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 Tus escritos: Mentiras y engaños.- Maria MR

030. Adolescentes y jóvenes
Maria MR :

¡Hola a todos! Me gustaría aportar mi granito de arena a la página. Aunque mi historia es muy poca cosa en comparación con lo que hay por aquí. Me conformo con que le sirva a una sola persona.

 

Si os digo la verdad tengo que excavar en mi memoria, pues cuando salí, construí un muro al que sólo de vez en cuando me asomo. Calculo que fue desde el 1999 hasta el 2001, cuando yo tenía entre 15 y 17 años, que formé parte del Opus Dei.

 

Antes de "pitar", mis primeros recuerdos en relación a la Obra son de engaño. De pequeña un día acompañé a mi hermana al club. Ella en seguida se fue con las de su edad y a mí me dejaron con las pequeñas, que no conocía. Me dijeron que tenía que actuar en un show para final de curso, yo dije que no quería, la numeraria de turno me dijo que vale, que sólo íbamos a ver Blancanieves (de lo que iba el show) así que miré tranquila la peli. Cuando acabó, dijo: "tú harás de enanito tal" y yo, que pensé que no se debía acordar de lo que le dije antes, repetí que ni hablar. No sé qué edad tendría pero yo creo que 8 o así. ¿Puede ser? No volví al club hasta la adolescencia...



La segunda vez de mentirme tenía once años, lo recuerdo bien porque ese año se casó un hermano. En el colegio, una numeraria que ni siquiera era profesora mía se obsesionó con llevarme de campamentos. Yo veía que con siete hijos y una boda ese mismo año a mis padres no les debía ir muy bien tener un gasto extra y así se lo conté. A ella le daba igual, y me llamaba a casa y me daba el tostón en el cole. Un día me vino a sacar de clase, yo sentada desde mi sitio le dije que si era por la convivencia que no iría. Ella dijo que no era por eso, pero una vez fuera de clase, fue lo mismo otra vez. Otra mentira. Conseguí librarme de hacerle caso.

 

Esto, junto a los comentarios que hacían mis hermanos sobre lavados de cerebro y gente que salía escaldada me convenció que yo nunca jamás de los jamases iba a ceder en algo así. Desde pequeña tenía clara mi posición. Soy bastante orgullosa y si digo no, es no.

 

En la adolescencia mis amigas empezaron a ir por el club, y yo con ellas. Era una buena manera de hacer algo divertido los viernes. Nos reíamos, hacíamos actividades chulas y de vez en cuando nos sacaban de fin de semana para estudiar y hacer una pequeña convivencia. Poco a poco si te convocaban para una merienda o a una actividad, antes del plan previsto y por arte de magia, aparecía una charla, un círculo, una meditación, una confesión...  Vamos, que seguíamos con los engaños. No ibas a jugar a baloncesto, o a ver tal película: ibas a meditación, y luego a algo más, aunque la propaganda que te habían hecho era al revés. Evidentemente me daba cuenta de todo, pero como yo estaba por encima de todo esto, lo tenía controlado, hacía lo que quería... no había peligro. En todo el tiempo que pasé en el club no tengo constancia que mis padres pagaran por las actividades que yo hacía, pensaba que se hacía así porque ellas trabajaban voluntariamente.

 

Hablando de vocaciones, cada vez que me proponían "la vocación" (por supuesto que se me propuso, ¡mil veces!) pues las toreaba, les decía que no, que yo quería formar una familia como mis hermanos. Pero claro, yo era una niña de buena familia católica, de un barrio bueno, un poco alocada, carismática, buena estudiante y me atrevo a decir que bastante mona (aunque no de arreglarse, eso a los treinta y tantos todavía no me ha llegado, ¡ja, ja!). Era la candidata perfecta, ¿para qué dejarme perder como supernumeraria...? Estaba claro que yo, si era algo  "súper", era "superpitable".

 

Al final lo consiguieron. Mi hermana acababa de ir a ayudar en India a la madre Teresa y me imaginé que siendo numeraria iría a ayudar a los países pobres. Era lo que creí en ese momento en el que dije "vale", lo juro. Iría por el mundo abriendo nuevos centros en lugares difíciles y necesitados. En cuanto dije "vale" no se dejó escapar ni un momento, enseguida tenía la carta escrita al Padre, que por cierto yo no sabía ni cómo se llamaba. De hecho no tenía mucha formación sobre el Opus Dei. Me sentía como ingresando en una organización secreta de espías, en plan 007, todo muy emocionante. Al acabar la carta imaginé que vendría alguien con unas fotocopias con las normas de lo que debía o no hacer, cuáles eran mis obligaciones, no sé algo de información... pero no. Eso de la información iría cayendo en cuentagotas, en momentos precisos.

 

Ahora que somos adultos y hemos firmado muchos papeles del banco, contratos, etc. se nos hace muy raro aquél momento. Lo normal no habría sido que me dieran la información después, como yo esperaba, ¡lo normal sería que la información de lo que estabas haciendo te la dieran antes!!!! La decisión de tu vida tomada en un segundo, y sin conocimiento. Yo no sabía a qué decía "Sí" y desde luego está claro que aquello no era una vocación sino una idea altruista que tuve en el momento justo. Pero deben tener miedo de asustar a alguien con tanta información al principio, por eso van dándola de gota en gota... ¿o no es por eso? Pues yo en ese momento no me habría espantado, estaba en las nubes pensando lo buena persona que era, habría dicho a todo "amén". Y es que muchas cosas ya sabía, que se dormía en tablas, que el dinero era para la Obra, que había cierta obediencia...

 

A partir de ese día empecé a mentir, como lo había visto hacer en ”””casa”””. Mi madre era cooperadora pero no veía bien las vocaciones de numerari@s, así que se lo escondí. Tampoco es que mi "vocación de misionera" me encajara mucho con mi actual "vocación de numeraria": hacer de monitora de las pequeñas, hacer las normas, correcciones fraternas o atraer a gente nueva no era lo mío. Así que siguiendo mi espíritu crítico que conservaba de cuando era niña no hice nada de eso, nada. Bueno, de vez en cuando algo, para disimular.

 

De hecho, en el centro, engañaba. Cuando me tocaba confesión o charla con la directora espiritual me inventaba el contenido. "A ver, cuela que he hecho la oración tales días, y escribo algún punto de Camino en la agenda para comentar, y listos!". La verdad es que los puntos de Camino, Forja y Surco nunca me dijeron nada. Me sentí muy identificada con el testimonio en esta página de "Sarnoso -¿Cuántos Opus Dei hay para un numerario?” (muy buen nombre por cierto…¡el burrito sarnoso!) Si yo hubiera seguido para adelante habríamos tenido vidas paralelas, creyéndonos libres y amos de nuestras vidas porque nos saltábamos las normas. Yo el cilicio sólo me lo puse una vez, pensé que iba a la cintura y que estaba hecho para anoréxicas.

 

La otra vida era en mi casa real, otra vida falsa: aparentar todo el rato que yo no era adscrita, ¡para nada! Así que mentira, tras mentira a mi familia. Sufría cuando me llamaban del centro para poder contestar sin dar mucha información, ya que hablaba desde el teléfono del comedor con mi madre delante. Escondía los libros por la habitación o el lavabo... ¡Hasta llegué a ir de curso anual diciendo que iba a un campo de trabajo en Madrid! Para el otro no sé qué me inventé...

 

Mi madre no era tonta, pero aunque de vez en cuando me daba la lata, en el fondo me debía ver tan poco formal que quizá pensó que el tema se acabaría por sí solo. Fuera del centro me comportaba como una persona normal. ¡Hasta salía de juerga por la noche con amigos de mi hermana, hasta las 6.00 de la mañana!!! En la discoteca no me pedían el DNI... y ¡qué bien me lo pasaba bailando!

 

Todo esto acabó cuando me enamoré. Ya me había enamorado antes, yo soy MUY de enamorarme, pero a éste no me lo sacaba de la cabeza. Él era supernumerario así que con la excusa de que me ayudara con mi hermana se lo solté enseguida, que era adscrita quiero decir, no que estaba pillada.

 

Que estaba pillada de él se lo acabé contando, meses más tarde. Evidentemente estaría en plena crisis vocacional. En algún momento me di cuenta de que mi vida era muy falsa y que no quería mentir más. También que hacer de canguro a niñas mimadas y pijas no era lo mismo que irse de misiones. Que te hagan la comida y la limpieza toda la vida es muy cómodo y clasista. Tenía amigas de familias más sencillas que iban a centros estratégicamente localizados en barrios más humildes y que eran numerarias auxiliares. ¿Por qué a mí no se me había planteado esa vocación? Habría preferido estar del lado del que responde cuando suena la campanilla...

 

Me planteé ser administradora para no estar en este ambiente pero descarté enseguida la idea cuando me dijeron que tendría que estudiar Nutrición y Dietética. Yo de toda la vida había querido ser escritora y periodista, pero últimamente en la dirección se me insistía que periodista no, que yo era muy tímida para eso. Ah, porqué casi se me pasa! Esa chica dicharachera que se comía el mundo empezó a ser un poco rarita... la adolescencia no debió ayudar mucho, pero la Obra tampoco. Me volví muy cerrada, insegura (más de lo que venía de serie) y amargada.

 

Así que con ganas de llorar todas las noches pero haciéndolo en silencio para que no lo oyera mi hermana, llorando en la ducha y llorando al estudiar, acabé decidida a planteármelo de verdad. Entonces un amigo al que ya no tengo el placer de tratar pero al que toda la vida le estaré agradecida quedó conmigo y me dijo que él se había planteado el sacerdocio pero que al estar triste con su decisión, el sacerdote que lo llevaba le dijo: "DIOS QUIERE SOLDADOS TRANQUILOS Y FELICES".

 

Y ya no hizo falta añadir más. Yo no era para nada feliz. Directa del café con mi amigo me fui al club a hablar con la directora, otro día tuve que hablar con la de la Delegación y fin del asunto. Se me reprochó evidentemente el tema del chico (perdonad, ¡os he dejado en vilo! A todo esto de los últimos días, va y le digo al chico que estoy enamorada de él y en crisis vocacional, y él me dice que me quiere desde que me conoce y que me esperará). Me decían que me habían visto con él (pues vale, con tres hermanos en el barrio no sé cómo distinguirían quién era quién, porque os aseguro que no hubo nada, ni siquiera paseos cogidos de la mano hasta después. Creo que solo quedamos dos veces para hablar). Pero fue fácil salirme del Opus Dei, la verdad, ya que conté lo de las discos y engaños en las confesiones y charlas así que dejé de ser un sujeto interesante enseguida. Ya no debía ser importante luchar por mi “vocación”.

 

Después, como el centro estaba en mi barrio, un día esperando a cruzar un semáforo de peatones al otro lado había una numeraria a la que había tratado mucho. Al ponerse verde y poder cruzar encendí mi cara y me acerqué con un alegre "Hola" pero la chica pasó de largo. También las de mi edad que iban por el club empezaron a criticar, y entendí que ya me estaba buscando nuevas relaciones si quería tener amigas. En el colegio las notas bajaron, seguro que yo estudiaba menos por los altibajos emocionales, pero bueno... quizá también alguien me cogió manía. Como me convencieron que para periodista no servía, tampoco me debí esforzar mucho, la verdad, pues mi segunda opción de carrera solo pedía un 5 pelado. Aunque la carrera que estudié me encantó, me da pena haberme creído que no servía para periodista. Para profesora de adultos, que es a lo que me dedico ahora, hacen falta todavía más ovarios, me parece a mí.

 

De mis amigas que pitaron, todas acabaron fuera. De especial atención el caso de una de ellas a la que echaron por no encajar y creo que la convencieron para que fuera su per. Se casó muy rápido (noviazgo rápido, ¡qué nefasto consejo!!l) y resultó que el tipo era alcohólico. Unos diez años después le dieron la nulidad. Ahora los chicos “del ambiente” la descartan porque tiene ese pasado. Otra vida fastidiada...

 

Otra chica amiga mía se casó también rápido, a los 22 años. Yo la consideraba muy madura y me parecía hasta bien que ella en concreto se casara joven. En la boda fui testigo. Tuve el atrevimiento de comentar en la mesa que era muy joven, pero madura para casarse...que me sorprendía porque la gente que conocía se casaba más tarde. No sé si interpretaron que decía que estaba embarazada o cualquier otra barbaridad parecida, pero nunca jamás volví a saber de mi amiga. Siempre he tenido la duda de si fue por mi desafortunado comentario (lo admito, pero yo sólo era una niña entonces) o si alguien decidió que tener una amistad especial con una "ex" era dañino. No me devolvió ni mi carta, ni e-mails, ni sms, ni llamadas, ni un mensaje de Facebook. Nunca volví a saber nada de ella. Había ido a vivir a otra comunidad, así que no me era posible aparecer en la puerta de su casa.

 

Por último, una amiga mía de la infancia que entró de numeraria muy joven, salió a los treinta y tantos con una depresión y, económicamente, con una mano delante y otra detrás. Lo pasó fatal, pero ahora en su perfil de WhatsApp pone “Feliz”.

 

Como secuelas a mi experiencia, no soporto el engaño, las mentiras, ni que alguien me obligue a hacer algo. Pesadillas, muchos años. Sensación de estar viviendo una vida que no me toca, aunque sea extremadamente feliz con mi marido (me casé con otro chico muchos años después, ¡por si os interesa el cotilleo!). Porque "el Amor bien vale un amor", esta idea se me debió marcar con fuego en el alma. Ya sabéis, “nadie será feliz si vive contra su verdadera vocación”. A una educación sexual pésima (de la cual no culpo a la Obra) sumémosle esta psicosis de nunca estar segura de si la cagaste cuando te fuiste, y tenemos como resultado vaginismo durante tres meses tras casarme. Para quién no lo sepa, con esta enfermedad que tiene muchas veces, como en mi caso, origen psicológico no hay manera de poder conseguir la penetración. Imaginaros lo que pensaba yo durante ese tiempo…

 

Mi solución al problema fue buscar mucho por internet, convencerme que había que descubrir qué había allí abajo y con la autoexploración (algo que estoy segura que te debe condenar al infierno quince veces) localizar la entrada de la vagina y conseguir relajar los músculos. Aprovecho para recomendar conocernos un poco, chicas, que somos mucho más complejas en el sexo que los hombres pero tenemos el mismo derecho de gozar y tener orgasmos que ellos. No descartéis NADA y haced partícipe a vuestra pareja de todo lo que necesitáis para llegar al orgasmo. A veces como es mi caso, hay un largo camino a recorrer pero si tenéis a alguien que os quiere de verdad y que tiene la santa paciencia de aprender con vosotras, luego os veréis recompensadas. Y recordemos que todo esto de la sexualidad lo inventó Dios!

 

Otra secuela es mi Fe. No es que haya dejado de practicar, ni mucho menos. Pero antes creía y ahora más bien quiero creer. Soy mucho más escéptica con todo lo sobrenatural y a veces también con según que actuaciones de la Iglesia. Eso sí, creo más que nunca que Jesús fue algo extraordinario al que si imitáramos, todo iría mejor.

 

Entiendo que alguien de la Obra pueda ver en mi caso que yo obré mal, y por eso toda mi "vocación" se vio afectada. Pero ellos, que desde el inicio me engañaron mil veces, que me permitieron escribir la carta sin informarme a lo que iba, sin asegurarse de que yo tuviera una verdadera vocación antes de atarme de por vida, creo que también obraron bastante mal.

 

Ahora me molesta encontrarme con gente del Opus Dei (que representa que son lo más cristiano de la sociedad) y que es machista, racista, o que no tienen ni siquiera empatía por los demás. Se creen los únicos católicos que aciertan, y que por supuesto saben más que el Papa...  que Francisco es más diablo que Papa, para algunos. No todo el mundo es así, gracias a Dios, pero creo que no debería haber nadie así. Tanta formación desde niños y no han captado dos de los mandamientos más básicos "No mentirás" y "Amaos los unos a los otros como yo os he amado".

 

Me sabe muy mal que la gente de dentro vea bondad dónde sólo hay control, si en lugar de intentar parecerse más al Padre intentaran parecerse más a Jesús y hacer exactamente lo que Él haría en cada momento de sus vidas, ¡qué distinto sería el Opus Dei de lo que es ahora! ¡Qué poca formación cristiana real se recibe!

 

Nunca en mi vida hablo de nada de esto, si sale el Opus Dei en conversaciones no digo nada, mis mejores amigas no saben nada de esta historia. Si me he animado a compartirla es porque tengo sobrinos que van por clubs y si me pongo a hablar directamente con ellos mis hermanas me matarían, quizá algún día alguno pase por aquí y les ayude.

 

Gracias a todos por haber compartido vuestras historias conmigo en Opuslibros, pues creo que necesitaba esta regresión y ver las cosas con otra perspectiva. A partir de hoy si algún día me viene a la cabeza eso de que fallé en mi vocación me voy a acordar de todos vosotros y vuestras historias para aceptar como fue mi adolescencia, y perdonarles a ellos, que no sabían lo que hacían.

 

Maria MR




Publicado el Miércoles, 08 marzo 2017



 
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