejemplo, en nuestras sociedades rige de un modo cada vez más preocupante le censura mental de lo políticamente correcto, que lleva a aceptar lo socialmente establecido aun cuando uno opine lo contrario. Pero, aún así, el Opus Dei me parece un muy buen ejemplo del doblepensar orwelliano.

Savonarola




Publicado el Miércoles, 07 septiembre 2016



 
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