Crónica de país del caos, firmado por Hilario Eslava pseudónimo de Roberto Mesa. Ruedo Ibérico 1971, 31-32.

 

El autor analiza la situación de España en ese año, 1971, y la tacha de “anormal”, una anormalidad que comenzó en 1936 y que según dice, cualquier corresponsal extranjero que pasa por Madrid describe con estas notas: “estado católico, martillo de herejes, perseguidor de demócratas, triturador de huelgas, celador cuidadosísimo de la salvación personal de sus súbditos, restaurador de monarquías olvidadas, hambre, especulación, emigración, lucro, corrupción…Y al conjunto se le ha llamado franquismo.”

 

Hay que reconocer que algunas de esas notas del franquismo nos resultan muy familiares a los ex miembros del opus.

 

“Pero, sin embargo, el esperpento que es la España de 1971, no es, no se parece casi nada, al esperpento de 1940, ni al de 1950. Subterránea, mediocremente, a veces heroicamente, se han producido cambios. Alteraciones en las estructuras sociales que están haciendo distinta a la España de 1971. Desde 1939, treinta y dos eternos años, se ha pasado de un Estado semifeudal a un estado que, de alguna forma, pudiéramos llamar moderno: con unas estructuras económicas dentro, o muy cerca, del neocapitalismo europeo, aunque sea como mercado de consumo para excedentes invendibles o como depósito de mano de obra barata y sumisa…”

 

El poder se lo distribuían los “vencedores político-militares de la guerra civil, y los poseedores burgueses de los mandos económicos, cuya ideología es la tecnocracia neocapitalista.” Otros factores completaban el panorama: un naciente y tímido movimiento obrero, otro movimiento estudiantil a la española, la aparición de un clero juvenil oponente del régimen, la agudización del problema regional (País Vasco) y los reformistas que aspiran a una democracia pero conservando la estructura económica del país.

 

En ese 1971 tuvo lugar en Burgos un consejo de guerra que dictaminó la pena de muerte para algunos miembros de ETA. Fue la última vez que el régimen de Franco aplicó la pena capital. Tras estos hechos, el articulista describe España en tres trazos:

 

  1. Enfrentamiento abierto entre Opus Dei (burguesía emprendedora) y sectores falangistas (vencedores de la guerra civil). Pero dicho enfrentamiento no es “a sangre” sino que parece resolverse en sainete, puesto que consiste tan sólo en la distribución de cargos. El Opus Dei no fue una facción ganadora de la guerra civil como Falange, pero en los años sesenta se fue adueñando del poder económico y político, capitaneando incluso la continuación dinástica del franquismo, es decir, la restauración de la monarquía. A este respecto hay que recordar que el opusino López Rodó se permitió escribir un libro titulado “La larga marcha hacia la monarquía”, como si él, que se apuntó a la monarquía en el último minuto, hubiera estado desde 1931 defendiendo los derechos dinásticos de los Borbones a la corona española.
  2. Continuidad de la línea político-económica iniciada en los años sesenta, que alterna una ridícula apertura con un más inteligente rigor represivo.
  3. Ausencia de toda participación popular en el gobierno de España.

 

El enfrentamiento Opus – Falange tuvo otro episodio sonado ese año. Con ocasión de la Pascua militar el general Rodrigo, capitán general de Granada, pronunció un discurso en el que condenaba como buen falangista “esa otra masonería blanca” (se refería al opus). Semejante atrevimiento le costó el cargo.

 

“Los opusdeístas no están libres de mancha en el pecado original contraído por todo colaboracionista con el franquismo.” Quiere decir que los opus se servían del régimen represivo de Franco para eliminar a sus oponentes, aunque procuraban dejar hacer el trabajo sucio a otros.

 

Por tanto, “Falsa antinomia la existente entre los militares fascistas que ganaron la guerra civil y los militares liberales, falsa antinomia entre un funcionario burócrata de la comisaría del plan de desarrollo (el plan puesto en marcha por los opus) y otro funcionario burócrata de los sindicatos verticales (el sindicato de Falange). No hay enfrentamiento mortal entre las fuerzas en el poder, sólo un combate por beneficios y prebendas que en ocasiones puede recordar un ajuste de cuentas entre bandas rivales.”

 

Sánchez Bella, a la sazón ministro de información y turismo y sospecho que pariente de los numerarios Ismael (el “fundador” de la universidad de Navarra) y Florencio (consiliario de España durante una buena temporada hasta su “destierro?” a Méjico), y Aurora[1], pues bien ese Sánchez Bella ministro largó un discurso de este tenor en las Cortes españolas: “hay en España exceso de verbalismo, excesivas libertades políticas y exceso de pluralismo!!!, a veces farisaico. Se tocan temas que no se deberían tocar. Tal ocurre con las invocaciones a ideologías vencidas, como liberalismo y marxismo. En la Europa de la posguerra, las ideologías que perdieron la guerra están fuera de curso legal, no se puede hablar de ellas (fascismo y nazismo). En cuanto a las ideologías vencidas en la guerra española hay que establecer un principio de reciprocidad.” El ministro proclamó con vehemencia: “Yo voy a hacer que estén fuera de la ley.”

 

“Sánchez Bella refleja la imagen que la libertad debe tener para el uso interno de los españoles. Mientras, los hombres que figuran en el mismo gobierno pero que representan la faceta diferenciadora y aperturista ofrecen a Europa la otra cara de esa libertad. Afirmaba López Rodó, ante las cámaras de la inglesa BBC, que España está dispuesta a incorporarse a Europa, a la Europa de los monopolios, siempre que sean respetadas las peculiaridades del régimen: “lo contrario –añadiría- me parece un objetivo imposible.”

 

Leyendo los discursos de estos dos ministros treinta años después, se me ocurre que los opus con el poder y el dinero se apañan, pero no tienen el don de profecía, no es lo suyo. No son frases para la eternidad, ni siquiera para la posteridad más inmediata. Cuatro años más tarde tras la muerte de Franco, las afirmaciones de uno y otro estaban totalmente fuera de lugar.

 

Sigue el artículo: “Queda claro, pues, que España se incorporará a una Europa que está condicionada a aceptarla con sus peculiaridades. La Europa de los monopolios sabe que lo esencial en la lucha de clases no son las libertades formales de la burguesía, sino el sagrado principio de la propiedad y el mantenimiento del orden público contra cualquier atentado. (…) En esta tesitura, poca diferencia tienen, en lo esencial, el concepto europeo de libertad y concepto pragmático de libertad que tiene un funcionario opusdeísta. Libertad, para la tecnocracia, es sinónimo de indiferenciación, de asepsia, de neutralismo; en pocas palabras, ante el deterioro de lo político y la muerte de las ideologías, privará el apoliticismo. Esta es la libertad que  puede conducir al pueblo español a la libertad europea.

 

Bajo el liderazgo del Opus Dei, acompañados o no por reliquias históricas del museo falangista, no cabe esperar una reivindicación, abierta o solapada, de la perdida dignidad de España. Se continúa la represión en la Universidad, al tiempo que se privatiza la enseñanza siguiendo moldes norteamericanos; se aprueba una Ley sindical que reproduce las instituciones sindicales verticales, bajo una terminología despolitizada; se pretende reformar la Ley de Orden público para aproximarnos aún más a los modelos represivos vigentes en Grecia y Portugal, se exigirá un certificado de buena conducta para acceder a centros de enseñanza superior…etc.”

 

La política española desde el fin de la guerra civil se caracterizó por su total falta de coherencia, con todo, se constata el desarrollo económico del país “que han asentado a la históricamente tambaleante burguesía española (…) En este último trance esta burguesía se inclinará por la solución que mejor defienda sus intereses de clase; en época de bonanza, es decir, en situaciones no conflictivas entre clases, el Opus Dei, pese a sus corruptelas y a sus fraudes fiscales, presenta un aire de respetabilidad innegable para la Europa de las Comunidades; en tiempos de enfrentamiento y agitación, la represión a cargo de sus ejecutores fascistas, también será un buen defensor de los intereses burgueses. Puede parecer tópico y también reiterativo, pero ante el confusionismo imperante, hay que repetir incansablemente que Opus Dei, Falange y Ejército, son los instrumentos ejecutores y represivos de la línea política que mantiene a la oligarquía y a la burguesía española en el poder.”

 

El autor del artículo lamenta que frente a la represión ejercida por el gobierno español que terminó con el encarcelamiento de centenares de españoles, los partidos de izquierda no se han organizado para hacer un frente de protesta, los diversos grupos que se consideran progresistas resultan ineficaces frente al régimen de Franco.

 

“El resultado inmediato des que, de ambas coincidencias, burguesía franquista represiva y conjunción de izquierdas inoperantes, surge una víctima: el pueblo español.”

 

Ana Azanza

 

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La mentalidad española y la democracia, Cuadernos de Ruedo Ibérico 4, 1966

Extracto y comentario del artículo firmado por Manuel Saizar.

 

En este artículo se habla de ciertas ideas preconcebidas a propósito de la manera peculiar de ser de los españoles. Para algunos autores los españoles tendrían una “naturaleza” peculiar que nos hace democráticamente ingobernables. Es decir, que por nuestra mentalidad mística, patriótica, irracionalista, innatamente antiliberal… necesitamos mano dura para ser gobernados. La argumentación es interesante aunque yo abrevio para no cansar y llegar pronto al tema opus.

 

Explica Manuel Saizar que tras la guerra civil se creó el Instituto de Estudios Políticos en el edificio del Senado. De allí salieron obras como la de F.J. Conde y Carlos Ollero (en la actualidad hay un parlamentario del partido popular, numerario, Andrés Ollero, no me extrañaría el parentesco entre ambos).

 

En esos libros, obligatorios en las cátedras de Derecho Político, se aceptaban las nociones voluntaristas y autoritarias del estado expuestas por el nazi Karl Schmitt, dije en otra ocasión, asistí a una tesis doctoral en la universidad de Navarra sobre su pensamiento. Al mismo tiempo la falange, partido de corte fascista en el poder, abundaba en el mito de lo “hispánico”, lo “español”, como si los españoles fuéramos especiales, por ejemplo, reacios por naturaleza al análisis intelectual. Y por tanto más propensos que otros a dejarnos guiar por el carisma de un “caudillo”.

 

Saizar reconoce que desde los primeros tiempos del régimen de Franco hasta el año 1966, la situación había cambiado mucho. Sólo quedaban las mismas clases sociales en el poder. Habían cambiado los grupos dentro de esas clases que dirigen. Concretamente en 1966 se podía ver que la jerga de falange ya no aparecía casi ni siquiera en los periódicos controlados por la propia falange:

 

“En su lugar ha surgido una ideología cínica, hedonista, folklorizante, típica del ministerio de Información y muy cara al Opus Dei, por sus buenos modales y aparente civilidad. Es el nuevo ambiente de “desarrollismo” en el que el pueblo de mentalidad supuestamente mística, se entrega alegremente a la tecnificación y al apoliticismo, inspirado por el gran manager que es el gobierno, el cual, para mayor asepsia pasa a llamarse “la Administración”. Este nuevo enfoque, aparentemente tan alejado de la concepción anterior, no la elimina en absoluto.

 

En primer lugar, no se sigue considerando al español como aristotélico animal político, sino, a secas, como animal. Como tal, se presume que no necesita política, sino domesticación. Pero ahora su domesticación, se hará mediante la televisión dirigida, mediante el “plan de desarrollo”, mediante las grandes campañas publicitarias, al estilo del marketing. Los “25 años de paz” se venden y se anuncian. Se espera que todo ello siga manteniendo el mito de que el español es dócil si se le aleja de la democracia. Aunque se habla cada vez menos de las “corruptas democracias de Occidente”, se cae, como Manuel Fraga en Londres hace un año, en el relativismo moral más absoluto. Según él, la democracia es buena para los ingleses, pero mala para los españoles (…)

 

Un buen número de demócratas españoles ha llegado (a regañadientes, quizás) a conclusiones no del todo divergentes, por lo menos en lo que se refiere al mantenimiento de la abstracción creada por la tradición intelectual liberal. La idea de que somos democráticamente ingobernables es la excusa que muchos dan para la inacción. El escepticismo político de los españoles es un prejuicio harto extendido y es un freno para la construcción práctica de la III República. No sólo el aterrador recuerdo de la guerra civil paraliza a muchos, sino la falta de fe en nuestra capacidad como seres políticos. Una misión clara del escritor, del periodista, del maestro y del profesor español de hoy consiste pues en combatir la concepción del español como ser antipolítico por excelencia, incapaz de organizarse como no sea siguiendo los patrones de la Compañía de Jesús, de la Guardia Civil o del Opus Dei.”

 

Pero como bien concluía Manuel Saizar en su artículo, la mentalidad, las mentalidades de los españoles por mejor decir, son mucho más variadas y capaces de lo que pretendían entonces los “ideólogos” en el poder, entre los que se contaba el opus dei.

 

Ana Azanza

 



[1] Aurora Sánchez Bella, numeraria, no es –¿o no era?- “famosa” como sus hermanos, pero existe, hice un curso anual con ella y, como era una persona mayor y enferma que lo único que necesitaba era cariño, me la asignaron para que llevara su charla fraterna. Dejada de lado por enferma y poca cosa, así veo yo a esta numeraria. En mis memorias he explicado que no me “concedían” el honor de llevar charlas fraternas fácilmente y el motivo.

 

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