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 Tus escritos: El tren de un agregado con clase.- Pinsapo

076. Agregados
Pinsapo :

EL TREN DE UN AGREGADO CON CLASE

Pinsapo 10/11/2017

Leer las historias de estas páginas me reafirma en mi convencimiento de que quien mayor beneficio obtiene de ellas es su autor, al sacar de dentro su sufrimiento acumulado durante años de vida en la Obra, poniendo nombre y apellidos a tanto dolor inexplicado. Al pensar en esto volví a leer el sincero agradecimiento de Armando tras leer mi historia con lágrimas en los ojos, con una emoción y alegría inmensas, mostrando su gratitud por relatar con delicadeza tan terrorífica experiencia, por lo que le ayudó para sanar su propia herida que aún seguía supurando, perdonando a quienes nos hirieron y así poder perdonarnos a nosotros por no salir a tiempo del autoflagelo, de esa vida que bajaba la autoestima haciéndonos creer no ser merecedores de afecto, a causa de la falta de amor a uno mismo, y en consecuencia, incapaces de amar a otros...



Al concluir mi historia ofrecí una reflexión sobre el perdón, ante ese sufrimiento moral y déficit de amor no correspondido que a algunos hunde en la depresión, y a otros les otorga la aptitud de la resiliencia: la capacidad de sobreponerse al dolor emocional cristalizado en trauma, por la que la persona aprende a afrontarlos y sobreponerse, le otorga la habilidad de adaptación en entorno hostil, de proteger su integridad bajo presión y resurgir fortalecido. Lo cierto es que la vida se hace soportable cuando se acepta un pasado que fue un descalabro y no deteniéndose a rumiar la desgracia como si ese pasado se pudiera cambiar, eludiendo quedar apresado en las redes del rencor.

Me pidió Armando ahondar en la figura del agregado, y ahora puedo hacerlo tras retomar la amistad con un antiguo compañero del centro de estudios que estuvo varios años en consejos locales de agregados, y estando el fuera de la obra, con libertad me ilustró sobre su experiencia con agregados. Al terminar el centro de estudios se repartían destinos a los numerarios según categorías de mayor a menor: los de mejor clase social, aspecto y calificaciones (muy cumplidores y más bien rígidos) eran destinados a labor de San Rafael de numerarios de la capital; los del segundo escalafón a los mismos centros de otras ciudades de la delegación; al tercer escalafón iban los muy empollones a centros de universitarios; y en el cuarto y último lugar, los destinados a atender centros de San Rafael agregados, viviendo en residencias de San Gabriel que atendían tanto a supernumerarios como a agregados mayores.

Durante los dos años de formación en Wespoint (centro de estudios), nadie explicó nunca con claridad cómo era la vida de los agregados, en las escasas ocasiones que surgía ese tema. El error más común del numerario de cuarta clase al ser destinado como subdirector a centro de agregados de San Rafael, era el de entrar como un elefante en una cacharrería al pretender, de forma imprudente, aplicar los criterios de la vida del numerario a agregados con mucha más experiencia en la vida real que un imberbe salido del centro de estudios como pollo sin cabeza. Ello por pensar de forma ilusa que por el mero hecho de ser célibe el agregado podía tratar de teledirigir sus vidas como si viviesen en los centros. Cierto que eran los mismos compromisos del numerario de obediencia, celibato y pobreza (entrega de todo el sueldo, cuenta de gastos y consulta de gastos extraordinarios). Pero olvidaba que el valor añadido que aporta la vida de un agregado es que en su casa nadie le supervisa, sino que vive sus compromisos sin la estrecha supervisión de los centros de numerarios, por tanto con auténtica libertad de espíritu, que es la principal carencia de la vida del numerario.

Ciertamente nunca ayudó el confuso origen histórico de la figura del agregado, condicionada su existencia por consideraciones tan accesorias y tan humanas como ser de una posición social más humilde, el carecer de título universitario, o lo que es más sangrante, teniendo posición y título universitario, padecer una carencia física. Aunque en esto también hay múltiples excepciones a la regla general, que hicieron que incluso una persona que ahora es sacerdote numerario, con confesionario en la Iglesia del Señor San José, fue pasando por todas las categorías: supernumerario, agregado, numerario y finalmente, sacerdote. No obstante, es regla general que por su mayor inserción en el mundo real, los agregados contaban con mayor riqueza emocional y sentido común que muchos numerarios, ahogados en su burbuja.

En esos centros destaca el papel de los celadores, ese grupo de 3 o 4 agregados más fieles y cumplidores que actuaban como “longa manus” de la dirección, que implicaba poder llevar charlas fraternas de otros agregados, dar círculos e incluso poder ser secretarios del consejo local, junto a numerarios que siempre serían director y subdirector. La cualidad más destacada en el celador era la obediencia sin cuestionar nunca la autoridad de los numerarios dirigentes, y así someter a los díscolos agregados que recibían con la escopeta cargada al joven numerario recién llegado de subdirector o al nuevo director.

El cargo de director de centro de agregados solía durar muy poco por percibir ese ambiente hostil impensable en los centros de numerarios, en un latente conflicto entre la clase de agregados y la clase dirigente numeraril, cuando los centros de agregados eran mucho más rentables económicamente para la delegación al generar un superávit con periódicas entregas de sobres de dinero. Al tratarse de edificios viejos y baratos por ser de zonas humildes, sin gastos de residencia (comida, ropa, limpieza) como los centros de numerarios; y porque los agregados permanecían muchos años allí ingresando sus sueldos íntegros por comenzar a trabajar desde jóvenes.

Me maravilló la historia que me contó sobre un joven agregado economista con el que hizo amistad durante los años en que fue subdirector del centro de agregados próximo a la Basílica de la Macarena, que traía de cabeza a los directores del consejo local por el solo hecho de pensar por sí mismo. Fue al primero que le adjudicaron llevar su charla fraterna con la advertencia de tener cuidado con él y no hacerle mucho caso, pues les volvía locos con sus inusuales cuestionamientos de todo tipo. Sin embargo fue de quien más aprendió, por su agudeza en detectar las incoherencias de la vida de los numerarios que al compararse con la de los agregados, delataba que nada tenía que ver con la de cristianos en medio del mundo. Era una persona de grata conversación, que enseguida consiguió buenos trabajos, que pasaron desde subdirector de banco, hasta delegado comercial de empresa nacional líder de ventas. Con él acudió este numerario a mítines electorales de todos los partidos políticos: de derechas, socialistas, comunistas y andalucistas. En todos ellos realizaba un análisis sociológico de los asistentes muy revelador sobre los prejuicios y peajes de cada grupo social. Curiosamente se trata de una persona de pensamiento tradicional católico totalmente disgustado con el actual papado, que acude a las misas en latín que los domingos se celebran en el barrio de Santa Cruz de Sevilla.

Y aún así, su pensamiento era de una agudeza intelectual desconcertante para un numerario, por el hecho de cuestionarse todo a su alrededor, lo pesados que eran los círculos, meditaciones y charlas de personas sin dotes de comunicación, repitiendo como papagayos guiones que llevaban años sin renovarse, con los mimos chistes malos y anécdotas edificantes, que por repetitivas provocaban el rechazo del mensaje que querían trasladar. Ponía en solfa los tintes autoritarios de alguno de los sacerdotes numerarios que aterrizaban de mala gana por el centro, en contraste con algún sacerdote diocesano agregado, con los pies sobre la Tierra y mayor misericordia.

Este agregado vivía con sus padres en uno de los barrios más caros de la ciudad, curiosamente entre la sede de la delegación de  Sevilla y Tarfia, cantera de numerarios; derivando la llamada de agregado por estudiar una diplomatura en vez de licenciatura. Vestía con elegancia, ropas de marca, y solía pasar por alto la consulta de estos gastos, planteando de forma irrechazable las consultas importantes como la compra de coche por motivos laborales. Le encantó tener su anillo de oro de la fidelidad con el escudo heráldico de sus apellidos, como los numerarios más sibaritas. Su domicilio se situaba cercano al de de otro agregado, derivando en este caso su llamada como agregado por el mero hecho de padecer un defecto físico (tenía hermanos numerarios), pero de una simpatía y audacia tal como para traerse a la tertulia cultural de los sábados al ex futbolista del Sevilla FC y estrella mundial Diego Armando Maradona, que aparcó su Porsche en la calle del humilde barrio del centro de agregados.

Una de las cosas que le divirtieron de nuestro agregado economista fue su teoría sobre el acuerdo existente entre la RENFE y la Obra para facilitar el transporte de los agregados. Por su condición, se asignó a los agregados el apostolado rural, ostentando la dirección de las Escuelas Familiares Agrarias, a las que curiosamente se llega en tren de cercanías en Brenes y Lora del Río (Sevilla), Almodóvar del Río (Córdoba) y Guadaljucén (Mérida); que al tratarse de viejos edificios y contar con albercas en lugar de piscinas, eran los lugares destinados para las convivencias de verano y cursos de retiro de los agregados, por supuesto sin administración de numerarias sino con cocineras del pueblo ajenas a la prelatura. La estación del tren de cercanías en todas estas pequeñas poblaciones estaba a tan escasa distancia de cada EFA, que permitía a los pasajeros prelaticios acudir caminando por la carretera con la maleta a rastras.

Mi amigo numerario llegó llorando al centro de agregados y también se marchó llorando cuando, al verano siguiente del 25 aniversario del centro (que mereció un edulcorado artículo de Crónica sobre su asentada labor en el barrio) cerraron el centro. Le tocó empaquetar en cajas el mobiliario y enseres, tirar al Guadalquivir de un armario de dirección unos 50 cilicios y disciplinas abandonadas por sucesivos ex combatientes. El motivo que comunicó la Delegación del cierre fue un ambicioso proyecto para edificar allí un nuevo centro de agregados con residencia de numerarios incluida. En realidad se encubrió un cierre definitivo más que cantado: cada año dejaban de ser agregados 3 o 4 personas, no pitaban chavales, el secretario se marchó y se casó con una supernumeraria. A los pocos meses fue vendida la casa, que durante años fue usurpada por “okupas” ilegales. Hoy en día, 20 años después, sigue la casa vacía.

Este agregado con clase estaba en el punto de mira de los aborregados por su espíritu libre y su categoría humana, tachado de díscolo por los directores, quienes le reprochaban su espíritu crítico y le imputaron como defecto dominante la soberbia y de postre una pertinaz falta de visión sobrenatural. El encajaba estas recriminaciones con británica flema, emulando el dicho de TÁCITO: “Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas.” Mi amigo tenía grabada una peculiar reflexión que le hizo este agregado tras la vuelta en tren de un curso de retiro en Almodóvar: “Hay situaciones en la vida en las que si al pararte a pensar no te desprendes de los esquemas ajenos, dejas pasar el tren de la autenticidad.”

Pinsapo




Publicado el Viernes, 10 noviembre 2017



 
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