Obsoleta educación sexual de los jóvenes.- Doserra
Fecha Wednesday, 10 May 2006
Tema 030. Adolescentes y jóvenes


Se han publicado bastantes comunicaciones hablando de los efectos emocionales que frecuentemente tiene el enfoque negativo con que en los medios de formación de la Obra suele tratarse lo relativo a la sexualidad. Sus directrices centradas casi exclusivamente en la huida de las ocasiones no tienen nada que ver con la teología del cuerpo que Juan Pablo II enseñó en las audiencias de los miércoles de los primeros cuatro años de su pontificado, ni con el enfoque positivo de Benedicto XVI en sus reflexiones sobre la personalización del eros, en su encíclica Dios es Amor.

 

Este no saber cómo vérselas serenamente con el sexo se nota especialmente en la negativa a aceptar la coeducación escolar (que nada tiene que ver con ninguna cuestión de espíritu, vinculada al carisma fundacional) en sus centros de enseñanza secundaria y en la consiguiente defensa numantina que hacen de la educación separada, a la que llaman diferenciada, como si en la enseñanza mixta no cupiera atender diferenciadamente a los alumnos.

 

Es una más de las contradicciones del Fundador entre sus enseñanzas y su plasmación práctica. Predicaba mucho sobre plantear la castidad como afirmación gozosa, como triunfante afirmación del amor; pero luego mantenía una actitud bastante maniquea en relación al sexo. Y otro tanto le sucedió en relación a formar a l@s muchach@s de san Rafael sobre la grandeza del matrimonio. Pues escribió lo que se puede leer en el texto que cito a continuación, pero luego, quizá por el sesgado enfoque proselitista que promovía, incurrió en el mismo defecto que había criticado:

 

“Normalmente, en los centros de enseñanza, aunque sean llevados por religiosos, no se forma a la juventud de manera que aprecien la dignidad y la limpieza del matrimonio. No lo ignoráis. Es frecuente que, en los ejercicios espirituales –que se suelen dar a los alumnos, cuando ya cursan los últimos estudios secundarios-, se les ofrezcan más elementos para considerar su posible vocación religiosa que su orientación al matrimonio; y no faltan quienes desestiman a sus ojos la vida conyugal, que puede aparecer a los jóvenes como algo que la Iglesia simplemente tolera.

        En el Opus Dei hemos procedido siempre de otro modo y, dejando muy claro que la castidad perfecta es superior al estado matrimonial, hemos señalado el matrimonio como camino divino en la tierra. No nos ha ido mal, al seguir este criterio: porque la verdad es siempre liberadora, y hay mucha generosidad en los corazones jóvenes, para volar por encima de la carne, cuando se les pone en libertad de elegir el Amor” (Carta Dei amore, 9.I.1959, n. 53).

 

Posiblemente, por haber dejado de poner en práctica este criterio, les “ha ido tan mal”: las adhesiones suscitadas mediante la ocultación de esa posibilidad vocacional, se les vienen desvaneciendo muy rápidamente, en cuanto los captados objetivan el Matrix al que artificialmente habían sido inducidos. ¿Valieron la pena tantas alforjas para tan corto viaje?

 

Saludos cordiales,

 

Doserra







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