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010. Testimonios
Salypimienta :

Hola a todos!!!, respondiendo a la pregunta de Stoner...

Estimado Stoner: Primero que nada te agradezco que te hayas animado a escribir. Admiro tu valor, de verdad. Me gusta saber que hay numerarios con las ideas claras que se dan cuenta de que hay mucho que arreglar allí dentro.

Te cuento cómo es que las mujeres vemos a los numerarios en general: ¡como algo rarísimo!. El trato que he tenido con ellos ha sido bastante frecuente. Lo he comentado con algunas amigas que también han tenido ese trato, y la respuesta unánime es esa: SON MUY RAROS. De verdad que casi nada hay natural en ellos, desde la forma de caminar, de hablar, de desenvolverse en público todo es como muy estudiado. Lo que dices de los escotes es cierto, al hablarte no te miran a los ojos y parece que te ven el escote, entonces te incomodas y al darse cuenta de eso, el numerario también se incomoda. La verdad es que el trato de una mujer con un numerario siempre es así, incómodo. No es sólo lo de verte a los ojos, tanta afectación al hablar también es muy incómoda. Yo incluso diría que el trato en general de los numerarios hacia las mujeres es rudo. Cuando no, hablan como si estuvieran dando una cátedra, llegando incluso a parecer soberbios.

Muy pocos he conocido que son un poquito agradables con las mujeres. Nunca te saludan más que con un ¡hola!, a veces ni eso, ya no hablemos de saludarte de beso, es que ni la mano te tienden. A mí la impresión que me da es que intentan poner una barrera tan impenetrable entre uno y otra, que al final, lo único que las dos partes quieren es que se termine la conversación cuanto antes, aunque dicha conversación sea sobre la educación de una criatura, cosa que es de suma importancia, sobre todo, porque es imprescindible que las partes involucradas en ello estén de acuerdo.

Hay que hacer énfasis en que el lugar más común en el que una mujer puede tratar con un numerario es en los colegios, donde por lo regular es la mamá quien acude a las citas, la mayoría de las veces sola. Te podría contar mil anécdotas sobre las ridiculeces que he visto en el trato entre numerarios y mujeres pero no lo haré. El caso, es que parece que las mujeres a los numerarios les damos mucho miedo, lo cual, como ya conté, puede resultar contraproducente. A algunas mujeres eso les parece un reto, como que sienten que es un triunfo personal el poner en aprietos a un hombre que las ignora olímpicamente y eso lo digo para que lo sepan y tengan cuidado (los numerarios, no las mujeres). Algunos n suelen utilizar un lenguaje exageradamente mojigato lleno de expresiones como: “de cara a Dios”, “lo encomiendo”, “hay que llevarlo a la oración”, etc. Quizá con alguien de casa no resulten extrañas esas expresiones, pero con mujeres de fuera, es como si les estuvieran hablando en chino, además de que les parece extremadamente cursi, ningún religioso ni sacerdote fuera de la Obra habla así.

La diferencia entre el trato de numerarios con mujeres, es diametralmente diferente al trato de las numeraria con los hombres. Creo que en el caso de ellas, las cosas son más normales. Quizá se deba a que la numeraria nunca y por ningún motivo se encontrará frente a frente con un varón estando sola o sin una rejilla de confesionario entre el susodicho y ella. En el caso de los colegios, como dije antes, generalmente es la madre quien va a las citas, y cuando el padre es quien va solo, que es rarísimo que ocurra, la entrevista se hace con una tercera persona, ya sea la alumna o la preceptora de la niña.

No sé en las demás regiones, pero en México, creo que todas las numerarias han trabajado en algún momento en la administración de ‘algo’ de la sección de varones (un centro, una residencia universitaria, o así), por lo tanto, los nombres de los numerarios les suenan conocidos, y como han trabajado para ellos en algún sentido, se refieren a ellos con cierto aire de cariño (del más santo, de verdad). No creo que alguna vez lleguen a hablar con ellos como no sea por medio del telefonillo, pero seguramente les hablarían con un tono totalmente maternal porque de cierto modo ellas los ven a ellos así: como sus hijos. No voy a decir que en la Obra deberían hacer cursos anuales mixtos o algo por el estilo, pero quizá es hora de que tanto hombres como mujeres dejen de ver al sexo opuesto como un peligro latente, y aprendan a tratarse unos y otros con más naturalidad. Quizá así se logre que la expresión tan utilizada en la Obra: “Lo raro de no ser raros” tenga un poquito de verdad.

De corazón te digo, que la única manera de salvar al Opus Dei es que sus miembros comiencen a vivir en medio del mundo, pero del mundo real, con todas las consecuencias que ello conlleva. Y quizá también, en la sección de varones deban de aprender que las mujeres no somos todas unas arpías, que la mayoría somos buenas personas dignas de toda confianza, y que la gran mayoría de nosotras ni somos unas histéricas, ni olemos mal, ni vivimos a merced de los cambios hormonales. No sé por qué tipo de traumas, el Padre Josemaría tenía una visión tan mala sobre las mujeres, siendo además que vivía entre ellas (la Abuela, tía Carmen y las hermanas que murieron), pero esa visión al parecer la han heredado a todos sus hijos. De alguna manera puedo entender que en la España de aquella época el ver a la mujer casi casi como si se tratara de la mascota de la casa y el respeto hacia ellas fuera nulo era lo normal -desafortunadamente así ha sido tradicionalmente el los países latinos-, pero que se siga pensando de la misma manera 100 años después, la verdad que es una torpeza y una injusticia.

Besos a todos. Salypimienta.




Publicado el Viernes, 19 mayo 2017



 
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