ROUSSEAU, Jean-Jacques

Julie ou La Nouvelle Héloïse

Librairie Garnier Frères, 2 tomos, Paris

I. EXPOSICION DEL CONTENIDO

La Nueva Eloísa, publicada en 1761, es tal vez la novela más famosa del siglo XVIII. Consiste en una colección de cartas de las que Rousseau sería tan sólo el editor: esta ficción literaria le permite evitar la identificación con sus personajes, e intervenir a lo largo de la novela —por medio de notas a pie de página— para comentar algunas de sus ideas y actitudes.

Prefacio a la 2ª edición

En este Prefacio, que apareció resumido en la primera edición, se contiene una larga "Conversación sobre las novelas entre el editor y un hombre de letras". Además de discutir sobre el estilo literario, Rousseau trata de justificar la publicación de una novela sentimental, hecho nada coherente con las opiniones expresadas en obras anteriores. Pretende justificar también el tono erótico de algunos pasajes: los autores eróticos estarían disculpados —afirma— si lo son "por su propio corazón y por el objeto de sus escritos" (p. XVII).

El fin que pretende conseguir con esta obra es devolver a los hombres —alienados en la opinión— el gusto por la vida retirada y familiar, lejos de las grandes ciudades.

Primera parte

Julia, hija única de una familia de la nobleza rural y de religión protestante, vive con sus padres en una pequeña población al pie de los Alpes suizos. Saint-Preux, joven como ella, pero burgués y sin fortuna, es su preceptor.

Las primeras cartas son declaraciones de amor y promesas de fidelidad entre ambos jóvenes. A pesar de la pureza de sentimientos que afirman tener, sus relaciones dejan pronto de ser castas. Saint-Preux se comporta como si estuviesen realmente casados. Julia, en cambio, se da cuenta de que el "dulce encanto de la virtud se ha desvanecido como un sueño" (p. 81). Sin embargo, como dirá más adelante para justificar su conducta, su intención es ser madre para evitar así que se lleve a cabo el matrimonio con Wolmar, amigo de su padre, a quien éste prometió la mano de Julia.

Dos personajes entran en escena en esta primera parte: Clara, prima y confidente de Julia; y Alklord Edouard, noble inglés, luterano, que se convierte en fiel amigo y consejero de la joven pareja. M. Edouard pretende convencer al padre de Julia, el barón d'Etange, de que case a su hija con Saint-Preux. Se niega rotundamente. La situación se hace difícil y Saint-Preux es llevado por M. Edouard a París entre febriles delirios de amor...

Segunda parte

M. Edouard ofrece a Julia una solución: está dispuesto a regalarles unas tierras en el ducado de York para que los dos amantes puedan casarse y vivir sin preocupaciones. Julia se ve así en el dilema de abandonar a sus padres (lo que sería contrario al deber y a la naturaleza) o dejar a su amante (lo que también sería contrario a la naturaleza y a la fidelidad prometida). Rousseau quiere poner de manifiesto las contradicciones en las que se encuentra el "hombre natural" en una sociedad en la que el criterio de conducta no es la naturaleza y el corazón sino la opinión y la vanidad. Julia decide rechazar el ofrecimiento de M. Edouard, pero quiere seguir siendo fiel a su amante.

Durante su estancia en París, Saint-Preux se propone estudiar al hombre viviendo en una gran sociedad con el siguiente planteamiento metodológico: "Ahora voy a considerarlo (al hombre) hacinado en multitudes (...) y comenzaré a juzgar por ello sobre los verdaderos efectos de la sociedad; pues si es constante que hace mejores a los hombres, cuanto más numerosa y apretada sea, mejores deben ser ellos; y las costumbres, por ejemplo, serán mucho más puras en París que en el Valais: pero si se encontrase lo contrario, sería preciso sacar una consecuencia contraria" (p. 239). Las extensas cartas en las que da cuenta a Julia de sus observaciones, constituyen una dura crítica de la sociedad parisina. Pero la conclusión que quiere extraer Rousseau es que la sociedad —tal como está organizada— corrompe al hombre y le impide ser él mismo.

Termina esta segunda parte con una breve carta en la que Julia hace saber a su amante que todas sus cartas han sido descubiertas por su madre.

Tercera parte

Se lleva a cabo, por fin, el matrimonio de Julia con Wolmar. Hasta este momento, Julia está decidida a seguir amando a Saint-Preux, pero durante la boda se produce su repentina "conversión": se da cuenta de que no puede jurar en falso ante Dios, y se decide a ser fiel a su esposo, renunciando a su antiguo amante.

Saint-Preux protesta inútilmente recordando la fidelidad prometida. Desesperado, escribe a M. Edouard una larga carta en la que, con diversos argumentos, trata de justificar el suicidio. M. Edouard le contesta rebatiendo todos sus sofismas, y le aconseja que realice un largo viaje alrededor del mundo para olvidar lo ocurrido.

Cuarta parte

Saint-Preux regresa de su viaje. Wolmar y Julia lo reciben gentilmente en su hogar de Clarens. En cartas a M. Edouard, Saint-Preux describe emocionado las virtudes de Wolmar y de su esposa, y el orden —basado en la utilidad y no en la opinión— que han establecido en su casa y en sus tierras, convirtiéndolas en un verdadero paraíso del trabajo.

Wolmar trata de "curar" a su mujer y a Saint-Preux de los residuos de enamoramiento que todavía permanecen. Para conseguirlo, los hace pasar por diversas pruebas en las que queda patente el naturalismo de Rousseau y su falta de sentido común. El virtuoso, abierto y razonable Wolmar pretende conseguir una inaudita síntesis entre amor y orden: Julia y Saint-Preux, sin dejar de estar enamorados, no serán más que tiernos amigos.

Quinta parte

Saint-Preux describe en varias cartas dirigidas a Mylord Edouard, la educación que Wolmar y su mujer imparten a sus hijos. Estas cartas constituyen un pequeño tratado de pedagogía infantil en la misma línea del Emilio.

Después de quedar "demostrada" la gran bondad de Wolmar, Saint-Preux descubre a M. Edouard que es ateo. Puede decirse que es la primera vez que aparece en la literatura la figura del "ateo virtuoso" con todas sus míticas características. Nacido en la religión ortodoxa, su razón no podía soportar su ritualismo ridículo. "Forzado a ser impío, se hizo ateo" (p. 920). Buscó "sinceramente" la verdad, pero, en los ambientes católicos por los que siempre se movió, no encontró más que hipocresía y mal ejemplo. "Queriéndose ilustrar de buena fe sobre estas materias, se hundió en las tinieblas de la metafísica (...); y no viendo por todas partes más que dudas y contradicciones, cuando por fin ha venido a estar entre cristianos, llegó demasiado tarde..." (p. 221). Julia, comprensiva y tolerante con su marido, pero "ferviente cristiana", sufre y reza por su conversión. Reconoce, sin embargo, que su ateísmo no es culpable.

Sexta parte

Durante la estancia de Saint-Preux en Roma, junto a M. Edouard, los antiguos amantes se escriben varias cartas en las que el tema principal es el de la religión y la moral. Julia aparece como una sincera "devota" que supera en perfección a Santa Teresa; Saint-Preux, más deísta, trata de impedir con sus consejos que su religiosidad degenere en excesos místicos.

Un día, para salvar a uno de sus hijos, Julia se arroja a un estanque. Como consecuencia, enferma gravemente. Antes de su muerte conversa largamente con el pastor protestante sobre sus creencias. Su curioso modo de prepararse a bien morir, tratando de convertir esos momentos en agradables para los demás y para ella misma, pero sin preocuparse por acudir a Dios, edifica al pastor y hace reconsiderar a Wolmar su actitud escéptica.

Al final de  La Nueva Eloísa, se incluyen como apéndice "Los amores de Mylord Edollard Bomston", que se desarrollan en un clima tan naturalista como la novela.

II. VALOR CIENTIFICO

La Nueva Eloísa no es propiamente un libro de filosofía, sino una novela. Sin embargo, Rousseau, a través de sus personajes, expone en muchas ocasiones su pensamiento sobre muy diversos temas: la sociedad, la educación, la religión, el matrimonio... Desde el punto de vista filosófico debe juzgarse, pues, como una obra en la que se refleja la cosmovisión del autor, de forma literaria y sin pretensiones de precisión científica. Tal vez por esto, su influencia ha sido y sigue siendo considerable en lectores sin adecuada preparación.

En algunos momentos se utiliza un lenguaje "racional", sobre todo para criticar y destruir el viejo edificio ideológico. Pero lo característico de Rousseau es el lenguaje del corazón y del sentimiento, pues no es la fría razón sino el corazón el instrumento con el que ha de construirse el nuevo edificio social que Rousseau propugna.

III. VALOR DOCTRINAL

Los temas más importantes, desde el punto de vista doctrinal, que se tratan en la obra, son los siguientes:

1. La sociedad. Tal como está organizada, la sociedad corrompe al hombre y lo determina moralmente. Sólo alejándose de las grandes ciudades y guiándose por la naturaleza, el hombre puede volver a ser él mismo. El determinismo social es patente.

2. El matrimonio. No es un sacramento, sino tan sólo un contrato civil entre el hombre y la mujer. Debe ser público. La única autoridad que está sobre ese lazo es la divina, pero no la de la Iglesia. En esta obra, el matrimonio es entendido como cuestión de deber, incompatible con el amor. Rousseau concibe el verdadero amor como amor-sentimiento; es, por tanto, fugaz y no se concilia bien con un estado como el del matrimonio. No alcanza a entender el amor como dilectio.

3. El adulterio. Sin entrar en matices, puede decirse que Rousseau lo condena. Sin embargo, el fundamento moral en el que se apoya es insuficiente.

4. La educación. Se habla, sobre todo, de la educación infantil. Los criterios pedagógicos que Rousseau propone están en la misma línea naturalista del Emilio. Junto a algunas consideraciones acertadas, hay otras muchas que denotan una gran falta de sentido común, una incorrecta concepción de la libertad y una falsa doctrina sobre la naturaleza humana.

5. Moral. El criterio de moralidad es la conciencia, el sentimiento interior, que es como la voz de Dios. Basta con escucharlo sinceramente para saber lo que está bien y lo que es inmoral. Propone también otro criterio de moralidad: hacer las cosas de tal manera que todos puedan ver lo que hago. Es un antecedente del imperativo categórico kantiano. Rousseau no consigue salir de la moral autónoma.

6. La felicidad. Rechaza el hedonismo grosero, que busca el placer del momento; pero lo sustituye por el "epicureísmo de la razón", que consiste en moderar los placeres y elegir los más refinados y naturales. La virtud consiste precisamente en la autodisciplina que supone esa moderación y elección. Es, además, una nueva fuente de placer.

7. Religión. Se rechaza la religión positiva y se propugna la religión natural. El ateísmo puede no ser culpable, como sucede en el caso del virtuoso Wolmar. La oración no es necesaria, aunque sí conveniente; pero no porque Dios nos socorra cuando nos elevamos a El, sino porque, implorando socorro, aprendemos a encontrarlo. La gracia se reduce a los dones naturales que Dios nos ha concedido: razón, voluntad y conciencia.

La religión católica es injustamente criticada. El protestantismo es considerado como más humano y racional.

La religiosidad rusoniana consiste en un ambiguo deísmo, en parte racionalista, en parte sentimental.

8. El celibato. Rousseau lo considera antinatural, fruto de la soberbia del hombre que pretende elevarse por encima de sus propias fuerzas. El voto de castidad no debería ser consentido por el poder civil.

En estos y otros temas se manifiesta continuamente el naturalismo del autor, fruto de una incorrecta concepción de la naturaleza humana.

Algunos pasajes de la novela son de un "refinado" erotismo que Rousseau, como hemos visto, pretende justificar por "exigencias de guión" y por sinceridad de sentimientos.

 

                                                                                                                  T.T. (1986)


 

                                                                                                                       ANEXO

ROUSSEAU, Jean Jaques

Julie ou La nouvelle Héloïse

La obra es una historia de amor de la que el autor toma pie para exponer su opinión sobre la sociedad, la naturaleza, el hombre, la justicia etc. Es también un canto al amor en la inocencia, y un deseo de retorno a tal estado.

La novela está en forma epistolar: nos enteramos de los acontecimientos porque se escriben entre los personajes narrando lo ocurrido. Literariamente es muy rica. Causó impresión en la época del autor por la idealización del amor que supone (lleno de generosidad, de "pureza" de intención, y también de utopía).

Saint-Pierre escribe a Julia, su alumna, confesándole su amor hacia ella. Ésta intenta eludirle, pues ve la imposibilidad de su amor, pero al final también reconoce su correspondencia. Es el comienzo de una serie de cartas amorosas en las que se debaten entre el amor ideal —ingenuo, espiritual—, y el amor sensible. Al principio parece que es Julia la fuerte y Saint-Pierre el débil. Al poco tiempo Julia "cae" en el amor querido por su amante —amor sensible—. La chute, la caída, aparece a lo largo de toda la novela. Julia se siente impura, quiere borrar su culpa, pero lo único que puede salvarla es el sufrimiento que le deja el recuerdo. En "hacer eternas sus lágrimas" estriba su penitencia. Al principio hay un elogio del autor —en boca del amante— al amor carnal: Saint-Pierre no quiere ser un ángel; pero por otra parte hay una clara repugnancia hacia el amor entendido como mera relación sexual: "la posesión es un momento de crisis en el amor", es su teoría de fondo. Se palpa un debate entre el ansia de un amor perfecto, sublime y la mediatización corpórea de ese amor, que se ve como necesario para el ser humano pero que no satisface el deseo de plenitud del corazón. Aquí se refleja la contradictoria y agitada vida de Rousseau: el ideal de amor —tenía un carácter muy enamoradizo— y las depravaciones del amor que cometió, de las que le quedó remordimiento toda su vida.

También es un reflejo de la vida de Rousseau la imposibilidad del amor entre ellos debido a la diferencia social. Saint-Pierre es preceptor, hombre de unos veintitrés años, sin familia, sin dinero. Julia es hija única de un modesto terrateniente, de una familia hidalga bien vista en el pueblo. Todo el entramado se desarrolla en un pequeño pueblo, en contacto directo con la naturaleza, y entre gentes honradas y sencillas.

Las cartas de los amantes derrochan "ideales utópicos"; están llenas de generosidad, de entrega, de deseos de honradez. La caída de Julia se debió a un acto de generosidad por su parte —quería salvar a su amante de la locura—. También se ve aquí el deseo de justificación del autor. En sus Confesiones relató peripecias, miserias y debilidades desde su infancia, pero en todas ellas no llega a reconocerse culpable, o si lo hace descarga tanta crítica hacia sí mismo que es el lector el que tiende a "comprenderlo" o a "disculparlo". La caída de Julia aparece con tintes de pecaminosidad tal, y a la vez con un fondo de rectitud por parte de ella que, a los ojos de lector, tiende a ser justificada.

En los círculos parisinos fue muy bien acogida esta novela, elogiándose la idealización del amor, la gran pasión —incomparable— que sentía el uno por el otro. Hay que tener en cuenta que en los salones parisinos la frivolidad era tal, la secularización tan profunda y la moral tan relajada que, por lo menos, esta novela sirvió para despertar deseos de un amor "sublime", lleno de generosidad y de pasión.

El padre de Julia sospecha el amor que hay entre ellos, por lo que Saint-Pierre decide huir a París. Su idea es hacerse "alguien" para poder conseguir la mano de su amada. Propone a ésta huir con el. Un rico amigo suyo la anima, pues está enterado de la pasión tan pura que les mueve y está decidido a ayudarles incluso económicamente. Le dice a ella que, aunque caiga a los ojos de los demás, será honrada en su corazón, pues habrá preferido la felicidad de su amante a su propia honra, y por este acto de generosidad recobrará mayor gloria. Sin embargo, Julia se niega pues no puede dar tal disgusto a "los autores de sus días". No lo hace por ella, pues ya no se considera digna de nada, sino por sus padres.

Saint-Pierre se va a París; desde allí se siguen escribiendo. Es el momento de la crítica por parte del autor a la frivolidad parisina, a la moral relajada y superficial que él vivió y repugnó, y que ahora es descrita en sus cartas por el amante. Éste cuenta a Julia todo lo que él hace, su trabajo, sus amistades y también una "caída" en manos de mujeres públicas provocada por sus malas amistades y por su ingenuidad. Julia, aunque le perdona, le reprocha su ligereza y le da recomendaciones para guardar la moral.

La íntima amiga de Julia, Clara —confidente fiel—, se casa. Ella es el prototipo de amor "mediocre": sin gran pasión pero, por lo mismo, sin sufrimiento.

El padre de Julia decide casar a su hija con un amigo suyo bastante mayor: Ms. Wolmar. Este representará a lo largo de toda la novela el papel de hombre duro, honrado, razonador, frío, y es el que conseguirá enmendar los grandes sentimientos naturales de los jóvenes amantes y hacerles realmente virtuosos. Julia, aunque no le ama, decide casarse con él, pues en ello ve la vía para hacerse una mujer virtuosa. En su unión se harán honrados y virtuosos, y lograran la paz y la felicidad para los padres de Julia. Llevan una vida tranquila, sin gran pasión pero con mucho cariño. Ambos se conocen y se ayudan: hay una armonía perfecta. Ella le hace feliz y en ello consigue volver a ser honrada. Él enmienda la conciencia de Julia, trastornada por la gran pasión que sintió por su amante.

Saint-Pierre accede a esa boda viendo en ella el mayor castigo hacia sus caídas y la posible salvación de aquélla a quien él ama. Sin embargo hay un debate entre lo que el corazón le pide y la razón le hace ver. Decide hacer un viaje por todo el mundo —muy de moda en la época—. Cuando vuelve, sin familia, sin patria, sin hogar, con mucha experiencia pero todavía enamorado de Julia, recibe una invitación de ésta y su marido, que conoce toda la historia, para pasar una temporada con ellos. Ms. Wolmar se propone, mediante esta prueba, hacer ver a su mujer que la idea que le atormenta no es sino recuerdo que se puede enmendar y que pertenece al pasado. Se fía plenamente de ella porque la conoce y quiere por este método hacerla realmente virtuosa.

La época que pasa Saint-Pierre junto al matrimonio y sus hijos es el escenario adecuado para dar salida a las reflexiones y elogios del autor. Las descripciones de la vida familiar, de la educación que reciben los hijos, del trabajo y trato de los empleados, de las obras de misericordia de Julia; junto con la vida en el campo, el cuidado o mejor, el paseo por el campo descuidado, selvático, adornan el entramado del tema fundamental: el encuentro de los amantes. Saint-Pierre no se fía de sí mismo, pero se da cuenta que el recuerdo de Julia le atormenta más que su presencia. Julia está más segura de sí misma porque debe mucho a su virtuoso marido, y porque tiene unos hijos. Aprovecha aquí el autor para hacer una crítica a la infidelidad conyugal —el más sagrado de los contratos— y mostrar la importancia de los deberes de los padres para con los hijos.

Muere el marido de Clara. Julia quiere que ella y Saint-Pierre se casen, pues ve ahí la solución para la soledad de ambos. Sin embargo ninguno de los dos quiere, aunque ambos se atraen: Saint-Pierre no puede renunciar al amor platónico, idealizado que siente por Julia. Clara se encuentra libre, sin compromisos y sin necesidades y no quiere renunciar a su situación. Ms. Wolmar por su parte quiere proponer a Saint-Pierre que se encargue de la educación de sus hijos, pero él no quiere acceder a tanta dicha. Hay un momento en el que Julia y su antiguo amante pasan solos una semana. El marido ha querido ponerles esta prueba, pues sabe que no pueden renunciar al amor "utópico" que sienten, pero les quiere hacer ver que pueden superar su atracción sensual. Ellos, aunque con alguna dificultad, superan la prueba y se hacen por ello virtuosos y recuperan la confianza en ellos mismos.

Como es de esperar, Julia tiene un accidente, al intentar salvar a uno de sus hijos y muere. Todos los demás, tras llorar tan terrible pérdida, deciden vivir juntos en la armonía, tranquilidad y compenetración que les caracteriza y que antes era fácilmente conseguida por la amable figura de Julia.

En las Obras Completas editadas por Gallimard se comenta extensamente la obra. La novela puede interpretarse como un cántico al disgusto por lo real. El amor es lo que eleva a las personas, sólo en él se pueden unir felicidad y virtud. El amor ideal, abstracto llega a tener rasgos místicos, pero no es más que una huida nostálgica que solo queda en el recuerdo. Los amantes han de vivir en la vida real y concreta; siente la pasión del amor sensible que muchas veces es elogiado pero en ocasiones es la causa del remordimiento. Supuso una aportación revolucionaria en el género novelesco debido a la tensión que establece entre dos elementos opuestos: realismo e idealismo presentados desde el sentimiento. El autor dice en el prefacio que es la obra de un visionario y de un observador. Busca un equilibrio entre las exigencias de la carne y las del espíritu. La sensualidad debe ser superada, no negada. El amor es a la vez una malatie y una grâce: fatalidad y grandeza, lo que nos eleva y nos deprava.

VALORACION

1. Aparte de la utopía o falta de realismo que se observa en la obra, adolece de una fundamentación transcendente de la vida. Hay numerosas alusiones a la divinidad, a la religión, a los valores tradicionales, pero todo ello se hace desde el sentimiento humano. Julia y su marido, en diferentes ocasiones, hacen una declaración de sus pensamientos religiosos, que en un caso son protestantes y el el otro ateos. El autor comprende el ateísmo de Ms. Wolmar pero no lo comparte e intenta, por boca de los demás personaje, sacarle de su frialdad. La obra está llena de buena intención, de valores, pero que no están bien fundamentados. Hace una defensa de la unión conyugal, de la religiosidad, de las buenas costumbres, etc.: hay muchos valores, pero que tienen que ser bien entendidos.

2. Hay una escena sensual que describe con más precisión y que ya escandalizó en su época. Sin embargo, es fácil saltarse su lectura y no creo que tenga mayor inconveniente. Aunque toda la obra es una novela de amor, ensalza más el amor ideal que el sensual.

3. El tipo de economía socio-familiar que describe y las veces que habla de temas económicos, se asemeja a un régimen totalitario; pero, por el ambiente de utopía que lo envuelve y por la perfección con que lo describe, salta a la vista que esta describiendo un mundo quimérico, no real.

 

                                                                                                              C.G.A. (1989)

 

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