CELA, Camilo José

Mazurca para dos muertos

Seix Barral, Barcelona 1983

 

Sumario

I. Introducción; II. Fábula; III. Trama: A. Introducción; B. Resumen de la trama; C. Trama; IV. Personajes; V. Valoración literaria; VI. Valoración doctrinal; VII. Vocabulario Gallego-Castellano

 

I. Introducción

Mazurca para dos muertos, se presentó, como otras obras importantes del autor con el sello del éxito (10 ediciones entre septiembre de 1983 y febrero de 1985) que culminó en la concesión del Premio Nacional de Literatura. Todavía a poca distancia de la fecha de publicación, la crítica ha dejado juicios elogiosos en general, con algún testimonio negativo: subrayando la continuidad de las novelas de Cela, Santos Sanz Villanueva señala que "estas dos últimas obras (Oficio de tinieblas, 1973, y Mazurca para dos muertos) confirman la dificultad de Cela para sostener un argumento y unos tipos"; Mazurca para dos muertos le parece "una prueba más del agotamiento del escritor, que se repite a sí mismo, y de su siempre precaria capacidad para novelar. Mazurca... es una repetición barroquizante de La colmena y de San Camilo 1936, con la salvedad de haber sustituido el marco urbano por el contorno rural, y con el agravante de haber acentuado los flancos más débiles de su literatura"[1].

 

II. Fábula

La novela es fundamentalmente un relato sobre la guerra civil española en un marco rural gallego. Sobre el fondo de una numerosa galería de tipos y costumbres, más o menos curiosos y en algún caso degradados, que componen esa sociedad rural concreta, destacan los miembros de la familia más importante del lugar, los Guxinde, y se describen sucesos de la guerra; sobre todo el que constituye propiamente el argumento de la novela: el asesinato de Baldomero Marvís y Cidrán Segade, por Fabián Minguela; y la posterior venganza que la familia, una vez terminada la guerra, toma contra éste último. Fabián Minguela, aprovechándose de las circunstancias de la guerra en zona nacional, manda sacar a Afouto y Cidrán de sus casas y les dispara por la espalda, en la carretera. Después de la guerra, se reúnen los Guxinde, y el hermano de Afouto, Tanis Perello, es designado para matar a Fabián Minguela (Moucho). Lo hace azuzándole sus perros de presa, con lo que en el informe forense, que se reproduce al final de la novela como Anejo único, su muerte se califica de accidental, debida a un ataque de lobos. Por otra parte, Adega, la mujer de Cidrán Segade, al morir Moucho, desentierra el cadáver y lo da de comer al cerdo, del que luego come ella y manda parte de la matanza a toda la familia.

 

III. Trama

A. Introducción

La novela no tiene capítulos y está compuesta íntegramente por el monólogo interior del narrador que escribe el relato, en el cual fluyen libremente observaciones varias, historias de múltiples personajes fragmentadas y recurrentes —se organizan con técnica de puzzle, retazos de conversaciones, etc.— con distintas voces narrativas y distintos puntos de vista. El conjunto es difícil de resumir: las cosas se suceden unas a otras, sin solución de continuidad —generalmente por asociación— en el flujo de la memoria, como en una ocasión se dice: "Robín Lebozán lee lo que ya va escrito y entorna los ojos para pensar. Sí, me gané el café, no hay duda, hay cosas muy lejanas y cosas más próximas, la memoria revuelve el tiempo de los sucesos y los nombres de las personas, a la memoria tanto le da, la verdad es que ya queda todo muy lejano." (p. 189).

Dentro del desorden temporal que esto supone, pueden, sin embargo, distinguirse algunas partes siguiendo el proceso antes-en-después de la guerra, aunque algún hecho fundamental (la venganza particular de Adega), que ocurriría después del final, se viene desgranando desde el principio de la novela, y se hace patente antes de que suceda el hecho que la hace posible (la muerte de Moucho). "A Afouto lo mató un muerto del que nadie quiere acordarse, algunos ni pronuncian su nombre a ver si poco a poco se les olvida; el muerto que mató a Afouto mató también al difunto de Adega y a diez o doce más, al muerto que mató a Afouto lo acorraló un pariente mío y fue a morir como un caballo viejo en la fuente das Bouzas do Gago." (p. 8).

Prescindiendo, pues, de algunos entrecruzamientos temporales que no desfiguran excesivamente el hilo de los sucesos, y simplificando la concurrencia de personajes menos significativos para la trama, podrían distinguirse varias partes en la novela, que expondremos primero brevemente para no perder la visión de conjunto, y después la describiremos con más extensión.

B. Resumen de la trama

1) Hasta la página 135 aproximadamente, lo que predomina es la presentación de personajes pertenecientes al medio rural gallego (Orense), en el tiempo anterior a la guerra: especialmente los relacionados con la familia de los Guxinde y ellos mismos, en una panorámica del país. A la vez, Adega comienza a contar a don Camilo, intercalada y paulatinamente, lo que hizo con el cadáver de Moucho.

2) A partir de la página 121 y sobre todo desde la 135, comienza a predominar el tema de la guerra, con dos vertientes: lo que sucede en esa Galicia descrita anteriormente, que queda en zona nacional, en la que se dan continuos fusilamientos de muchos de los personajes conocidos en la primera parte; y, por otro lado, una breve escapada hacia otras tierras, protagonizada por Raimundo el de los Casandulfes y su primo el artillero Camilo, que, heridos en el frente, se curan en el hospital de Logroño antes de volver a su país natal. En las páginas 164-169, vemos a Moucho matar a Baldomero Marvis (Afouto) y Cidrán Segade, con las manos atadas y por la espalda. Gaudencio, en casa de la Parrocha, estaba tocando la mazurca Ma petite Marianne.

3) En la página 204, después de una enumeración caótica de muertos en el frente (también muchos de los ya conocidos), prostitutas (también mencionadas), bandos y consignas nacionales, etc., se incluye el famoso parte que da por terminada la guerra. Meses más tarde, los Guxinde se reúnen el día de San Carlos (4 de noviembre) de 1939 (pp. 222 y ss.) para cumplir la ley del monte: el que mata debe morir. Don Camilo designa a Tanis Perello para cumplir la sentencia. En la última página de la novela (249), Tanis mata a Moucho con los perros que cría. Gaudencio aquella noche estuvo tocando la mazurca Ma petite Marianne hasta el amanecer.

4) Anejo único. Se adjunta el Informe forense sobre el cadáver de Minguela. Se achaca la muerte a los lobos.

C. Trama[2]

1) En esta parte, como se ha dicho, el hilo que predomina en el recuerdo del narrador —en el que se alternan libremente descripciones, narraciones, breves diálogos y el monólogo de Adega (aunque ésta se dirige siempre a don Camilo, pero sin respuesta)—, es la presentación de los personajes, de los que se cuentan los rasgos más característicos de su vida, físico, actuación, etc. La presentación fundamental que se hace es la de los miembros de la familia Guxinde, muy extensa, empezando por los hermanos Gamuzos, el mayor de los cuales, Baldomero Marvís (Afouto) es uno de los dos muertos que dan título a la novela.

"El mayor de los Gamuzos se llama Baldomero, bueno, se llamaba, porque ya murió, Baldomero Marvís Ventela, o Fernández, otros le dicen Fernández, es lo mismo, y se le conocía por Afouto porque era muy decidido y no tenía miedo a nadie, ni vivo ni muerto. El día del Apóstol de 1933, en Tecedeiras, que queda en la carretera de La Gudiña a Lalin, antes de llegar a la mámoa de Corredoira, Afouto desarmó a una pareja de la guardia civil, les ató las manos a la espalda y los entregó en el cuartel, con los mosquetones y previo recibo. A él le dijeron que le iban a dar una paliza, después no se la dieron, y a los dos guardias los echaron a la calle." (p. 12).

También se habla reiteradamente de Policarpo el de la Bagañeira, Adega, su hija Benicia y su hermano Gaudencio; de Moncho Requeixo Casbolado (Moncho Preguizas), Marcos Albite y la señorita Ramona. Todos son Guxinde. Entre las páginas 38 y 42 se cuenta el curro del Xurés, al que asistieron, en tiempos de la República, los varones jóvenes entonces de la familia: los tres Gamuzos mayores (Baldomero, Tanis, Roquiño), Policarpo el de la Bagañeira —que pierde tres dedos de la mano—, Brégimo Faramiñás, Marcos Albite, Moncho Requeixo, Cidrán Segade —recién casado con Adega— y otros. De esta importante reunión, que preside Afouto, se excluye expresamente a Fabián Minguela: "Los Zapateiros no montan a caballo. A Fabián Minguela, Moucho, no le dejamos venir al curro; los Carroupos tienen todos una chapeta de piel de puerco en la frente, eso vale para encender mixtos, sí, pero no para hacerse al monte detrás de los caballos ni para andar como si tal cosa entre nosotros todos. Además, los Carroupo no son del país, bastante hacemos con no escorrentarlos a palos. Y si crían mala sangre, pues que críen lo que quieran, que el mundo da muchas vueltas y la última palabra siempre está por decir" (p. 39).

Al terminar la evocación del curro, hay una clara pausa en la novela (p. 43): "Cuando Robín Lebozán terminó de escribir lo que antecede, lo leyó en voz alta y se levantó". Se abre de nuevo otro período de presentación de personajes, de la familia y no de la familia, casi todos marcados por historietas de carácter sexual, ordinariamente aberrante. Así las relaciones que tienen como centro la casa de la señorita Ramona (Ramona, Rosicler, Raimundo el de los Casandulfes...); anécdotas de personajes muy dispares, la mayoría ya incoados en páginas anteriores: la criada muda de los Venceás, que hace muy bien el licor de café (se incluye la receta), don Benigno Portomourisco Turbisquedo y sus costumbres, las primas de Moncho Preguizas, Adela y Georgina. Se habla de unos tíos (tío Cleto, tía Jesusa y tía Emilita) que viven juntos y que tienen relativa importancia —como figuras curiosas, no en función del argumento—. Tío Cleto, neurótico, anticlerical, odia a sus hermanas, ultraclericales, que tampoco están bien y le pagan con la misma moneda. Robín Lebozán le presta libros de versos a la señorita Ramona: hablan de Rosalía, Bécquer, Curros, Ramón Cabanillas; los cuatro criados de la señorita Ramona tienen entre 79 y 84 años. Todo mezclado con historias de otros personajes del contorno, más o menos anormales: Pepiño Xurelo, el loco Gorecho Tundas, el sacamantecas Manuel Blanco Romasanta, el parvo Roquiño Borrén; los supuestos novios de tía Jesusa y tía Emilita y su posterior destino también salen a relucir, y otros dispares personajes como la Parrocha o doña Rita, dueña de El Bizcocho Inglés.

Algunos datos importantes en el desarrollo de la novela, son, en esta parte, la consideración de Baldomero Marvís como héroe y el motivo de los mastines loberos que cría Tanis Gamuzo: "Baldomero Marvís, o sea Afouto, tiene una estrellita en la frente; no todos la ven, pero tener, ¡vaya si la tiene! La estrellita que lleva Afouto en la frente cambia de color, según: unas veces es roja como la espinela; otras dorada como el topacio; otras verde como la esmeralda; otras blanca como un brillante, y así. (...) pero las cosas andan desquiciadas y a Afouto le fue a cortar el hilo de la vida un desgraciado de familia venida de afuera, un muerto de hambre" (pp. 79-80). También es importante un fragmento aparentemente inocente sobre la habilidad de Adega para hacer chorizos (receta incluida).

2) En la página 121 se establece un nuevo parón que hace terminar la primera parte y comenzar la segunda: "Robín Lebozán se sienta en la mecedora y lee en voz alta todo lo que antecede". Prácticamente en la mitad de la novela, nos adentramos ya decididamente en el clima de la guerra; se multiplican las referencias temporales al año 1936 y a las circunstancias del momento: "Acaba de morir el rey Jorge IV, descanse en paz, le sucede en el trono el príncipe de Gales (...) También ha muerto Rudyard Kipling, están pasando cosas muy raras y desorientadoras" (p. 123). Desde aquí hasta la página 204 se desarrolla la guerra, dividida en dos esta parte por el hecho cumbre del asesinato de Afouto y Cidrán Segade (pp. 164-169). Las alusiones a la guerra se mezclan con la continuación de historias de personajes ya conocidos o con nuevas historias —las menos— de personajes sin importancia. La guerra se presenta desde la retaguardia, como se ve desde la región en que se desarrolla la novela: "A la taberna de Rauco llegan noticias muy confusas, un viajante de comercio cuenta fantasías increíbles, sublevación de generales y movimientos de tropas en Marruecos, la radio también da informaciones que no se entienden bien y con frecuencia suenan marchas militares y pasodobles toreros" (p. 128). Las cosas van tomando mal cariz: Moucho anda engallado, Baldomero Afouto no quiere esconderse, don Jesús Manzanedo empieza a matar personas supuestamente de izquierdas "por aprecio del orden y también por deleite" (p. 135). Nuevamente historias recurrentes y variadas: tía Jesusa se pone enferma y se muere; aparece muerto a puñaladas, en el portal de la Parrocha, Bienvenido González Rosinos, Micifú, "organizador, instigador y primer jefe de la Escuadra del Amanecer, que operaba con un ritual muy solemne, parecían italianos" (p. 151).

Raimundo el de los Casandulfes se alista en las Banderas Gallegas de La Coruña. Se lamenta el retraso que esta guerra va a suponer para España, aparte de los crímenes que va a haber y ya está habiendo. Se habla una y otra vez de un burdel de La Coruña. Robín Lebozán y la señorita Ramona hablan de la guerra en casa de ésta. Moucho mata por fin cobardemente a Baldomero Marvís y a Cidrán Segade: "Fabián Minguela, Moucho, no va a sacar de sus casas ni a Cidrán Segade ni a Baldomero Afouto, no se atreve, Fabián Minguela se quedó a una carreiriña de un can, primero de la casa de Cidrán Segade y después de la de Baldomero Afouto, al verlos venir, mandó a diez hombres a que los prendieran y se los llevaron atados, Cidrán Segade los recibió a tiros, se entregó cuando le quemaron la casa, nadie vino ni al ruido de los disparos ni al resplandor del incendio (...). Baldomero Afouto también tiró de escopeta y tuvo mejor puntería porque mató a uno. Baldomero Afouto se entregó cuando cogieron a Loliña, su mujer, y a sus cinco hijos, les tuvieron que tapar la boca con un saco porque mordían" (p. 164).

"Fabián Minguela, el muerto que mató a Afouto, que va a matar a Afouto, sonríe como un conejo a sus prisioneros, los dos van con las manos atadas a la espalda, los dos tienen los ojos cruzados de venitas de sangre y los dos guardan silencio (...) Fabián Minguela (...) se queda un par de pasos atrás y le pega un tiro en la espalda a Baldomero Afouto; ya en el suelo, le da otro tiro en la cabeza. Baldomero Marvís Ventela, o Fernández, alias Afouto, hace un esfuerzo y muere sin un solo quejido, tarda en morir pero muere con dignidad y sin dar ni calma ni consuelo ni alegría a quien lo matara" (p. 166).

Esa tarde, cuando llegó la noticia a casa de la Parrocha, Gaudencio estaba interpretando al acordeón la mazurca Ma petite Marianne y seguirá tocándola hasta la madrugada; es "una mazurca de luto" (p. 167).

Raimundo el de los Casandulfes, que está de permiso, está deseando que se le acabe: el frente es menos criminal, hay menos veneno. Se recuerda que Tanis Perello cría mastines loberos. Se habla de personajes ya conocidos y lo que les sucede en estos tiempos de guerra. Hay un episodio, relativamente extenso, en que se presentan retazos de la vida de Raimundo el de los Casandulfes y su primo Camilo el artillero en Logroño, donde están curándose de sus heridas. Aunque siempre interrumpido por el flujo de los recuerdos que traen noticias de otros personajes, vemos a los dos primos recuperarse primero en el hospital, en la sala gobernada por Sor Catalina, y luego en situación de cura ambulatoria. Raimundo el de los Casandulfes piensa ya, con preocupación, en la posguerra y en las órdenes que se están publicando en el Boletín Oficial y que, en su opinión, son peores que la misma guerra.

Los dos primos vuelven a Galicia, los perros de Tanis son bravos y serenos. Tanis es el hombre más fuerte de todo el contorno. El tiempo se acelera al final de la guerra: en las páginas 201 a 204, sin ningún punto, ni aparte ni seguido, se establece una enumeración caótica en que se mezclan noticias de personajes ya conocidos que mueren en el frente, observaciones varias, fragmentos de alocuciones patrióticas, comentarios sobre prostitutas, avance de la guerra, etc.; hasta terminar con el conocido parte del 1º de abril del 39. "El tiempo pasa y las conmemoraciones y los disimulos también; cada vez que los nacionales tomamos una ciudad, la gente de la retaguardia se echa a la calle a celebrarlo, ya quedan menos ciudades, lo más probable es que esto esté llegando al fin, en la batalla de Alfambra los soldados caen como moscas, Adrián Estévez Cortove, Tabeirón, murió en el frente de Madrid, la metralla le dejó como un colador, los supervivientes de las guerras, de las guerras púnicas, la guerra de los bóers, la guerra europea, la guerra de Melilla, la guerra civil, esto es una guerra civil, llevamos un obituario en el corazón y lo recordamos cada mañana con estremecimiento y con remordimiento, en el bruñido espejo de Isabel y Fernando nos miramos todos los españoles, Doloriñas Montecelo Trasmil, la pequeña de las siete Alontras, se repuso ya del todo de su apendicitis, ahora da gusto verla sana como una manzana, la juventud está diezmada, alférez provisional cadáver efectivo, (...) cada punto de tu aguja hacendosa, mujer de España, es una victoria segura contra el frío que tortura a los soldados que con su sacrificio están haciendo la patria, toma de Madrid, 1 de abril de 1939, Año de la Victoria: en el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, etc. La guerra ha terminado" (pp. 201 y 204).

3) La última parte de la novela propiamente dicha, la constituye el castigo de Moucho, dictado por la ley del monte, una vez acabada la guerra. El comienzo de esta parte lo marca el abrupto fin de la anterior, arriba citado, al que, sin solución de continuidad, sigue un párrafo de opuesto ritmo: "Llueve como llovió toda la vida, yo no recuerdo otra lluvia, ni otro color, ni otro silencio, llueve con lentitud, con mansedumbre, con monotonía, llueve sin principio ni fin, se dice que las aguas vuelven siempre a sus cauces y no es verdad" (p. 204).

Hablan Raimundo el de los Casandulfes, que está especialmente deprimido, la señorita Ramona (Moncha) y Robín Lebozán. Hablan de la guerra y de las represiones posteriores. Vuelve a salir la casa de la Parrocha con Gaudencio tocando el acordeón y escenas del país después de la guerra: personajes conocidos que han muerto en ella, etc. Aparece algún personaje nuevo: uno más de los mayores del clan Guxinde: tío Evelio, al que llaman Xabarín "porque es corpulento y silvestre" (p. 212). Pronto (pp. 222-224) se van a reunir todos los de la familia para determinar la conducta que se va a seguir con Moucho: "El día de difuntos del año 1939 ya había empezado la segunda guerra mundial, el día de San Carlos va poco después del día de difuntos, el día de San Carlos del año 1939 y convocados por Robín Lebozán se juntan veintidós hombres, todos parientes de la sangre, en casa de la señorita Ramona" (p. 222). Son exactamente: Raimundo el de los Casandulfes, los cuatro Gamuzos útiles: Tanis Perello, Roquiño Crego de Comesaña, Matías Chufreteiro, Julián Paxarolo (libran Celestino Carocha y Ceferino Furelo por curas, y Benitiño Lacrau y Salustio Mixiriqueiro, por defectuosos); los tres Marvises de Briñidelo: Segundo, Evaristo y Camilo (el padre, Roque, no está porque ya va viejo), Don Camilo y el artillero Camilo; don Baltasar y don Eduardo, hermanos de don Camilo; Lucio Segade y sus tres hijos mayores, Lucio, Perfecto y Camilo; tío Cleto, Marcos Albite, Policarpo el de la Bagañeira, Moncho Preguizas, tío Evelio y Robín Lebozán Castro de Cela (Gaudencio no está por ciego). Los atienden la señorita Ramona, Adega, su hija Benicia, la parva de Martiñá y las dos primas de Moncho, Georgina y Adela. Los hombres cenan, después rezan el Padrenuestro puestos en pie; todos vuelven a sentarse. Informa Robín Lebozán de lo que todos saben y dice el nombre, que no se ha de volver a pronunciar, del que mató a Baldomero y Cidrán. Después de un silencio —"La decisión, aunque esperada, estremece un poco el espinazo de cada cual" (p. 224)—, Don Camilo mira a Tanis Perello, que será quien mate a Moucho. Avisará a los demás, cuando lo haga, con una bomba de palenque.

Las páginas restantes, hasta la 249 en que acaba el relato, aunque la novela prosiga en el Anejo único, reflejan una inquieta espera del cumplimiento de la sentencia, con escenas variadas (casa de la Parrocha, recuerdos de personajes recurrentes y todavía alguno nuevo, actitud de los que saben lo que va a pasar: Tanis Perello, Policarpo el de la Bagañeira, tío Cleto, más derrotado y caprichoso que nunca). En la página 242, después de ver a Tanis Perelló cuidando sus perros, de los que se pondera la peligrosidad, volvemos a oir a Adega en su conversación con don Camilo, pero esta vez para concretar lo que hizo exactamente con "el muerto que mató a su difunto" (p. 242): desenterrarlo, darlo de comer al cerdo, comer después del cerdo y pensar en otra cosa y beber un trago de vino cuando le venía la repugnancia: "tardé mucho en sacarlo de la tierra, más de tres horas, al muerto se le iban cayendo los gusanos y cheiraba a podre condenado, los muertos que tienen el ánima en los infiernos cheiran peor, eché la cabeza al cerdo que después comí, sabía a gloria, los lacones por un lado, los chorizos y la cachola por otro, los jamones bien curados al humo de la lareira, el raxo, el unto, no quedó nada" (p. 242). Parte del cerdo lo repartió entre los parientes.

Después de algunas escenas variadas más, en las dos últimas páginas (248-249), Tanis Perello, en quien se han centrado las dos páginas anteriores, se decide a buscar a Moucho para matarlo, en un paraje solitario por donde ha tenido aviso de que va a pasar. Se le acerca en la fuente das Bouzas y lo desarma: "el Moucho se pone de rodillas y llora y suplica, Tanis Gamuzo le dice:

—No soy yo quien te mata, es la ley del monte, yo no me puedo echar atrás de la ley del monte.

Tanis Gamuzo se aparta y Sultán y Morito le dan las mordeduras bastantes, las dentelladas precisas, ni una más" (p. 249).

Tanis se aleja con sus perros. A las dos horas o así, retumbó una bomba de palenque. Se supone la alegría de todos; se sabe la de la señorita Ramona y la del ciego Gaudencio, que estuvo tocando la mazurca Ma petite Marianne hasta el amanecer.

4) En cursiva, como "Anejo único" se incluye el informe forense, redactado en lenguaje técnico, sobre el cadáver de Fabián Minguela Abragán. Como conclusión del informe se declara, entre otras cosas, que la muerte debió producirse por mordeduras de lobos y fue, por tanto, accidental. Fin de la novela (p. 256).

 

IV. Personajes[3]

ADEGA BEIRA BOUZOSO: Mujer de Cidrán Segade. Desentierra al asesino de su marido, se lo da de comer al cerdo, que luego come ella y reparte a la familia. A lo largo de la novela va contando esta historia a don Camilo.

ADOLFITO PENOUTA AUGALEVADA (CHOQUEIRO): Fue novio de María Auxiliadora Porrás, pero ésta lo dejó porque iba para muerto. Se casó con Georgina, prima de Moncho Requeixo, que le engañaba. Se ahorcó en un armario.

ADRIAN ESTEVEZ (TABEIRON): Baja a la laguna de Antela, buceando, a coger las campanas de la sumergida (y legendaria) ciudad de Antioquía. Muere en el frente de guerra.

ALIFONSO MARTINEZ: Celador de telégrafos. Dolores, la criada del cura de San Miguel de Buciños, y éste mismo, lo esconden durante la guerra para librarlo de la muerte.

ANTONIO VEGADECABO: 81 años, natural de Cende, criado de la señorita Ramona.

ANUNCIACION SABADELL: Pupila de la casa de la Parrocha. Cuando puede, da gratis sus servicios al ciego Gaudencio.

BENICIA SEGADE BEIRA: Hija de Cidrán y  dega. Es la amante —al menos, así lo parece— del narrador y de don Ceferino Marvís. Ayuda a su madre a enterrar a Cidrán.

BENITO GAMUZO (LACRAU): Es sordomudo, pero listo. Trabaja en la fábrica de ataúdes. Vive con sus hermanos Chufreteiro y Salustio.

BALDOMERO MARVIS CASARES (TRIPEIRO): Casado con Teresa Ventela (o Fernández) Valduide (Cachifa). Padre de los nueve hermanos Gamuzos. Murieron, en 1920, en un accidente de tren.

BALDOMERO MARVIS VENTELA o FERNANDEZ (AFOUTO): El mayor de los Gamuzos, el de más valentía y autoridad, cuya muerte —lo asesina Fabián Minguela— da pie a la novela.

BIENVENIDO GONZALEZ ROSINOS (MICIFU): Perito mercantil, organizador de la Escuadra del Amanecer, que, en la retaguardia, mataba con un ritual muy solemne, a lo italiano. Muere asesinado en el portal de la casa de la Parrocha.

BRAULIO DOADE: 82 años, natural de Camposancos, criado de la señorita Ramona.

BREGIMO FARAMIÑAS JOCIN: Padre de la señorita Ramona. Acude al curro del Xurés cuando era cadete de intendencia. Su mujer se ahogó en el río, no se sabe si a propósito o no.

DON CAMILO: Interlocutor de Adega, al que cuenta su venganza. Le regala Farias a Marcos Albite.

DON CAMILO: Preside el consejo de familia y da a Tanis Perello la orden de que sea él quien mate a Fabián Minguela. No parece ser el interlocutor de Adega, aunque también ése sea de la familia.

CARMELO MENDEZ: Segundo marido de Georgina. Murió en el frente de Oviedo, de un tiro en la sien.

CATUXA BAINTE (LA PARVA DE MARTIÑA): Le gusta bañarse en la presa del molino. Tanis Perello abusa de ella, con su consentimiento. Durante la guerra, entierra al molinero asesinado por los nacionales.

CEFERINO MARVIS (FURELO): Quinto hermano Gamuzo, gemelo de Celestino. Es cura párroco. Es pescador: lleva de vez en cuando lo que pesca a Benicia, con quien convive los primeros y terceros martes de mes.

CELESTINO MARVIS (CAROCHA): Cuarto hermano Gamuzo, gemelo de Ceferino y también cura. Es cazador: lleva de vez en cuando lo que caza a su amante.

CELSO VARELA: Supuesto novio de tía Emilita, a la que dejó por irse con la supuesta cómica Maruja Bodelón Alvarez (Marujita).

CLAUDIO DOPICO LABUÑEIRO: Maestro de escuela. Se entiende con doña Elvira, la patrona de la casa de huéspedes de Logroño, y con la criada, Castora.

TIO CLAUDIO MONTENEGRO: Uno de los mayores del clan Guxinde. Durante la guerra, cuando le fueron a buscar, puso cepos de lobos alrededor de su casa y en uno de ellos tuvo tres días, sin comer ni beber, a Wenceslao Caldraga.

TIO CLETO: Se pasa la vida peleándose con sus hermanas tía Jesusa y tía Emilita. Su mujer, Lourdes, murió en París, en viaje de novios. Su perra Véspora se alimenta de sus vómitos (le gusta vomitar en cualquier parte, entre otros indicios de locura).

CONCEPCION ESTIVELLE GRESANDE (CONCHA DA CONA): Mujer de Pepiño Xurelo. Se fugó con un astorgano.

CURA DE SAN MIGUEL DE BUCIÑOS (DON MEREXILDO AGREXAN FENTEIRA): Va siempre rodeado de moscas. Las mujeres le persiguen por su atractivo. Según dicen, va ya por los quince hijos naturales.

CHOMIN GALBARRA LARRAONA: Requeté herido de guerra, sin manos y sin ojos.

CHELO DOMINGUEZ (LA DE LOS AVELAIÑOS): Mujer de Roque Gamuzo.

DOROTEO SOUTULLO DUREIXAS: Cabo de la guardia civil. Tiene gustos literarios (Espronceda, Núñez de Arce, Campoamor, Antonio Grilo). Tuvo un hijo con la criada muda de los Venceás; ahora éste tiene un taxi en Allariz y tres hijos estudiando en la Universidad de Santiago.

TIA EMILITA: Hermana de tío Cleto y tía Jesusa. Se supone que tuvo un novio, pero es mentira. Reza sin parar y aborrece a su hermano.

EUTELO O CIROLAS: Consumero de Orense, de malas ideas. Padre de Rosa Roucón, mujer de Tanis Perello. Escupió a Gaudencio porque no quiso tocar la mazurca Ma petite Marianne. Marta la Portuguesa, pupila de la casa de la Parrocha, le odia por eso.

TIO EVELIO (XABARIN): 70 años, viudo, uno de los mayores del clan Guxinde.

"A Xabarín se le murió la mujer hace ya muchos años, más de medio siglo, la mujer de Xabarín fue muy guapa y espiritual y andaba siempre con collar de perlas y muy bien vestida. Xabarín no volvió a casarse aunque no le faltaron proporciones y anduvo de picaflor toda la existencia, a ésta quiero, a ésta no quiero, a ésta le hago un hijo y le pago la carrera de cura, a esta otra le hago una hija y le pongo una fonda, y así sucesivamente" (p. 213).

FABIAN MINGUELA ABRAGAN (MOUCHO): De la familia de los Carroupos; todos con una chapeta de piel de cerdo en la frente. No son del país y son "zapateiros", esto es, trabajan bajo techado. Resentido, se crece durante la guerra y mata a diez o doce, entre ellos a Baldomero Afouto y Cidrán Segade. Juzgado por la familia de éstos, Tanis Perello se encarga de matarle con sus perros, una vez terminada la guerra.

FELICIANO VILAGABE SAN MARTIÑO: Fue novio de Angustias Zoñán Corvacín. El día de su boda, al salir de la iglesia, la abandonó.

FILEMON TOUCIDO ROZABALES: Con él huyó Teresita del Niño Jesús Mínguez Gandarela, esposa del veterinario Medardo Congos. Murió en el frente de Valdesequillo.

FINA LA PONTEVEDRESA (PORCA MARIÑA): Viuda de Antón Guntimil, de quien se burlaba y engañaba. A su marido le mató un tren. Amante, entre otros, del cura don Celestino Carocha.

GAUDENCIO BEIRA: Hermano de Adega. Era seminarista pero se quedó ciego y lo echaron. Toca el acordeón en casa de la Parrocha. Toca la mazurca Ma petite Marianne el día de la muerte de Afouto y el de la muerte de su asesino, Moucho. Esta mazurca sólo es para ocasiones de este tipo.

GORECHO TUNDAS: Loco con manías religiosas que se pega fuego en un ataúd.

IGNACIO ARAUJO CID: Novio de Clarita, hija de don Jesús Manzanedo. Cuando éste empezó a asesinar, Ignacio se fue voluntario y lo mataron a poco de llegar al frente.

INOCENCIO SOLLEIROS NANDE: Padre de Rosicler. Lo mató don Jesús Manzanedo.

DON JESUS MANZANEDO: Del lado de los nacionales, le gusta matar gente supuestamente de izquierdas. Murió en la cama pero con el cuerpo podrido y oliendo a muerto.

TIA JESUSA: Hermana de tío Cleto y tía Emilita. Se supone que tuvo un novio pero es mentira. Reza sin parar y aborrece a su hermano. Muere de muerte natural.

JULIAN MARVIS VENTELA, o FERNANDEZ, o sea, JULIAN (XIAO) GAMUZO (PAXAROLO): Tiene una relojería en Chantada, de su mujer, Pilar Moure Pernas. La relojería era de su primer marido, Urbano Dapena Escairón, y la hereda al morir su hijo, Urbanito. Julián y Pilar tienen cinco hijos y tres hijas.

LA PARROCHA (PURA GARROTA): Dueña de una casa de prostitución en Orense. Tiene un mantón de Manila con caritas de chinos, de marfil, que vale una fortuna.

LAZARO CODESAL GROVAS: Murió joven en la guerra de Marruecos. Desde su muerte se borró la raya del monte.

LESMES CABEZON ORTIGUEIRA: Practicante, también mata gente de izquierdas. En un prostíbulo de La Coruña arma un escándalo porque cree que es una bomba el reventón de una cañería.

LODOLA (RESURRECCION PENIDO): Pupila de la Parrocha.

LOLIÑA MOSCOSO RODRIGUEZ: Mujer de Afouto. Muere accidentalmente cuatro o cinco años después de quedarse viuda.

TIA LOURDES: Mujer de tío Cleto. Murió en París, de viruelas, durante la luna de miel.

LUCIO MOURO: Molinero. Lo matan durante la guerra, en la retaguardia.

LUISIÑO BOCELO (PARRULO): Ex seminarista, criado de don Benigno Portomourisco Turbisquedo. Le lleva el pan y el agua a su mujer; antes lo castró, por si acaso. Después se quedó ciego y murió de una pulmonía (probablemente debido a los caprichos de su amo).

MAMERTO PAIXON: Amigo de Manueliño Remeseiro Domínguez. Quiso inventar un aparato para volar y se estrelló: quedó inútil.

MANUEL BLANCO ROMASANTA: Fue un conocido sacamantecas (hombre lobo), en tiempos de Isabel II. Mató a trece personas; entre ellos, algunos hijos suyos.

MANUELIÑO REMESEIRO DOMINGUEZ: Preso por haber matado a uno en una pelea de romería. Empolló un huevo de cuervo debajo del brazo; el cuervo se llama Moncho.

MARCOS ALBITE MURADAS: Estuvo loco nueve años. En esos años, su madre se ahorcó, su mujer murió atropellada por un tren, y también su hijo, de garrotillo. Después le mordió un raposo rabiado y le tuvieron que cortar las dos piernas; vive en un cajón con cuatro ruedas.

MARICA RUBEIRAS, LA DE LOS TUNOS: Engaña a su marido, Santos Cófora (Leitón) de 62 años, con don Celestino (Celestino Carocha).

MARTA LA PORTUGUESA: Pupila de la casa de la Parrocha. Odia a Eutelo o Cirolas, porque escupió a Gaudencio.

LOS MARVISES DE BRIÑIDELO (SEGUNDO, EVARISTO y CAMILO): Parientes a quienes los Marvises y otros ayudan en el curro del Xurés, en tiempos de la República.

MATIAS MARVIS (CHUFRETEIRO): Sexto Gamuzo. Trabaja en la fábrica de ataúdes El Reposo. Viudo de Puriña, hermana de Loliña Moscoso, no se volvió a casar y cuida de dos hermanos menores, con quienes vive.

MEDARDO CONGOS: Veterinario. Cuando su mujer, Teresita del Niño Jesús Mínguez Gandarela, huyó con otro, dió un banquete para celebrarlo.

MERCEDES y BEATRIZ MENDEZ COTABAD: Dos niñas gemelas, muy traviesas. En su casa de Cambados, estuvo, de pequeña, su prima la señorita Ramona, para tomar baños de mar.

MONCHO REQUEIXO CASBOLADO (MONCHO PREGUIZAS): Perdió una pierna en la guerra de Marruecos y tiene una pata de palo. Ha viajado mucho y tiene mucha fantasía, miente con facilidad. Sus primas, Georgina y Adela, se distinguen en la novela por su inmoralidad.

"—Con una pata de palo, si está bien calibrada, tampoco se vive tan mal, no vayan ustedes a creer. Entre los indígenas de New Titanic, una isla que hundieron los ingleses en el océano Pacífico, la hundieron a cañonazos porque sus habitantes querían implantar el sistema métrico decimal, era signo de distinción el llevar una pata de palo; a mí quisieron hacerme primer ministro, pero les dije que no porque prefería volver al país.

Moncho Preguizas tiene hechuras de explorador a la antigua, es mentiroso, enamoradizo, decidido, zángano y fabulador" (p. 23).

PADRE OBDULIO SANTISTEBAN, S.J.: Predicador intransigente; tía Jesusa y tía Emilita suelen invitarlo a merendar.

"El P. Santisteban, S.J., era un pardillo que sorbía rapé y le acababa con la cascarilla a las tías.

—¿Otra tacita, don Obdulio? Esto siempre reconforta.

—Por complacer, mis buenas amigas, por complacer...

El P. Santisteban, S.J., no conocía la misericordia.

—El día del Juicio Final los justos recibiremos nuestra recompensa entre alegres y saludables risas mientras los condenados caerán en la horrible caldera en la que arderán entre espantosos tormentos hasta la consumación de los siglos, ¿me pasa una galletita, amiga Jesusa?, que Dios se lo pague. Y nosotros les diremos henchidos de razón: ¿No queríais gozar de las galas del mundo corrupto y de los deleites de la carne pecadora? ¡Pues ahí tenéis vuestro premio! ¡Arded, malditos, y sufrid mientras nosotros nos solazamos con la bienaventuranza eterna!, ¿me sirve un culín de cascarilla, amiga Emilita?, que Dios se lo pague.

El P. Santisteban, S.J., no es muy distinguido para jesuita, parece un escolapio, y además no huele demasiado bien, vamos que hiede a chotuno o sea a macho cabrío" (p. 105).

PARVO DE BIDUEIROS: Hijo natural del cura de San Miguel de Buciños. Lo ahorcaron sin querer; para ensayar, pero se murió.

PASCUALIÑO ANTEMIL CACHIZO: Cabo de infantería que murió al llegar al frente. Su madrina de guerra, Basilisa la Parva, le siguió mandando chocolate y tabaco.

"Basilisa la Parva, la de la Tonaleira, es madrina de guerra del pobre Pascualiño Antemil Cachizo, cabo del regimiento de infantería Zamora nº 8, le escribe todas las semanas y le manda chocolate y tabaco, al cabo Antemil lo mataron pero Basilisa la Parva, como no lo sabe, le sigue mandando chocolate y tabaco, alguna semana va también algún chorizo, a alguien aprovechará porque aquí nada se pierde" (p. 180).

PEPIÑO POUSADA COIRES (XURELO): Tuvo meningitis de niño y no quedó bien de la cabeza.

PERPETUO CARNERO LLAMAZARES: En su testamento, dejó a la Parrocha sus colecciones de sellos, abanicos y monedas de oro. Su hijo murió en el frente.

PERPETUO CARNERO TASCON: Hijo de don Perpetuo Carnero Llamazares. Le dieron un tiro en la pierna y murió desangrado, en la sierra de Alcubierre.

PILAR MOURE PERNAS: Relojera de Chantada, casada con Xiao (Julián) Marvís.

POLICARPO EL DE LA BAGAÑEIRA: En el curro del Xurés pierde tres dedos de la mano. Sabe amaestrar animales. Su padre, don Benigno Portomourisco Turbisquedo era muy celoso y tuvo encerrada a pan y agua a su mujer, Dorotea Expósito, la Bagañeira, hasta que ésta se cortó las venas.

PURIÑA CORREGO: 84 años, natural de los Baños de Molgas, criada de la señorita Ramona.

RAIMUNDO EL DE LOS CASANDULFES: Primo —y amante— de la señorita Ramona. Va voluntario a la guerra por temor a los problemas de la retaguardia. Es herido y se recupera en varios hospitales hasta que vuelve al país.

SEÑORITA RAMONA FARAMIÑAS (MONCHA): Tiene unos treinta años, soltera. De conducta inmoral. En su casa se reúne el consejo de familia que condena a Moucho.

"La señorita Ramona representa unos treinta años, quizá alguno más, y tiene el porte altivo y un poco caprichoso, también seguro y un si es no es distante y tímido y con misterio. La señorita Ramona tiene los ojos grandes y negros como el azabache de Compostela y es morena de tez, a lo mejor es medio mejicana, los Casandulfes tienen una abuela o bisabuela mejicana. La señorita Ramona tuvo tres novios pero se quedó soltera por dignidad. La señorita Ramona compone poesías, interpreta sonatas al piano y vive con dos criados carcamales y dos criadas brujas que heredó de su padre, don Brégimo Faramiñás Jocín, que era espiritista y aficionado a tocar el banjo y que murió de comandante de intendencia. Los servidores de la señorita Ramona son cuatro calamidades, lo que se dice cuatro fiascos, pero tampoco puede echarlos de casa a que se mueran de hambre y de miseria.

—No; seguid ahí hasta que os vaya enterrando, lo probable es que ya no duréis mucho.

—Gracias, señorita, que Dios le premie su caridad" (pp. 25 y 26).

RICARDO VAZQUEZ VILARIÑO: Supuesto novio de tía Jesusa. Murió en el frente.

RITA FREIRE: Dueña de la fábrica de galletas El Bizcocho Inglés. Persigue y logra casarse con don Rosendo Vilar Santeiro, al que ofrece una gran cantidad de dinero para que se secularice. Su primer marido se había suicidado.

ROBIN LEBOZAN CASTRO DE CELA: Va escribiendo la novela. No va a la guerra. Es ocasional amante de la señorita Ramona, su prima. Es el más intelectual de estos primos. Le corresponde convocar a la familia para el consejo en que se decide la muerte de Moucho.

"Robín Lebozán tardó en sanar tres días, llegó a tener mucha calentura y a desvariar.

—¿Dije demasiadas tonterías?

—No, las de siempre, me hiciste una escena de celos y me llamaste esposa infiel...

La señorita Ramona sonrió con gesto muy ponderado y sabio.

—Yo nunca pensé casarme contigo, Robín, yo casi nunca me hago vanas ilusiones de nada.

Y Robín Lebozán le respondió con una sonrisa galante.

—Perdóname, Moncha, se conoce que yo sí lo pensé, ¡qué quieres!, yo me paso la vida haciéndome vanas ilusiones de todo" (p. 192).

TIO RODOLFO EL VENTILADO: Cuando se enteró de que su primo Camilo se había casado con una inglesa se hizo papel de cartas con membrete en inglés.

ROQUE MARVIS (CREGO DE COMESAÑA): Tercer Gamuzo. Casado con Chelo Domínguez la de los Avelaiños.

ROQUE MARVIS: Hermano menor de Tripeiro. Es el padre de los Marvises de Briñidelo.

ROQUIÑO BORREN: Es parvo, su madre le pega. Lo tuvieron cinco años metido en un baúl. Su madre cree que los parvos ni sienten ni padecen.

ROSA LOURESES: Madre de los Marvises de Briñidelo.

ROSALIA TRASULFE (CABUXA TOLA): Durante la guerra, es amante de Moucho, por miedo.

ROSICLER: Enfermera. Absolutamente inmoral. A su padre, Inocencio Solleiros Nande, lo mata don Jesús Manzanedo.

SABELA SOULECIN: 79 años, natural de San Cristóbal de Cea, criada de la señorita Ramona.

SALUSTIO MARVIS (MIXIRIQUEIRO): Es inocente (oligofrénico). Se pasa la vida quejándose. Vive con sus hermanos Chufreteiro y Lacrau.

SANTO FERNANDEZ: Antepasado de la familia, nació el día del Apóstol (25 de julio) de 1808 y se dice que lo martirizaron en Damasco. Dejó muchos hijos naturales.

SECUNDINA: Madre de Roquiño Borrén. Fuma colillas lavadas y limpia la entrada principal de la casa de los tíos Cleto y de sus hermanas cuando muere tía Jesusa.

SOR CATALINA: Monja del hospital de Logroño, donde están heridos Raimundo el de los Casandulfes y su primo el artillero Camilo.

"En la sala 5ª, Raimundo el de los Casandulfes y su primo son los únicos que tienen cepillo de los dientes particular.

—¿Y pasta de los dientes?

—Sí, tienen un tubo de Perborol a medias.

Una mañana sor Catalina se presentó con un cepillo de los dientes en la mano y habló a la zurrada tropa.

—A ver si os enteráis, que sois muy brutos, ¡que Dios me dé paciencia! Esto de la higiene es muy importante, tenéis que estar todos muy bien limpios para que se mueran los microbios, ¿os enteráis?, y como los únicos que tienen cepillo de los dientes son estos dos gallegos, vergüenza debía daros, ¡dos gallegos!, pedí al coronel un cepillo para esta sala y me lo concedió, aquí lo tenéis.

Sor Catalina mostró a todos el cepillo, que era de color caramelo.

—¿Lo veis bien?

—Sí, hermana.

—Bueno, pues desde esta tarde, mientras pasamos el rosario, os voy a lavar los dientes a todos, empezando por una esquina y acabando por la otra" (pp. 180-181).

TANIS MARVIS (PERELLO): Segundo de los Gamuzos. Tiene mucha fuerza. Cría mastines loberos y con ellos mata a Moucho. Está casado con Rosa Roucón, que vive alcoholizada.

TORIBIO DE MOGROVEJO Y DE BUSTILLO DEL ORO: En realidad, Toribio Expósito. Le detiene la guardia civil, acusado de estafa.

VENANCIO LEON MARTINEZ: Se suicida con veneno en el camposanto de Logroño. No mataba rojos, pero sí rapaba a las mujeres.

LOS VENCEAS: Familia que tiene una criada muda que prepara muy bien el licor de café. Atiende a la madre, Dorinda, de 103 años. Tuvo un hijo con Doroteo, cabo de la guardia civil.

XAN AMIEIROS: Hermano de Manecha Amieiros, amante del abuelo de don Camilo, interlocutor de Adega. El abuelo (también llamado Camilo) mató a Xan en una pelea y tuvo que irse un tiempo a Brasil.

 

V.  Valoración literaria

A) Técnicas narrativas

Como ya hemos visto, el texto de Cela utiliza diversas posibilidades que ofrecen las actuales técnicas narrativas: distintas voces y puntos de vista en el discurso mental del narrador que recuerda. En general, la narración es retrospectiva, con anisocronías; se trata de una reconstrucción de los hechos a través de distintas fuentes en un desarrollo fundamentalmente lineal: antes, en, después de la guerra; visto desde después, en su conjunto.

El tema de la guerra aparece insinuado al principio y poco a poco va incrementándose hasta dominar el relato: la interrupción de la vida rural más o menos paradisíaca, las consecuencias generales del mal sobrevenido, que es la guerra, y un caso concreto que desencadena el ajuste de cuentas (la muerte de Afouto por Fabián Minguela y la de éste por Tanis Perello). Con las técnicas aludidas, en el fluir libre del recuerdo, con analepsis y prolepsis, etc., se hace saber oscuramente desde el principio lo que después va a ser claro y meridiano (hasta llegar a la exactitud, paradójicamente falsa, del informe forense del anejo).

La lluvia es un elemento de unión entre el mundo de la guerra y el anterior a ella; aunque haya hechos tan graves que hagan que ya nada sea lo mismo que antes, puede que la lluvia consiga igualarlos, una vez que la ley del monte sea cumplida: "Llueve sobre la tierra del monte y sobre el agua de los regatos y de las fuentes, llueve sobre los tojos y los carballos, las hortensias, los buños del molino y la madreselva del camposanto, llueve sobre los vivos, los muertos y los que van a morir, llueve sobre los hombres y los animales mansos y fieros, sobre las mujeres y las plantas silvestres y de jardín, llueve sobre el monte Sanguiño y la fonte das Bouzas do Gago en la que bebe el lobo y a veces alguna cabra perdida y que no vuelve jamás, llueve como toda la vida y aún como toda la muerte, llueve como en la guerra y en la paz, da gusto ver llover sin que se sienta el fin, a lo mejor el fin de la lluvia es el fin de la vida, llueve a Dios dar como antes de que se inventara el sol, llueve con monotonía pero también con misericordia, llueve sin que el cielo se harte de llover y llover" (p. 248).

B) Referencias temporales

El relato se desarrolla en diversos planos temporales, siempre referido a los hechos cruciales de las muertes de Afouto y Moucho, pero con intencionada confusión en algunos puntos. Puede servir de ejemplo todo lo relativo al San Camilo de madera que hace Marcos Albite a su pariente Camilo. Sus conversaciones sobre el San Camilo parecen pertenecer a un tiempo posterior a la guerra: "Voy a apuntar en un papel que tengo que pedir más farias a mis primos de La Coruña para regalarle a Marcos Albite, he de corresponder al San Camilo de palo, lo más probable es que sea una obra de arte. Cuando fuera del curro del Xurés, Marcos Albite y yo nos hablábamos de tú, después vino la guerra y empezaron a pasar sucesos y a atropellarse cosas y ahora nos decimos unas veces de tú y otras de usted, según nos da, delante de la gente solemos tratarnos de usted, yo le digo más veces de tú que él a mí" (p. 54). Pero, en un momento dado. Marcos Albite le pide a su pariente que no se lleve a la guerra esa talla de madera, no se vaya a perder o a estropear (p. 194).

No hay un tiempo de la narración establecido claramente; más bien hay desenfoque intencionado del momento en que se escribe el relato: por referencias temporales internas vemos que, al menos en parte, es después —pero no sabemos cuánto— de la guerra. No sólo, como es obvio, por la muerte de Moucho (las fechas claves son noviembre de 1936, para la muerte de Afouto y Cidrán Segade, y enero de 1940, para la de su asesino, marcadas por la mazurca de Gaudencio: pp. 11, 46, 243) sino por otras alusiones: se dice que Gaudencio murió en la primavera de 1945, tío Claudio Montenegro a poco de acabar la guerra, e incluso se habla de fechas muy recientes: el hijo taxista de Doroteo y la muda nace durante la República (es decir, antes de 1936), y sus hijos están ya estudiando carreras universitarias en Santiago. En otra ocasión, después de presentar la actuación de un personaje, se lee: "todavía falta algún tiempo para que esta situación pueda producirse" (p. 238). Es decir, se juega con el tiempo declaradamente. Existen otras referencias temporales internas y externas: el año clave de 1936 se señala por la muerte de Jorge V, la de Kipling, el centenario de Bécquer... El paso del tiempo también se muestra indirectamente: los ancianos criados de la señorita Ramona se van muriendo, los animales de su casa envejecen.

La conexión con el mundo real, con la historia de España, se nos da indirectamente: a través de menciones de canciones ("Raimundo el de los Casandulfes también tararea el Cara al Sol y Mi jaca, el Oriamendi lo silba porque no sabe la letra, lo mismo le pasa con el Himno de Riego, con éste hay que andarse con más cuidado porque puede molestar a alguien": p. 237); personas (el tenor Fleta: p. 73); o cosas (marcas de papel de fumar: "Mambú", "Indio Rosa": p. 96). Las noticias oficiales se intercalan sin elaborar en el relato: con técnica de collage, se introducen textos de bandos de la época, consignas, nuevas ciudades tomadas, etc.

C) Proliferación de personajes

Los personajes son muchos y variados. Su número puede resultar abrumador en proporción a las páginas de la novela. A algún crítico llega a parecerle que "Las dos muertes que titula la novela son en realidad, un pretexto para el desfile de los personajes que, con mayor o menor entidad forman este retablo vario, abigarrado y apasionado"[4]. En efecto, como en otras obras de Cela, tiene gran interés el desfile de personajes de mucha, poca o ninguna importancia; desfile inagotable, que le seduce y le lleva a multiplicar los nombres y las historias. En la mayoría de los casos, la identificación se da por nombre, dos apellidos y apodo, no siempre citados de la misma manera: lugar y relaciones familiares, rasgos personales y anécdotas de todo tipo, muchas de ellas ligadas a lo sexual degradado, aberrante. El narrador, empujado por la exuberancia de su imaginación, se deje llevar por el gusto de contar gente, a veces todo seguido, sin respirar; en una mera, aunque expresiva, enumeración de personajes. No es raro que alguna vez el abuso de esta técnica produzca clichés identificativos.

Los personajes aparecen relacionados entre sí, no sólo en el discurso, en cuanto a su aparición en el texto, determinada frecuentemente por asociaciones mentales que, en el monólogo interior, les hace surgir y reiterarse; sino también en la historia, por lazos de sangre y sexo fundamentalmente. Se trata de una sociedad rural muy concreta, abigarrada, compacta. Esto hace que se note más lo ajeno, lo extraño: la guerra que viene de fuera. En algunos casos, la nota de lo foráneo llega a ser determinante, como ocurre —se nos hace ver que inconscientemente— con la familia de los Carroupos a la que pertenece Fabián Minguela.

El conjunto de personajes, tan diferentes, tiene un rasgo común: todos ellos tienen algo chocante, grotesco, anormalidades de algún tipo (fundamentalmente sexuales); defectos morales o psíquicos y físicos, o al menos, son protagonistas de historias cuando menos pintorescas. Sólo alguna rara vez, como variante, aparece algo de lo que entendemos por "normal" (las gemelas Méndez Cotabad, que, al parecer, sólo son niñas traviesas). Son excepciones algunos personajes dignificados: las dos víctimas de Moucho, especialmente Baldomero Marvís, y algunos otros ocasionales, de los que casi no se habla: tío Claudio Montenegro, tío Evelio, Xabarín. Aunque ninguno se libra de la nota curiosa o trágica; ciertamente, como es usual en el coloquio en que, al hablar de alguien desconocido para el interlocutor, se le da algún tipo de información fuera de lo normal que lo identifique. Así, al hablar de los padres de Afouto, se indica que murieron en un choque de trenes, "murieron más de cien, nada más salir medio abafados del túnel del Lazo, que es como una sepultura sin fondo, como una sepultura que no se llena jamás; por el contorno se dijo que a muchos los enterraron vivos aún, para ahorrarse papel de oficio, pero a lo mejor no es verdad" (p. 12). Aparentemente se trata casi por igual a todo tipo de personajes, salvo a los primos Ramona, Raimundo el de los Casandulfes, Robín Lebozán y Camilo, los más cultos, en cierto modo la conciencia de la novela, que tienen un tratamiento narrativo algo diferente.

Uno de los temas esenciales de la novela es la rememoración de esa sociedad afectada por la guerra, constituida determinantemente por familias. En realidad es la historia de los Guxinde: "De una rama de la laguna de Antela que se llamó Liorta vienen nueve familias distintas, todos parientes, a saber: Los Marvises, los Celas, los Segades, los Faramiñás, los Albite, los Beiras, los Portomourisco, los Requixo y los Lebozans, al racimo de toda la tropa le llaman los Guxindes" (p. 46). Y páginas más adelante vienen nuevas precisiones de parentesco: "La gente cree que los Guxindes y los Moranes somos los mismos pero no es así, la gente se confunde con esto de los parentescos, todos venimos de Adán y Eva (tía Emilita dice que las de Ponferrada, no, que las del Ponferrada descienden del mono y gracias), no todos los Guxinde son Moranes pero sí todos los Moranes somos Guxindes, la cosa no está clara, pero, ¡qué vamos a hacerle!, la verdad es que no está claro casi nada. Los Moranes somos menos que los Guxindes, podríamos ser más, pero somos menos. Moranes somos los Portomourisco, los Marvises, los Celas y los Faramiñás, los otros también son parientes, pero no Moranes, la importancia de unos y de otros es la misma y todos estamos bien alimentados" (p. 90). Como es sabido, la muerte de Baldomero Marvís y la de otro miembro del clan, Cidrán Segade (vinculado a Adega, que complementa con su venganza paralela, a su escala, la sentencia de la familia) y la de sus asesinos, constituyen el núcleo de la novela.

Los Guxindes dominan el mundo rural donde se mueven, aunque dentro de ellos hay ricos y pobres, distintos escalafones sociales y también morales. La inserción de cada personaje en estas familias, por lazos de sangre o por otro tipo de relación, es laboriosa pero relativamente fácil, aunque no mecánica; el narrador se reserva algunas bazas, personajes de la familia que quedan sin vinculación exacta a ella: "(...) Raimundo el de los Casandulfes, nadie le llama nunca por el apellido porque encierra mucho dolor, ésta es una historia cuyo cuento sería muy largo y doloroso" (p. 222). En conjunto, sabemos muchas cosas de los Guxindes; por contraste, se nota el desprecio con que se trata al asesino de Afouto, hasta en instancias narrativas, del que apenas sabemos nada, salvo que su familia (los Carroupos) es forastera (por contraste también), que tienen todos una chapeta de piel de cerdo en la frente, y que se les mira con prejuicios desde siempre.

"Fabián Minguela, Moucho, anda siempre afilando y sacándole brillo a la navaja, un día se la van a hacer comer. Los Carroupos no cultivan el campo ni crían ganado. Los Carroupos son zapateiros, la gente llama zapateiros a los que trabajan sentados o, por lo menos, sin que les llueva por encima: zapateros, sastres, mancebos de botica, barberos, escribientes y otros oficios para los que no se precisa fuerza ni tierra" (p. 23).

Por último, alrededor de los Guxinde, y en algún caso de Moucho, bullen una nube de personajes sin contar los que apenas tienen más relación que un recuerdo ocasional, como puede apreciarse en la relación de personajes (Vid. aptdo. IV).

D) Estructura

La narración se elabora a base de breves unidades narrativas cortadas por el hilo de los recuerdos que asocian personajes o historietas que se intercalan y se repiten con parecidos rasgos —casi siempre añadiendo trazos nuevos—, así como retazos de diálogos y algunas descripciones. En algún caso, se narra con más extensión y unidad algún hecho extraordinario: el curro del Xurés, la junta de familia. También se aprecian cambios de ritmo narrativo sobre el cañamazo general de dar a conocer personajes o sucedidos del mundo de la novela: cuando el narrador alza un momento los ojos del abigarrado conjunto de personajes y hace observaciones acerca del orvallo, del chirrido de los ejes de los carros, de Dios, de la vida y de la  muerte. Hay también contrastes temáticos, momentos graves y cosas intrascendentes en las superposiciones propias del flujo de conciencia. De manera abrumadoramente frecuente, aparecen incisos obscenos.

Los puntos importantes de la narración se subrayan técnicamente, aunque de manera intencionadamente desdibujada en ocasiones. Ya hemos señalado el contraste que se produce entre la larga y acelerada enumeración de personas y sucesos desordenados —en consonancia con el hecho del final de la guerra— que culmina en el último parte de la contienda civil y el paso cortado, sin transición, al lento motivo de la lluvia (p. 204). La recurrencia es uno de los principios estructuradores del relato: los personajes y los hechos se configuran una y otra vez, al compás de asociaciones, muchas obsesivas, por contigüidad generalmente. Algunos de estos motivos, como los perros que cría Tanis, se van introduciendo inadvertidamente hasta que encajan en su papel en el momento clave. Otros motivos —el orvallo, Lázaro Codesal (el muerto lejano que sirve de contrapunto a los de la guerra actual: todas las guerras son iguales)—, el agua de la fuente del cementerio, etc., marcan hitos en la narración, así como las indicaciones acerca del narrador. En estas últimas se puede apreciar también la progresión de la novela y, en el caso que citamos a continuación, la conexión con la cita de Poe que abre el libro: "Robín Lebozán lee lo que lleva escrito y corrige alguna que otra cacofonía o repetición o palabra poco clara y precisa, también cambia algún signo ortográfico, aquí va mejor una coma que dos puntos, aquí no pega un paréntesis, etc., Robín Lebozán piensa que todo va ya por la cuesta abajo, esto de las novelas es como la vida misma, que de repente para, a veces para de golpe, se sube el corazón a la boca y la vida muere, escapa por los ojos y por la boca, también por la boca, las historias terminan siempre en un punto (...), acuérdate otra vez de Poe, nuestros pensamientos eran lentos y marchitos, nuestros recuerdos eran traidores y marchitos, a mí me gustaría no tener ni pensamientos ni recuerdos pero no puedo, a mí me gustaría ser como las rosas y las madreselvas, que no tienen más que sensaciones, quizá los bichos muy pequeños y débiles, las lamáchegas, el caballito del demonio, tengan el ánima hueca y sin consuelo como las rosas y las madreselvas" (p. 233).

Recrear el mundo de Galicia es un objetivo también del relato, e incorporado a él, venga o no a cuento, aparecen costumbres, aspectos folklóricos (pp. 130, 143, 94, 107), supersticiones (pp. 113, 114) recetas de platos típicos, cuentos y tradiciones populares.

En el texto se utilizan con frecuencia elementos distanciadores: incoherencias macabro-coloquiales, quiebro de la frase predecible, aclaraciones, detalles absurdos. Veamos alguno, a título de ejemplo: "Sor Catalina era más mujer que la pobre Angustias Zoñán Corvacín, la recién casada a la que su marido abandonó a la hora y media de matrimonio y, claro es, se metió monja.

—¿Y qué fue de ella?

—No lo sé, nunca más se supo, a lo mejor murió de anemia.

—Sí, lo más probable.

—También puede que le haya picado un tábano y esté coja.

—También" (p. 182).

"(...) tu tío Claudio Montenegro tampoco se deja ni picar ni marear, esa costumbre se tiene o no se tiene, cuando pensó que iban a ir a buscarlo rodeó la casa de cepos loberos, puso lo menos siete, y esperó, el mierda de Wenceslao Caldraga quedó preso en uno y tu tío don Claudio tardó tres días en soltarlo, tenía el tobillo en carne viva y se le veía el hueso, los demás escaparon como liebres y además se callaron.

—¿Como muertos?

—Sí, señor; como muertos" (pp. 200-201).

Es conocida la afición de Cela a palabras malsonantes y a lo escatológico, así como a detalles macabros mezclados con toda "naturalidad" en la narración. Por ejemplo —y no es el más desagradable— cuando el tío Cleto demuestra su hostilidad hacia sus finas hermanas, las obsequia, entre otras cosas, con ventosidades de varios tipos:

"Tío Cleto, como se aburre como una ostra, se pasa el día vomitando en la bacinilla o detrás de la cómoda.

—¡Qué alivio!

La perra de tío Cleto se llama Véspora y se alimenta de lo que el amo convulsamente vomita o dulcemente regurgita, que de ambas formas arroja tío Cleto. Véspora, a veces, hace los extraños y camina dibujando los jeribeques de la borrachera, se conoce que algunos días el vómito de tío Cleto le resulta algo fuerte" (pp. 104-105).

En el texto se intercalan historias macabro-pintorescas variadas: el sacaúntos que mató trece personas a bocados, el parvo Roquiño Borrén, que estuvo cinco años metido en un baúl de colorines, etc.

E) Estilo

Sanz Villanueva, refiriéndose al Cela autor de Mazurca..., habla de la "habilidad para el manejo del lenguaje, la riqueza de su léxico, expresividad de su estilo, que hacen de él un notable prosista"[5].

 Es esto indudable, aunque buena parte de su léxico sea rico precisamente en palabras malsonantes, soeces. De todas maneras es un estilo personal, brillante, estimulante; a veces afeado por "tics", trucos demasiado simples y sabidos en la propia prosa de Cela: por ejemplo, incluir algunas variantes u omitir algún elemento de alguna frase formularia previamente establecida. En general, como los recuerdos son obsesivos, las formulaciones de los mismos tienden a ser muy parecidas, aunque haya progresión con algún detalle nuevo, y esto se emplea con maestría. En el texto aparecen voces y frases en gallego, y también giros pertenecientes a esta lengua; y se utiliza frecuentemente una atractiva mezcla de lenguaje coloquial, refranes, modismos, latiguillos, etc., en castellano y gallego: "A lo mejor Ricardo Vázquez Vilariño, el novio de tía Jesusa, está en el frente tirando tiros o llevando las cuentas en la oficina de la compañía, matar aún no lo mataron. Las manos de Fabián Minguela parecen babosas, los enfermos de aire de difunto no las tienen más húmedas ni frías ni blandas, difuntiños todos, dádeme o aire que a vos non vos fai falta" (p. 166).

Uno de los rasgos de estilo más sobresaliente en Cela, del que ya se ha hablado arriba, es la obsesión —el gusto— de nombrar: antropónimos, generalmente poco comunes (incluso se cita el santoral completo de un día, el 11 de mayo: p. 217), apodos, etc., vengan o no a cuento, sean útiles o inútiles para el relato: "Los cuatro criados de la señorita Ramona son los siguientes: Braulio Doade, 82 años, natural de Camposancos; Antonio Vegadecabo, 81 años, natural de Cenlle; Puriña Córrego, 84 años, natural de los Baños de Molgas, y Sabela Soulecín, 79 años, natural de San Cristóbal de Cea" (p. 57). La verdad es que los topónimos gallegos, a veces de aldeas diminutas, se prestan admirablemente: "Los dos Gamuzos gemelos, Celestino Carocha, cazador, y Ceferino Furelo, pescador, son curas en San Miguel de Taboadela y en Santa María de Carballeda, ésta en término de Piñor; Furelo estuvo antes en San Adrián de Zapeaus, en Rairiz de Veiga, el pueblo del famoso guerrillero Celso Masilde, Chapón" (p. 59). Esta técnica, salvo algún truco más sabido, torpemente coloquial —"su mujer (por más esfuerzos que hago no consigo recordar cómo se llamaba, lo tengo en la punta de la lengua pero no me acuerdo)": p. 68—, por lo general, resulta sumamente eficaz, de buen rendimiento estilístico y uno de los rasgos definitorios de la prosa de Cela.

 

VI. Valoración doctrinal

A) Es evidente que el tema esencial de la novela es la ruptura de la vida en paz por una guerra ajena, incomprensible y de odiosas consecuencias. Pero antes de analizar este tema, vale la pena reflexionar acerca de ese mundo maltratado por la guerra que nos presenta Cela. A primera vista no parece que pueda decirse que sea un mundo idealizado; es más bien un mundo en el que abundan los tontos, los tarados, los desgraciados: "Por detrás de la casa de la señorita Ramona el jardín llega hasta el río, con sus juncos y sus helechos, su balsa, sus barbos y sus suicidas; tres suicidas en once años tampoco son tantos. Esta tierra no da demasiados suicidas: algún anciano sin amparo, alguna moza en desamor, alguna casada a la que come el aburrimiento y llena de congoja el remordimiento" (p. 25).

Es un mundo "natural", entendiendo lo natural, desde luego, por lo instintivo elemental y con frecuencia degradado. Lo que se aparta de esa "naturaleza" (que abarca fundamentalmente el sexo brutal, con un amplio muestrario de aberraciones, y, como complemento, lo macabro y lo escatológico) es juzgado negativamente; en particular todo lo que suponga espiritualidad, lo que supere la animalidad cotidiana aunque sólo sea humanamente (la existencia de ideales nobles, por ejemplo, o de virtudes humanas que apenas se encuentran en la novela). Bondad o maldad apenas tienen que ver con la ley natural: en lo que se refiere a lo sexual se diría más bien lo contrario. Son "buenos" los que tienen buenos sentimientos o al menos sentimientos cabales: algunas prostitutas, Gaudencio, los Guxinde en general. Malo es sólo lo que rompe ese orden "natural" (la guerra, Moucho); y entonces surge el deber de recomponerlo. Pero lo que fundamentalmente está trastocado en la novela es lo concerniente a la sexualidad, aparte del materialismo o paganismo absoluto con que parecen plantearse las vidas, como veremos después.

La novela se presenta con aparente objetividad; de hecho, da la sensación de que Cela utiliza la técnica de tratar lo anormal como normal (uno de los procedimientos más usados y característicos de su prosa) con el fin de sugerir que lo anormal es lo normal. Por otra parte, ese mundo arcaico, en que privan los lazos de sangre, en un paisaje sumergido en lluvia vivificante, es el del propio autor: reconstruye su mundo, y de ahí los ocasionales tonos líricos, y que juegue con continuas resonancias autobiográficas: lazos familiares, lugares, nombres y apellidos (el artillero Camilo —hay varios Camilos entre los Guxindes— ha nacido en Padrón, como Cela), rasgos físicos ("Todos los Moranes tenemos la cara de caballo y los dientes separados, a veces bastante": p. 212), el primo Camilo de tío Rodolfo el Ventilado se casó con una inglesa, y tantas otras referencias autobiográficas que hay perdidas en la novela.

Ni que decir tiene que el libro es una condena de la guerra civil española, específicamente del lado nacional (no se habla del otro):

"—Aquí va a haber muchos crímenes, ya los está habiendo, y mucha estupidez, pero lo peor va a ser la marcha atrás que vamos a dar todos, que va a dar el país, ¡pobre España!, lo peor de estos estallidos es el triunfo de la vulgaridad, hay momentos en los que el hombre se siente orgulloso de su vulgaridad y presume de burro y de ignorante, son los tiempos peores y también los más dramáticos y sangrientos, los mediocres no perdonan y disfrazan a Dios a su imagen y semejanza, lo visten de clown o de alabardero, podemos retroceder cien años pero hay que callar, no merece la pena querer llevarle la contraria a las mareas, nadie pudo jamás llevarle el pulso a la resaca. Que sea lo que Dios quiera" (p. 154).

La guerra supone un frenazo a la cultura, y se ponen de relieve aspectos más o menos ridículos que se presentan como manifestaciones de la moral puritana de los vencedores, a veces recurriendo a situaciones muy forzadas: la visita de Adega a la playa de Samil, después de la guerra, da pie a la inserción de un ridículo bando sobre trajes de baño: "Adega fue a la playa de Samil pero no se bañó, ella es de tierra adentro y no tiene costumbre, el bando que regula los bañadores es muy preciso: el traje debe ser de tela no transparente y cubrir el cuerpo sin ceñirlo, los de las mujeres llegarán hasta la rodilla, o bien enteros o compuestos de blusa y falda, usarán además pantalones que deberán llegar asimismo hasta la rodilla, el escote será de modo que nunca pueda separarse del cuerpo, las mangas irán tan ceñidas que en ninguna ocasión un movimiento brusco descubrirá la axila, queda terminantemente prohibido tumbarse en la arena aun llevando el cuerpo cubierto con albornoz, no obstante estará permitido sentarse" (pp. 128-129). Esta secuencia, que es un parche, se introduce artificialmente —no tiene más justificación narrativa que dar pie a la reproducción del bando—, diciendo en algunas páginas del principio de la novela el deseo de Adega: "Adega no quería morirse sin ver el mar" (p. 21).

De la guerra conocemos sólo la retaguardia, como se ha dicho. La retaguardia es peor que el frente: el sadismo, el miedo, la venganza, reinan en la zona nacional, según parece. Don Jesús Manzanedo, el llamado Micifú, Fabián Minguela, son ejemplos de asesinos que matan por motivos fútiles: se apunta como causa de muerte el haber puesto a una hija el poco cristiano nombre de Rosicler. Asesinos a quien persigue el odio de todos, que se alegran —y se recalca la inocencia que hay en ese odio— al verlos muertos y a ser posible en el infierno. La noche de la muerte de Moucho, Gaudencio, el acordeonista ciego de la casa de la Parrocha, interpretó la mazurca Ma petite Marianne con muy especial deleite. "Don Cándido Velilla Sánchez, viajante de comercio, le preguntó al acordeonista ciego,

—Dígame una cosa, ¿usted se alegra de que hayan matado a ése?

—Sí, yo sí, ¡qué quiere!

—¿Y se alegraría de que además Dios Nuestro Señor lo hubiera mandado a arder en el infierno?

—Sí" (p. 249).

B) En la novela se alude con cierta frecuencia a Dios, desde un confusionismo total y en ocasiones de modo irreverente. Predomina la nota panteísta —el tema de Dios siempre aparece ligado a la lluvia continua y al chirriar del eje de los carros—; generalmente se trata de un Dios ausente, indiferente a cuanto ocurra en el mundo. Materialismo, o más bien paganismo, apenas encubierto por alguna práctica religiosa (misas de difuntos ...) que se da como normal, pero absolutamente desconectada con la doctrina y la ley moral; con frecuencia, unida a supersticiones. En general, Cela se muestra profundamente anticlerical: la mayoría de los personajes negativos son los que aparecen como católicos "oficiales": tía Jesusa y tía Emilita, el P. Santisteban, el sacristán que lanza pedradas a la parva de Martiñá, el asesino don Jesús Manzanedo: "Marujita Bodelón Alvarez, o sea la ponferradina que anduvo con Celso Varela, tiene guardada la esquela mortuoria de don Jesús: El Ilustrísimo don Jesús Manzanedo Muñiz, Adorador nocturno veterano, Esclavo de mérito de Nuestro Padre Jesús, Abogado y procurador de los tribunales, falleció confortado con los auxilios espirituales y la bendición de Su Santidad. R.I.P. Vale por un kilo de pan que podrá recogerse en un plazo de siete días en el horno de San Cosme, limosna que se reparte en sufragio del alma del finado" (pp. 214-215). La caridad no se vive en la Iglesia: el P. Santisteban goza pensando en los sufrimientos eternos de los condenados; sin embargo, sí son caritativas otras gentes cuyo vivir se considera inmoral: echan del Seminario a Gaudencio, porque va a quedarse ciego, y la dueña de una casa de prostitución lo acoge para que pueda ganarse la vida tocando el acordeón en ella. Los personajes que son curas llevan una vida inmoral, descrita con expresiones obscenas y soeces, y sin rastro de espiritualidad; a cambio de esto, son generosos: dan de lo que tienen, y el cura de San Miguel de Buciños esconde a un celador de telégrafos al que buscan los nacionales para matarlo. Abundan las anécdotas y expresiones irreverentes, que rozan —cuando no entran de lleno— en lo sacrílego y lo blasfemo.

C) Por último, la sexualidad obsesiva y degradada es el rasgo más característico de la novela. La lujuria es omnipresente, de tal modo que venga a significar el transcurrir de la vida. No hay juicios morales negativos: nadie vive de acuerdo con la ley moral natural —salvo excepciones— y, más que indiferente, este hecho no parece que se considere malo; se da como normal, incluso en las aberraciones sexuales de las que se presenta un buen muestrario: lesbianismo, bestialidad, etc.

Es un tema al que se hace referencia continua: salta una y otra vez, obsesivamente, a la memoria del narrador, con historias propias y ajenas. También la misma acción de la novela tiene un centro espacial que es el prostíbulo de la Parrocha, en Orense; y cuando no, las referencias a lugares, ocupaciones, etc., ligadas a desórdenes sexuales son continuas: casa de la señorita Ramona, actividades de Benicia... Apenas hay excepciones, como la —por otra parte repulsiva— vivienda de tío Cleto y sus hermanas; o, cosa inusitada, un lugar y escena limpia: el curro de caballos salvajes del Xurés. No se busca tanto la descripción morosa —detenida— de obscenidades como el golpe de efecto de los detalles gráficos, con términos soeces y la proliferación de casos. Todo ello se trata, como hemos dicho, con "naturalidad", como quien habla del tiempo (igual que se hace con las referencias escatológicas, bastante frecuentes), dando la sensación de que esa "naturalidad" en el hablar corresponde a la "naturalidad" de los hechos inmorales que se presentan al nivel del comer o el dormir. En relación a la sexualidad puede decirse que todo el libro es profundamente inmoral, sin que haya diferencias entre ambientes más o menos brutales o refinados: la señorita Ramona y Cabuxa Tola, por ejemplo, cada una en su estilo hacen más o menos lo mismo.

 

VII. Vocabulario gallego-castellano (algunos términos usados en la novela)

a: la (art. deter. f. sing. y acus. del pron. pers. de tercera persona f. sing.)

abafar: asfixiar (tr.)

abeleira: avellano (f.)

acurrar: acosar y conducir los caballos en el curro (tr.)

afouto, ta: animoso, valiente, temerario (adj.)

Alifonso: Alfonso (n. p.)

alontra: nutria (f.)

bestelleiro: besteiro (m.)

besteiro: el que trata con bestias y especialmente el que acosa y reduce caballos salvajes (m.)

bomba de palenque: cohete grande y estruendoso (f.)

bouza: terreno o monte con arboleda variada (f.)

bouzas: institución de cultivo comunitario propia de León y Galicia (f. pl. de bouza)

buño: junco (m.)

cabuxa: cabra (f. d.)

cachifo, fa: juguetón, travieso (adj.)

cachola: cabeza, chola (f. vulg.)

calaza: carroña (f.)

carocha: panoja (f.)

Catuxa: Catalina (n. p. forma hipocorística de Catarina)

cheirar: oler y especialmente oler mal (tr.)

choqueiro, ra: bufón (adj.)

chufreteiro, ra: chistoso, divertido (adj.)

cirolas: calzón (f.) // 2. calzonazos (adj.)

corredoira: camino de carros (f.)

crego: clérigo (m.)

curro: corral (m) // 2. lugar al aire libre donde se encierran los caballos salvajes para marcarlos y raparlos // 3. persecución, encierro, derribo, rapa y marca de la yeguada salvaje.

da: contracc. de la prep. de y el art. deter. f. sing. a.

eixo: eje (m.) // ¡Arde o eixo!, expr. que denota alegría o excita al entusiasmo.

enqueixelar: enfermar hasta la muerte los caballos salvajes encerrados (intr.)

famento, ta: hambriento (adj.)

furelo: ratoncillo (m.) // 2. hurón (m.)

Gorecho: Gregorio (n. p. forma hipocorística)

griñón: padrote de la yeguada, marañón (m.)

herba: hierba (...) concheira: escrofularia (f.)

lacrau: alacrán (m.)

lamáchega: babosa, limaco (f.)

lareira: fogón (f.)

leitón: lechón (m.)

lódola: alondra (f.)

mámoa: dolmen (d.)

Manecho: Manuel (n. p. forma hipocorística)

Marica: María (n. p. forma hipocorística)

Merexildo: Hermenegildo (n. p. forma hipocorística de Hermenexildo)

mixiriqueiro, ra: quejicoso, mimoso, remilgado (adj.)

nisco: porción minúscula (m.)

o: el (art. deter. m. sing. y acus. del pron. pers. de tercera persona m. sing.)

parrulo, la: pato, pata (m. y f.)

parvallán, na: simple (adj.)

parvo, va: tonto, necio (adj.)

paxarolo, la: avispado, despierto (adj.)

peloura: aguardiente de caña (f.)

perello: diablillo familiar (m.) // 2. Demo, diancre.

podre: podrido (del tr. podrecer)

porco: puerco, cerdo (m.)

preguizas: pereza, haraganería, indolencia (f.)

pucho: ternero (m.)

rapa: curro (f. 3ª acep.)

raxo: lomo de cerdo adobado y aún sin adobar (m.)

saúde: salud. El diminutivo saudiña es usual en los brindis (f.)

tabeirón: tiburón (m.)

tatexo, xa: tartamudo, gago, tatelo (adj.)

tolo, la: loco (adj.)

tripeiro, ra: tripero (adj.)

tunda: paliza (f.)

véspora: avispa (f.)

xabarín: jabalí (m.)

Xan: Juan (n. p. forma hipocorística de Xoan)

Xiao: Julián (n. p. forma hipocorística de Xulián, Xian)

xurelo: jurel (m.)

M.J.P.S.

 

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[1] Historia de la literatura española, 6/2, Ariel, Barcelona 1984, p. 86.

[2] En el apartado siguiente (IV) se describe a cada uno de los personajes mencionados en este resumen de la trama.

[3] Por ser demasiados, se nombran sólo los más significativos; aunque algunos no se han mencionado en el resumen de la trama, se incluyen aquí para dar una idea más completa de la novela.

[4] Luis Suñén, "La lección de los seniors: Camilo José Cela y Juan Benet", Insula, 444-445, nov.-dic. 1983, p. 12.

[5] ob. cit., p. 90.