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 Tus escritos: Al salir del cascarón.- Fueraborda

040. Después de marcharse
fueraborda :

Queridos todos,

Me dirijo esta vez especialmente a los que acabáis de romper el cascarón y dais vuestros primeros pasos hacia esa alucinante nueva vida cargada de incógnitas.

Es normal que al principio puedan aparecer sombras y fantasmas puramente imaginativos, monstruos que nos acechan, miedos, temores, angustias... Descubrimos que desconocemos totalmente aquel mundo del que nos jactábamos de amar apasionadamente, y esa calle que creíamos era nuestro hábitat, nos parece ahora que nos devora...



Y es que nos vemos distintos, y tenemos miedo a que se note, a que descubran que somos novatos de la vida cuando ya peinamos canas.

Y es que como todo en la obra de Escrivá estaba tan estandarizado, calculado, monitorizado, regulado, y escrito con sangre que, cuando nos encontramos en la vida real nos llenamos de asombro y perplejidad.

Pero os digo una cosa: el mundo está lleno de gente extraña, hasta más extraña que los opusinos, que no es poco. Los hay muy majaretas, los hay muy maniáticos, los hay que parecen marcianos, los hay groseros, los hay puritanos, los hay que se caen de tímidos, y de cobardes, de extravagantes, en esta sociedad nadie llama la atención, nadie se asusta ni sorprende ya de nada. No hay dos tíos iguales. Estábamos acostumbrados a ser todos como calcomanías del patrón opusdeístico, y a la menor salida de tono te caía la cof (corrección fraterna en argot de informes de conciencia) y nos parecía que si un día corríamos por la calle, todos iban a gritar: al ladrón, al ladrón.

Pues no. Aunque seas chico y te hayas puesto un vaquero ajustadillo, aunque seas chica y vayas con un transparente palabra de honor, aunque lleves el paraguas abierto un lúcido día de sol... Nadie te va a llevar al manicomio, y nadie se reirá de ti, ni te señalara con el dedo. Lo más seguro es que ni se fijen.

Así que tranquilo, tranquila. ¡Anda que no hacíamos cosas raritas y bien raritas porque a Escrivá se le antojaban!

¿Pues no he ido yo por la playa siendo adolescente con bañadores de mi madre porque tenían faldita? ¿Pues no he ido yo de compras con un puñado de numerarias auxiliares que me llamaban señorita cuando casi me doblaban la edad? ¿Y lo que recordaba yo el otro día de "por sus bolsas los conoceréis”? Y que me decís de cuando el médico nos quitaba la ropa y descubría en la parte superior del muslamen una corona de agujeritos rojos muy bien ordenados…

¡Y mil cosas más...!

¡Vamos hombre, no vengamos con pamplinas ahora de que nos van a tomar por raros por tener un desconocimiento absoluto de cómo funciona la vida!

Lo peor es disimular, avergonzarte, titubear.

Yo recuerdo que la primera vez que fui al cine, me planteé si todavía se daría propina a los acomodadores, y la primera vez que salí con un chico, me planteé si se llevaría todavía lo de que el caballero pagaba, y la primera vez que fui a un cajero, me puse las gafas de cerca para ir leyendo las instrucciones, y la primera vez que fui a un concierto, me planteé si me tendría que vestir de noche como hacia mi madre antaño... Pues todos esos, llamémosles "desconciertos", no pueden durar mucho. No se puede ir por la vida mirando a derecha e izquierda para repetir lo que hagan los demás. Que la era de lo "políticamente correcto" ya pasó, y no vamos a seguir a cuestas con la misma pesadilla.

Yo una vez corté por lo sano y me quedé tan ancha. Acababa de alquilar mi apartamento y me fui a la semana fantástica del Corte Inglés para hacerme con todos los útiles de cocina. Experiencia cero, creo que sólo sabía hacer crespillos, pero de los crespillos sólo me quedaba bien el pañito. Pues bien, le dije a la pelirroja con traje de chaqueta azul y placa: me tienes que ayudar a salir de un apuro, pues voy a comprar mi primer equipo de cocina, y no tengo ni la menor idea ni de hacer una tortilla. ¿Sabes? Acabo de salir del opus, y allí me lo daban todo hecho. Pues puso la misma cara que si le hubiera dicho: es que mi marido me ha dejado por otra y él era el que llevaba el tema doméstico. Y la pelirroja ni se tomaría la molestia de contarlo en su casa como anécdota.

En la obra no existía la espontaneidad, ni las salidas de tono, ni las excentricidades, ni las manías... Pero en realidad, esa es la salsa de la vida, eso es lo divertido de la calle, eso es el colorido de la vida, y eso es probablemente lo que a alguien le atraerá de ti.

Los "centros" se acabaron, ahora tienes un hogar. Los curas que no miran, ya no se cruzarán contigo: a lo sumo tendrás un amigo sacerdote que te puede explicar cómo puedes empezar de nuevo, mientras os dais una vuelta por el Retiro, o similar. Y harás regalos a quien te dé la gana, con ocasión o sin ella. Y podrás tener un perro, y llegar a tu casa a la hora que te dé la gana, o no llegar porque te encontraste por el camino con un hotelito de cine. Y andar en zapatillas por tu casa, y no disfrazarte de ejecutivo cada vez que entras en el comedor, y todas esas cosas pequeñas e insignificantes que son la sal de la vida cuando se hacen sólo porque apetecen.

Sé tú mismo. Sé tú misma. Te conocerás.

Que disfrutéis de vosotros, y de los demás.

Con todo cariño,

Fueraborda




Publicado el Lunes, 24 octubre 2016



 
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