Mi experiencia.- José Saturio
Fecha Miércoles, 14 enero 2009
Tema 900. Sin clasificar


Mi nombre es José Saturio Gutiérrez.

Nunca he sido del Opus Dei pero tenía al Opus Dei como uno de los mejores clientes del grupo de empresas que dirigía. 

Cuando yo era joven, mi abuela al hacerse mayor, me puso al frente de las empresas que tenía. Se dedicaban al transporte por carretera. 

Los autocares SAMAR de una de las empresas que dirigía, hacían las rutas de los colegios Retamar, Orballe, Tajamar, etc...



También hemos llevado autocares llenos de funcionarios a TorreCiudad muchas veces y cuando fue la beatificación de Escrivá, a Roma llevamos unos 200 autocares, fundamentalmente de argentinos que llegaban a Madrid y no tenían vuelo para Roma. 

Mi madre que fue hija única, al morir mi padre sufrió un gran bajón y se trataba con Enrique Rojas. No sé bien por que Enrique Rojas me recetó medicación a mí y empecé a tomarla. Ahora pienso que acepté tomarla porque me la recetó coincidiendo con algunos problemas de trabajo, me encontraba un poco estresado y dormía mal, como es lógico y normal cuando se dirigen unas empresas con 850 empleados y 10 mil millones de las antiguas pesetas de capital en activos y surgen problemas de algún tipo. 

Las empresas que yo dirigía estaban participadas tanto por mi madre y hermanos como por mí. De la noche a la mañana mi madre y hermanos me retiraron los poderes y me quitaron del frente de estas empresas. No hubo motivo para ello. Había beneficios, todos vivíamos muy bien y no se había dado desfalco, estafa o alguna cosa rara. 

Al frente de las empresas oficialmente quedaron y siguen dos hermanos míos que no pintaban nada y se incorporaron otras dos personas, una de ellas un abogado, que eran las que realmente mandaban en el grupo. 

Que mi familia que siempre había confiado en mí dejara de confiar de un día para otro supuso un golpe brutal y mucho sufrimiento y corrí a ver a Enrique Rojas ya que era persona en la que confiaba plenamente a explicarle todo lo que me estaba sucediendo, ajeno yo totalmente a que Enrique Rojas pudiera estar detrás de lo que me había ocurrido.

Entre tanta angustia y sufrimiento al no entender por que mi madre y hermano me habían quitado su confianza, me encontraba muy mal y el bueno de Enrique Rojas me dijo que él me podía curar pero que era un tratamiento algo caro. Yo tenía una familia y en ese momento no sabía cual sería mi futuro puesto que siempre había trabajado en las empresas de mi abuelo y aunque me encontraba tan mal que estaba decidido a hacer el tratamiento se me ocurrió preguntarle a Enrique Rojas cuanto me iba a costar y se descolgó con la bonita cifra de 40 millones de ptas. Me fui y es entonces cuando empezó a caerme mal porque me pareció un usurero y pensé que en lugar de ponerme al frente de las empresas de mi abuelo debería haberme dedicado a ser catedrático de psiquiatría por el pastón que debían ganar.  

Creí que mi familia se daría cuenta del error cometido y me restituiría a mi puesto o bien me daría alguna explicación sobre el proceder que habían tenido conmigo, pero esto no sucedía y al estar sin trabajar continuamente le daba vueltas a la cabeza para comprender por que se le habían cruzado los cables a mi familia. No se me pasaba el sufrimiento y estaba desesperado. No permitían que me acercase a mi despacho e incluso una vez me denunciaron por estar cerca de la sede del grupo. 

Siempre había creído que la culpa la tenía mi madre, hija única y persona que siempre había sido un poco caprichosa y nunca le había dado un palo al agua, que empezaba a hacerse mayor y en mi desesperación volví a ver a Enrique Rojas para pedirle que lo único que quería era que hablase con mi madre y el resto de mi familia si hacía falta para que me restituyesen a mi trabajo. Enrique Rojas me dijo que sí pero que estas conversaciones me costaban 25 millones de ptas. porque era un hombre muy ocupado con muy poco tiempo y estas gestiones se tenían que hacer con mucho tacto, debía preparar argumentos, etc. Me volví a ir de su consulta.  

Con el tiempo me enteré que al mismo tiempo que Enrique Rojas trataba a mi madre y a mí, estaba tratando también a dos hermanos míos, que fueron los que me sustituyeron en mi puesto y que se habían hecho del Opus Dei. Trataba a una buena parte de la familia y no sabíamos del tratamiento de los otros, excepto de mi madre (ahora sé que mi madre con cierta edad y sin saber nada del mundo, fue una presa fácil para Enrique Rojas). 

Mucho más tarde me enteré que me habían retirado de la dirección de las empresas y los poderes que tenía porque Enrique Rojas había hablado con ellos y les había dicho que debían retirarme. No sabría decir quien de mi familia hizo más caso a Enrique Rojas pero me apartaron totalmente. Al principio me dieron un sueldo para que viviera que luego me retiraron. 

Mi relación con mi familia de sangre es prácticamente nula y alguna vez que he visto a mi madre me ha parecido que siente haber hecho lo que hizo. La cuestión es que lo hizo y las funestas consecuencias las he pagado yo. 

En el año 97 me dio un infarto serio del que me recuperé pero tengo informe médico que dice fue debido a la medicación que me había dado Enrique Rojas y al sufrimiento y estrés que llegaron a mi vida tras la intervención de Enrique Rojas con mi familia.  

Otro día relataré que ha fue sucediendo con las empresas y como al enterarme yo de que había intervenido Enrique Rojas y denunciar, encargaron a mi mujer bajo amenazas, que me disuadiera para que dejase de denunciar y la fueron malmetiendo hasta que se rompió también mi otra familia.

Saludos a todos de José Saturio

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