GUTIÉRREZ, Gustavo

Hablar de Dios. Desde el sufrimiento del inocente. Una reflexión sobre el libro de Job.

Editado por "Instituto Bartolomé de las Casas", Lima 1986.

COMENTARIO

1. Las palabras del título, "Hablar de Dios", las explica el autor en los siguientes términos:

"Hablar de Dios en América Latina:  ¿de qué manera hablar de un Dios que se revela como amor en una realidad marcada por la pobreza y la opresión? ¿Cómo anunciar el Dios de la vida a personas que sufren una muerte prematura e injusta? ¿Con qué lenguaje decir a los que no son considerados personas que son hijas e hijos de Dios?

"Toda la teología de la liberación proviene del esfuerzo por dar sentido al sufrimiento humano cuando aquellos que sufren

        son víctimas de una opresión y explotación organizada, cuando son mutilados y tratados como seres inferiores a lo que son: personas humanas, creadas a imagen del Dios Trino, redimidas por un solo Salvador Jesucristo,... Este es el origen de toda teología de la liberación y por tanto de toda teología negra, que es teología de la liberación de Africa" (D. Tutu, La teología de la liberación en Africa). (cfr. pp. 19 a 21).

"En efecto, el sufrimiento humano, el compromiso con él, las preguntas que de ahí surgen sobre Dios son un punto de partida y un tema central para la teología de la liberación. ...El sufrimiento del inocente y sus preguntas son un cuestionamiento capital para una teología; es decir para un lenguaje sobre Dios. A ese reto intenta responder la teología de la liberación." (cfr. pp. 19 a 21).

2. Como antecedentes históricos, el autor cita a Guamán Poma de Ayala, a fines del siglo XVI, quien impresionado por la situación de los indios, salió a recorrer el viejo imperio de los incas "en busca de los pobres de Jesucristo". Varios siglos después, —cita el autor— es José María Arguedas, en Los Ríos Profundos quien nos habla del dolor profundo e inmenso del indio: "Cuando mi padre me rescató y vagué con él por los pueblos, encontré que en todas partes la gente sufría. La María Angola lloraba por todos desde el Cuzco. A cada golpe, la campana entristecía más y más." ... "El rostro del crucificado —el Señor de los Temblores, del Cuzco— era casi negro, desencajado, como el del pongo..." Y comenta Gutiérrez: "este parecido entre el crucificado y el pongo nos recuerda que el pueblo pobre de América Latina y de otros lugares del mundo es un pueblo crucificado. Nada puede dispensar de tener en cuenta esta situación para vivir y pensar la fe. Esa fue la certera intuición evangélica de Bartolomé de las Casas... La gran pregunta será entonces ¿cuál es el camino para tocar a arrebato la María Angola y abrir a los que sufren a la memoria y alegría del resucitado?" (cfr. pp.22-24).

3. Gutiérrez hace notar que la clave del libro de Arguedas es "la oposición entre el pongo ('indio de hacienda que sirve gratuitamente, por turno, en la casa del amo'), que se parece a Cristo, y el Viejo ('el Anticristo', avaro 'como todos los señores del Cuzco')". (cfr. p.22, nota 14).

4. El tema central del libro, como indica su subtítulo, pretende ser una "reflexión sobre el libro de Job", que se extiende desde la p.25 hasta el final. Previamente, hace una observación inicial:

"Tenemos mucho que aprender de él (Job) para nuestra relación de fe y esperanza con Dios y para nuestro quehacer teológico.

Tal vez esta afirmación nuestra pueda sorprender a algunos. En efecto, hay quienes piensan que desde los pobres de América Latina y el compromiso por la liberación de una opresión secular, otros son los textos bíblicos que interesan. ¿Qué vendría a hacer aquí un libro que presenta no un hecho histórico liberador...? Una obra situada en la Biblia dentro del rubro de la Sabiduría aparentemente tan alejada de los problemas de la justicia social?

Tomaremos en este trabajo un punto de vista relevante...: hablar de Dios a partir de una situación límite: el sufrimiento del inocente, ... más concretamente, desde el sufrimiento de los pobres, es decir, la inmensa mayoría de la población de América Latina (cfr.pp. 25-28).

5. Seguidamente el autor pasa a relatar el libro de Job, la "apuesta" de Dios y Satán: "tócalo y te maldecirá en tu cara", el "permiso" que Dios le concede que da lugar al sufrimiento injusto de Job. El autor plantea así la cuestión central del libro:

"Es el sentido de la retribución y de la gratuidad en la fe en Dios y en el actuar consiguiente. Dios cree en la gratuidad de la rectitud de Job, por eso acepta el lance. El autor (del libro sagrado) nos advierte de este modo que una religión utilitaria carece de profundidad no se da un verdadero encuentro con Dios, hay más bien construcción de un  ídolo. ...Creer "por nada", "sin paga", es lo contrario a una fe basada en la doctrina de la retribución." (cfr. p. 39).

6. Cita el autor, en una nota, un texto del fallecido liberacionista, Hugo Echegaray, con quien el autor se identifica, y que contribuye a entender el contenido de todo el libro:

"Protestando contra la injusticia que se comete contra él, Job es un testigo mucho más veraz de la fe en Yahvé que todos los que se acostumbran a la injusticia, hasta convertirla en un hecho necesario al interior del sistema humano: ese es el caso de los amigos de Job (se refiere a los tres amigos con quienes dialoga), y de los falsos amigos de Dios". Previamente ha afirmado H. Echegaray: "la fe de Job, en su intransigencia y desmesura es más correcta que la fe de sus amigos en su estrechez y conformismo." (p. 55, nota 4).

7. Destacamos también un texto del autor que expresa buena parte del equívoco mensaje de su obra:

"Job no es el hombre de la paciencia. Se trata más bien de un creyente rebelde. Rebeldía contra el sufrimiento inocente, contra la teología que lo justifica e incluso contra la imagen de Dios que esa teología presenta... Será por eso el creyente de la paz que provoca en él la contemplación final de Dios. Una paz que no resta importancia al reclamo de la justicia (al contrario: "habló correctamente" —libro de Job) y que por eso es auténtica... El rebelde Job más que paciente es pacífico, portador de una paz profunda. ... Sabe que el sufrimiento inocente es la situación más inhumana que pueda darse, por eso la enfrenta, para preguntarse si desde allí es posible reconocer al Dios que con su libertad y gratuidad da plenitud a nuestra humanidad." (cfr.pp. 61-62).

8. Gutiérrez resalta, en el libro de Job, lo que era entonces la doctrina tradicional de la retribución temporal: la pobreza v la enfermedad son castigo por las faltas y pecados personales, como la prosperidad es premio por la conducta recta. Le merece este comentario, importante para captar su pensamiento:

"Doctrina dominante en la época en que escribe el autor del Libro de Job, ella vuelve reincidentemente (se entiende que en la actualidad) en el marco de una cierta mentalidad religiosa. Resulta cómoda y tranquilizadora para quien posee grandes bienes en este mundo, al mismo tiempo que logra una resignación con sentido de culpa en quien carece de ellos. Ciertas tendencias dentro del mundo cristiano han dado nueva vida a lo largo de la historia a esta concepción ética que ve en la riqueza un premio de Dios al hombre honesto y trabajador, y en la pobreza un castigo al pecador y ocioso. (En nota a pie de página dice: "Se trata para algunos de una categoría aceptada sin cuestionamiento. Recuérdese aquella expresión tan frecuente en ciertas biografías de santos: 'nació de padres pobres, pero honrados'. La honestidad hay que destacarla porque la pobreza parecería estar ligada al robo y a la delincuencia".).

De otro lado, se sabe que históricamente la ideología del sistema capitalista se sirvió de este esquema doctrinal, primero abiertamente y al presente en formas más sutiles para justificarse religiosamente." (cfr.p.74).

9. Gutiérrez llama a los tres amigos de Job, que le hacen reflexiones y le animan a reconocer sus culpas y errores, los teólogos. Elifaz le dice: "muy seguro de su posición: todo esto lo hemos indagado y es cierto; escúchalo y aplícatelo. ... Negar esta verdad es pretender 'llevar razón contra Dios'. La primera obligación de Job, por consiguiente es reconocer su culpa y pedir perdón a Dios por ella. Apelación a la conversión que Job desoye porque no encuentra en él materia culpable." (cfr. p. 73)

10. En el diálogo de Job con los "teólogos" destaca Gutiérrez la incomprensión de éstos con el que sufre injustamente, su arrogante seguridad de poseer la verdad y un no saber escuchar:

"Job suplica ser escuchado y que se le responda. La discusión entablada con sus amigos se convierte en un diálogo de sordos. La doctrina que esos teólogos profesan no les permite atender lo que otros dicen, los ecos de sus propias palabras tapan sus oídos... Callar y escuchar sería una manifestación de la sabiduría que pregonan poseer. Vivir de cerca los sufrimientos del pobre permite percibir el alcance de lo que Job solicita. Una arraigada convicción en los pobres y marginados es que nadie se interesa por su vida y sus desgracias. Tienen además la experiencia de recibir engañosas expresiones de preocupación por ellos que acaban hundiéndolos más en sus problemas. A ello se debe que en las comunidades eclesiales de base latinoamericanas muchos encuentran con sorpresa que sus dificultades importan a otros. Se crea así para ellos un inusitado espacio de libertad y comunicación que abona el terreno para acoger la palabra del Señor y también para convertirse en agente de su propia historia. Ese es el espacio que Job reclama." (pp. 76-77)

11. Conforme avanza la discusión de Job con los teólogos, se da cuenta de que la línea demarcatoria entre él y sus interlocutores está en el terreno de la experiencia personal (la experiencia de su sufrimiento) y la reflexión que se sigue de ella." Dice Gutiérrez:

"(Job) no trata de rechazar a Dios; sino de cuestionar una interpretación de la relación del ser humano con Dios basada en la retribución. Doctrina que él también conoce, y a la que tal vez se adhirió en el pasado, pero que no da razón de lo que está viviendo ahora ni responde a las intuiciones más profundas de su fe." (p. 81)

Job no ve claro pero tiene la honestidad y el coraje de buscar. Sus amigos prefieren repetir los consejos que aprendieron en un momento dado— en lugar de acercarse a la vida concreta de las personas.  Plantearse preguntas y abrirse así a una mejor comprensión de Dios y su palabra. Esto hace que su argumentación no sea sino un amasijo de mentiras, convenientemente arregladas para adquirir la apariencia de verdad. Job no teme decirlo (vid. 13, 1-4), mayor motivo para ir más allá del debate con sus amigos y dirigirse directamente a Dios." (pp. 81-82)

Se ha subrayado parte del texto que se considera de especial significación. Más adelante continúa Gutiérrez:

"Leyendo los discursos de Job y sus amigos se puede percibir que estamos ante dos caminos diferentes de razonar teológico.

de su doctrina pero inconscientes de que ella no tiene nada que decir al sufrimiento humano. Para ellos, la tarea de Job es conocer esa teología, aceptarla y aplicarla a su situación, sólo de este modo podrá encontrar la paz interior. Continuar su queja no hará sino agravar su situación. ... Uno de ellos dirá con enojo y suficiencia: 'reflexiona y luego hablaremos'(18,3). Antes de hablar, es necesario pensar. Para los amigos, esto significa concretamente acoger la teología que ellos representan y exponen para ayudar a Job.Pero éste también se siente seguro, no de una doctrina, sino de su experiencia vital: él es inocente."

"A la teología abstracta de sus amigos, Job opone su vivencia (y la de los pobres); desde ella y movido por la fe que ha recibido de sus antepasados intenta comprender la acción de Dios. Job se niega a creer que el amor de su Señor tenga necesariamente que transitar por los cauces que le señala la doctrina que sus amigos exponen con tanta seguridad y arrogancia. ...Harto dirá por ello: (ver 16,2-6). Se trata de un texto clave. Es el rechazo a una manera de hacer teología que no tiene en cuenta las situaciones concretas, el sufrimiento y las esperanzas de los seres humanos. Los discursos de los amigos son conocidos y siempre los mismos, no aportan nada. No tienen relación con lo que vive y padece Job, por eso no pueden ser si no "consoladores inoportunos" (antes los había llamado "médicos matasanos", 13,4).

"Job ha tomado una línea de ataque incisiva y devastadora que no piensa soltar en adelante.  ¿Hasta cuándo sus amigos van a continuar razonando sin tocar tierra? Los amigos discurren así porque no han vivido el abandono, la pobreza y el dolor, que Job conoce." (pp. 82-86).

12. Abundando en el pensamiento anterior, Gutiérrez enfrenta los "dos modos de hacer teología ", en el relato evangélico del ciego de nacimiento (Juan 9,18). Dice Gutiérrez:

"... los fariseos sospechan un fraude y le dicen con dureza: 'da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador'. Nosotros sabemos, ellos tienen su propio conocimiento sin haber sido testigos de lo sucedido. Desde su interpretación de la ley, Jesús es un pecador. Esa es su "verdad". Negar los hechos es propio de un saber abstracto y vacío. La respuesta del protagonista se sitúa en otro nivel: desde lo que había sido su vida hasta entonces y lo que Jesús hizo por él: 'sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo'. Su saber tiene otro origen, viene de lo que ha vivido. Se oponen así dos tipos de conocimiento: el uno apriorístico, presuntuoso y prejuiciado; el otro, desde la experiencia, sencillo y abierto a la acción de Dios." (pp. 88-89, nota 12).

13. La discusión entre los "teólogos" y Job ha llegado a un punto muerto, de modo que puede darse por agotada. Más tarde, Job entenderá que no tiene más camino que exigir una respuesta al mismo Dios:

"Los tres amigos `han dicho todo lo que tenían que decir. Sus argumentos se agotaron. Job había proclamado, polemizando con ellos,su integridad y su justicia. En tono solemne afirma ahora que mantendrá dicho predicamento hasta el término de su vida. Dar razón a los amigos sería mentir; ni su fe en Dios ni su ánimo se lo permiten (vid 27, 2-7). Su verdad lo deja solo y casi inerme.

requiere aire fresco, un cambio radical de óptica." (cfr. pp. 101-102).

14. Dios y el pobre. Así titula el autor el capítulo VI. En él desarrolla la idea de cómo la vida de Job ha sido una defensa y solidaridad con el pobre y oprimido. Gutiérrez ve una evolución en Job, durante su diálogo con los tres amigos. Inicialmente, plantea lo injusto de su caso personal, pero luego va ampliando su enfoque hacia la situación de los pobres y oprimidos y su sufrimiento injusto, todo ello desde su experiencia personal y su fe en Dios:

"En un largo monólogo (cap. 29-31) Job relee su vida. Ya no discute con esos fatuos teólogos que son sus amigos; al presente habla para sí mismo o tal vez para un público más amplio, y lo hace con mayor madurez. (p. 104).

La defensa del pobre supondrá su liberación ('yo libraba al pobre') así como el rechazo de aquellos que los oprimen y despojan ('le rompía las mandíbulas al inicuo para arrancarle la presa de los dientes'). La vida de Job da testimonio de su solidaridad con el pobre y el indefenso. (p. 107).

Este compromiso con el pobre es significativamente vinculado a un tema central en la Biblia: el rechazo a la idolatría. 'Lo juro, no puse en el oro mi confianza', (vid 31,24 ss), El dinero no fue su Dios. Su existencia quiso ser por el contrario una entrega al Dios que ama preferentemente a los pobres. En esa entrega consiste su inocencia (p. 112) ... Creer en Dios implica la solidaridad con el pobre en orden a aliviar su sufrimiento inmerecido, estableciendo 'la justicia y el derecho'. Es un gran tema en la tradición profética de Israel. (p. 121) ... Job se percatará que el compromiso con los pobres significa plantear las cosas en un terreno sólido; desde fuera de su mundo individual, desde las impostergables urgencias de otros. Es un paso en la ruta hacia un hablar sobre Dios. (p. 123).

15. Job ante Dios. Job ha interpelado, ha clamado numerosas veces ante Yahvé, pidiendo una respuesta. Esta llega. En los capítulos 40 y ss. Dios responde a Job. Dice Gutiérrez: "Al Satán, a los amigos, no se les volverá a oír; sus retos y sus decires se esfuman. Unicamente quedan Job y su Dios . Se trata del encuentro tan temido pero también tan esperado. En Job, solo ante Dios, están presentes todos los inocentes de este mundo que sufren injustamente y que preguntan el porqué de ese hecho al Dios en quien creen.(p. 153).

Y en esa conversación con Dios, ¿qué ha comprendido Job?. Para Gutiérrez, el punto central es la gratuidad del amor de Dios, frente a la doctrina de la retribución temporal. Ese amor y felicidad que Dios nos da gratuitamente,el Dios de la fe, que "no pide pago de ningún tipo de tarifas, ni obligaciones exteriores que presionen a corresponderle" (p. 192). Para Gutiérrez, "el amor gratuito de Dios no tiene por motivo último las virtudes y merecimientos de los pobres sino la bondad y libertad de Dios, de un Dios que no es simple mente el guardián de un estrecho orden moral... No hay oposición entre gratuidad y justicia, la hay entre gratuidad y una concepción de la justicia que se traduzca en exigencias humanas frente a Dios y lo aprisionen en nuestros gestos o nuestros actos culturales. "Hay contradicción entre el amor libre , gratuito y creativo de Dios y la doctrina de la retribución que pretende encasillarlo." (p. 193).

"El Señor no está preso del esquema 'tú me das, yo te doy'. Nada, ninguna obra humana por valiosa que ella sea merece la gracia, si así fuera ésta dejaría de serlo. Ese es el corazón del mensaje de Job." (p. 195)... "La fe que salva es una gracia del Señor. La entrada al Reino de Dios no es un derecho que se adquiere, ni siquiera con la práctica de la justicia; es siempre un don gratuito. 'Por gracia han sido salvados', dice Pablo a los Efesios (2,5)" (p. 196).

Más adelante, el autor matiza lo que ha expresado en páginas anteriores diciendo:

"Esto no quiere decir, de ningún modo, que Dios no pida un comportamiento determinado a los seres humanos. Lo sabemos, la fe se expresa en obras, pero éstas no se convierten —traicionando su significación— en una exigencia frente a Dios. ... Hay en efecto una ética del Reino que es una exigencia de justicia para todo creyente, pero ella no suprime la iniciativa libre y gratuita de Dios" (p. 197).

16. Comenta Gutiérrez el pasaje de los obreros de la viña (Mt 20,1-16), en concreto la reacción de los que estaban allí desde temprano y la respuesta de Jesús: ¿es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero o va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?:

"De ese 'ojo malo' que petrifica la realidad, que quiere poner fronteras a la bondad divina, que no deja lugar a la generosidad, y —lo que es peor— que quiere incluso ponerse en lugar de Dios, Job acaba de ser liberado. Yahvé, el Dios de la vida, ha devuelto a Job a una vida que no se deja aprisionar por un estrecho orden ético, sino que se inspira constantemente del amor libre y gratuito de Dios (p. 199).

"Sin embargo, debe quedar claro que rechazando la teología de la retribución, Job no ha sido liberado de la necesidad de practicar la justicia, sino de la tentación de capturar a Dios en una concepción estrecha de ella... ha sido liberado de las estrechas categorías teológicas con que se le quiso aprisionar." (p. 200).

"No todas las incógnitas están despejadas, pero el camino está trazado. Luis Espinal, sacerdote asesinado en Bolivia, dice con belleza y profundidad: "entrénanos Señor a lanzarnos a lo imposible porque detrás está tu gracia y tu presencia...".

"Eso fue lo que hizo Job, lanzarse a lo imposible, hacia un enigmático futuro. En ese esfuerzo encontró al Señor." (palabras finales del libro).

17. Conclusión. El autor ha añadido un último capítulo, en el que no aporta nada más a lo dicho. Habla de "los Jobs individuales y colectivos de la historia humana" (p. 220), que no deben callar, que tienen derecho a la queja y a la protesta. Menciona el holocausto de millones de judíos en Auschwitz, censurando el silencio de muchos cristianos frente a ese espantoso hecho. Y, en Perú,"¿cómo hacer teología durante Ayacucho? ¿cómo hablar del Dios de la vida cuando se asesina masiva y cruelmente en 'el rincón de los muertos' (significado de la voz quechua Ayacucho)? ¿cómo proclamar la Resurrección del Señor allí donde reina la muerte de niños, mujeres, pobres e indígenas, los 'insignificantes' de nuestra sociedad? Estas son nuestras preguntas y este nuestro reto. Job señala una pauta a través de su vehemente protesta, su descubrimiento del compromiso concreto con el pobre ... 'No frenará mi lengua', decía Job. Los pobres y oprimidos de América Latina tampoco pueden callar..." (pp. 223-224).

"Enviando a su Hijo, el Padre 'apostó' por la posibilidad de una fe y una conducta marcadas por la gratuidad y la exigencia de establecer la justicia. Siguiendo las huellas de Jesús, los 'perdedores' de la historia —como Job— están haciendo que el Señor gane su apuesta. Como Job no podemos refrenar nuestra lengua, con humildad debemos dejar que resuene en la historia el grito de Jesús en la Cruz y que el nutra nuestro esfuerzo teológico". (pp. 225-226).

VALORACIÓN DOCTRINAL

1. Interpretación del Libro de Job

Fue escrito en el siglo VI a. de Cristo. Es un relato poético de carácter dialogado que aborda el tema, tan antiguo y universal, del hombre, del mal y del dolor en el mundo.

a. El problema del mal en el pensamiento antiguo

Zaratustra, en Persia, lo plantea filosóficamente, en su origen: ¿de dónde provienen el mal y el dolor?  El Principio de todo, siendo, como tiene que ser —bueno—, no puede ser origen del mal. Admite en ese Principio un doble espíritu que sería respectiva y separadamente causa del Bien y del Mal, cuya lucha perpetua caracterizará la historia de la humanidad, hasta la definitiva victoria final del principio del Bien.

Buda, plantea el problema desde el punto de vista práctico: ¿cuál debe ser nuestra actitud ante el bien y el mal? ¿qué se puede hacer para evitar el mal? Para Buda y sus discípulos, es inútil buscar la causa del mal fuera del hombre. La doctrina brahmánica consideraba a la humanidad como en una serie ininterrumpida de sucesivas reencarnaciones. Buda descubre que matando esa sed de vivir el hombre puede conseguir perderse definitivamente en el Nirvana, suprimiendo el dolor y el mal mediante la aniquilación de todo deseo y del ansia de vivir.

El Libro de Job hace un planteamiento desde el punto de vista religioso: supuesta la fe en la existencia de un Dios personal, bueno y justo , ¿cómo compaginar con esos atributos divinos la desigual y aparente injusta distribución del dolor y del mal en el mundo? Para el pueblo judío, el origen del mal no suponía problema: éste había entrado en el mundo con el pecado y era consecuencia de él, obra de la instigación y engaño del demonio, según el relato del Génesis. Era castigo del pecado. Por esto, la perfecta ecuación entre culpa y dolor había llegado a ser para los hebreos una especie de conclusión teológica: ponían en relación fidelidad con prosperidad e infidelidad con desgracia. En realidad, el planteamiento era válido sólo en un sentido colectivo del pueblo de Israel con Yahvé, en virtud de la Alianza. El Señor prometía protección a su pueblo pero pedía fidelidad. Cuando el planteamiento se hace entre Yahvé y el individuo en concreto, la conclusión no es válida: Dios no se había comprometido a ella.

b. Desarrollo del Libro de Job

Los tres amigos que dialogan con Job representan la tesis tradicional o conclusión teológica que se acaba de mencionar. El primero aduce datos de la revelación, el segundo la fe tradicional y el tercero argumentos de razón. Los tres convienen en que si Job padece tales calamidades será porque ha pecado. Lo mejor que puede hacer es arrepentirse. Job manifiesta claramente su inocencia. La manifestación de Yahvé no aclara a Job, el cual termina refugiándose en la fe: Dios es justo aunque el hombre no entienda su proceder . Ahí reside la grandeza del libro, valedero para todos los tiempos, en esa profesión de fe —humilde, amorosa, confiada— en la bondad y justicia de un Dios cuyos designios no entendemos ni podemos entender nunca del todo.

c. Interpretación del libro a la luz del Nuevo Testamento

Al igual que todo el Antiguo Testamento es sólo a la luz del Nuevo Testamento como puede interpretarse correctamente el libro, con claridad. Viene haciéndose la luz sobre el problema del mal y del dolor en el mundo, de modo paulatino, incluso ya en el Antiguo Testamento. El libro de la Sabiduría aporta la idea de la retribución individual más allá de la muerte, que aparece también en el libro de Daniel y en Macabeos. Esta idea era desconocida al autor sagrado del libro de Job y no hay vestigios de ella en el libro. En Isaías, aparece la promesa del Redentor con gran claridad, aportando la idea de la satisfacción vicaria del justo. Pero la plena claridad esta reservada a la Revelación del Nuevo Testamento: la enseñanza de Cristo, manteniendo el carácter punitivo del dolor (único conocido en el libro de Job y en la doctrina tradicional hasta entonces) iluminaría sus otros valores: purificador, satisfactorio y meritorio. Pero sobre todo, la muerte vicaria de Jesús, su sacrificio redentor y la incorporación de los bautizados a su obra redentora revelaría el valor redentor y unitivo que tienen los sufrimientos del justo, lo cual abre horizontes insospechados al tema del dolor, y le dan una razón de ser.

Es un caso más, como tantos otros, de progreso en la revelación, que enlaza y completa la enseñanza del Antiguo Testamento con la del Nuevo (cfr. GER, voz "JOB").

d. Sentido cristiano del dolor y del sufrimiento humano

Como se ha dicho, la experiencia cotidiana del hombre justo que sufre enfermedad, o persecución o soledad o miseria resulta incomprensible si se considera sólo la existencia terrena y se prescinde de la eterna. Muchas veces, los más fieles a Dios sufren y son objeto de persecución (cfr. Jeremías 11, 19-22) o seres inocentes, niños o adultos, ricos o pobres, se ven afligi dos por males que personalmente no han merecido. ¿Dónde está entonces la justicia divina? Es una pregunta tan antigua como la humanidad misma, que no puede responderse sin recurrir a la trascendencia de un Dios cuyos designios son misteriosos para nosotros. Es la fe quien tiene la respuesta: un Dios Creador, que nos ha hecho hijos queridísimos suyos hasta el punto de dar su vida en la cruz por nosotros, un Dios remunerador, que premia a los buenos y castiga a los malos, en esta vida y en la otra, un Dios justo y misericordioso al mismo tiempo. Y, además, un Dios que ha querido asociarnos a su obra redentora, dando a nuestra pequeña y limitada capacidad de sufrimiento humano la posibilidad grandiosa de unirnos a su obra salvífica y liberadora del pecado y de la muerte para restituirnos a la amistad con Dios y a la vida eterna.

El hombre de nuestra época y de todas las épocas debe continuar creyendo en la bondad y justicia divinas aunque le angustie la interrogante del sufrimiento del inocente. Este es en realidad el mensaje central del libro de Job. Como epílogo, Dios otorga a Job la retribución debida a su probada justicia.

La ecuación dolor-pecado personal, que podía deducirse de la revelación parcial del Antiguo Testamento, es sustituida por la que nos trae el Nuevo Testamento: dolor-sacrificio redentor. Sin esta segunda relación, el misterio del dolor, de la enfermedad, de la pobreza y de la muerte resulta absolutamente inexplicable; se convertiría no solamente en sufrimiento injusto , sino en sufrimiento inútil. Cristo desde la cruz ha dado valor divino al sufrimiento humano, un valor punitivo y purificador, por los propios pecados y faltas personales, un valor meritorio y un valor redentor y de satisfacción vicaria, por las faltas y los pecados de los demás.

La pasión y muerte de Cristo no es la de un revolucionario que muere en defensa de los pobres y oprimidos sino la de Dios-Hijo que se entrega libre y espontáneamente para reconciliar a todos los hombres con Dios, sea cual sea su raza o condición social. En la pasión y muerte de Cristo se dan cita todas las amarguras y sufrimientos: traición, abandono, angustia, miedo, tristeza, soledad, pobreza, insulto, injusticia, dolor. Todo ello es un acto de obediencia y de amor al Padre (cfr. Juan 10, 18, 14 y 31). Y todas las amarguras y sufrimientos de la historia humana se pueden unir al sacrificio de Cristo y constituir por tanto también manifestación de obediencia y amor a Dios Padre, con el valor purificador, redentor y meritorio propio de toda la obra de la Redención.

Jesús trazó un programa preciso para cuantos deseen seguirle (Mat.10, 24; Juan 15,20) que gira alrededor de la cruz, de abrazar la pobreza y el desprendimiento, de renunciar a los honores y grandezas del mundo, de estar dispuesto a ultrajes y persecuciones. Cristo continúa sufriendo en sus miembros (2 Cor. 4,10; Col. 1,24). El dolor y el sufrimiento del cristiano es pues fuente de vida para la Iglesia y para todo el mundo. Además, el creyente por su fe, es estimulado con la virtud de la esperanza de que será galardonado en la meta con un trofeo eterno (Mateo 5,13). Las tres virtudes teologales, el amor con que Cristo se nos entrega y al que nosotros correspondemos, la fe en los designios divinos y en la Bondad y Justicia de Dios, y la esperanza de un premio eterno y también —en medida relativa— temporal, dan sentido y la única respuesta al tema del dolor y del sufrimiento humano. (cfr. Marcelino Márquez, GER, VIII, pp. 57-59).

2. Observaciones varias al texto

a) Gustavo Gutiérrez publica la obra que comentamos en enero de 1986. La Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación lleva fecha 6 de agosto de 1984. La Instrucción Libertad cristiana y liberación , 22 de marzo de 1986.

b) El texto del libro permite suponer, sin grandes riesgos, la identificación personal de la situación del autor con la del propio Job: en su larga y reiterativa discusión con los teólogos "competentes aunque equivocados; convencidos de su doctrina pero inconscientes de que ella no tiene nada que decir al sufrimiento humano"; y su defensa y solidaridad con el pobre y oprimido; "no frenaré mi lengua, los pobres y oprimidos de América Latina tampoco pueden callar." Quizás puede verse en este libro una respuesta de Gutiérrez a la Instrucción de 1984.

c) Desde las primeras páginas —las citas de Guamán Poma, y las de Arguedas —el libro es una incitación, buscada o no, a la lucha de clases. La postura adoptada por Job —un Job producto de la "relectura" realizada por Gustavo Gutiérrez, bien lejano de la figura bíblica que realmente nos presenta el autor sagrado— es claramente de inspiración marxista.

d) La doctrina tradicional de la retribución temporal la expone y la rebate Gutiérrez ignorando la revelación posterior del Antiguo Testamento (sabiduría, Macabeos) y sobre todo la Revelación del Nuevo Testamento. De modo que para el lector desconocedor de la revelación en este punto, la doctrina resulta equívoca y se le está induciendo a error. Si se menciona e interpreta un determinado tema en el Antiguo Testamento, es evidente la necesidad de completarlo con la revelación posterior, especialmente si supone una rectificación importante. No hacerlo es manipular la Sagrada Escritura.

e) Gutiérrez juega también con el equívoco de calificar como "teólogos" a los tres amigos, a los que colma de improperios apoyados en su conducta ciertamente intransigente y —con la revelación posterior— equivocada. Pero, sin previo aviso, da un salto de veinticinco siglos y se traslada a nuestros días (vid. por ejemplo, pp. 76-77, nº 10 de este comentario crítico), dejando entender claramente que está proyectando a los tiempos actuales, y a los teólogos actuales los duros juicios que está aplicando a los acusadores de Job. La referencia a las actuales comunidades de base latinoamericanas así lo da claramente a entender.

f) Hay una notable influencia protestante en algunos de sus planteamientos. Su planteamiento de "el Dios de la fe" (vid. n. 15; pp. 193-196 de texto y otras) "que no pide obligaciones exteriores que presionen a corresponderle" supone un desconocimiento de la moral cristiana, del cumplimiento de los mandamientos y de la práctica de los sacramentos. Sustituye la moral por una "ética", "que es una exigencia de justicia para todo creyente", vaciando de contenido la práctica de una verdadera conducta cristiana, reduciéndola a un compromiso por la lucha social de clases, que termina siendo un compromiso con el marxismo.

g) En su peculiar interpretación de la curación del ciego de nacimiento (n.12; pp. 88-89 del libro) menciona "dos tipos de conocimiento": en realidad viene a ser el conocimiento que tiene por objeto la verdad, (bien sea la verdad de fe obtenida por la revelación o la verdad obtenida por el conocimiento lógico) y aquel otro que viene determinado por lo que el marxismo entiende por la praxis. Cuando la revelación y el magisterio eclesiástico no resulta eficaz para obtener unos determinados resultados liberadores se tratará de una doctrina falsa "porque no tiene nada que decir al sufrimiento humano" (p. 81).

h) Por si quedaba alguna duda de que el comentario que hace al libro de Job no queda referido al siglo V a. de Cristo sino que lo proyecta a la realidad actual, y que por lo tanto es su respuesta al diálogo con los teólogos que, en nombre de la Iglesia, cuestionan su teología, basta con leer la Conclusión. Habla Gutiérrez de "los Jobs individuales y colectivos de la historia humana que no deben callar", que tienen derecho a la queja y a la protesta; menciona Auschwitz, Ayacucho. Llama ciertamente la atención cómo no menciona las multitudinarias violaciones de los derechos humanos en los países comunistas. "No frenará mi lengua", dice Gutiérrez, con Job, haciendo una referencia expresa a los pobres y oprimidos de América Latina.

i) La justicia social en la doctrina de la Iglesia. El equívoco más serio que Gutiérrez desliza en toda su llamada teología es desnaturalizar la doctrina y la vida de la Iglesia en el tema de la justicia social. Presenta a la Iglesia como cómplice silenciosa de la injusticia en el mundo; la acusa de pasividad ante el egoísmo materialista y pretende él y la teología que representa alzar la bandera de liberación para los pobres y oprimidos. Basta con leer, por ejemplo, los puntos I, 4 al 9 de la Instrucción de 1984, y con recordar las primeras encíclicas sociales de la Iglesia, hace muchas decenas de años (que los teólogos de la liberación conocen muy bien) para desmentir su acusación a lo que él llama "la teología tradicional" y que es en realidad la fe y la moral de la Iglesia.

 

                                                                                                              A.D.V. (1987)

 

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