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 Tus escritos: SUPERNUMERARIOS: Vivir en la calle de la amargura (VI).- Salypimienta

078. Supernumerarios_as
salypimienta :

SUPERNUMERARIOS: Vivir en la calle de la amargura (VI)

 

Ahora me gustaría hablar de cómo viven las normas los supernumerarios y del tema de los hijos. Exactamente por estos temas en particular decidí titular así estos escritos por que es donde verdaderamente a los supernumerarios se nos trae por la calle de la amargura.

Si para los numerarios, el cumplimiento de normas de vez en cuanto les parece complicado, imagínate para los supernumerarios que de verdad viven en medio del mundo real porque no les queda de otra y tienen que ver cómo se la rifan para cumplir con las normas y con otros ochocientos pendientes...



En eso, yo digo que la diferencia entre un numerario y un supernumerario, es como si tuvieras que recorrer una autopista a pie (los supernumerarios) o en un Ferrari Testarossa (los numerarios), digamos que los agregados y las numerarias auxiliares lo harían en bicicleta. En primer lugar, si no estás casada con un supernumerario, es como recorrer la autopista a la pata coja, porque desde el Serviam! tienes que esconderte prácticamente para cada norma. No todos los hombres (o mujeres) que no son de Casa entienden que te pases todo el día rezando y corriendo a la Iglesia más cercana a cada rato. Tampoco es que te levantes y tengas media hora para dedicarte a la oración.

La mayor parte de los supernumerarios ya van a todo vapor cuando los numerarios están tranquilamente en el Oratorio haciendo la meditación sin tener que escuchar gritos del tipo: Mamaaaaaaaaaaaá, ¿por qué a Perejil le diste un huevo frito más grande que el mío?... o otro aterrador: - Salipimientaaaaaaa, ¡plánchame la camisa blanca de mancuernillas que está hecha un churro! Y todo eso mientras tienes que peinar a la niña mayor con un peinado de fantasía porque hoy hay convivencia en la escuela y hay que ir peinada diferente, además de medio darle el biberón al bebé que berrea a todo pulmón porque está muerto de hambre y meter el almuerzo de los niños en las mochilas. Los supernumerarios no lo llevan más fácil, porque aunque no ayudaran en nada –que es raro que pase-, hacer la oración en medio del jaleo mañanero de una casa de familia numerosa no es algo que sea posible.

En cuanto a la Misa, pues te tienes que aprender los horarios de las Misas de las Iglesias más cercanas a tus ocupaciones o las que te queden en camino a todas las cosas que tienes que hacer. Y con esa instrucción de que no puedes hacer ‘hora santa’, pues a buscar un momento en la tarde para ir a hacer la Visita y ver si puedes robarte unos minutos más para rezar el Rosario en la Iglesia que es lo máximo de la vida, porque así nadie te interrumpe y no te pierdes en los misterios del Rosario y tampoco te quedas dormida como un lirón.

Hay que tener en cuenta, que la mayoría de las casas de los supernumerarios a lo mucho cuenta con una persona que ayude en las labores del hogar. O sea, esos hogares luminosos y alegres la mamá es quien en el 90% de las veces es la directora de la administración, y toda la administración entera: es la portera, la de la cocina, la de la lavandería, la de la plancha y además de las labores añadidas: cuida niños, llévalos y tráelos de todas partes, atiende al marido, cose botones, cura heridas, ayuda con las tareas escolares, y encima de todo esto, la mayoría trabaja y todas tienen encargos apostólicos… El varón tampoco lo tienen fácil. Trabaja como burro para sacar a la familia adelante, cumple con los encargos apostólicos, le ayuda a la mujer con los niños y con lo que puede de la casa. (Hago un paréntesis para contar una anécdota enternecedora. Un supernumerario, al ver que su esposa supernumeraria no podía más a partir de las ocho de la noche, le dio de regalo de algún aniversario la promesa de que él se iba a encargar de poner todos los días las lavadoras y de doblar la ropa cuando estuviera seca… Todas nos moríamos de envidia de tal regalo. De verdad que esas cosas son más valiosas que un diamante. De ese tipo de detalles que tienen los supernumerarios hablaba la vez pasada).

Dime si no es una injusticia enorme que tu directora, que es una señorita que duerme tranquilamente sin bebés llorones, ni niños que se enferman y se ponen peor en la noche; que no se tienen que angustiar porque se te olvidó comprar huevos y a ver que les das de desayunar, que además no tiene ni que salir de su casa para la Misa y todas las normas las hace en la comodidad y silencio de un Oratorio, que no se echa un pleito con el marido porque se le olvidó ir a pagar el recibo del teléfono y que no tiene que preocuparse por preparar desayuno comida y cena porque todo le hacen y su único trabajo es hacerle la vida miserable a las supernumerarias que tiene bajo su cargo (porque nunca me tocó una directora que trabajara en otra cosa que no fuera el consejo local), te eche una bronca espantosa porque llevas varios días rezando el Rosario a medias. Yo sé que cuando pedimos la admisión nos comprometimos a hacer las normas y a dejarnos dirigir, pero ¿es justo que te dirija alguien que no tiene ni la más remota idea de lo que es tu vida? ¿No sería mejor que te dirigiera otra supernumeraria que al menos sabe de lo que se trata?

Hace poco Class dijo que un numerario o un sacerdote había estudiado y escuchado (más bien) lo suficiente como para poder dirigir a un casado, e hizo la comparación de que un oncólogo puede curar un cáncer sin haberlo padecido nunca. Mediterráneo se encargó de contestar a semejante disparate. Yo sólo puedo añadir, que si cada persona es un mundo, imagínate lo que es cada pareja. Sería humanamente imposible, incluso para un supernumerario entender del todo los problemas que vive otro supernumerario solamente por la cantidad de variables que pueden existir de una pareja a otra. Yo no me atrevería ni a pensar en poder aconsejar a una numeraria, sencillamente porque aunque conozca su vida al derecho y al revés, yo nunca he vivido lo que ella. Por más que me cuente no tengo ni una idea aproximada de lo que se siente haber renunciado al amor humano y a la maternidad, por poner algún ejemplo.

Otro caso similar es el de los numerarios que creen que por haber escuchado miles de charlas de supernumerarios, saben todo sobre el amor humano… y con esa ilusión salen algunos y no hacen más que fracasar en todas las relaciones amorosas que tienen porque piensan que todo se tiene que ajustar a lo que escucharon durante tantos años sin tomar en cuenta que ni ellos son supernumerarios ni las parejas que se ligan son de Casa en la mayoría de las ocasiones. Y de verdad, las personas que nunca han tenido nada que ver con el Opus Dei NO nos entienden y es muy difícil que lo lleguen a hacer a menos que con toda sinceridad les expliquemos por lo que hemos pasado y eso es algo que la mayoría de nosotros no es capaz de hacer. Y aún que se le explicara a la nueva pareja por todas las vicisitudes que hemos pasado, lo más probable es que no entiendan para nada lo que les estamos diciendo. Yo conozco muy pocos casos en que el que salió se casó o se juntó con alguien que nada tenía que ver con la Obra y han conseguido tener una relación de película. Se trata de casos aislados que han funcionado porque de verdad se encontraron dos almas gemelas que se aman incondicionalmente.

Pongo un ejemplo: a mí me contaron miles de veces lo que se sentía tener un hijo, y yo me sentía experta en el tema… hasta que nació mi primer hijo y me di cuenta de que todas las explicaciones que me habían dado se quedaban cortas y nunca se ajustaban del todo a lo que era en realidad. Así pasa con esto.

¡Qué raro! Ya me largué a dar vueltas por los cerros de Úbeda, ¡perdón!

Otro tema muy delicado, es la sexualidad de los supernumerarios. Esta nunca concierne sólo a los dos miembros de la pareja. En ella están involucrados los directores y los curas: que quede bien claro que el sexo está ordenado a la procreación. Nunca escuché decir, que el acto sexual se tenía que tomar como una actividad recreativa, lúdica, de compenetración con la pareja, o simplemente como una demostración de amor profunda. El interés por la vida sexual de los supernumerarios por parte de algunos sacerdotes y algunos directores siempre me pareció indiscreto, fuera de lugar y muy incómodo. Muchas veces este interés parecía incluso obsesivo. Un sacerdote en especial me resultaba de verdad perturbador porque te preguntaba hasta por los detalles más íntimos de tu vida sexual. Un día tuve que decirle que me molestaban mucho ese tipo de preguntas (valiente que es una) porque me preguntaba que cómo me vestía para seducir a mi marido –¡viejo entrometido!- y no volvió a las indagaciones jamás… pero ¿cuántas se habrán atrevido a pararle los pies?

A las directoras lo que más les interesa de tu vida sexual es que no quedes embarazada al ritmo y frecuencia que ellas piensan que debes de contribuir a la explosión demográfica del mundo. Les da igual si quieres o no, el tema de la familia numerosa no está abierto a debate. Si no quedas embarazada cuando según ellas ‘deberías’ estarlo, te hacen un interrogatorio como de la KGB, y sólo cuando están convencidas de que no estás haciendo trampa (la única trampa que hacíamos las pobres supernumerarias era usar el ritmo, el método Billings o un aparato que te avisaba sobre tus días de ovulación para que mantuvieras las aproximaciones amorosas del esposo a raya, no nos atrevíamos a más), entonces se compadecían de ti y te recomendaban rezos y novenas y lo dejaban por la paz. Si te acusabas de estar evitando un nuevo embarazo, te caía tal sermón encima que casi que ese mismo día hacías cuanto estaba en tu mano para quedar embarazada. Muchas supernumerarias han tenido que pasar por histerectomías. A veces se debe a la cantidad y frecuencia de los embarazos que el útero queda en muy mal estado, cuando esto sucede, es una bendición y un alivio para ellas que aunque tienen que pasar por esa intervención quirúrgica, porque eso significa NO MAS BEBÉS sin hacer trampa. Es dramático pensar que haya mujeres que recen para necesitar una extirpación de útero porque es la única manera en la que no quedarán embarazadas cada año. La recomendación entonces es, que tú nunca y por ningún motivo des a entender que quisieras tener sexo, que te esperes a que el marido te pida el débito conyugal y la rutina de siempre: que no se note que lo estás pasando bien, no le toques nada y todo el jolgorio en posición misionera.

Por hoy me despido, y el próximo escrito tratará de cuando los supernumerarios se quedan sin pareja.

Besos a todos.

Salypimienta.

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Publicado el Lunes, 12 febrero 2018



 
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