FLICK, Maurizio y ALSZEGHY, Zoltan

Antropología Teológica

Ed. Sígueme, Salamanca 1970, 621 pp.

(Orig.: “Fondamenti di una antropologia teologica”, Libreria Editrice Fiorentina, 1970, 442 pp.)

 

CONTENIDO DE LA OBRA

No se trata de un manual para los estudios institucionales de Teología; “Nuestro trabajo —afirman los autores en la introducción— es más bien un vademécum para el estudio personal, una guía para encontrar el acceso a las fuentes y para poder proseguir la investigación teológica” (p. 25). Se dirige por tanto a especialistas y profesores de la materia (cfr. p. 13).

La obra se estructura en dos partes: “El hombre bajo el signo de Adán” y “El hombre bajo el signo de Cristo”. En la primera se estudia la condición creatural del hombre; el origen y fin de la vida humana; el hombre como imagen de Dios; y el pecado. La segunda parte se subdivide en tres capítulos: la restitución de la semejanza con Dios (“En Cristo”); la justificación (“Por Cristo”); el crecimiento de la vida sobrenatural (“Hacia Cristo”). Todos los capítulos se acompañan de una bibliografía actualizada hasta 1969, y se incluyen también enunciados de “temas de estudio”, según la técnica didáctica de los estudios dirigidos. El estilo es lineal y los autores exponen con claridad su pensamiento.

En la presentación se señala que este libro es una refundición total de los dos anteriores escritos en colaboración por los autores (“Los comienzos de la salvación” y “El Evangelio de la gracia”), a la luz de los nuevos datos aportados por el Vaticano II. En esta refundición se desarrolla con mayor amplitud el tema del hombre como sujeto social (cfr. pp. 153 ss.). De esta forma, analizando el concepto de pueblo, los autores procuran apuntar hacia la eclesiología.

Acerca de la evolución en general, y en particular de la llamada hominización (cfr. pp. 173 ss.), se admite su posibilidad, al menos como hipótesis de trabajo. No obstante, al igual que en “Los comienzos de la salvación”, exigen la aceptación de un triple concurso divino: ordinario, evolutivo y creativo para que surja la persona humana. Este concurso creativo sería distinto del primer acto creador ex nihilo.

Sobre la cuestión del monogenismo, la posición de los autores es una ruptura con lo afirmado por ellos mismos en sus obras anteriores. Mientras en “Los comienzos de la salvación” lo calificaban como teológicamente cierto, ahora afirman: “dado que el transformismo infrahumano no se verifica en individuos separados sino en poblaciones, el monogenismo teológico que se refiere a un solo padre, no tiene ninguna seria probabilidad desde el punto de vista científico” (p. 192). Parece ser que los autores hacen esta concesión  —por otra parte sin justificarla con nuevos datos— para señalar la concordancia formulada por otros autores entre un “pecado original de carácter colectivo” y la hipótesis de una “hominización poligenista”.

Por lo que se refiere a la transmisión del pecado original, Flick y Alszeghy proponen, como interpretación más probable de lo definido en el Concilio de Trento, su transmisión por imitación y solidaridad (pp. 263-278, especialmente p. 275), apoyándose en el concepto de personalidad colectiva.

Otra novedad de esta obra consiste en la noción de justicia original evolutiva (cfr. pp. 271-272). En opinión de los autores, “parece que basta para estar conformes con las enseñanzas de Trento afirmar que los primeros hombres estuvieron ordenados intrínsecamente a la visión beatífica” (p. 271), y que esta ordenación implicaba en el estado anterior al pecado original “la posesión virtual de las perfecciones sobrenaturales” (p. 272). Entre esas perfecciones poseídas virtualmente se incluye la gracia santificante (p. 269).

Esta noción de posesión virtual está explicada recurriendo a la imagen del niño que, por un accidente, pierde “una vida intelectual que nunca ha tenido, pero que sin ese infortunio se habría desarrollado en él, basándose en la capacidad que entonces poseía” (p. 269). Ese desarrollo ulterior de una perfección actual, que en el tiempo se habría manifestado como perfección fenoménica, es al parecer lo que los autores entienden por justicia original evolutiva (cfr. p. 270).

El pensamiento de Flick y Alszeghy se perfila más con la siguiente afirmación: “Se puede pensar que la primera persona (o comunidad), al llegar al umbral de la vida moral, fue constituida como mediadora para hacer pasar a toda la humanidad de la posesión virtual a la posesión actual de la gracia santificante, y que el primer pecado causó de esta manera la muerte espiritual de todos los demás hombres” (p. 297). Desde esta perspectiva, no queda nada claro si se perdió la gracia o la simple posibilidad de poseerla.

VALORACIÓN TÉCNICA Y METODOLÓGICA

La obra analizada recoge toda la documentación acumulada por los autores durante sus años de docencia en la Universidad Gregoriana de Roma; documentación que ya aparece en sus obras anteriores. No obstante, el uso de ese vasto material de citas, recibe aquí un uso muy distinto, en apoyo de tesis que contradicen el parecer anterior de los autores sobre algunos temas.

En líneas generales, puede apreciarse un esfuerzo por presentar una visión dinámica de las relaciones natural-sobrenatural. En este contexto, se pretende una síntesis de los dos aspectos clásicos: el de la potencia obediencial y el del desiderium naturale videndi Deum. El planteamiento dinámico de la naturaleza humana en relación a la gracia sobrenatural, tiende a exagerar la continuidad entre los dos órdenes: entre lo humano y lo divino, entre la naturaleza y la gracia, entre el pecado y la salvación. Falta en todas estas delicadas cuestiones la necesaria precisión teológica.

En este mismo sentido, con frecuencia queda muy poco claro el valor y alcance de las definiciones dogmáticas, ya que según los autores deben juzgarse según el contexto histórico en que fueron formuladas, al tiempo que deben replantearse a tenor de las nuevas circunstancias de mentalidad. Así, el método de esta obra va más allá, en muchos casos, de la estricta evolución homogénea del dogma, entroncando con un método historicista, teológicamente inválido.

En conjunto, es valioso el acopio de datos y documentación, mientras que la síntesis que de ellos se ofrece es, en puntos capitales, inmadura y muy poco fundamentada. Es particularmente notable cómo, en base a los mismos datos, se proponen tesis opuestas a las sostenidas en obras anteriores.

VALORACIÓN DOCTRINAL

Por lo ya dicho hasta aquí, se puede ver que el libro presenta graves inconvenientes doctrinales. En efecto, se admite sin más el poligenismo (cfr. p. 192), la personalidad colectiva de Adán (cfr. p. 275), la justicia original evolutiva (cfr. p. 269).

Además, no se salva suficientemente la distinción entre lo natural y lo sobrenatural, ni las verdades dogmáticas sobre el pecado original y su transmisión por generación.

En contraste con las tesis sostenidas en este libro, sobre el monogenismo, justicia y pecado original, cfr. Conc. de Trento, Decr. super peccato originali: Dz 787-792; Pío XII, Enc. Humani generis, 12-VIII-1950: Dz 2328.

En relación al tema de la inhabitación de la SS. Trinidad en el alma en gracia, los autores ofrecen un buen status quaestionis (cfr. pp. 378-387), pero son poco críticos a la hora de tomar postura, especialmente ante la teoría de la cuasi formalidad, que supone una cierta aproximación al panteísmo (cfr. sobre esto: Pío XII, Enc. Mystici Corporis, 29-VI-1943: Dz 2290).

J.I.S.

 

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