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 Tus escritos: La ausencia de ocio que vivíamos las numerarias.- Shukem

070. Costumbres y Praxis
shukem :

“A propósito de Henry”, quiero decir, a propósito del cine y, de paso, de la “guarda de la vista” y la ausencia de ocio que vivíamos las numerarias, os cuento un par de anécdotas: una que recuerdo con diversión y otra que todavía me produce tristeza (“Sonrisas y lágrimas”).

 

Comencemos por el cine. En mis tiempos, gracias a Dios, veíamos en los centros varias películas al mes. La actual “recomendación/prohibición” de ver una al mes la encuentro realmente heroica. Me centro en la anécdota: En un determinado curso anual proyectaron la película “Los intocables de Elliot Ness”, protagonizada por Kevin Costner –para mí un actor hasta entonces desconocido…- Al principio de la película, aparece él de espaldas y el director sorprende al espectador (si es espectadora, ya no digamos) con un “golpe de efecto”: Kevin se gira hacia la cámara y ésta nos ofrece un primer plano sublime. Yo no pude reprimir mi sorpresa y el vuelco que me dio el corazón: “Pero ¿¿qué es esto?? Madre mía, qué visión, qué maravilla de criatura humana, qué hermosura!!!!” Lejos de mirar hacia otro lado, levantarme en el acto y marcharme, disfruté durante hora y media de los ojos, el pelo, el rostro de mi nuevo ídolo cinematográfico. No recuerdo con certeza quién estaba sentada a mi lado, pero debía de ser alguna numeraria divertida, natural y con sentido común, porque le di la tabarra durante toooda la película, de eso sí que me acuerdo. Gracias a Dios, no hubo ninguna corrección fraterna al respecto. He de decir que la visión de un físico varonil tan estupendo jamás me supuso tentación alguna (claro está que no lo tenía ante mí en carne y hueso); antes bien, me ayudaba a dar gracias a Dios por la grandeza de sus obras... Perdonad, porque relato una anécdota personal, pero pienso que se podía ser numerari@ y persona normal, natural, sin comportamientos absurdos y monjiles.

 

Voy con la otra anécdota, que ya no versa sobre el cine sino sobre la música y la falta de asueto con que vivíamos l@s numerari@s. En unos de los centros donde estuve, no existía ningún equipo de música. No sé a cuento de qué, pero el caso es que debí de comentárselo a mi familia –que sabía cuánto me gustaba la música-. A los pocos días la directora me llamó a su despacho; había llegado un paquete para mí (¡qué alegría!) Por supuesto, ella ya lo había abierto (decepción), aunque tuvo “el detalle” de volver a cerrarlo –sin disimulo alguno-. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que dentro había un fantástico equipo de música con el que mi madre había querido sorprenderme. Puesto que era un centro de gente joven, nos alegramos muchísimo. Desgraciadamente, lo utilizábamos únicamente para oír música los sábados por la mañana, mientras limpiábamos (algo es algo); la casa tenía varias plantas, con un coqueto patio en el centro; allí colocábamos el equipo, que se escuchaba desde casi todos los rincones. Pues recuerdo que un sábado, al terminar el desayuno, antes de la limpieza, la numeraria que estaba a mi lado le preguntó a la subdirectora (la directora no estaba) si podíamos escuchar música mientras limpiábamos (ojo, la pregunta no era si podíamos tumbarnos “a la bartola” mientras escuchábamos música, sino mientras nos pegábamos la paliza de limpiar una casa con no sé cuantísimas habitaciones, salitas y cuartos de baño). La subdirectora, muy arisca, contestó con un “¡No!” rotundo. Yo me quedé helada y a la numeraria que lo había preguntado se le llenaron los ojos de lágrimas. Lo sentí tanto que le dije algo con ánimo de consolarla (en realidad, la consideraba mi amiga, además de “hermana” y estuve tentada de decirle: “no llores, que la pobre subdirectora es… “-mejor me callo-). Y es que la negativa de la “dictadora” en cuestión me pareció totalmente absurda, ridícula, injusta; sinceramente, un auténtico abuso de autoridad. Vamos a ver, ¿es que la vida de numeraria (y numeraria auxiliar, dicho sea de paso) no es de por sí bastante dura, con renuncias de todo tipo, madrugones tooooodos los días del año, Normas y más Normas, trabajo profesional, encargos, medios de formación, apostolado y un largo etcétera? ¿Es que ni siquiera se puede escuchar música mientras se limpia, ¡¡¡una vez a la semana!!!? Pero si es que no se puede ni dar un paseo sin preguntar a la directora, y si preguntas, te dice que para qué quieres pasear (¡para desfogarme, por Dios!)… En fin, que lo recuerdo como un auténtico tostón, la verdad.

 

Como alguien decía el otro día, antes de pitar nadie nos advirtió que ya no podríamos ir al cine, al teatro, a un concierto; yo añado, nadie nos dijo que tendríamos que pedir permiso para poder ¡escuchar música en nuestra propia casa…! En fin, con ese ahogamiento (y muchas más cosas), al final ocurre lo que ocurre, que una no puede más y explota.

 

Un abrazo a tod@s.

 

Shukem




Publicado el Lunes, 22 mayo 2017



 
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