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 Correos: De cómo me trataron a mí cuando me fui.- Dax

040. Después de marcharse
Dax :

Querido Zartán de los Nomos:

En honor a la verdad y en respuesta a tu artículo "Caminatas aleatorias", diré que a mí sí me trataron bien cuando me fui. Paso a detallar lo que es "tratar bien" para que se me entienda bien, también. Que conste que, con lo que aquí digo, me hago identificable para cualquiera que me conozca. No pasa nada. Al igual que decía en la enmendatio aquello de "en la Presencia de Dios, nuestro Señor, me acuso de blablablá" también están escritas estas líneas (de las que habré de dar cuenta ante Él) en la Presencia de Dios, nuestro Señor. Estas, y todas las que siga escribiendo para Opuslibros.

A mí me trataron bien cuando me fui. Es cierto: estaba en una ciudad pequeña (los de San Miguel ascendíamos a 9 (7 n+2 agd)), en un centro bien curioso, y, por lo que sea, quería y era querido por todos los que vivían en aquel centro al que yo, como agd emigrado a aquella tierra lejana, iba a cenar y a hacer "vida de familia" (bufff, para cuánto daría esa expresión) bastantes días por semana. A alguno le daba un poco más igual, uno (que luego se salió a la par que yo) no me podía sufrir, pero con el resto me llevaba bien. Fui la Oreja para alguno que otro de aquellos. Alguno, alguna vez, alguno de vez en cuando, se desahogó conmigo. Recuerdo, con inmenso cariño, a uno de ellos, mayor, que lo pasaba muy mal, y que encolerizó cuando me fui. No contra mí. Le daba rabia que me hubiera ido, la daba mucha pena, me quería un montón y yo a él.

Después de dejarlo, cuando me encontraba a cualquiera de ellos por la calle (incluso si iba en compañía de alguna chica), normalmente al menos me saludaba. Si era posible charlábamos un rato. O nos tomábamos un café. Mientras estuve en aquel país, incluso, seguía haciendo excursiones (como antes de irme) con alguno de ellos. Siempre que vuelvo, voy a comer a aquel centro, y me quedo en la tertulia. Y si me encuentro a quien sea por la calle, o en Misa (repito: ciudad pequeña), me preguntan, les pregunto, con real cariño. Compartí diez años de mi vida con aquellos tipos a los que abrazaba (para escándalo de alguno, me daba igual) por los pasillos, a los que me llevaba a merendar (a veces sacándolos a rastras de su cuarto), a los que preguntaba que cómo estaban sus padres o sus hermanos. En algunos casos, también, eran recíprocos el cariño, las formas y la preocupación. Uno, sobre todo, aquel director bueno que se jugó el alma por mí, viendo que si lo pasaba mal (aunque fuera después de 12 años) no podía ser que Dios me quisiera ahí (sí, existen tipos así en el Opus Dei, doy fe de ello), me escribió muy a menudo mientras permanecí en aquel país. Me sigue escribiendo. Es un tío grande.

Otra cosa es, claro, que después de 13 años en la Obra y de entregar religiosamente mi sueldo durante 9 años, de allí salí con lo puesto, que en mi caso, por ser agd, era lo que había en mi piso. La cuenta corriente con 1000 €, por si tenía que hacer algún viaje de trabajo. Y ya.  Al cabo de los meses, antes de regresar a España, tenía una conversación muy crítica, pero llena de cariño y de verdades como puños, con el que luego ha devenido Vicario Regional de aquel país. Le dije lo que me jodía tener que empezar la vida desde 0 con 30 años. Y, en concreto, tener que empezar a ahorrar habiendo estado ganando bien durante casi dos lustros. Le hice una estimación del dinero que había "perdido" en la Obra. De que me daba rabia. A lo cual me espeta: "bueno, no eres un padre de familia con 6 hijos, no pasa nada". Sí, es verdad, tampoco era un numerario. Tenía mi piso, mis sartenes (alguna donada por la Administración y que no me fue reclamada al salir, todo sea dicho), mi tabla de planchar. Y ya. Pero jode que te digan eso. No se le ocurrió preguntar si me hacía falta algo. Creo que eso sí que nadie me lo preguntó. Me imagino que sabían que me iba bien, y no lo hicieron por eso.

Al volver a Madrid, tierra de la que partí, las cosas fueron muy desiguales. Hay quien me sigue llamando, hay quien me trata con cariño, hay quien hasta me escucha las salidas de tono que me dan de cuando en cuando, cuando me hierve la sangre recordando las injusticias que se hacen allá, las cosas que no van bien, los engaños a precio de media verdad. Y los hay, también, que, después de haber estado con ellos en cursos de inglés, campamentos, cursos anuales, etc. vuelven la cabeza al verme. Como si no me hubieran visto, los tíos. O como si hubieran visto a una tía buena. Que las dos cosas son tentación, ambas del demoño, hay que guardar la vista. Imagino.

Sí que me dolió que de los otros 6 agd con los que hice tantos cursos anuales (del país vecino), solo uno me escribió cuando se enteró de lo mío. Quizá los otros no se enteraron. O creían que me había vuelto a España. O me dieron por muerto. No lo sé. Son seis héroes esos tíos, de todas formas, aunque solo me escribiera uno. Ya hablaré de ellos.

Eso fue después de irme.

Lo de irse es harina de otro costal. Eso de que hay que empujar para entrar pero que las puertas quedan abiertas para irse… ¡Menuda trola! Pero eso ya, para otro día.

Dax.




Publicado el Miércoles, 07 febrero 2018



 
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