SAYES, JosŽ Antonio: Jesucristo, ser y persona, Aldecoa, Burgos 1984, 168 pp.

1. Con esta obra, SayŽs aborda la constituci—n ontol—gica de Cristo y la noci—n filos—fica de persona, teniendo en primer plano y como punto de partida la doctrina del Concilio de Calcedonia.

El libro est‡ dividido en dos partes. La primera de ellas, sobre la historia del concepto de "persona", consta de cinco cap’tulos, dedicados respectivamente a la Žpoca patr’stica; Boecio y Santo Tom‡s; el constitutivo formal de la persona (Escoto, Capreolo, Cayetano, Su‡rez, T’fano); el nuevo concepto de persona en el horizonte fenomenol—gico (GŸnther, Rosmini, Loisy, Rahner, Galot); y otros autores que no siguen, en mayor o menor medida, las ense–anzas del Concilio de Calcedonia, como Schoonenberg, Schillebeeckx y Gonz‡lez Faus.

La segunda parte, mucho m‡s breve, la dedica el autor a exponer su propio pensamiento sobre el tema, y consta de tres cap’tulos: metaf’sica del sujeto de atribuci—n, la psicolog’a de Cristo, cristolog’a y antropolog’a.

2. Tras constatar que "en Calcedonia se impone el concepto intuitivo y no el tŽcnico" de persona (p. 38), el autor concluye que "es preciso buscar un concepto de persona como sujeto diferenciado de la naturaleza y que no sea, por otra parte, un accidente" (p. 40), pues "Calcedonia nos pide confesar que la misma y œnica persona es Dios y hombre, pero no que un mismo y œnico ser sea Dios y hombre" (p. 60).

Este concepto lo encuentra en el estatuto ontol—gico de la "persona como sujeto de atribuci—n, como portadora o gestora de la naturaleza" (p. 125): "En Cristo hay un s—lo sujeto de acci—n, un s—lo gestor, que obra a travŽs de esta doble naturaleza" (p. 139). En consecuencia, SayŽs afirma que en la Encarnaci—n "la persona del Verbo, sin dejar de ser de naturaleza divina, se ha hecho de naturaleza humana, posee un ser que antes no ten’a, ha recibido y participa de un ser humano creado. Por lo tanto, la encarnaci—n le afecta al yo del Verbo, no es una yuxtaposici—n ni una relaci—n de raz—n, sino que ahora le afecta el l’mite, en adelante es de naturaleza limitada (sin dejar de ser divino por otro lado)" (pp. 142-143).

3. Segœn SayŽs, "podemos bien decir que un yo sea a la vez de naturaleza divina y humana"; el yo, o sujeto, que es Ñsegœn el autorÑ de naturaleza divina y humana, es al mismo tiempo gestor de la naturaleza; as’, mientras acepta con el concilio de Calcedonia que no existe mezcla de naturalezas, parece afirmar que esa mezcla tiene lugar en el yo, que es simult‡neamente de naturaleza divina y humana.

El problema que comporta la afirmaci—n de que, en la Encarnaci—n, la relaci—n que se establece de lo divino a lo humano no es m‡s que de raz—n, est‡ bien tratado por SayŽs; no obstante, con el rechazo de esta afirmaci—n cl‡sica no resuelve la cuesti—n dentro de la l’nea de Calcedonia, que es donde el autor quiere mantenerse.

En el cap’tulo dedicado a la psicolog’a de Cristo, el autor rechaza la ciencia de visi—n en Cristo y, por otro lado, afirma la presencia de una conciencia de la filiaci—n divina en Cristo que excluye la virtud teologal de la fe (p. 156). Por eso, segœn SayŽs, Jesucristo tendr’a perfecto conocimiento de su condici—n divino-humana gracias a la operaci—n del yo, por medio de una "traducci—n" de la conciencia divina a la conciencia humana, sin explicar c—mo es posible o por quŽ camino tiene lugar esta traducci—n de conciencia.

L.M.S.

 

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